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Mi cuñada me desea - Parte 4

Capítulo 7: En la cocina

La casa de Patricia estaba llena.

Globos atados a las sillas, una mesa larga contra la pared con la torta, sanguchitos, vasos de plástico de colores. Las nenas corrían por todos lados, excitadas, gritando, entrando y saliendo del patio. La música sonaba desde adentro, mezclándose con las voces de los adultos, las risas, el ruido de botellas.
Era el cumpleaños de su hija menor.

Yo llegué con Cinthia. Saludamos a todos, besos, comentarios de siempre. Todo en su lugar.
Hace una semana no veía a Patricia, la busque con la vista apenas llegué.
Patricia llevaba un vestido negro, ajustado, simple. Sin nada que llamara la atención… salvo cómo le quedaba. La tela se pegaba al cuerpo sin esfuerzo, marcando la cintura, bajando limpia hasta la cadera. Cada movimiento hacía que el vestido acompañara, sin rigidez, siguiendo las curvas. Resaltando aún mas su cola enorme, estaba hermosa.
Al caminar, al inclinarse, al girar para hablar con alguien… todo quedaba demasiado expuesto sin mostrar realmente nada.
No me sostuvo la mirada cuando la saludé.
Pero tampoco hizo falta.
La noche avanzó entre charlas y cerveza.
Yo estaba sentado con Cinthia y parte de la familia. Patricia iba y venía. Servía, acomodaba, levantaba cosas. Siempre en movimiento.

Siempre cerca.

A veces pasaba por detrás mío, rozando apenas el respaldo de la silla. Otras, se inclinaba sobre la mesa para alcanzar algo, y el vestido hacía el resto.
Nada fuera de lugar.
Nada que alguien pudiera señalar.
Pero estaba ahí. Sugerente.
En un momento, después de la torta, la mesa quedó hecha un desastre. Platos, vasos, restos por todos lados.
—Voy juntando —dije, levantándome.
Nadie prestó mucha atención.
Era lo normal.
Patricia ya estaba en la cocina, de espaldas, frente a la bacha.
El agua corriendo constante.
El vestido, otra vez, pegado al cuerpo, ahora más marcado por la postura. Apoyada levemente hacia adelante, los movimientos repetidos: mojar, enjabonar, dejar.
No se dio vuelta cuando entré.
Sabía que era yo.
Empecé a llevar platos para que ella los lavara.
Ida y vuelta.
Del patio a la cocina.
Sin hablar.
Sin cruzar miradas, pero se sentía en el aire la tensión sexual entre ambos.
La primera vez, dejé los platos en la mesada y salí.

Nada más.
La segunda, pasé más cerca.
El espacio era chico. O eso parecía.
Rozar era inevitable.
No dijo nada.
Volví al patio.
Junté más cosas.
Regresé.
Esta vez no fue solo el roce.
Al dejar los platos, apoyé la mano en su cintura.
Natural.
Como si necesitara sostenerme.
La dejé ahí un segundo.
Después, despacio, la deslicé hacia abajo, acariciando su cola.
Sin apuro.
Siguiendo la línea del cuerpo.
Hasta el límite.
Patricia siguió lavando.
No se corrió.
No habló.
Pero su cuerpo reaccionó. Apenas. Un mínimo cambio en la respiración, en la tensión de los hombros.
Nada visible para cualquiera.

Suficiente para mí.
Saqué la mano.
Salí otra vez.
El patio seguía igual. Nadie mirando. Nadie sospechando.
Pero ya no era lo mismo.
Volví con más platos, último viaje.
Y antes de entrar, ya lo sabía.
La tensión.
El cuerpo más despierto, la sangre recorria mi cuerpo y la erección fue inevitable.
La distancia entre lo que debía pasar y lo que iba a pasar.
Dejé los platos.
No me fui.
Me quedé detrás.
Cerca.
El ruido del agua llenaba la cocina. Afuera seguían las risas, la música. Todo ajeno.
Adentro, no.
Di un paso más.
Hasta quedar pegado a ella.
Sin disimulo esta vez.
Sin excusas.
El contacto fue directo.
Claro.

Inegable.
Un segundo.
Dos. La tome de la cintura.
Y entonces…
Patricia respondió.
Se movió apenas hacia atrás.
Lo justo.
Buscando ese contacto.
Sosteniéndolo.
Apretando su culo contra mi verga.
Sintiendome.
No dijo nada.
Yo tampoco.
Duró poco.
Lo necesario.
Más de lo que debería.
Me separé primero.
Tomé un vaso de la mesada, sin mirarla, y salí de la cocina como si nada.
Detrás, el agua siguió corriendo.
Como si todo siguiera igual.
Pero no.


Esta vez, los dos lo sabíamos.

📱 Chat – Post cocina
Patricia [10:07]:
¿Siempre sos así?
Carlos [10:12]:
¿Así cómo?
Patricia [10:13]:
Tan poco disimulado
Carlos [10:14]:
Fue un abrazo nada más
(silencio corto)
Patricia [10:16]:
¿Abrazo?
Carlos [10:17]:

¿qué otra cosa?
(pausa)
Patricia [10:19]:
Un abrazo bastante “marcado” diría yo.
Carlos [10:20]:
Estás exagerando
(silencio)
Patricia [10:22]:
No
Patricia [10:23]:
Se sentía bastante
(pausa)
Carlos [10:24]:
Mirá vos
Carlos [10:25]:
Y aun así no te corriste
(silencio más largo)
Patricia [10:28]:
Ni siquiera me diste tiempo

Estoy jugando con fuego. Lo sé.
La sentí.
Y ella también.
No se corrió. Y eso alcanza.
Siempre creí que tenía el control.
Ahora ya no importa.
Porque sé cómo mira.
Cómo responde.
Va a ser mía.

Continuará

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