
Esa noche yo mismo le pedí que se vista como una zorra barata: mini falda Jean cortísima y un polera corta qué apretaba sus tetitas. Le dije que íbamos a ver una película con Diego, nuestro mejor amigo en común con mi primo Leo. Liliana pensó que era solo una noche normal entre amigos. No tenía ni idea de lo que yo había planeado.
Cuando Diego llegó, entró con una sonrisa arrogante y me miró de arriba abajo. Yo ya estaba sentado en el sillón, con los pantalones bajados, masturbándome despacio como el cornudo que soy.
Liliana se quedó congelada al verlo.
— ¿Qué carajo hace él acá? —preguntó nerviosa.
Diego se rio fuerte y se acercó a ella sin decir nada. La agarró de la cintura y la atrajo hacia él.
—Tu novio no te contó, ¿verdad, putita? Hoy te voy a coger delante de él. Y no es la primera vez, ¿o sí?
Liliana palideció. Hacía unos meses, cuando yo estaba de viaje, ella y Diego habían tenido una aventura secreta de varias noches. Se la había cogido a escondidas, varias veces, y ella nunca me lo contó. Ahora todo salía a la luz.
Diego le levantó la mini falda y le metió la mano directamente en el coño, ya mojado.
—Mirá cómo se moja esta zorra solo de verme. Leo me contó todo lo que te hizo la otra vez. Me dijo que gritabas que la verga de tu novio es un hilito inútil. Y yo le conté a él lo que nosotros hicimos mientras este cornudo estaba fuera del país. ¿Le contaste vos, Liliana? ¿Le dijiste que ya me habías chupado la verga y que te corrías como una perra conmigo?
Liliana bajó la mirada, roja de vergüenza, pero su coño traicionero chorreaba en los dedos de Diego.
Yo seguía pajeándome, humillado y excitado.
Diego se bajó el pantalón y sacó su verga monstruosa de 24 cm, gruesa y venosa.
—Mirá esta poronga, cornudito de mierda. Esta es la verga que tu novia ya probó a tus espaldas. Mientras vos le mandabas mensajitos de “te extraño”, ella estaba en mi cama abriéndose de piernas para mí. ¿Verdad, Liliana?
Liliana, con la voz temblorosa, asintió apenas.
—Sí… hace unos meses… nos acostamos varias veces —confesó en voz baja.
Diego se rio con crueldad y la empujó hacia el sofá.
—Exacto. Y ahora tu novio cornudo quiere compartirte oficialmente. Qué lindo, ¿no? El muy gil ni siquiera sabe que yo ya te marqué el coño antes que Leo.
La tiró boca arriba, le abrió las piernas de un manotazo y le metió más de la mitad de su verga de un solo golpe brutal. Liliana gritó como loca:
—¡Ayyyy Diego! ¡Dios mío! ¡Me estás partiendo otra vez!
Diego empezó a cogérsela sin piedad, embestidas duras, rápidas y profundas que hacían rebotar su cuerpito entero.
—Decile a este perdedor lo que sentías cuando te cogía a escondidas —le ordenó mientras la taladraba—. Decile cómo me rogabas que te follara más fuerte porque su verga de hilito no te servía.
Liliana, entre gritos y lágrimas de placer, me miró directo a los ojos:
—Amor… perdóname… pero es verdad. Cuando estabas de viaje, Diego me cogía casi todas las noches. Su verga me llenaba toda… me llegaba al fondo… me hacía correrme como nunca vos lo lograste. Tu poronga es patética… demasiado pequeña… no siento nada contigo. Por eso casi no te dejo tocarme hace seis meses.
Diego se rio a carcajadas y aceleró el ritmo, marcándole la panza con cada metida profunda.
—Escuchaste, cornudo de mierda? Tu novia ya era mía antes de que Leo se la cogiera. En las fiestas yo le tocaba el culo, le decía al oído que iba a cogérmela mejor que vos, y ella se mojaba toda. Vos estabas ahí como un gil, sirviendo tragos, mientras yo planeaba cómo follármela a tus espaldas. Y mirá ahora: ella confesando todo mientras yo le destrozo el coño delante de vos.
Liliana gritaba y lloraba, pero no dejaba de hablar:
—¡Diego! ¡Más fuerte! ¡Rómpeme! Tu verga es mil veces mejor que la de él… ¡Nunca me había sentido tan puta! Amor… sos un cornudo patético… me encanta que sepas que ya te traicioné con tu mejor amigo… y que ahora vas a tener que verme cómo me abro para él cuando quiera.
Diego la levantó como una muñeca de trapo (1,48 y 45 kilos) y la penetró de pie, bajándola con fuerza bruta sobre su verga. La panza se le marcaba obscenamente cada vez que entraba hasta el fondo.
—Decile que ya no sos su novia —le gruñó al oído—. Decile que sos nuestra puta: mía y de Leo.
Liliana, con la voz rota y los ojos en blanco, me miró mientras se corría violentamente:
—Amor… ya no soy tu novia… soy la puta de Diego y de Leo… tu verga ya no me sirve para nada. Es un hilito ridículo. Quiero que ellos me cojan cuando quieran, delante de vos si hace falta. Gracias por ser tan cornudo… me encanta humillarte así.
Diego la puso en cuatro sobre el sofá, le jaló el cabello con fuerza y la taladró como un animal salvaje.
—Este coño ya estaba marcado por mí mucho antes de que Leo lo probara —decía entre embestidas—. Vos creías que tenías una novia fiel, pero ella ya se abría de piernas para tu mejor amigo. Ahora vas a ver cómo la termino de arruinar.
Cuando estaba por acabar, la clavó hasta el fondo, gruñó como bestia y le soltó chorros y chorros de semen espeso, muchísimo más de lo que yo jamás podría. Le llenó tanto el coñito estrecho que salía a borbotones, chorreando por sus muslos morenos y ensuciando la mini falda.
Liliana tuvo el orgasmo más brutal de su vida: se puso rígida, gritó con la voz rota, ojos en blanco, todo el cuerpo convulsionando mientras yo me corría en mi mano como un cornudo humillado.
Cuando Diego se sacó, Liliana quedó derrumbada en el sofá, temblando, con las piernas abiertas, el coño hinchado y destruido, semen blanco saliendo sin parar. Ni siquiera podía cerrarlas.
Todavía jadeando, con lágrimas en los ojos y una sonrisa perversa, me miró y susurró con voz débil pero cruel:
—Amor… quiero que Diego me coja cuando quiera… y que traiga a Leo también. Tu verga es inútil. Sos el cornudo más patético del mundo y me encanta. Gracias por organizarme esta sorpresa… ahora todos sabemos lo que realmente soy: la puta de tus amigos.
Diego se acercó, me dio una palmada fuerte en la cara y se rio:
—Buen trabajo, cornudito. La próxima vez la invitamos a Leo para que los tres te recordemos cuál es tu lugar: mirando y pajeándote mientras nosotros nos cogemos a tu novia.
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