You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Envidio a su mujer parte 2

Bueno, envidio a su esposa y a la vez no, porque sé que a pesar de que estamos a unos kilómetros de distancia, lo que quizás él crea que va a quedar en la fantasía para nada va a ser así. Lo que él no sabe es que yo no soy uno más. No pertenezco al círculo LGBT, soy totalmente reservado, privado. Seguramente nadie se imagina, ni por mí mismo deben saber tampoco, mis asuntos privados y mis preferencias sexuales. Pero sí voy a decir algo: hace muchos años no me sucede una cosa así, hace muchos años no sentía algo así. ¿Y cuál es la sensación, cuál es el sentimiento? Primero que nada que a lo largo de mi vida he tenido dos vínculos fijos con hombres y alguna que otra relación ocasional, pero no muchas, porque la gente es bastante indiscreta. Lo que quiero decir y aclarar es que estoy absolutamente dispuesto a viajar por este hombre, me hace sentir algo muy particular. Muchas veces me banco conversaciones largas porque me encanta cómo escribe, muchas veces la hacía larga, no por vueltero, sino porque realmente no quería dejar de conversar con él. La hacía larga porque no quería cortar la comunicación que había entre nosotros. De hecho algunas veces él me indicó que no escribiera y yo sin embargo lo hice, porque realmente es desesperante cuando alguien te da en la tecla. Es algo que, repito, no me ha pasado mucho. Y estoy seguro de que a mucha gente también le pasa: noches y noches de frustración, horas y horas en chats donde solamente hay personas a las que les importa su propio placer, su bienestar inmediato y nada más. El hecho de ser homosexual no te convierte automáticamente en una cosa, no te convierte automáticamente en una persona promiscua, no te condiciona. Pero mucha gente sí lo entiende así: mostrar, terminar rápido y listo, se acabó el asunto. No es así, no se trata de eso. Nadie se pone a pensar qué le gustará a la otra persona, cómo se excitará realmente, casi a nadie le importa. Y esta persona justamente toca fibras más sensibles, más humanas. Tiene algo de caballero, tiene cortesía. Y repito, si alguien se tomara dos segundos para pensar cómo se excita el otro, el resultado sería completamente distinto, mucho más significativo y mucho más placentero. Sin irme del tema, no quiero extenderme demasiado, pero me parecía importante dejar esa pequeña reflexión. Lo más importante que puedo decir es que hoy le mandé un mensaje, le pregunté si podía mandarle algunos audios, si podía decirle algunas cosas que tenía ganas de expresar. Cuando me dio el ok empecé a hablarle. Me dijo que estaba en su auto manejando y entonces le describí una escena imaginaria. Le dije que me encantaría poder estar sentado a su lado, mirarlo con complicidad, humedecerme los labios lentamente mientras lo observo con intención provocativa. Le dije que pondría mi mano suavemente sobre su pierna y empezaría a acariciarlo con cuidado, siempre mirándolo a los ojos. Le preguntaría con respeto si puedo acercarme un poco más, si puedo desabrochar su pantalón, porque al macho siempre hay que preguntarle. Y cuando me dé el permiso empezaría a tocarlo con suavidad, buscando en su respiración el momento exacto en que su cuerpo empieza a reaccionar, en que su voz cambia, en que el silencio se llena de tensión. Porque cuando encontrás ese punto sabés que vas por el camino correcto. Continúa en la parte 3.

0 comentarios - Envidio a su mujer parte 2