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Relato de Alma y Alex 6

Capítulo 6: La primera vez de los tres
Alma permaneció unos segundos recostada en el sofá, con la respiración todavía agitada y las piernas ligeramente abiertas. Daniel se retiró lentamente de ella, dejando un hilo de semen que escapaba de su interior. Alex no podía apartar la mirada de esa imagen: su esposa recién follada, con el enterizo negro hecho un nudo alrededor de su cintura y las medias negras aún puestas.
Alma miró a su esposo con ojos vidriosos y le extendió la mano.
— Ven… — le dijo con voz suave pero cargada de deseo.
Alex se acercó y se arrodilló frente a ella. Alma tomó su cara entre las manos y lo besó profundamente, con una pasión que pocas veces le había mostrado. Alex podía saborear el beso de Daniel en los labios de su mujer, lo cual solo aumentó su excitación.
Cuando separaron sus bocas, Alma le susurró:
— Quiero que me sientas ahora… Quiero que sientas lo que me hizo.
Sin esperar respuesta, Alma lo empujó suavemente hacia atrás hasta que Alex quedó sentado en el sofá. Se subió encima de él, apartó la tanga a un lado y, sin preámbulos, se dejó caer sobre su verga.
Ambos soltaron un gemido al mismo tiempo.
— Está muy caliente… y muy mojada — murmuró Alex, sintiendo claramente el semen de Daniel dentro de su esposa.
Alma comenzó a moverse lentamente, cabalgándolo con movimientos profundos y circulares. Sus caderas anchas subían y bajaban con un ritmo cadencioso, haciendo que sus nalgas rebotaran suavemente contra los muslos de Alex.
Daniel se sentó a un lado, observando la escena con atención. Su verga empezaba a endurecerse de nuevo al ver a Alma tomando el control sobre su marido.
Alma miró a Daniel mientras seguía cabalgando a Alex y le dijo con voz entrecortada:
— Ven… acércate.
Daniel se puso de pie frente a ella. Alma tomó su verga con una mano y, sin dejar de moverse sobre Alex, comenzó a lamerla y chuparla con ganas. Sus labios se deslizaban por toda la longitud, limpiando los restos de su propia humedad y del semen anterior.
Alex sentía cada movimiento de su esposa: cómo su interior se contraía alrededor de su verga mientras mamaba a Daniel. Era una sensación abrumadora.
— ¿Te gusta verme así? — le preguntó Alma a su esposo, mirándolo fijamente a los ojos, con la verga de Daniel rozando sus labios.
— Me encanta… — respondió Alex con voz ronca—. Me vuelve loco.
Alma sonrió con picardía y aceleró el movimiento de sus caderas, cabalgando a Alex con más fuerza. Sus gemidos se volvieron más intensos. Daniel tomó su cabeza con suavidad y empezó a follarle la boca con movimientos cortos y profundos.
Durante varios minutos los tres se movieron en sincronía: Alma cabalgando a su esposo con pasión mientras chupaba con dedicación la verga de Daniel.
De pronto, Alma se detuvo. Se levantó lentamente, dejando que la verga de Alex saliera de ella. Se dio la vuelta, quedando de espaldas a Alex, y se sentó nuevamente sobre él, pero esta vez guiando su verga hacia su culo.
— Despacio… — susurró ella.
Alex la sujetó por las caderas y la ayudó a bajar. Poco a poco, su verga fue entrando en el culo de Alma, que soltaba gemidos cortos y profundos. Cuando estuvo completamente dentro, Alma se recostó hacia atrás contra el pecho de su esposo.
— Daniel… ven — dijo ella, abriendo más las piernas.
Daniel entendió inmediatamente. Se arrodilló frente a ellos y colocó su verga en la entrada del coño de Alma. Empujó con cuidado y entró lentamente, sintiendo la presión de la verga de Alex a través de la delgada pared interior.
Alma soltó un gemido largo y ronco cuando sintió que los dos la llenaban al mismo tiempo.
— Dios mío… están los dos dentro de mí… — jadeó, con la voz quebrada.
Alex y Daniel comenzaron a moverse con cuidado, alternando sus embestidas. Alma tenía la cabeza echada hacia atrás, apoyada en el hombro de su esposo, con la boca abierta y los ojos entrecerrados. Sus gemidos eran continuos y cada vez más fuertes.
— Más fuerte… — suplicó ella—. No se detengan…
Los dos hombres aumentaron el ritmo. El sonido de la carne chocando llenaba la sala. Alma temblaba entre ellos, completamente llena, sintiendo oleadas de placer que la recorrían de arriba abajo.
— Me voy a venir… ¡haaaag…! — gritó de pronto.
Su cuerpo se tensó violentamente. Tuvo un orgasmo tan intenso que sus piernas se sacudieron sin control y apretó con fuerza las dos vergas que tenía dentro. Alex y Daniel no aguantaron más. Casi al mismo tiempo se corrieron dentro de ella: Alex en su culo y Daniel profundamente en su coño.
Alma quedó desplomada entre los dos hombres, respirando con dificultad, con el cuerpo cubierto de sudor y temblando todavía por las réplicas del orgasmo.
Después de varios minutos de silencio, Alma giró la cabeza hacia Alex y le dio un beso lento y tierno en los labios.
— ¿Estás bien, mi amor? — preguntó en voz baja.
Alex la abrazó con fuerza por la cintura y le respondió con total sinceridad:
— Nunca había sentido algo tan fuerte en mi vida.
Alma sonrió con cansancio y satisfacción.
— Yo tampoco… — confesó.
Daniel se levantó para ir al baño. Antes de salir de la sala, miró hacia atrás y dijo con una sonrisa:
— Esto fue increíble… pero creo que apenas estamos empezando.
Alma, todavía sentada sobre Alex con las dos leches escurriéndole por sus piernas, miró a su esposo a los ojos y murmuró:
— ¿Quieres que sigamos más tarde… cuando recuperemos fuerzas?
Alex la besó en la frente y respondió:
— Claro que sí.

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