Entre cientos de mensajes vacíos, apareció el suyo. No envióuna presentación formal ni una foto genérica de gimnasio; envió un mensaje quedescribía exactamente cómo se imaginaba el perfume de Flor al acercarse a sucuello.
Desde ese primer contacto, su interés se sintió distinto. Noera el simple deseo de un extraño, sino una fijación que rozaba lo posesivo. Enlos chats diarios, mientras yo filtraba sus intenciones, él demostraba que noquería simplemente a una mujer, la quería a Flor. Me enviaba mensajes a altashoras de la madrugada detallando cómo había pasado el día repasando las fotosde Flor, analizando cada curva y cada gesto de su mirada, alimentando unaurgencia que traspasaba la fibra óptica.
Poco a poco, la distancia digital se fue acortando. Élempezó a enviar audios con una voz profunda, cargada de una seguridad que mehacía entender que, tarde o temprano, tomaría el control. Yo le daba detalles,confesiones sobre lo que a Flor le hacía perder la calma, y él usaba esainformación para construir un mapa de seducción que la iba cercando. Flor,aunque al principio se mostraba cautelosa, terminó atrapada en la frecuencia desus mensajes. Él se volvió una presencia constante, una sombra deseada quehabitaba en su teléfono y en nuestras conversaciones nocturnas.
El juego dio un vuelco definitivo cuando él dejó de ser unsimple avatar y envió la primera fotografía sin censura. No era solo quetuviera un rostro atractivo, era guapo bien cuidado. Pero lo que realmentecambió la dinámica fue la evidencia de su anatomía: una pija gruesa y grande.Al ver la imagen, Flor no pudo disimular el impacto; sus pupilas se dilataron yun leve sonrojo delató que su curiosidad se había transformado en una necesidadfísica inmediata.
A partir de ese momento, latensión en el chat se volvió insoportable. Él lo sabía. Sabía que ahora ella loimaginaba constantemente, comparando y anticipando el peso de su presencia. Élse volvió más audaz, enviando videos cortos donde apenas se intuía su tamañobajo la ropa, provocándola con la promesa de lo que le esperaba. Flor ya nosolo leía sus mensajes; los devoraba, pasando horas pegada a la pantalla,hipnotizada por la idea de ser sometida por alguien con semejantes atributos.La fascinación por su cuerpo se convirtió en el tema central, y él, conscientede su ventaja, jugaba con esa impaciencia, recordándole en cada audio queninguna imagen le hacía justicia a la realidad.
La atmósfera cambió radicalmentecuando pasamos de las pantallas a la realidad de esa noche. Nos citamos en unbar de luces bajas, un lugar donde el alcohol servía como el prólogo perfectopara lo que veníamos planeando.
Foto antes de salir para el bar

Él llegó con una puntualidadmilimétrica, y desde que cruzó la puerta, su actitud de macho alfa dominó ellugar. Caminaba con una seguridad aplastante, los hombros anchos y una miradaque no pedía permiso, sino que tomaba posesión de lo que veía. Al saludarnos,me dio un apretón de manos firme, de hombre a hombre, pero sus ojos se clavaronde inmediato en Flor, recorriéndola con una intensidad que la hizo removerse ensu asiento.
Mientras tomábamos los primerostragos, él no se esforzó en ser sutil. Su confianza era tan desbordante quehablaba con una voz profunda, manteniendo siempre el contacto visual, dejandoclaro que sabía exactamente por qué estaba ahí. Flor estaba fascinada; lapresencia física de ese tipo, sumada a la conciencia de lo que escondía bajo suropa, la tenía en un estado de vulnerabilidad absoluta. Él manejaba laconversación con una arrogancia magnética, haciendo alarde de su experiencia yde la seguridad de quien sabe que tiene las herramientas para cumplir cualquierpromesa que hubiera hecho por chat.

Decidimos seguir la noche en otrolado y nos subimos a mi auto. Yo iba al volante, pero el centro de gravedad deese viaje estaba en el asiento de atrás, donde él se había instalado junto aFlor. Por el espejo retrovisor, vi cómo él no perdió ni un segundo. A pesar deque yo estaba ahí, su actitud de confianza total lo llevó a ignorar cualquierprotocolo; estiró su brazo, rodeando el cuello de Flor y atrayéndola hacia élcon una fuerza que no admitía resistencia.
En la penumbra del auto, latensión era casi sólida. Él empezó a hablarle al oído con esa voz de mando,mientras su otra mano bajaba con decisión hacia el regazo de ella. Vi a Florjadear cuando él la obligó a palpar el bulto imponente que se adivinaba bajo supantalón, demostrándole en vivo y en directo que era un hombre dotado y que suimpaciencia era real. Él me miró por el espejo, con una sonrisa de suficiencia,como pidiendo mi aprobación silenciosa mientras terminaba de dominar a mi noviafrente a mis ojos.
La tensión en el auto era casiasfixiante mientras avanzábamos por la avenida. Por el espejo retrovisor, veíacómo su actitud de macho no decaía ni un segundo; tenía a Flor prácticamentepegada a su costado, marcando territorio con una mano firme sobre su muslo. Enun momento, divisé las luces de una estación de servicio y decidí frenar.
—Voy a bajar un segundo a compraralgo para tomar en casa —dije, buscando romper un poco el trance que se habíagenerado en el habitáculo.
Estaba por abrir la puerta cuandosentí su voz profunda y cargada de esa confianza absoluta que lo caracterizaba.
—No, quedate ahí, Juan —soltó conun tono de mando que no admitía discusión—. Nosotros vamos a ir a comprar. Florme va a acompañar para ayudarme a elegir.
Fue una jugada de poder pura. Memiró por el espejo con una sonrisa de suficiencia, dejando claro que no era unasugerencia, sino una orden. Flor asintió casi por instinto, completamente bajoel influjo de su presencia. Los vi bajar; él caminaba con ese porte imponente,obligándola a ir cerca de él, casi rozándolo.
Desde el asiento del conductor,los observé caminar hacia el mini-mercado bajo las luces fluorescentes de laplaya de estacionamiento. Era imposible no notar la diferencia de altura yvolumen; Flor se veía pequeña a su lado, y el tipo caminaba con una seguridadtal que cualquiera que los viera pensaría que ella era suya. Mientrascaminaban, él le puso la mano en la nuca con un gesto posesivo, inclinándosepara decirle algo al oído que la hizo estremecerse.
A través de los cristales de latienda, vi cómo él se movía por los pasillos con una calma total, mientras Florlo seguía como hipnotizada. En un momento, mientras esperaban en la fila, él separó justo detrás de ella, pegando su cuerpo al de ella sin ninguna intenciónde ser sutil. Pude ver cómo Flor se tensaba y luego se relajaba al sentir lapresión de su anatomía contra su espalda. Él no tenía problemas en demostrar,incluso en un lugar público, que era un hombre dotado y que tenía el controlabsoluto de la situación.
Al volver el venia abrazandola del cuello hablandole de quien sabe que. La situacion en publico hacia que flor tenga una cara de encantada. El juego psicologico de dominacion y humillacion la llenaba de calentura

Cuando regresaron al auto, elaire dentro del vehículo cambió por completo. Él entró primero, tirando de ellacon firmeza para que se acomodara de nuevo en el asiento trasero. Traían unabolsa, pero el brillo en los ojos de Flor y la sonrisa de satisfacción de éldecían que en esos pocos minutos fuera del auto, algo más que una simple comprahabía pasado entre ellos.
—Ya estamos —dijo él, cerrando lapuerta con fuerza y clavando su mirada en mi nuca—. Ahora sí, metele pata queya no aguantamos más las ganas.
Elambiente dentro del auto se volvió denso, cargado de un magnetismo que hacíaque el aire se sintiera pesado. Mientras yo mantenía la vista en el camino ylas manos en el volante, por el espejo retrovisor veía cómo la situación en elasiento trasero escalaba sin frenos. Él no era de los que pedían permiso; suconfianza de macho dominante se traducía en movimientos directos y posesivos.
Se inclinó sobre Flor, invadiendosu espacio con una seguridad aplastante, y la tomó de la nuca para estamparleun beso voraz. No era un beso suave; era un reclamo, una demostración de poderque Flor respondió con un gemido de sorpresa que se perdió entre sus bocas.Desde mi lugar, yo escuchaba el sonido de sus respiraciones entrecortadas y elroce de la ropa, siendo testigo de cómo ese tipo que habíamos contactado porredes empezaba a devorarse a mi novia frente a mis ojos.
Él no se detuvo en los labios.Con una mano la mantenía pegada a su cuerpo imponente, mientras que con la otraempezó a manosearle el culo con una firmeza brutal. La diferencia detamaño entre su mano y el cuerpo de ella era evidente; la apretaba, la amasaba,reclamando cada centímetro de carne con la autoridad de quien sabe que tiene elcontrol total de la noche. Flor estaba totalmente entregada, arqueando laespalda contra él mientras sentía la presión del bulto de ese hombre, queincluso a través de la tela del pantalón, revelaba una dotación que la teníahipnotizada.

—Mirá cómo se pone cuando la tocoasí —soltó él con su voz profunda, clavando su mirada en el espejo paraencontrarse con la mía, buscando mi complicidad mientras seguía dominándola.
Él se movía con una solturaenvidiable, metiendo la mano bajo la falda de Flor para sentir su pieldirectamente, subiendo la apuesta mientras yo aceleraba, queriendo llegarcuanto antes al apartamento. El contraste era total: el silencio del camino, miconcentración en el manejo y, justo detrás de mí, la imagen de mi novia siendosometida por un tipo que derrochaba testosterona y que no tenía ningunaintención de esperar a que estacionáramos para marcar su territorio.
El ambiente en el apartamento terminó de estallar en cuanto cruzamos el umbral. Ya no había espacio para la charla casual; el deseo contenido durante el viaje en auto y la demostración de poder en la estación de servicio habían dejado a Flor en un estado de entrega total. Él dejó las bolsas sobre la barra sin siquiera mirarlas y, con un movimiento rápido y decidido, tomó a Flor por la cintura. la comenzo a comer vorazmente, le agarraba del culo, la nalgueaba.
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Como buen cornudo yo disfrutaba del show

Se sento en el sofa, me pidio un cenicero para fumar, pero flor ya no aguantaba mas, se tiraba sobre el , lo besaba , lo acariciaba.

Flor desesperadamente le saco lapija y su calentura aumento mas al ver el tamaño de esa verga

no tardo nada en agacharse a chupar esa pija.

su quimica era tal que sincronizaron para ponerse en una pose donde yo disfrutaba la vista del culo de flor

-veni que te voy a chupar las tetas -le dijo- y le abria el culo con las manos para que yo vea el control total que tenia de ella.
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El tipo no quiso esperar a llegar a la habitación. La urgencia que traían desde el auto, sumada a la adrenalina de la estación de servicio, pedía acción inmediata. Con ese porte de macho decidido, la empujó suavemente hacia el respaldo del sofá y, con un movimiento rápido, le quitó la ropa interior mientras ella apenas podía recuperar el aliento.
Antes de cualquier otra cosa, él se arrodilló en la alfombra, abriéndole las piernas a Flor con una firmeza que no admitía dudas. Sin mediar palabra, hundió su cara entre sus muslos y empezó a chuparle la concha con una voracidad salvaje. Flor soltó un grito, echando la cabeza hacia atrás y hundiendo los dedos en el sillón; el contraste entre la rudeza de ese tipo y la humedad de su lengua la estaba volviendo loca. Él sabía exactamente lo que hacía, usando su experiencia para dejarla en el punto máximo de sensibilidad, marcando su territorio antes de la estocada final.

Cuando la tuvo completamente empapada y rogando por más, él se puso de pie con esa confianza absoluta que lo envolvía. Flor, desde el sofá, lo miraba con los ojos desorbitados, fascinada por el tamaño de lo que estaba a punto de recibir.
Él no perdió el tiempo. La tomó de las caderas con sus manos grandes y potentes, la acomodó en el borde del sofá.
le acariciaba su tremenda pija por la conchita haciendola desear.
-querees que te la meta ya putita?.
-si por favor, no aguanto mas.
Con un solo empuje cargado de autoridad, empezó a cojerla. El impacto fue total. Flor soltó un gemido profundo al sentir la magnitud de él llenándola por completo, estirándola de una forma que nunca antes había sentido. Él mantenía un ritmo pesado, constante, mirándola fijo a los ojos con esa suficiencia de quien sabe que la tiene totalmente dominada.

Cada estocada hacía que el sofá crujiera bajo el peso de su masculinidad. Él no solo la cojía, la reclamaba. Se notaba que le tenía unas ganas acumuladas desde el primer mensaje por redes y ahora, finalmente, estaba descargando toda esa potencia en ella. Flor estaba entregada, con las piernas en alto y la mirada perdida, completamente sometida por ese candidato que resultó ser mucho más de lo que cualquier foto podía prometer.
ya con toda su enorme verga dentro de mi novia. empezaba el a soltar unos gemidos acompañado de unas palabras que hacian que yo me calentara.
-Que rica conchita que tenes. te gusta mi pija putita.
Flor gemia como loca, como si no hubiese cojido en años.
Él se detuvo un segundo, solo para obligarla a ponerse en cuatro sobre el sofá, dándole la espalda a él.Se quedó un momento admirándola, con esa arrogancia de quien sabe que tiene un tesoro entre las manos pero que él es el único capaz de reclamarlo. Con su mano grande y pesada, le dio un chirlo seco que dejó la marca roja en su piel, haciéndola arquear la espalda.
Me miraba mientras le acariciaba el culo.
-pasame un trago cornudo , me ordeno.-le pase.
le dio un sorbo largo , me lo devolvio y volvio a poner los ojos y las manos en el culo de flor.
-pero que hermoso culo tiene esta puta- dijo fuerte para los dos
apoyo su verga que estaba dura como piedra e intento meterla. Flor la saco de golpe .
- despacio, la tenes enorme.- se escupio la mano y se masajeo un poco la conchita.
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Volvió a arremeter desde atrás con una furia renovada. El sonido de los cuerpos chocando era rítmico y obsceno. Él se reía entre dientes, disfrutando de ver a Flor totalmente entregada, balbuceando incoherencias mientras él la seguía castigando con su tamaño.
Flor emepezo a gritar con una mezcla de dolor y placer. uno vez que se acostumbro al tamaño de esa pija empezo a arquera la espalda como un putita.

La tensión llegó a su punto de quiebre cuando él decidió que mi tiempo como espectador se había terminado. El tipo se detuvo en seco, aunque seguía enterrado profundamente en Flor, y me clavó una mirada cargada de un desprecio soberano. Yo seguía ahí, con el ritmo de mi mano detenido por la pura fuerza de su autoridad, sintiéndome pequeño ante la inmensidad de su presencia y la forma en que dominaba a mi novia.
—Bueno, Cornudito —soltó con una voz gélida y dominante, mientras se separaba de Flor con un sonido húmedo que resonó en el silencio del apartamento—. Se acabó el show para vos.
Flor quedó sobre el sofá, desmadejada, con la mirada perdida y el cuerpo aún vibrando por la potencia de ese hombre. Él no me dio tiempo ni de reaccionar; simplemente me dio la espalda, ignorándome como si yo fuera parte de los muebles, y tomó a Flor del brazo para ponerla en pie.
-vamos a la cama que te quiero cojer a solas.-
Él la guió hacia la habitación principal con un paso firme, manteniendo su mano posesiva en su nuca. Flor caminaba como en trance, sin siquiera girar la cabeza para mirarme, completamente entregada a la voluntad de ese hombre dotado que la llevaba como un trofeo. Antes de cerrar la puerta, él se detuvo un segundo y me miró por encima del hombro con una sonrisa de absoluta suficiencia.
La puerta de la habitación se cerró con un golpe seco, dejando un silencio sepulcral en el living. Me quedé ahí, solo con mi humillación, escuchando cómo del otro lado empezaban a sonar los primeros gemidos de Flor, ahora mucho más intensos, y el ritmo frenético de la cama golpeando contra la pared, confirmando que el candidato finalmente la estaba reclamando en la más absoluta intimidad.
Me quedé solo en el living, rodeado de un silencio que solo era roto por los ecos amortiguados que venían del pasillo. Con las manos aún temblorosas por la adrenalina y la humillación, saqué mi celular. Abrí la aplicación de las cámaras de seguridad , buscando desesperadamente esa conexión visual que él me había arrebatado al cerrarme la puerta en la cara.
La pantalla se iluminó y la imagen apareció , permitiéndome ver lo que él no quería que viera en persona. Flor estaba acostada boca arriba, con el cuerpo arqueado y la cabeza colgando justo al borde de la cama, exponiendo su cuello de una forma totalmente vulnerable.

Desde ese ángulo, la visión era cruda y dominante. Él la estaba haciendo atragantar con su pija. Verla así, desde la palma de mi mano, era una experiencia de voyeurismo extremo; podía notar cómo los ojos de Flor se ponían vidriosos y cómo sus manos buscaban desesperadamente aferrarse a las sábanas mientras él la penetraba bucalmente con esa dotación que parecía no tener fin.
—Tragátela toda, putita —le decía él en la pantalla, con esa voz de mando que el micrófono de la cámara captaba perfectamente—.
Él no tenía piedad. Se movía con una confianza de macho alfa, disfrutando de ver cómo ella se esforzaba por complacerlo en esa posición tan entregada.
En la pantalla del celular, la escena subió de tono con una crudeza que me dejó sin aliento. Él decidió que ya había tenido suficiente de su boca y, con un movimiento brusco y coordinado, la obligó a reincorporarse solo lo necesario para acomodarla a su gusto. Tomó un almohadón grueso y, con una mano, levantó el culo de Flor para colocarlo justo debajo, dejándola al borde mismo del colchón.
La pose era la estampa perfecta de un macho dominante. Flor quedó con la espalda apoyada en la cama, pero con la pelvis elevada y las piernas abiertas de par en par, totalmente expuesta y vulnerable ante él. Él se mantuvo de pie, fuera de la cama, aprovechando su altura y su físico imponente para quedar justo a la altura de su objetivo.
Sin más preámbulos, él se acomodó y, con un empuje seco y cargado de toda su potencia, la penetró de una sola vez. El impacto fue tan fuerte que el cuerpo de Flor se desplazó un poco sobre las sábanas, y su grito de placer llenó la habitación. Desde el ángulo de la cámara, se veía perfectamente cómo su dotación desaparecía dentro de ella, estirándola al máximo, mientras él mantenía sus manos grandes y firmes sobre los gemelos de ella, impidiendo que cerrara las piernas.

Flor gritaba y el gritando mas fuerte le decia - te gusta puta de mierda, te gusta !!
El silencio que siguió a los gritos fue casi más pesado que el ruido anterior. La puerta de la habitación se abrió de par en par y él apareció, caminando con esa seguridad animal que lo hacía parecer el doble de grande bajo las luces del living. Venía completamente desnudo, sin una pizca de pudor, con su miembro todavía imponente y pesado colgando con una naturalidad que me aplastaba. Tenía el pecho sudado y la respiración ya empezando a calmarse, pero la mirada de suficiencia seguía intacta.
Yo, que seguía en el rincón con el celular en la mano, reaccioné por puro instinto de vergüenza. Guardé mi pequeña pija con movimientos torpes y apresurados, sintiendo una timidez que me quemaba la piel. Era ridículo intentar comparar cualquier cosa con lo que él traía entre las piernas; frente a semejante despliegue de hombría, yo me sentía reducido a nada.
Él no dijo nada al principio. Se acercó a la barra, agarró una cerveza fría y se sentó en el sofá justo frente a mí, despatarrado, dejando que todo su cuerpo quedara a la vista. Sacó un cigarrillo, lo encendió con calma y soltó una bocanada de humo mientras me miraba con una media sonrisa de desprecio cómplice.
—Qué rica puta es Flor, por Dios... —soltó de repente, con la voz ronca por el esfuerzo
Yo apenas podía procesar las palabras. Mi calentura estaba en un punto de no retorno, pero los nervios me tenían la garganta cerrada. Mis respuestas eran apenas monosílabos temblorosos mientras mis ojos, por más que intentaba evitarlos, volvían una y otra vez a su entrepierna.
—Quedó muerta ahí adentro —continuó él, dándole un trago largo a la cerveza y dejando que una gota recorriera su torso—
Apagó el cigarrillo con parsimonia sobre el cenicero, aplastándolo con la misma decisión con la que había manejado a Flor minutos antes. Se puso de pie con un movimiento fluido y, al hacerlo, su verga pesada y dotada empezó a bambolearse de un lado a otro con una naturalidad obscena, un recordatorio físico de que el primer asalto apenas había sido un calentamiento para él. Me lanzó una última mirada de reojo, una mezcla de burla y superioridad, antes de encaminarse de nuevo al pasillo con ese andar de dueño que ya no necesitaba pedir permiso.
El sonido de la puerta cerrándose con firmeza volvió a marcar el límite de mi territorio. Me quedé solo en el living, con el eco de sus palabras sobre lo "putita" que era Flor retumbando en mi cabeza. En la pantalla de mi celular, que aún mantenía abierta con la aplicación de las cámaras, vi el momento exacto en que él entró de nuevo a la penumbra de la habitación.
Flor estaba todavía recuperando el aliento,. Cuando la puerta se abrió, ella levantó la mirada con cansancio, pero la expresión de su cara cambió instantáneamente al ver que él volvía por más. Fue una mezcla de asombro y una excitación casi temerosa;
se recosto boca arriba mostrandole a flor que su vergota estaba durisima de nueva. Flor sonrio y se mordio los labios. para volver a comer ese pedazo de carne con devocion.

.La puso de cuatro, con las rodillas clavadas en la cama y el torso inclinado hacia adelante, dejando su retaguardia totalmente expuesta y elevada.
Desde el ángulo de la cámara, vi cómo él se posicionaba detrás de ella, imponente y decidido. Con un solo movimiento seco, cargado de una brutalidad que me asombraba, se hundió en ella por completo. Flor soltó un grito que no fue un gemido, sino un alarido de puro impacto al sentir cómo esa anatomía dotada la reclamaba de nuevo sin previo aviso.
El ritmo que impuso este tipo era salvaje. No era el vaivén de un amante, era la embestida de un macho que estaba descargando toda su energía acumulada.
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Las poses que le hacia eran por no graf icas...Por dios.
Ver la cara de Flor en la cámara, con los ojos desorbitados y la boca abierta buscando aire mientras él la castigaba con su tamaño, me generaba una mezcla de humillación y una excitación tan intensa que me costaba respirar.


ella gritaba de placer y el tambien gritaba con el rimo frenetico de las embestidas
- dale puta!!! dale putaa!!
A través del audio de la cámara, los alaridos de Flor se escuchaban roncos, desgarrados por horas de una exigencia física que parecía no tener fin. Ese tipo era una máquina. Su resistencia de macho alfa había cruzado la frontera de lo humano; durante toda la madrugada, lo había visto en la pantalla cambiarla de posición, usarla, reclamarla y volverla a tomar con una energía que no decaía.
para acabar Con un movimiento ágil y pesado, se posicionó sobre ella. Se situó a la altura de su cara y, con una maniobra de macho alfa experimentado, usó sus piernas para atrapar los brazos de Flor contra el colchón, inmovilizándola por completo. Ella quedó crucificada bajo su peso, sin posibilidad de escap.
Él se dejó caer con todo su peso sobre ella, una masa de músculos y sudor que la aplastaba contra la cama. Sin preámbulos, le hundió su pija en la garganta con una estocada profunda y posesiva. El audio de la cámara captó el sonido ahogado de Flor, un quejido sordo mientras sus ojos se abrían de par en par sintiendo cómo ese miembro dotado llegaba al límite de su capacidad.
—Tragátelo todo, putita.

Él empezó un movimiento rítmico y final, profundo, buscando el fondo de su garganta mientras la sujetaba con una firmeza que no admitía réplica. De repente, su cuerpo se tensó y, con un último empuje violento, descargó toda su leche dentro de ella. Fue una explosión que pareció durar una eternidad; él se quedó ahí, hundiéndose al máximo, obligándola a recibir cada gota de su potencia de macho.
Flor cerró los ojos, con las lágrimas asomando por el esfuerzo de la garganta, totalmente sometida.
Antes de salir, el tipo se detuvo en el marco de la puerta del living. Ya estaba vestido, pero todavía irradiaba ese calor y ese olor a sexo salvaje que inundaba todo el departamento. Se acomodó la campera, me miró de arriba abajo con una sonrisa ladeada, entre canchera y sobradora, y soltó una carcajada corta mientras negaba con la cabeza.
—Bueno, juan... —dijo, extendiendo una mano de forma casi amistosa, pero con una firmeza que me recordó quién había mandado ahí adentro—. Un gusto, de verdad. Gracias por la invitación, hacía rato que no me divertía tanto.
Yo le di la mano por puro instinto, sintiendo cómo la mía desaparecía en la suya. Él me dio un par de palmadas fuertes en el hombro, de esas que te sacuden el cuerpo, y se inclinó un poco hacia mí, bajando el tono de voz pero manteniendo ese brillo de superioridad en los ojos.
—Te digo la verdad, pibe... me dejaste impresionado. No sabía que tenías semejante joyita guardada. Qué pedazo de puta que es Flor, por Dios.
—La dejé hecha mierda—soltó con una media sonrisa, disfrutando de mi cara de humillación—. Pero bueno, para eso me llamaste, ¿no?
—Nos vemos, campeón.
La puerta se cerró con un golpe seco, dejándome ahí parado, solo con mi calentura y su saludo todavía resonando en el aire, recordándome que, aunque me hubiera tratado con "buena onda", el dueño de la noche había sido él.
Mañana subo contenido a su tecito , ya sabeeeen
Desde ese primer contacto, su interés se sintió distinto. Noera el simple deseo de un extraño, sino una fijación que rozaba lo posesivo. Enlos chats diarios, mientras yo filtraba sus intenciones, él demostraba que noquería simplemente a una mujer, la quería a Flor. Me enviaba mensajes a altashoras de la madrugada detallando cómo había pasado el día repasando las fotosde Flor, analizando cada curva y cada gesto de su mirada, alimentando unaurgencia que traspasaba la fibra óptica.
Poco a poco, la distancia digital se fue acortando. Élempezó a enviar audios con una voz profunda, cargada de una seguridad que mehacía entender que, tarde o temprano, tomaría el control. Yo le daba detalles,confesiones sobre lo que a Flor le hacía perder la calma, y él usaba esainformación para construir un mapa de seducción que la iba cercando. Flor,aunque al principio se mostraba cautelosa, terminó atrapada en la frecuencia desus mensajes. Él se volvió una presencia constante, una sombra deseada quehabitaba en su teléfono y en nuestras conversaciones nocturnas.
El juego dio un vuelco definitivo cuando él dejó de ser unsimple avatar y envió la primera fotografía sin censura. No era solo quetuviera un rostro atractivo, era guapo bien cuidado. Pero lo que realmentecambió la dinámica fue la evidencia de su anatomía: una pija gruesa y grande.Al ver la imagen, Flor no pudo disimular el impacto; sus pupilas se dilataron yun leve sonrojo delató que su curiosidad se había transformado en una necesidadfísica inmediata.
A partir de ese momento, latensión en el chat se volvió insoportable. Él lo sabía. Sabía que ahora ella loimaginaba constantemente, comparando y anticipando el peso de su presencia. Élse volvió más audaz, enviando videos cortos donde apenas se intuía su tamañobajo la ropa, provocándola con la promesa de lo que le esperaba. Flor ya nosolo leía sus mensajes; los devoraba, pasando horas pegada a la pantalla,hipnotizada por la idea de ser sometida por alguien con semejantes atributos.La fascinación por su cuerpo se convirtió en el tema central, y él, conscientede su ventaja, jugaba con esa impaciencia, recordándole en cada audio queninguna imagen le hacía justicia a la realidad.
La atmósfera cambió radicalmentecuando pasamos de las pantallas a la realidad de esa noche. Nos citamos en unbar de luces bajas, un lugar donde el alcohol servía como el prólogo perfectopara lo que veníamos planeando.
Foto antes de salir para el bar

Él llegó con una puntualidadmilimétrica, y desde que cruzó la puerta, su actitud de macho alfa dominó ellugar. Caminaba con una seguridad aplastante, los hombros anchos y una miradaque no pedía permiso, sino que tomaba posesión de lo que veía. Al saludarnos,me dio un apretón de manos firme, de hombre a hombre, pero sus ojos se clavaronde inmediato en Flor, recorriéndola con una intensidad que la hizo removerse ensu asiento.
Mientras tomábamos los primerostragos, él no se esforzó en ser sutil. Su confianza era tan desbordante quehablaba con una voz profunda, manteniendo siempre el contacto visual, dejandoclaro que sabía exactamente por qué estaba ahí. Flor estaba fascinada; lapresencia física de ese tipo, sumada a la conciencia de lo que escondía bajo suropa, la tenía en un estado de vulnerabilidad absoluta. Él manejaba laconversación con una arrogancia magnética, haciendo alarde de su experiencia yde la seguridad de quien sabe que tiene las herramientas para cumplir cualquierpromesa que hubiera hecho por chat.

Decidimos seguir la noche en otrolado y nos subimos a mi auto. Yo iba al volante, pero el centro de gravedad deese viaje estaba en el asiento de atrás, donde él se había instalado junto aFlor. Por el espejo retrovisor, vi cómo él no perdió ni un segundo. A pesar deque yo estaba ahí, su actitud de confianza total lo llevó a ignorar cualquierprotocolo; estiró su brazo, rodeando el cuello de Flor y atrayéndola hacia élcon una fuerza que no admitía resistencia.
En la penumbra del auto, latensión era casi sólida. Él empezó a hablarle al oído con esa voz de mando,mientras su otra mano bajaba con decisión hacia el regazo de ella. Vi a Florjadear cuando él la obligó a palpar el bulto imponente que se adivinaba bajo supantalón, demostrándole en vivo y en directo que era un hombre dotado y que suimpaciencia era real. Él me miró por el espejo, con una sonrisa de suficiencia,como pidiendo mi aprobación silenciosa mientras terminaba de dominar a mi noviafrente a mis ojos.
La tensión en el auto era casiasfixiante mientras avanzábamos por la avenida. Por el espejo retrovisor, veíacómo su actitud de macho no decaía ni un segundo; tenía a Flor prácticamentepegada a su costado, marcando territorio con una mano firme sobre su muslo. Enun momento, divisé las luces de una estación de servicio y decidí frenar.
—Voy a bajar un segundo a compraralgo para tomar en casa —dije, buscando romper un poco el trance que se habíagenerado en el habitáculo.
Estaba por abrir la puerta cuandosentí su voz profunda y cargada de esa confianza absoluta que lo caracterizaba.
—No, quedate ahí, Juan —soltó conun tono de mando que no admitía discusión—. Nosotros vamos a ir a comprar. Florme va a acompañar para ayudarme a elegir.
Fue una jugada de poder pura. Memiró por el espejo con una sonrisa de suficiencia, dejando claro que no era unasugerencia, sino una orden. Flor asintió casi por instinto, completamente bajoel influjo de su presencia. Los vi bajar; él caminaba con ese porte imponente,obligándola a ir cerca de él, casi rozándolo.
Desde el asiento del conductor,los observé caminar hacia el mini-mercado bajo las luces fluorescentes de laplaya de estacionamiento. Era imposible no notar la diferencia de altura yvolumen; Flor se veía pequeña a su lado, y el tipo caminaba con una seguridadtal que cualquiera que los viera pensaría que ella era suya. Mientrascaminaban, él le puso la mano en la nuca con un gesto posesivo, inclinándosepara decirle algo al oído que la hizo estremecerse.
A través de los cristales de latienda, vi cómo él se movía por los pasillos con una calma total, mientras Florlo seguía como hipnotizada. En un momento, mientras esperaban en la fila, él separó justo detrás de ella, pegando su cuerpo al de ella sin ninguna intenciónde ser sutil. Pude ver cómo Flor se tensaba y luego se relajaba al sentir lapresión de su anatomía contra su espalda. Él no tenía problemas en demostrar,incluso en un lugar público, que era un hombre dotado y que tenía el controlabsoluto de la situación.
Al volver el venia abrazandola del cuello hablandole de quien sabe que. La situacion en publico hacia que flor tenga una cara de encantada. El juego psicologico de dominacion y humillacion la llenaba de calentura

Cuando regresaron al auto, elaire dentro del vehículo cambió por completo. Él entró primero, tirando de ellacon firmeza para que se acomodara de nuevo en el asiento trasero. Traían unabolsa, pero el brillo en los ojos de Flor y la sonrisa de satisfacción de éldecían que en esos pocos minutos fuera del auto, algo más que una simple comprahabía pasado entre ellos.
—Ya estamos —dijo él, cerrando lapuerta con fuerza y clavando su mirada en mi nuca—. Ahora sí, metele pata queya no aguantamos más las ganas.
Elambiente dentro del auto se volvió denso, cargado de un magnetismo que hacíaque el aire se sintiera pesado. Mientras yo mantenía la vista en el camino ylas manos en el volante, por el espejo retrovisor veía cómo la situación en elasiento trasero escalaba sin frenos. Él no era de los que pedían permiso; suconfianza de macho dominante se traducía en movimientos directos y posesivos.
Se inclinó sobre Flor, invadiendosu espacio con una seguridad aplastante, y la tomó de la nuca para estamparleun beso voraz. No era un beso suave; era un reclamo, una demostración de poderque Flor respondió con un gemido de sorpresa que se perdió entre sus bocas.Desde mi lugar, yo escuchaba el sonido de sus respiraciones entrecortadas y elroce de la ropa, siendo testigo de cómo ese tipo que habíamos contactado porredes empezaba a devorarse a mi novia frente a mis ojos.
Él no se detuvo en los labios.Con una mano la mantenía pegada a su cuerpo imponente, mientras que con la otraempezó a manosearle el culo con una firmeza brutal. La diferencia detamaño entre su mano y el cuerpo de ella era evidente; la apretaba, la amasaba,reclamando cada centímetro de carne con la autoridad de quien sabe que tiene elcontrol total de la noche. Flor estaba totalmente entregada, arqueando laespalda contra él mientras sentía la presión del bulto de ese hombre, queincluso a través de la tela del pantalón, revelaba una dotación que la teníahipnotizada.

—Mirá cómo se pone cuando la tocoasí —soltó él con su voz profunda, clavando su mirada en el espejo paraencontrarse con la mía, buscando mi complicidad mientras seguía dominándola.
Él se movía con una solturaenvidiable, metiendo la mano bajo la falda de Flor para sentir su pieldirectamente, subiendo la apuesta mientras yo aceleraba, queriendo llegarcuanto antes al apartamento. El contraste era total: el silencio del camino, miconcentración en el manejo y, justo detrás de mí, la imagen de mi novia siendosometida por un tipo que derrochaba testosterona y que no tenía ningunaintención de esperar a que estacionáramos para marcar su territorio.
El ambiente en el apartamento terminó de estallar en cuanto cruzamos el umbral. Ya no había espacio para la charla casual; el deseo contenido durante el viaje en auto y la demostración de poder en la estación de servicio habían dejado a Flor en un estado de entrega total. Él dejó las bolsas sobre la barra sin siquiera mirarlas y, con un movimiento rápido y decidido, tomó a Flor por la cintura. la comenzo a comer vorazmente, le agarraba del culo, la nalgueaba.
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Como buen cornudo yo disfrutaba del show

Se sento en el sofa, me pidio un cenicero para fumar, pero flor ya no aguantaba mas, se tiraba sobre el , lo besaba , lo acariciaba.

Flor desesperadamente le saco lapija y su calentura aumento mas al ver el tamaño de esa verga

no tardo nada en agacharse a chupar esa pija.

su quimica era tal que sincronizaron para ponerse en una pose donde yo disfrutaba la vista del culo de flor

-veni que te voy a chupar las tetas -le dijo- y le abria el culo con las manos para que yo vea el control total que tenia de ella.
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El tipo no quiso esperar a llegar a la habitación. La urgencia que traían desde el auto, sumada a la adrenalina de la estación de servicio, pedía acción inmediata. Con ese porte de macho decidido, la empujó suavemente hacia el respaldo del sofá y, con un movimiento rápido, le quitó la ropa interior mientras ella apenas podía recuperar el aliento.
Antes de cualquier otra cosa, él se arrodilló en la alfombra, abriéndole las piernas a Flor con una firmeza que no admitía dudas. Sin mediar palabra, hundió su cara entre sus muslos y empezó a chuparle la concha con una voracidad salvaje. Flor soltó un grito, echando la cabeza hacia atrás y hundiendo los dedos en el sillón; el contraste entre la rudeza de ese tipo y la humedad de su lengua la estaba volviendo loca. Él sabía exactamente lo que hacía, usando su experiencia para dejarla en el punto máximo de sensibilidad, marcando su territorio antes de la estocada final.

Cuando la tuvo completamente empapada y rogando por más, él se puso de pie con esa confianza absoluta que lo envolvía. Flor, desde el sofá, lo miraba con los ojos desorbitados, fascinada por el tamaño de lo que estaba a punto de recibir.
Él no perdió el tiempo. La tomó de las caderas con sus manos grandes y potentes, la acomodó en el borde del sofá.
le acariciaba su tremenda pija por la conchita haciendola desear.
-querees que te la meta ya putita?.
-si por favor, no aguanto mas.
Con un solo empuje cargado de autoridad, empezó a cojerla. El impacto fue total. Flor soltó un gemido profundo al sentir la magnitud de él llenándola por completo, estirándola de una forma que nunca antes había sentido. Él mantenía un ritmo pesado, constante, mirándola fijo a los ojos con esa suficiencia de quien sabe que la tiene totalmente dominada.

Cada estocada hacía que el sofá crujiera bajo el peso de su masculinidad. Él no solo la cojía, la reclamaba. Se notaba que le tenía unas ganas acumuladas desde el primer mensaje por redes y ahora, finalmente, estaba descargando toda esa potencia en ella. Flor estaba entregada, con las piernas en alto y la mirada perdida, completamente sometida por ese candidato que resultó ser mucho más de lo que cualquier foto podía prometer.
ya con toda su enorme verga dentro de mi novia. empezaba el a soltar unos gemidos acompañado de unas palabras que hacian que yo me calentara.
-Que rica conchita que tenes. te gusta mi pija putita.
Flor gemia como loca, como si no hubiese cojido en años.
Él se detuvo un segundo, solo para obligarla a ponerse en cuatro sobre el sofá, dándole la espalda a él.Se quedó un momento admirándola, con esa arrogancia de quien sabe que tiene un tesoro entre las manos pero que él es el único capaz de reclamarlo. Con su mano grande y pesada, le dio un chirlo seco que dejó la marca roja en su piel, haciéndola arquear la espalda.
Me miraba mientras le acariciaba el culo.
-pasame un trago cornudo , me ordeno.-le pase.
le dio un sorbo largo , me lo devolvio y volvio a poner los ojos y las manos en el culo de flor.
-pero que hermoso culo tiene esta puta- dijo fuerte para los dos
apoyo su verga que estaba dura como piedra e intento meterla. Flor la saco de golpe .
- despacio, la tenes enorme.- se escupio la mano y se masajeo un poco la conchita.
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Volvió a arremeter desde atrás con una furia renovada. El sonido de los cuerpos chocando era rítmico y obsceno. Él se reía entre dientes, disfrutando de ver a Flor totalmente entregada, balbuceando incoherencias mientras él la seguía castigando con su tamaño.
Flor emepezo a gritar con una mezcla de dolor y placer. uno vez que se acostumbro al tamaño de esa pija empezo a arquera la espalda como un putita.

La tensión llegó a su punto de quiebre cuando él decidió que mi tiempo como espectador se había terminado. El tipo se detuvo en seco, aunque seguía enterrado profundamente en Flor, y me clavó una mirada cargada de un desprecio soberano. Yo seguía ahí, con el ritmo de mi mano detenido por la pura fuerza de su autoridad, sintiéndome pequeño ante la inmensidad de su presencia y la forma en que dominaba a mi novia.
—Bueno, Cornudito —soltó con una voz gélida y dominante, mientras se separaba de Flor con un sonido húmedo que resonó en el silencio del apartamento—. Se acabó el show para vos.
Flor quedó sobre el sofá, desmadejada, con la mirada perdida y el cuerpo aún vibrando por la potencia de ese hombre. Él no me dio tiempo ni de reaccionar; simplemente me dio la espalda, ignorándome como si yo fuera parte de los muebles, y tomó a Flor del brazo para ponerla en pie.
-vamos a la cama que te quiero cojer a solas.-
Él la guió hacia la habitación principal con un paso firme, manteniendo su mano posesiva en su nuca. Flor caminaba como en trance, sin siquiera girar la cabeza para mirarme, completamente entregada a la voluntad de ese hombre dotado que la llevaba como un trofeo. Antes de cerrar la puerta, él se detuvo un segundo y me miró por encima del hombro con una sonrisa de absoluta suficiencia.
La puerta de la habitación se cerró con un golpe seco, dejando un silencio sepulcral en el living. Me quedé ahí, solo con mi humillación, escuchando cómo del otro lado empezaban a sonar los primeros gemidos de Flor, ahora mucho más intensos, y el ritmo frenético de la cama golpeando contra la pared, confirmando que el candidato finalmente la estaba reclamando en la más absoluta intimidad.
Me quedé solo en el living, rodeado de un silencio que solo era roto por los ecos amortiguados que venían del pasillo. Con las manos aún temblorosas por la adrenalina y la humillación, saqué mi celular. Abrí la aplicación de las cámaras de seguridad , buscando desesperadamente esa conexión visual que él me había arrebatado al cerrarme la puerta en la cara.
La pantalla se iluminó y la imagen apareció , permitiéndome ver lo que él no quería que viera en persona. Flor estaba acostada boca arriba, con el cuerpo arqueado y la cabeza colgando justo al borde de la cama, exponiendo su cuello de una forma totalmente vulnerable.

Desde ese ángulo, la visión era cruda y dominante. Él la estaba haciendo atragantar con su pija. Verla así, desde la palma de mi mano, era una experiencia de voyeurismo extremo; podía notar cómo los ojos de Flor se ponían vidriosos y cómo sus manos buscaban desesperadamente aferrarse a las sábanas mientras él la penetraba bucalmente con esa dotación que parecía no tener fin.
—Tragátela toda, putita —le decía él en la pantalla, con esa voz de mando que el micrófono de la cámara captaba perfectamente—.
Él no tenía piedad. Se movía con una confianza de macho alfa, disfrutando de ver cómo ella se esforzaba por complacerlo en esa posición tan entregada.
En la pantalla del celular, la escena subió de tono con una crudeza que me dejó sin aliento. Él decidió que ya había tenido suficiente de su boca y, con un movimiento brusco y coordinado, la obligó a reincorporarse solo lo necesario para acomodarla a su gusto. Tomó un almohadón grueso y, con una mano, levantó el culo de Flor para colocarlo justo debajo, dejándola al borde mismo del colchón.
La pose era la estampa perfecta de un macho dominante. Flor quedó con la espalda apoyada en la cama, pero con la pelvis elevada y las piernas abiertas de par en par, totalmente expuesta y vulnerable ante él. Él se mantuvo de pie, fuera de la cama, aprovechando su altura y su físico imponente para quedar justo a la altura de su objetivo.
Sin más preámbulos, él se acomodó y, con un empuje seco y cargado de toda su potencia, la penetró de una sola vez. El impacto fue tan fuerte que el cuerpo de Flor se desplazó un poco sobre las sábanas, y su grito de placer llenó la habitación. Desde el ángulo de la cámara, se veía perfectamente cómo su dotación desaparecía dentro de ella, estirándola al máximo, mientras él mantenía sus manos grandes y firmes sobre los gemelos de ella, impidiendo que cerrara las piernas.

Flor gritaba y el gritando mas fuerte le decia - te gusta puta de mierda, te gusta !!
El silencio que siguió a los gritos fue casi más pesado que el ruido anterior. La puerta de la habitación se abrió de par en par y él apareció, caminando con esa seguridad animal que lo hacía parecer el doble de grande bajo las luces del living. Venía completamente desnudo, sin una pizca de pudor, con su miembro todavía imponente y pesado colgando con una naturalidad que me aplastaba. Tenía el pecho sudado y la respiración ya empezando a calmarse, pero la mirada de suficiencia seguía intacta.
Yo, que seguía en el rincón con el celular en la mano, reaccioné por puro instinto de vergüenza. Guardé mi pequeña pija con movimientos torpes y apresurados, sintiendo una timidez que me quemaba la piel. Era ridículo intentar comparar cualquier cosa con lo que él traía entre las piernas; frente a semejante despliegue de hombría, yo me sentía reducido a nada.
Él no dijo nada al principio. Se acercó a la barra, agarró una cerveza fría y se sentó en el sofá justo frente a mí, despatarrado, dejando que todo su cuerpo quedara a la vista. Sacó un cigarrillo, lo encendió con calma y soltó una bocanada de humo mientras me miraba con una media sonrisa de desprecio cómplice.
—Qué rica puta es Flor, por Dios... —soltó de repente, con la voz ronca por el esfuerzo
Yo apenas podía procesar las palabras. Mi calentura estaba en un punto de no retorno, pero los nervios me tenían la garganta cerrada. Mis respuestas eran apenas monosílabos temblorosos mientras mis ojos, por más que intentaba evitarlos, volvían una y otra vez a su entrepierna.
—Quedó muerta ahí adentro —continuó él, dándole un trago largo a la cerveza y dejando que una gota recorriera su torso—
Apagó el cigarrillo con parsimonia sobre el cenicero, aplastándolo con la misma decisión con la que había manejado a Flor minutos antes. Se puso de pie con un movimiento fluido y, al hacerlo, su verga pesada y dotada empezó a bambolearse de un lado a otro con una naturalidad obscena, un recordatorio físico de que el primer asalto apenas había sido un calentamiento para él. Me lanzó una última mirada de reojo, una mezcla de burla y superioridad, antes de encaminarse de nuevo al pasillo con ese andar de dueño que ya no necesitaba pedir permiso.
El sonido de la puerta cerrándose con firmeza volvió a marcar el límite de mi territorio. Me quedé solo en el living, con el eco de sus palabras sobre lo "putita" que era Flor retumbando en mi cabeza. En la pantalla de mi celular, que aún mantenía abierta con la aplicación de las cámaras, vi el momento exacto en que él entró de nuevo a la penumbra de la habitación.
Flor estaba todavía recuperando el aliento,. Cuando la puerta se abrió, ella levantó la mirada con cansancio, pero la expresión de su cara cambió instantáneamente al ver que él volvía por más. Fue una mezcla de asombro y una excitación casi temerosa;
se recosto boca arriba mostrandole a flor que su vergota estaba durisima de nueva. Flor sonrio y se mordio los labios. para volver a comer ese pedazo de carne con devocion.

.La puso de cuatro, con las rodillas clavadas en la cama y el torso inclinado hacia adelante, dejando su retaguardia totalmente expuesta y elevada.
Desde el ángulo de la cámara, vi cómo él se posicionaba detrás de ella, imponente y decidido. Con un solo movimiento seco, cargado de una brutalidad que me asombraba, se hundió en ella por completo. Flor soltó un grito que no fue un gemido, sino un alarido de puro impacto al sentir cómo esa anatomía dotada la reclamaba de nuevo sin previo aviso.
El ritmo que impuso este tipo era salvaje. No era el vaivén de un amante, era la embestida de un macho que estaba descargando toda su energía acumulada.
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Las poses que le hacia eran por no graf icas...Por dios.
Ver la cara de Flor en la cámara, con los ojos desorbitados y la boca abierta buscando aire mientras él la castigaba con su tamaño, me generaba una mezcla de humillación y una excitación tan intensa que me costaba respirar.


ella gritaba de placer y el tambien gritaba con el rimo frenetico de las embestidas
- dale puta!!! dale putaa!!
A través del audio de la cámara, los alaridos de Flor se escuchaban roncos, desgarrados por horas de una exigencia física que parecía no tener fin. Ese tipo era una máquina. Su resistencia de macho alfa había cruzado la frontera de lo humano; durante toda la madrugada, lo había visto en la pantalla cambiarla de posición, usarla, reclamarla y volverla a tomar con una energía que no decaía.
para acabar Con un movimiento ágil y pesado, se posicionó sobre ella. Se situó a la altura de su cara y, con una maniobra de macho alfa experimentado, usó sus piernas para atrapar los brazos de Flor contra el colchón, inmovilizándola por completo. Ella quedó crucificada bajo su peso, sin posibilidad de escap.
Él se dejó caer con todo su peso sobre ella, una masa de músculos y sudor que la aplastaba contra la cama. Sin preámbulos, le hundió su pija en la garganta con una estocada profunda y posesiva. El audio de la cámara captó el sonido ahogado de Flor, un quejido sordo mientras sus ojos se abrían de par en par sintiendo cómo ese miembro dotado llegaba al límite de su capacidad.
—Tragátelo todo, putita.

Él empezó un movimiento rítmico y final, profundo, buscando el fondo de su garganta mientras la sujetaba con una firmeza que no admitía réplica. De repente, su cuerpo se tensó y, con un último empuje violento, descargó toda su leche dentro de ella. Fue una explosión que pareció durar una eternidad; él se quedó ahí, hundiéndose al máximo, obligándola a recibir cada gota de su potencia de macho.
Flor cerró los ojos, con las lágrimas asomando por el esfuerzo de la garganta, totalmente sometida.
Antes de salir, el tipo se detuvo en el marco de la puerta del living. Ya estaba vestido, pero todavía irradiaba ese calor y ese olor a sexo salvaje que inundaba todo el departamento. Se acomodó la campera, me miró de arriba abajo con una sonrisa ladeada, entre canchera y sobradora, y soltó una carcajada corta mientras negaba con la cabeza.
—Bueno, juan... —dijo, extendiendo una mano de forma casi amistosa, pero con una firmeza que me recordó quién había mandado ahí adentro—. Un gusto, de verdad. Gracias por la invitación, hacía rato que no me divertía tanto.
Yo le di la mano por puro instinto, sintiendo cómo la mía desaparecía en la suya. Él me dio un par de palmadas fuertes en el hombro, de esas que te sacuden el cuerpo, y se inclinó un poco hacia mí, bajando el tono de voz pero manteniendo ese brillo de superioridad en los ojos.
—Te digo la verdad, pibe... me dejaste impresionado. No sabía que tenías semejante joyita guardada. Qué pedazo de puta que es Flor, por Dios.
—La dejé hecha mierda—soltó con una media sonrisa, disfrutando de mi cara de humillación—. Pero bueno, para eso me llamaste, ¿no?
—Nos vemos, campeón.
La puerta se cerró con un golpe seco, dejándome ahí parado, solo con mi calentura y su saludo todavía resonando en el aire, recordándome que, aunque me hubiera tratado con "buena onda", el dueño de la noche había sido él.
Mañana subo contenido a su tecito , ya sabeeeen
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