Una semana después, cuando terminó la clase, volví a subir a mi alumna al asiento trasero de mi auto. Esta vez nos alejamos unas cuadras hasta una calle de tierra al lado de un arroyo. Estaba bastante frío, no había nadie en la calle. Me pasé al asiento de atrás y esta vez no tuve ninguna paciencia. Llevaba una camiseta térmica abajo de la camisa y la levanté de un tirón. La hice pelar las tetas y se las chupé con toda mi pasión, les pasaba la lengua de arriba a abajo y la muy puta no paraba de gemir. Dos areolas grandes, buenas ubres. Mi verga no daba para más y la saqué del pantalón para que me la chupara. Era una trola de lujo, se la tragó entera, tenía la boca caliente y muy mojada. Yo no podía aguantar más, pero la puta no me dejó acabar.
- Por favor, metémela, por favor, profe.
-No tengo forro.
-No importa, yo ya me ligué, estoy castrada como una buena perrita. La quiero sentir adentro.
La verdad es que no me pude resistir y la puse en cuatro patas y se la metí hasta el fondo y la empecé a bombear con fuerza. Ya los vidrios del auto estaban todos empañados. Ella tenía la cara contra la ventana mientras se la ponía. El orto era chiquito en comparación con las tetas y lo tenía bien entangado de rojo. Sabía que me la iba a coger la muy hija de puta. Los huevos me dijeron que tenía el lechazo listo, así que se la saqué.
-¿Dónde querés la leche?
-En las tetas, profe.
Se me inclinó hacia adelante y le enchastré los pechos con yogur.
-¿Tenés algo para limpiarme? - preguntó.
Busqué en la guantera y no encontré nada.
-La verdad que no, perdón.
- No pasa nada.
Entonces se puso la camiseta por encima de mi semen. Seguramente cuando esa noche saludara a su marido, recién venida de la calle, el tipo le iba sentir el olor de mi pija en la cara y el de mi guasca en las tetas.
- Por favor, metémela, por favor, profe.
-No tengo forro.
-No importa, yo ya me ligué, estoy castrada como una buena perrita. La quiero sentir adentro.
La verdad es que no me pude resistir y la puse en cuatro patas y se la metí hasta el fondo y la empecé a bombear con fuerza. Ya los vidrios del auto estaban todos empañados. Ella tenía la cara contra la ventana mientras se la ponía. El orto era chiquito en comparación con las tetas y lo tenía bien entangado de rojo. Sabía que me la iba a coger la muy hija de puta. Los huevos me dijeron que tenía el lechazo listo, así que se la saqué.
-¿Dónde querés la leche?
-En las tetas, profe.
Se me inclinó hacia adelante y le enchastré los pechos con yogur.
-¿Tenés algo para limpiarme? - preguntó.
Busqué en la guantera y no encontré nada.
-La verdad que no, perdón.
- No pasa nada.
Entonces se puso la camiseta por encima de mi semen. Seguramente cuando esa noche saludara a su marido, recién venida de la calle, el tipo le iba sentir el olor de mi pija en la cara y el de mi guasca en las tetas.
0 comentarios - Me cogí una de mis alumnas de Fines (II)