Los jueves organizabamos entre Julio el batero y yo, en el bajo, las Jams de un bar de rock que ya no existe.
La temática era llevar cada semana a un violero o tecladista y entre los 3 -bajo, bata y viola o bajo bata y teclas- improvisar algunas bases conocidas, motivando a que suban cantantes u otros músicos y se arme durante una hora unas zapadas en las que Julio y yo bancábamos las ocurrencias de quienes nos querían como base. De ahi, claro, sacábamos unos pesos que nos daba el dueño y cenábamos luego de la hora que duraba el set. La cerveza y el fernet no tenían horario: mientras armábamos, antes de tocar, durante el show, al desarmar y obvio, en la cena... y más. Aldo también era bajista pero no era nada habitué. Un poco por su estilo de música -más technoso y ahi pintaba el rock para lo que no era muy ducho.. pero la causa real de sus ausencias -ahi y en varios lugares del ambiente- era lo roto que estaba. Ni el trans4 quería venderle, por denso y para cuidarlo un poco. Realmente a la cuadra se le notaba la fisura: temblequeando, movimientos torpes y rápidos, iba hacia un lado y viraba de golpe, como sin rumbo. Y el temblor, que era visiblemente lo que más lo exponía. Pero de golpe, lo vi en la barra. Ya habíamos hecho la primera entrada (tocabamos para calentar la noche unos 4 o 5 temas, haciamos un parate asi los asistentes gastaban guita en la barra y otros/as se iban animando a subir a tocar en el siguiente toque. Repito que no era muy amigo, aunque alguna que otra vez, ante sus llamados desesperados, lo cubrí comprandole yo, ya que casi nadie quería venderle y él por ese tipo de aguante, me tenía un aprecio sin ser muy cercanos. Asi que, me bajé del escenario yendo extrañado a saludarlo. Su estado siempre era de sumo cuidado asi que además del saludo me movía la curiosidad.
Yo: "Hola, loco. ¿Viniste? Bien" traté de animarlo entre sus temblequeos, movimientos de cabeza de un lado a otro, mientras daba un pasito para adelante y dos para atrás. Puesto como estaba, hacía más ejercicio que una chica fitness. En el momento en el que empezaba a contestarme entre balbuceos casi inentendibles, la vi y ya me desentendí del esfuerzo por comprender que decía. Una rubia de rulos, un poco más alta que él, con un rostro perfecto, un andar de gata venia hacia nosotros. Era invierno, asi que ella estaba muy abrigada, pero aun asi se notaba que bajo los sweaters, los jeans, las botas, el saco grueso y la bufanda se escondia un cuerpo notable. No se, lo supuse porque verla acercarse caminando asi, me impactó. Traia una botellita de agua en una mano y un fernet en la otra.

Se paró al lado de Aldo que seguía como parquinsoniano hablando en esa media lengua de los fisuras, le dió el agua y a pesar de que mientras iba hacia donde estabamos me habia mirado un par de veces, recién ahi se decidió a darse a conocer. Ella: "Hola" me dice, da un paso y me da un beso en la mejilla. "Vos sos Jeremías ¿no?" me pregunta. "Si", le respondo entre absorto por su presencia impactante y porque me conocía. "A veces Aldo me habla de vos. Dice que sos uno de los mejores bajistas de la ciudad" me halaga y le da un trago a su vaso obligada a mirarme con el rostro apuntando hacia abajo. Si. Con los ojos hacia arriba. Como nos gusta cuando nos la chupan. Tomé ese gesto simultáneo a su elogio como la facilidad que muchas mujeres poseen para seducir con apenas un gesto. Yo: "Gracias" le respondí ya que Aldo estaba en su derrotero de movimiento, mandibuleo, caminando para atrás y para adelante asi que continué con ella "Perdón. ¿Y vos sos...?" y ahi el roto de Aldo pudo hacer que por un segundo sus celos domaran a su imbancable mambo. Él me contestó. "Ella es Paula, mi mujer". Ella sonríe, levanta el dedo indice como quien va a corregir, y corrige: "Ex mujer, Aldo. Ex". El cerebro del fisura hizo cortocircuito y quedó a un costado farfullando frases inentendibles. Paula se acerca a mi oido -en un bar de rock la música suele obligarnos a gritar o comunicarnos pegados- pone su mano libre en mi cintura y me confiesa "A veces lo acompaño a algún lado, sino está todo el dia en casa aspirando y solo, no quiero que salga. Él no sabe cuidarse y siempre aparece alguien que le da y lo hunde más". Mientras volvía a su lugar, le di dos palmadas en su cintura, arriba de su cola en plan "Entiendo, entiendo". Julio me grita: "Vamos loco, se viene la 2da entrada". Yo trato de hablarle a ambos "¿Se quedan?". Paula moviendo los hombros me hace saber que todo depende de como se sucedan los minutos con Aldo. "Depende." me responde. Y sin alardes, noté que no me lo dijo feliz. Mientras tocábamos trataba, disimuladamente, de mirar para comprobar si aun seguian alli, pensaba que podía charlar algo más con ella durante la cena... pero en un descuido, pasó.
Al bajar del escenario ni Paula ni el manija Aldo estaban en el bar.

Con frustración imaginé que jamás volvería a verla. Pero me equivocaba.
-seguirá-
La temática era llevar cada semana a un violero o tecladista y entre los 3 -bajo, bata y viola o bajo bata y teclas- improvisar algunas bases conocidas, motivando a que suban cantantes u otros músicos y se arme durante una hora unas zapadas en las que Julio y yo bancábamos las ocurrencias de quienes nos querían como base. De ahi, claro, sacábamos unos pesos que nos daba el dueño y cenábamos luego de la hora que duraba el set. La cerveza y el fernet no tenían horario: mientras armábamos, antes de tocar, durante el show, al desarmar y obvio, en la cena... y más. Aldo también era bajista pero no era nada habitué. Un poco por su estilo de música -más technoso y ahi pintaba el rock para lo que no era muy ducho.. pero la causa real de sus ausencias -ahi y en varios lugares del ambiente- era lo roto que estaba. Ni el trans4 quería venderle, por denso y para cuidarlo un poco. Realmente a la cuadra se le notaba la fisura: temblequeando, movimientos torpes y rápidos, iba hacia un lado y viraba de golpe, como sin rumbo. Y el temblor, que era visiblemente lo que más lo exponía. Pero de golpe, lo vi en la barra. Ya habíamos hecho la primera entrada (tocabamos para calentar la noche unos 4 o 5 temas, haciamos un parate asi los asistentes gastaban guita en la barra y otros/as se iban animando a subir a tocar en el siguiente toque. Repito que no era muy amigo, aunque alguna que otra vez, ante sus llamados desesperados, lo cubrí comprandole yo, ya que casi nadie quería venderle y él por ese tipo de aguante, me tenía un aprecio sin ser muy cercanos. Asi que, me bajé del escenario yendo extrañado a saludarlo. Su estado siempre era de sumo cuidado asi que además del saludo me movía la curiosidad.
Yo: "Hola, loco. ¿Viniste? Bien" traté de animarlo entre sus temblequeos, movimientos de cabeza de un lado a otro, mientras daba un pasito para adelante y dos para atrás. Puesto como estaba, hacía más ejercicio que una chica fitness. En el momento en el que empezaba a contestarme entre balbuceos casi inentendibles, la vi y ya me desentendí del esfuerzo por comprender que decía. Una rubia de rulos, un poco más alta que él, con un rostro perfecto, un andar de gata venia hacia nosotros. Era invierno, asi que ella estaba muy abrigada, pero aun asi se notaba que bajo los sweaters, los jeans, las botas, el saco grueso y la bufanda se escondia un cuerpo notable. No se, lo supuse porque verla acercarse caminando asi, me impactó. Traia una botellita de agua en una mano y un fernet en la otra.

Se paró al lado de Aldo que seguía como parquinsoniano hablando en esa media lengua de los fisuras, le dió el agua y a pesar de que mientras iba hacia donde estabamos me habia mirado un par de veces, recién ahi se decidió a darse a conocer. Ella: "Hola" me dice, da un paso y me da un beso en la mejilla. "Vos sos Jeremías ¿no?" me pregunta. "Si", le respondo entre absorto por su presencia impactante y porque me conocía. "A veces Aldo me habla de vos. Dice que sos uno de los mejores bajistas de la ciudad" me halaga y le da un trago a su vaso obligada a mirarme con el rostro apuntando hacia abajo. Si. Con los ojos hacia arriba. Como nos gusta cuando nos la chupan. Tomé ese gesto simultáneo a su elogio como la facilidad que muchas mujeres poseen para seducir con apenas un gesto. Yo: "Gracias" le respondí ya que Aldo estaba en su derrotero de movimiento, mandibuleo, caminando para atrás y para adelante asi que continué con ella "Perdón. ¿Y vos sos...?" y ahi el roto de Aldo pudo hacer que por un segundo sus celos domaran a su imbancable mambo. Él me contestó. "Ella es Paula, mi mujer". Ella sonríe, levanta el dedo indice como quien va a corregir, y corrige: "Ex mujer, Aldo. Ex". El cerebro del fisura hizo cortocircuito y quedó a un costado farfullando frases inentendibles. Paula se acerca a mi oido -en un bar de rock la música suele obligarnos a gritar o comunicarnos pegados- pone su mano libre en mi cintura y me confiesa "A veces lo acompaño a algún lado, sino está todo el dia en casa aspirando y solo, no quiero que salga. Él no sabe cuidarse y siempre aparece alguien que le da y lo hunde más". Mientras volvía a su lugar, le di dos palmadas en su cintura, arriba de su cola en plan "Entiendo, entiendo". Julio me grita: "Vamos loco, se viene la 2da entrada". Yo trato de hablarle a ambos "¿Se quedan?". Paula moviendo los hombros me hace saber que todo depende de como se sucedan los minutos con Aldo. "Depende." me responde. Y sin alardes, noté que no me lo dijo feliz. Mientras tocábamos trataba, disimuladamente, de mirar para comprobar si aun seguian alli, pensaba que podía charlar algo más con ella durante la cena... pero en un descuido, pasó.
Al bajar del escenario ni Paula ni el manija Aldo estaban en el bar.

Con frustración imaginé que jamás volvería a verla. Pero me equivocaba.
-seguirá-
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