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Ruidos a través de la pared - Capítulo 6

¿Por qué noestás con Chris hoy? Cassandra me miró desde el borde de su cama, exhalando unalarga bocanada de humo. Me entregó el porro. Inhalé profundamente y lo contuvemientras observaba a mi amiga. Lentamente exhalé en su habitación. Por suertepara nosotras, a sus padres no les importaba que fumáramos un poco de marihuanasiempre y cuando no nos metiéramos en problemas. Teníamos dieciocho años, asíque podíamos manejarlo con responsabilidad. Eso es lo que decían, al menos.
 
“Está haciendoalgo con su madre”, dije. La habitación vibró agradablemente a mí alrededor.
 
“Estuvo muyocupado últimamente. ¿Segura de que no te está engañando?”. Cassandra serecostó en su cama y miró al techo soñadoramente. “Eso es lo que hacía Mikeantes de que rompiéramos. Estaba ocupado todo el tiempo”.
 
"Se mehabía pasado por la cabeza." Asentí. Había estado muy ocupado. Y la formaen que su madre me miraba. ¿Estaba involucrada? ¿Estaba encubriendo a su hijoinfiel? Caí en la paranoia en un abrir y cerrar de ojos. "Sí, es igual queMike. Puede que me esté engañando."

Ruidos a través de la pared - Capítulo 6


"¿Qué vasa hacer?". Cassandra giró la cara hacia mí, con el ceño fruncido por lapreocupación.
 
"Bueno...".Mi mente no podía ir muy rápido, pero estaba resolviendo el problema. "Séexactamente cómo lo haría. En su habitación, metiendo a escondidas a la chicaque tenga por la ventana del sótano. O tal vez ni siquiera se esté escabullendosi su madre está involucrada. Hijo de puta." Me levanté. "¿Qué horaes?"
 
"No sé.¿Las cuatro y media?"
 
"Probablementeme esté engañando ahora mismo. ¿Alguna vez pensaste en lo raro que es que lagente pueda estar haciendo cosas tan diferentes y no saberlo? Me refiero apersonas conectadas. ¿Sabés? Están unidos de una manera, pero el espacio y eltiempo los separan." Era buena hierba.
 
"¿Entoncesquerés conectar con él atrapándolo con otra chica?" Cassandra parecíadudosa. No lo entendía.
 

"Sí, esoes lo que voy a hacer. Adiós." La oí despedirse mientras salía corriendode su habitación, bajaba corriendo las escaleras y salía de su casa. Me subí ami bicicleta y fui a casa de Christopher. Puede que me haya perdido por elcamino cuando tuve que seguir a un carbonero durante un par de manzanas, perollegué alrededor de las cuatro y cuarenta y cinco.

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Me bajé de labici, me ajusté los pantalones y la camiseta. Respiré hondo. Llevé la bici a laparte de atrás y la dejé al lado de la casa, junto a la ventana, por sinecesitaba irme rápido. ¿Me estaba engañando? No estaba tan segura como en casade Cassandra. Dudé un momento y miré alrededor del tranquilo patio trasero.Podía sentir la hierba respirar. Sí, se suponía que debía entrar. Me agachépara abrir la ventana. Estaba sin llave, como siempre. La abrí y me deslicédentro.
 

El sótanoestaba alfombrado, lo que me mantuvo en silencio. Al principio, todo lo quepodía oír era mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho. Pero luego oí unchirrido. Era el sonido de su cama. Y luego el chillido llegó a mis oídos. Erala puta con la que se estaba acostando. Oh, Dios mío. No era solo la marihuana.Realmente me estaba engañando. Me moví al cuarto de máquinas y pegué la oreja ala pared. Sabía que su dormitorio estaba justo al otro lado.

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Vocesamortiguadas se filtraban a través de la pared. Ella le decía algo entre gritosde placer. Apreté los puños y me mordí el labio. Nunca había estado tan enojadacon un chico. Nunca me habían engañado antes. Pensé en subir y contárselo a sumadre. Ella entraría, y vaya si estaría en problemas. ¿Pero y si ella lo estabaencubriendo? Mis uñas se clavaron en mis palmas mientras la chica que teníaallí gritaba su desagradable orgasmo.
 
Tenía pensadoirme en ese momento, pero debí perder la noción del tiempo. Me quedé allí,escuchándolos en su habitación, con la oreja pegada a la pared durante lo quepareció una eternidad. Tenía muchas ganas de darles un puñetazo en la cara alos dos. Sin pensarlo, finalmente me separé de la pared y salí de la sala demáquinas. Mis pies me llevaron hasta la puerta del dormitorio de Christopher.Estaba entreabierta, y desde allí se oía mucho más fuerte. Podía oír el gruñidoque hacía cuando estaba a punto de eyacular. Se me revolvió el estómago y mehirvió la sangre. Estaba haciendo ese sonido para otra persona. ¿Cómo podía?
 

Unparalelogramo de luz se extendía por el suelo desde la puerta. Me acerqué alborde y miré dentro. Se me revolvió el estómago cuando me acerqué lo suficientecomo para ver la cama de Christopher. No recuerdo haberme enfadado nunca tanrápido. Era como si me hubiera metido en una ducha fría. Al principio nisiquiera estaba segura de que fuera realidad o era el efecto de marihuana loque me hacía ver a la mujer con la que mi novio estaba cogiendo furiosamente.

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Desde dondeestaba, podía ver el glorioso culo de Christopher mientras la penetraba enposición misionera. Debajo de él, retorciéndose, con los párpados temblando,estaba su madre. Su rostro, normalmente bonito, estaba contraído. Si no supieralo que la verga de Christopher podía hacerle a una mujer, habría pensado queestaba sufriendo un derrame cerebral.
 
Me llevé lamano a la boca abierta, el cuerpo rígido como una tabla. La señora Lily Greenme miraba fijamente, pero no creo que me viera. Estaba absorta en un deleiteinterior.

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"Oh...Christopher... eh... eh... eh... cariño... está tan... adentro." La señoraGreen puso ambas manos en el culo de su hijo y lo apretó con fuerza. Pude verlas hendiduras en su carne. Su anillo de bodas brillaba. Mierda, ni siquierahabía pensado en que estuviera casada. Esto estaba mal en muchos niveles, hastael centro de la Tierra. Para entonces, estaba convencida de que lo que estabaviendo estaba sucediendo de verdad.
 

"Mierda...Mamá... voy a... llegar... otra vez." Las caderas de Christopher sedeslizaron en un ritmo errático. Vi dos preservativos en la manta junto aellos. Sabía que podía seguir y seguir. Pero... ¿con... su madre? ¿Su madre?Era su madre con las piernas bien abiertas. Mi mente dio vueltas.

Ruidos a través de la pared - Capítulo 6


"Afuera...afuera..." La Sra. Green chilló. Pude ver cómo sus manos pasaban de tirarde su culo a empujar sus caderas. Creo que casi me desmayo cuando Christopherse retiró. Pude ver que no llevaba protección. Gruñó como un animal mientras semasturbaba sobre las tetas y la cara de su madre.
 

"Sí,rociame. Rociameeeeeee con tu leche." Gimió y arrulló mientras se sujetabalas tetas. Cuando terminó, se frotó el semen en el pecho. Dios, ella tratabaesa cosa como si fuera loción. Normalmente me apresuraba a limpiarme, pero nola Sra. Green. ¿Era por eso que su piel se veía tan bien a su edad? Eso me hizopreguntarme cuánto tiempo llevaban haciéndolo. Mi mente volvió a divagar. Nuncahay un momento adecuado para descubrir que tu novio está asesinando la conchade su madre. Pero estar drogada es definitivamente una de las peores maneras dehacerlo. Debería haber corrido, pero me quedé paralizada en el lugar.

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Christopherbajó la mano y le dio un golpecito en el vientre con su verga. Las pequeñasondas que viajaban con cada impacto me hipnotizaron. Tuve suerte de que eyaculadoen su cara, o la Sra. Green me habría visto parada allí como una idiota. Susojos seguían cerrados mientras se limpiaba el semen con el dorso de las manos.
 
"Bueno,debería empezar a preparar la cena. Y deberías mandarle un mensaje a tunoviecita y disculparte por haberla dejado plantada otra vez." La señoraGreen se rió. Estaba hablando de mí. Con el semen de su hijo por todo sucuerpo. ¡Qué descaro!
 
"¿Otravuelta más, mamá?" Christopher le golpeó el vientre con su verga otra vez.
 
"No."La señora Green seguía con los ojos cerrados. "Mandale un mensaje a tunovia, o no querrá ser tu novia por mucho tiempo más." Tenía razón en eso.
 
"No, mamá.Prefiero hacerlo otra más." Christopher se movió un poco más abajo y sedeslizó de nuevo dentro de la concha de su madre. Me froté los ojos, tratandode creer lo que estaba viendo.
 
"Esperá. Todavíatenés semen en tu... uuuugggggghhhhhh... verga... uh... uh... puedo... quedarembarzada”. Deduje de lo que la Sra. Green decía de manera casi ininteligible.Sus pies se agitaron en el aire mientras él realmente se la volvía a dar.Christopher y yo siempre éramos más cuidadosos que eso. ¿En qué estabapensando? No estaba pensando. Su verga estaba dentro de la concha de la Sra.Green. Observé los pechos de su madre balancearse de un lado a otro sobre supecho.
 
Me sentí tanrara. Sin darme cuenta, mi mano agarró la entrepierna de mis pantalones. Miréel culo de Christopher, flexionándose una y otra vez. Estaba con su madre. Y yoestaba mirando. Comencé a sudar. Mi concha chorreó. Una ola de mareo me golpeó.Estaba drogada. Esa era la única razón por la que lo que estaban haciendo meponía caliente.
 

Un grito llenóel aire. No de éxtasis, sino de sorpresa. Miré el rostro cubierto de semen dela Sra. Green. Me miraba fijamente y gritaba.

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“¿Qué pasa,mamá? ¿Tu cuello uterino otra vez?”. Las caderas de Christopher se detuvieron.
 
La Sra. Greenno le respondió, pero me señaló. Christopher giró y miró. Se quedóboquiabierto.
 
“Gwen... yo...eh... no...”. ¿Qué mierda iba a decir para justificar esto?
 
“Estás enfermo,Chris.  Y usted, Sra. Green... quierodecir, Dios mío”.. Me di la vuelta y corrí.
 
“No se lo digasa nadie, Gwen. Por favor”. Gritó la Sra. Green tras de mí.
 
Salí corriendode allí, me subí a mi bicicleta y me lancé a la calle, pedaleando a ciegas. Eluniverso se había descontrolado. Todo estaba mal. Toda mi vida se había ido ala basura en una tarde. ¿Qué les diría a mis amigos? ¿Qué atrapé a mi novio dedieciocho años acostándose con su madre?
 
¡De ningunamanera! La señora Green se iba a salir con la suya. No le iba a contar nada anadie. Era demasiado raro. Mi teléfono vibró dentro de mi corpiño, donde solíaguardarlo cuando no tenía un bolsillo trasero lo suficientemente grande. Notenía intención de responder ningún mensaje.
 
Mi bicicletaparecía dirigirse a casa. Eso era bueno. Al menos alguna parte de mi cerebrofuncionaba. Intenté no pensar en lo que había visto. Pero no fue fácil. Lamirada de éxtasis en el bonito rostro de la señora Green. Y la poderosa maneraen que Christopher la había tratado. Dios, para ser un tipo tan tonto, era muybueno en la cama.
 
Llegué a casa ydejé la bicicleta en el garaje. Mi teléfono vibró de nuevo, pero lo ignoré. Noquería ver lo que Christopher tenía que decir.
 
Mi madre estabaleyendo en la sala. "¿Qué tal tu día, cariño?", preguntó al pasar yo.
 
"No puedohablar ahora, mamá. Tengo tarea". Subí las escaleras de dos en dos.
 
"Bueno, lacena es en una hora", me gritó. Apenas la oí. El pulso me latía con fuerzaen los oídos. No podía sacarme esas imágenes depravadas de la cabeza.
 
En mihabitación, encontré mi fiel cepillo para el pelo. Cerré la puerta con llave.Me desvestí como si mi ropa estuviera en llamas. Mi teléfono vibró de nuevocuando lo puse en la cómoda. "Por el amor de Dios, Christopher, te atrapécon tu mamá. No quiero hablar", susurré.
 

Sudorosa por elpaseo en bicicleta y por lo que había visto, quité las sábanas y me metí en lacama. Me recosté y dejé que mi mente reprodujera todo lo que había presenciadoese día. Mi concha ya era un desastre espumoso. Dios mío, la madre de mi noviome había mirado fijamente mientras el semen le goteaba por las mejillas.

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El mango delcepillo me resultaba familiar, aunque no tan grande como Christopher. Lo moví.En un abrir y cerrar de ojos, me masturbé hasta alcanzar un orgasmo temblorosopensando en cómo mi novio acababa de acostarse con su madre. La poderosa yrecatada Sra. Green era una puta para mi novio. Tuve un nuevo orgasmo.
 
No fue hastaque mi madre llamó a la puerta y anunció la cena que finalmente dejé demasturbarme. Esperaba que no me hubieran oído. Intentaba guardar silencio.
 
Me vestí, mearreglé y bajé a cenar. Qué extraño era tener una conversación trivial con mihermana y mis padres después de ese día. ¿Cómo podían no darse cuenta de quehabía ocurrido algo trascendental? Y qué a mí... tal vez... me había gustado.Los acontecimientos parecían tan importantes que todo el mundo debería estar altanto. Pero no, siguieron como si fuera un día cualquiera.
 
Después decenar, me disculpé para hacer más tarea. Miré mi teléfono y vi que teníaveintidós mensajes de texto perdidos de Christopher y tres llamadas perdidas.Bueno, no iba a meterme en ese pantano. Pero había algo que necesitaba hacer.Me conecté a Internet e investigué un poco.
 
Resulta que unpequeño porcentaje de hombres tienen relaciones sexuales con sus madres.Incluso había un sitio web llamado La Guía, que supuestamente ofrecía pasos"infalibles" para seducir a la madre. ¡Dios mío! Leí un poco y fuecomo un monzón en mi bombacha otra vez. Mi mano se deslizó entre mis piernas.Me masturbé mientras leía La Guía, preguntándome si así era como Christopherhabía seducido a su madre.

 

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Ese pequeñoagujero de conejo me costó un par de horas y cuatro orgasmos más. Necesitabauna ducha fría. Pero una vez bajo el agua, mi mente febril volvió directamentea lo que había visto. La forma en que la Sra. Green se había frotado el semenen los pechos. Y la expresión de adoración en su rostro mientras Christopher larociaba. Era demasiado. Me froté el clítoris hasta tener otro orgasmo masivo.
 
Exhausta alsalir de la ducha, realicé mis rituales nocturnos en piloto automático. Intentécon todas mis fuerzas pensar en cualquier cosa que no fuera sexo. Cuando micabeza tocó la almohada, por un instante esperé que el día hubiera sido unsueño. Tal vez me despertaría mañana y todo sería normal. Entonces me venció elsueño. Probablemente puedas adivinar de qué trataban mis sueños reales.
 

Ruidos a través de la pared - Capítulo 6

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