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Dulces 28 Cap. 7

Dulce estaba completamente perdida. El roce brutal del pene enorme de Rondo entre sus muslos la tenía al borde de la locura. Cada vez que él empujaba hacia adelante, la gruesa cabeza de su verga negra separaba sus labios vaginales hinchados y frotaba con fuerza directamente sobre su clítoris, enviando descargas eléctricas de placer por todo su cuerpo.

Dulces 28 Cap. 7



Pero las ganas de orinar se volvieron insoportables.

Su vejiga ardía. Ya no podía contenerlo más.

—¡No… no puedo… me voy a orinar…! —gimió desesperada.

Apenas terminó de hablar cuando su cuerpo se rindió. Un chorro intenso, caliente y abundante salió disparado de su uretra, cayendo directamente sobre el grueso pene negro de Rondo. El líquido era ligeramente rosado, brillando bajo las luces del bar mientras salpicaba el miembro venoso y sus propios muslos.


Club


Dulce se dio cuenta en ese instante: el color era idéntico al de la bebida energética rosa que Tania le había dado en el coche. Por un segundo, su mente intentó conectar las piezas, pero el placer y la vergüenza eran demasiado fuertes como para sospechar algo más.

Los strippers y el público que los rodeaba estallaron en gritos eufóricos y aplausos.

Dulce moría de vergüenza. Estaba segura de que todos la mirarían con asco, pero en lugar de rechazo, solo veía excitación y deseo en sus rostros. Eso no borró el rubor intenso de sus mejillas. El chorro seguía saliendo, fuerte e incesante, sin que ella pudiera detenerlo. Su coño palpitaba con cada pulsación mientras orinaba públicamente.

De repente, uno de los strippers que estaba follando a Brenda se apartó de ella y corrió a arrodillarse debajo del chorro. Abrió la boca y dejó que la orina rosa de Dulce le cayera directamente en la lengua y garganta, tragando con evidente placer.

Stripper


«Qué vergüenza… alguien está bebiendo mi orina», pensó Dulce, horrorizada. Nunca en su vida había imaginado una escena así. Sin embargo, en vez de repulsión, esa imagen la excitó aún más. Comprendió que en ese lugar nadie se avergonzaba de nada. Todos estaban disfrutando locamente.

El stripper aguantó en su boca el último chorro fuerte que salió de Dulce. Se levantó rápidamente, tomó su rostro entre las manos y, en lugar del beso que ella esperaba en medio de la orgía, presionó su boca contra la de ella y soltó todo el líquido.

Cheating



Dulce abrió los ojos con sorpresa cuando sintió el chorro tibio de su propia orina entrando en su boca. Debería haber sentido arcadas inmediatas… pero no fue así. El sabor era dulce, fresco y sorprendentemente agradable, muy parecido al de la bebida rosa que había tomado antes. Era cálido, ligeramente dulce y con un toque que lo hacía extrañamente excitante.

Saboreó el líquido durante un par de segundos, confundida, y por puro instinto tragó. Se sintió sucia por un momento… pero al ver que nadie a su alrededor lo consideraba algo malo, simplemente se dejó llevar.
Desde el sillón contiguo se escuchó la voz excitada de Tania:

—¡Yo también estoy lista!

Los strippers se detuvieron por un momento. Levantaron a Dulce y la sentaron en una silla en medio de la pista central, bajo las luces. Tania se colocó de pie encima de ella, abrió sus labios vaginales con dos dedos, exponiendo completamente su uretra. Los strippers, Brenda y varios espectadores se arrodillaron alrededor del torso de Dulce, abriendo la boca y sacando la lengua, expectantes.

De pronto, un chorro intenso y rosado salió de Tania, bañando el pecho, el cuello y el rostro de Dulce. El líquido tibio corría por su cuerpo y era recogido con avidez por las bocas de los strippers y Brenda. Algunos espectadores también se acercaron a recibirlo.

Infidelidad



Dulce sintió la orina tibia de su amiga cayendo sobre ella. Parte del chorro le recorrió las mejillas. Ya no pudo resistirse: abrió la boca y dejó que cayera dentro. El sabor era exactamente el mismo: dulce, embriagante y extrañamente adictivo.

Tania ajustó su postura, sonriendo con malicia.

—El último chorro es solo para la cumpleañera.

Cornudo



Colocó su coño directamente sobre la cara de Dulce y soltó los últimos mililitros de su vejiga. El chorro cayó con fuerza directamente en la boca abierta de Dulce, quien tragó sin dudar mientras gemía.

Mientras todo esto sucedía, Steph no había dejado de grabar ni un solo segundo. Con una sonrisa satisfecha, enviaba los videos más explícitos directamente a Héctor a través de mensajes privados.
En el departamento, Héctor estaba sentado en el sofá con los pantalones y bóxers bajados hasta los tobillos. Su mano se movía con furia arriba y abajo de su pene erecto mientras veía en su teléfono las escenas que Steph le mandaba: su novia orinando sobre un stripper, tragando su propia orina, siendo bañada por la de Tania y participando en aquella orgía depravada.

Pissing



Nunca, ni en el porno más sucio que había consumido en su vida, había visto algo tan extremo. Y se trataba de Dulce. Su Dulce.

Steph le envió un nuevo mensaje de voz:

Steph: Te doy la dirección del lugar… pero solo si me haces una videollamada ahora mismo mientras te sigues masturbando. Quiero verte la cara mientras miras cómo se follan a tu novia.

Héctor dudó por unos segundos, respirando agitado, con el corazón latiéndole con fuerza. Sabía que tenía que ir a detener todo eso antes de que escalara aún más. No quería imaginar qué más podría pasar.
Finalmente, con la mano todavía alrededor de su pene, abrió la videollamada.

Presionó el botón de “Llamar”.

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