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Lorena Vallejo, el fetiche de su ano rosa

[imágenes de mi ex]
Lorena Vallejo tenía estaba a punto de graduarse de la prepa en la Ciudad de México. Extremadamente tímida y sumisa, hablaba en susurros, bajaba la mirada y casi nunca decía que no.

Lorena Vallejo, el fetiche de su ano rosa

Jean, haitiano de 16 años (dos años menor que ella), fue el primero que se acercó. Parecía asustado y necesitado. Lorena empezó a llevarle comida por caridad. Jean le agradecía con voz baja y mirada al suelo.Poco a poco Jean ganó su confianza. Le pedía ayuda para vender unas bolsitas de mota “solo para comer”.
Lorena, sintiéndose útil, empezó a acompañarlo y terminó ayudándolo a vender droga entre sus compañeros. Con el tiempo llegó el punto en que fumaba mucho con él. Jean le daba más mariguana y ella, por timidez y por no querer decepcionarlo, fumaba cada vez más.
culona

Una tarde, después de fumar bastante en el campamento, Jean la llevó a un rincón entre mantas sucias. La drogó con éxtasis mezclado con mariguana. Lorena se sintió muy mal. Jean le subió la falda, le bajó las bragas y empezó a tocarla. Mientras la tocaba, Lorena gemía bajito, aturdida. Entonces, por accidente entre el sudor y el movimiento de las mantas sucias, su dedo áspero resbaló y entró en su ano rosado. Lorena soltó un gemido más fuerte y tembló por unos segundos. Jean se dio cuenta de que a ella no le molestó esa sensación y siguió frotando su ano rosado hasta que empezó a olerlo.
— que lindo ano rosado tienes, huele muy rico mira... Jean le acercó los dedos, se dio cuenta que olía a caca y a sudor.
— No Jean basta, no se que hago...
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Lorena se subió la falda escolar y trató de quitarse la arena sus nalgas y piernas. Salió mareada en silencio hacia un seven eleven por algo de beber.
La segunda ocasión fue peor. Lorena seguía comprometida por vender mota con Jean, pero ella tenía idea de lo que pasaba en la noche con el en la tienda. Esta vez fue a ver a Samuel y lo encontró a Jean. La llevó de nuevo atrás del campamento a fumar, la drogó más fuerte y la recostó. La empezó a besar y le metía la lengua hasta la garganta mientras subía su falda, justo en ese momento le separó las nalgas y empezó a tocar su ano rosa, notaba como se dilataba con cada respiración pesada y cada gemido que ella soltaba sin control. Jean fue astuto y grabó por unos minutos debajo de su falda entre el calor y el sudor, enfocaba como se movía su ano rosado.
Jean no se apartaba. Se quedaba un rato largo tocando el ano rosado de Lorena con los dedos, abriéndolo y cerrándolo lentamente, oliéndolos frente a ella de forma enfermiza. Inhalaba profundo varias veces, con los ojos entrecerrados.
— Mmm… huele rico tu ano rosa… blanco y delicado… yo nunca voy a tener esto en Haití
— murmuraba con español roto pero arrogante.
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Lorena, muy drogada, no recordaba casi nada con claridad. Solo tenía flashes borrosos y se fue del campamento con mucho remordimiento y culpa, preguntándose qué había pasado.Jean fingía inocencia después: “Yo no sé nada de ese video… tal vez alguien lo mandó”. Pero Lorena sabía que él lo había grabado y compartido.
Cada vez que lo veía llegar, se ponía roja de vergüenza.Con el tiempo Jean empezó a presumir los videos a sus amigos haitianos con arrogancia. Se sentía orgulloso y repetía con tono triunfante
— Miren, yo le di leche a una chica blanca y rubia… algo que nunca vamos a tener en Haití. Miren cómo se abre su ano rosa cuando gime. Yo la toco y la huelo cuando quiero.
Lorena se enteró de que Jean presumía los videos y se sintió profundamente humillada. Sobre todo porque era más chico que ella y legalmente no podía hacer mucho. Se alejó de él todo lo que pudo, pero el daño ya estaba hecho.Ahora, sola con sus recuerdos, el trauma era total.

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