
Hola nuevamente hermosa comunidad poringuera, para mi es un placer enorme estar nuevamente con ustedes, trataremos de mantener una confesión todas las semanas. Recuerden que pueden enviarme la suya al privado, eso si que no sean del tipo "aveces uso una tanga" o "me gusta ver culos en la plaza", no porque este mal sino porque no da para hacer un post con 20 palabras. Ahora sí a lo que venimos...
Hola gente, soy profe de piano hace rato ya. La mayoría son pibes chicos, pero también agarro varios adultos que vienen por hobby. Y entre ellos… bueno, hay cada caso.
La que más me acuerdo es Sofía. 26 años, casada, venía una vez por semana a mi departamento. Al principio era re seria: anillo en la mano, ropa holgada, hablaba del marido todo el tiempo. Pero se le notaba. Se sentaba demasiado cerca, me miraba fijo cuando le corregía la postura de las manos y se mordía el labio cuando le tocaba los dedos.
Una tarde llegó con una pollera jean cortita y una musculosa fina. Hacía un calor del orto. Le dije medio en joda:
—“Hoy viniste preparada, ¿no?”
Se rio nerviosa y me soltó:
—“¿Y si me porto mal qué hacés, me retás?”
No necesité mucho más. Cerré la tapa del piano, la senté arriba mío y empecé a besarla. Tenía la concha ya mojada, se le sentía a través de la bombacha. Le metí la mano adentro y la empecé a tocar mientras ella se movía contra mí. Me desabrochó el pantalón, la sacó y empezó a pajearme despacio, casi con vergüenza. Después se bajó y me la chupó. No era la mejor peteadora del mundo, pero la cara que ponía… eso sí que valía.
La puse contra el piano, le levanté la pollera y se la metí de una. Gemía bajito, como conteniéndose. Le empecé a dar más fuerte y le pregunté al oído si le gustaba que el profe de piano la estuviera cogiendo. Me dijo que sí, que hacía meses que fantaseaba con eso. Le di unos buenos chirlos en el culo y terminó mojandose
Desde esa tarde las clases cambiaron totalmente. A veces ni tocábamos el piano. Llegaba, cerrábamos la puerta y ya estaba de rodillas. Otras veces la hacía tocar desnuda mientras yo la chupaba sentada en el banquito. Una vez la cogí arriba del piano mismo, con todo sonando descontrolado cada vez que la embestía.
Lo peor es que sigue viniendo. El marido piensa que está “progresando muchísimo” y le encanta que practique tanto. No sabe que la mayoría de las veces sale de acá con la concha llena de semen.
Yo sé que no está bien… pero la verdad, no me arrepiento ni un poco. Cada vez que aparece una alumna linda y con esa mirada, ya sé cómo va a terminar la clase.
Y bueno… eso es lo que hay.

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