Hola, cómo les va? Les dejo la tercera parte de esta historia. Gracias a todos por leer, comentar y dar puntos. A partir de este capítulo la historia se pone un poco inverosímil. Como ya dije, no es una historia real. Está basada en un relato anterior, con algunos cambios estéticos. Espero que les guste.
Capítulo III — Propuesta ¿Indecente?
Septiembre 2000
Al cabo de seis meses de clases, ya estábamos agrandados. Le insistimos al profesor para que nos prepare una obra de teatro completa, como para todo el grupo, a modo de trabajo final. Alguno incluso nombró a Shakespeare. El Profe, con su carisma habitual y su sonrisa seductora nos bajó a la realidad. Nos dijo que todavía le quedaban varias herramientas por darnos, y que no iba a arriesgarse a presentar algo sin la seguridad de que el elenco estuviera al cien por ciento. De cualquier manera prometió pensarlo para más adelante.
Al final de esa clase, nos despidió a todos y nos pidió a Lili, a dos compañeros, Jorge y Daniel, y a mí, que nos quedáramos unos minutos para comentarnos algo. Nos sorprendió a los cuatro, pero accedimos, a ver qué tenía que decir. Supuse que tendría alguna otra clase, y por ahí quería que la observáramos, como si fuéramos ayudantes de cátedra, una cosa así. No podía estar más equivocada.

—Liliana, Patricia, Jorge, Daniel… Les pedí que se queden porque tengo una oferta para ustedes. Es algo poco ortodoxo, pero creo que puede andar.
—Qué misterioso, Profe… –Dijo Lili. —Me imagino que tendrá que ver con algo relacionado al curso, ¿no?
—Por supuesto. Qué falta de respeto. No soy un tránsfuga que recluta gente para venderles nafta usada a mitad de precio. Qué feo que pienses eso de mí. —Respondió, serio, como si le hubieran herido el orgullo. Lili se puso colorada, y tartamudeó buscando palabras que no encontraba para pedirle disculpas.
—Discúlpeme, Pro…
—Ja, ¡Te agarré! —Lanzó Ricardo, reanimado. —Quiere decir que todavía me defiendo como actor.
—Lo que comprueba que es un actor con todas las letras y no necesita vender nafta usada a mitad de precio. —Completé, a modo de corolario, para demostrar que lo estaba escuchando, y, en parte, para coquetear con él.
—Gracias, Pato. Siempre atenta. Muy bien. En fin, les tiro la propuesta y ustedes deciden. Necesito gente para una obra de teatro. No es Shakespeare, como dijo alguno hace un rato. Es una película que se adaptó para el teatro…
—A la mierda… —Dijo Jorge, interrumpiendo. —Hace un rato dijo que no estábamos para algo tan complejo. ¿Qué pasó?
—Evidencia número dos de que soy buen chamuyero. Jeje. La verdad es que todos ustedes, es decir, sus compañeros que recién se fueron y ustedes cuatro, han crecido a pasos agigantados. Pero a ustedes, a diferencia del resto, los noto más inmersos. Más comprometidos… Más dedicados. Convengamos que no es casualidad que los otros tienen trabajos que ocupan mucho tiempo, y eso les divide la atención. Pero, por otro lado, ustedes tienen un parecido con los que actuaron en la película. Y eso, como les dije hace un tiempo, no debería influir para nada. Pero en este caso, creo que es importante que así sea.
—Porque un actor debe convencer al espectador con su actuación, y no con su apariencia. —Recitó con precisión Lili, claramente con la misma intención de coquetear que yo.
—Exacto. Tiene un diez, alumna. El asunto es que estoy intentando convencer a ciertos… Inversores, vamos a decir, de que el teatro Argentino, y más precisamente, el Rosarino, es capaz de ofrecer una calidad que no tiene nada que envidiarle a Hollywood y sus millones. Y, principalmente, que no se cierra en las típicas obras clásicas. Quiero darles algo flexible, que puedan adaptar a cualquier formato.
—En pocas palabras… —Deduje en voz alta. —Quiere hacer una obra que los deje, hablando mal y pronto, culo para arriba, a estos inversores.
—Pato, tengo que reconocer que estás siempre un paso adelante mío, como si me leyeras la mente. Sí, es verdad. Si estos tipos agarran viaje, podemos llegar a formar una compañía, como Dios manda, que sea lo suficientemente versátil como para hacer Chekhov en el teatro un Jueves, y No Toca Botón para televisión el Viernes. Lo importante es que necesito venderles a estos tipos algo impactante. Y mi idea los incluye a ustedes. Insisto con que no es drama del más alto nivel intelectual, pero es una idea fuera de serie. Disruptiva, si se quiere. No quiero llegar a decir revolucionaria. ¿Qué les parece?
—Yo digo que sea lo que sea, cuente conmigo. —Respondió Lili, saliéndose de la vaina.
—Me gusta la actitud, pero esperá a escuchar el resto.
—¿Cuál es el problema, Profe? —Pregunté yo, detectando cierto pudor en él.
—La película que tengo en mente es bastante subida de tono. Requiere actores, audaces, seguros de sí mismos...
—¿Pero de qué película está hablando? Ya tiró la piedra, Profesor, ahora no esconda la mano. —Apuré, seria, para no perder más tiempo.
—El título original de la película es Una Mujer Acorralada. Es de hace unos años. Se trata de una mujer que venga la muerte de su marido infiltrándose entre los responsables, y los va carcomiendo de a poco.
—No la vi. ¿Quién trabaja? ¿Es muy vieja? No me suena el título. —Se interesó Lili, que creía conocer todos los estrenos cinematográficos.
—Es una versión menos sombría de La Mano Que Mece La Cuna. El argumento es similar, pero menos repulsivo, por decirlo de alguna manera. —Explicó Ricardo.
—Esa sí la vi. Es buenísima. Me gustó. Y ahora que lo pienso, es cierto que tenemos cierto parecido con los actores de esa. No sé cómo serán los de la que dice usted. —Dijo Liliana.
—El problema es que hay partes que no sé si van a poder, o querer, representar. No sé si me entienden… —Ricardo parecía avergonzado de decirnos y estiraba sus palabras.
—Hable, Profe. No tenga miedo. —Lo instó Lili.
—La película tiene escenas eróticas. Muy cuidadas, ¿eh? No es una chanchada. —Ricardo seguía a la defensiva, justificándose.
Quedamos mudos. Jorge abrió los ojos como platos. Yo tardé en reaccionar. Lisa y llanamente nos estaba ofreciendo hacer porno en vivo.
—Por favor, no lo tomen a mal. No les estoy ofreciendo hacer porno en vivo. Son tres o cuatro escenas, muy cortitas, en las que se le insinúa al público que lo que sucede es lo que parece. Incluso para hacerlas en teatro, es posible suavizarlas un poco más.
Seguimos mudos. No puedo decir lo que se les pasaba por la cabeza a Jorge y Daniel. Ni siquiera a Lili. Era un salto muy grande, y no cualquiera mostraba su intimidad tan directamente. Por un segundo me vino la idea de levantarme e irme a la mierda, indignada. Pero me pareció justo darle tiempo. Después de todo, se podía tomar una determinación después de ver la película. Si las escenas eran más fuertes de lo acordado, cancelábamos y listo.
—¿Clase? ¿Están todavía? Hablen, por favor. Por una vez les pido que expresen la verdad, sin actuar.
—Me gustaría verla antes de decidir. —Dijo Daniel, como atajándose. —Hay películas que no son tan bravas, donde simplemente se ven algunas partes durante unos segundos. —Pero eso lo quiero decidir yo, antes de tirarme de cabeza.
—¿Por qué no hacemos una cosa? —Aporté, inocentemente. —¿Por qué no la vemos acá, juntos, después de clase? El Jueves, por ejemplo. Y ahí decidimos.
—No es mala idea. —Se interesó Ricardo. —Yo la tenía para transcribirla, pero le arruiné la cinta de tanto avanzar y retroceder. Si pueden, alquílenla para el Jueves. Yo me encargo de armar un mini cine acá en el aula, y que la secretaria nos deje la llave, porque se va a la misma hora que nosotros.
—Quedamos así. —Sintetizó Lili. Después de ver la película, decidimos.
—Llévense una copia del guion. Léanlo dos o tres veces. Acuérdense las clases en las que hablamos de interpretación de guion. No digo que decidan solo con eso, pero les va a aclarar un poco el panorama.
—Para hacernos una idea previa. —Reconoció Jorge. Ricardo asintió.
—Lo único que les pido es que hagan un esfuerzo por inclinarse hacia el sí. Quiero que, como mínimo, empiecen a leer con la idea de aceptar el desafío, sin prejuicios. No quiero que hagan lo opuesto. No busquen algún detalle que los haga retroceder. Salgan de acá pensando que van a hacer una obra de teatro como cualquier otra, salvo que pase una catástrofe. Todavía hay tiempo. ¿Les parece?
Nos dio una copia a cada uno, y nos despidió. Listo, pensé para mis adentros. El Jueves había cine, y ahí decidíamos qué hacer. La verdad es que no la conocía a la dichosa película. Había escuchado reseñas de la otra que mencionó más adelante, y me pareció horrible. Pero la historia era consistente, y los actores cambiaban de faceta bastante a menudo. Si había una versión más liviana, era una buena oportunidad para empezar a mostrar nuestros talentos actorales, y las famosas herramientas que nos mencionaba Ricardo, con tanto ahínco. Le hice caso y me fui predispuesta a aceptar la oferta. Tenía dos días para leer el guion y hacerme una idea. ¿Qué podía perder?
Capítulo III — Propuesta ¿Indecente?
Septiembre 2000
Al cabo de seis meses de clases, ya estábamos agrandados. Le insistimos al profesor para que nos prepare una obra de teatro completa, como para todo el grupo, a modo de trabajo final. Alguno incluso nombró a Shakespeare. El Profe, con su carisma habitual y su sonrisa seductora nos bajó a la realidad. Nos dijo que todavía le quedaban varias herramientas por darnos, y que no iba a arriesgarse a presentar algo sin la seguridad de que el elenco estuviera al cien por ciento. De cualquier manera prometió pensarlo para más adelante.
Al final de esa clase, nos despidió a todos y nos pidió a Lili, a dos compañeros, Jorge y Daniel, y a mí, que nos quedáramos unos minutos para comentarnos algo. Nos sorprendió a los cuatro, pero accedimos, a ver qué tenía que decir. Supuse que tendría alguna otra clase, y por ahí quería que la observáramos, como si fuéramos ayudantes de cátedra, una cosa así. No podía estar más equivocada.

—Liliana, Patricia, Jorge, Daniel… Les pedí que se queden porque tengo una oferta para ustedes. Es algo poco ortodoxo, pero creo que puede andar.
—Qué misterioso, Profe… –Dijo Lili. —Me imagino que tendrá que ver con algo relacionado al curso, ¿no?
—Por supuesto. Qué falta de respeto. No soy un tránsfuga que recluta gente para venderles nafta usada a mitad de precio. Qué feo que pienses eso de mí. —Respondió, serio, como si le hubieran herido el orgullo. Lili se puso colorada, y tartamudeó buscando palabras que no encontraba para pedirle disculpas.
—Discúlpeme, Pro…
—Ja, ¡Te agarré! —Lanzó Ricardo, reanimado. —Quiere decir que todavía me defiendo como actor.
—Lo que comprueba que es un actor con todas las letras y no necesita vender nafta usada a mitad de precio. —Completé, a modo de corolario, para demostrar que lo estaba escuchando, y, en parte, para coquetear con él.
—Gracias, Pato. Siempre atenta. Muy bien. En fin, les tiro la propuesta y ustedes deciden. Necesito gente para una obra de teatro. No es Shakespeare, como dijo alguno hace un rato. Es una película que se adaptó para el teatro…
—A la mierda… —Dijo Jorge, interrumpiendo. —Hace un rato dijo que no estábamos para algo tan complejo. ¿Qué pasó?
—Evidencia número dos de que soy buen chamuyero. Jeje. La verdad es que todos ustedes, es decir, sus compañeros que recién se fueron y ustedes cuatro, han crecido a pasos agigantados. Pero a ustedes, a diferencia del resto, los noto más inmersos. Más comprometidos… Más dedicados. Convengamos que no es casualidad que los otros tienen trabajos que ocupan mucho tiempo, y eso les divide la atención. Pero, por otro lado, ustedes tienen un parecido con los que actuaron en la película. Y eso, como les dije hace un tiempo, no debería influir para nada. Pero en este caso, creo que es importante que así sea.
—Porque un actor debe convencer al espectador con su actuación, y no con su apariencia. —Recitó con precisión Lili, claramente con la misma intención de coquetear que yo.
—Exacto. Tiene un diez, alumna. El asunto es que estoy intentando convencer a ciertos… Inversores, vamos a decir, de que el teatro Argentino, y más precisamente, el Rosarino, es capaz de ofrecer una calidad que no tiene nada que envidiarle a Hollywood y sus millones. Y, principalmente, que no se cierra en las típicas obras clásicas. Quiero darles algo flexible, que puedan adaptar a cualquier formato.
—En pocas palabras… —Deduje en voz alta. —Quiere hacer una obra que los deje, hablando mal y pronto, culo para arriba, a estos inversores.
—Pato, tengo que reconocer que estás siempre un paso adelante mío, como si me leyeras la mente. Sí, es verdad. Si estos tipos agarran viaje, podemos llegar a formar una compañía, como Dios manda, que sea lo suficientemente versátil como para hacer Chekhov en el teatro un Jueves, y No Toca Botón para televisión el Viernes. Lo importante es que necesito venderles a estos tipos algo impactante. Y mi idea los incluye a ustedes. Insisto con que no es drama del más alto nivel intelectual, pero es una idea fuera de serie. Disruptiva, si se quiere. No quiero llegar a decir revolucionaria. ¿Qué les parece?
—Yo digo que sea lo que sea, cuente conmigo. —Respondió Lili, saliéndose de la vaina.
—Me gusta la actitud, pero esperá a escuchar el resto.
—¿Cuál es el problema, Profe? —Pregunté yo, detectando cierto pudor en él.
—La película que tengo en mente es bastante subida de tono. Requiere actores, audaces, seguros de sí mismos...
—¿Pero de qué película está hablando? Ya tiró la piedra, Profesor, ahora no esconda la mano. —Apuré, seria, para no perder más tiempo.
—El título original de la película es Una Mujer Acorralada. Es de hace unos años. Se trata de una mujer que venga la muerte de su marido infiltrándose entre los responsables, y los va carcomiendo de a poco.
—No la vi. ¿Quién trabaja? ¿Es muy vieja? No me suena el título. —Se interesó Lili, que creía conocer todos los estrenos cinematográficos.
—Es una versión menos sombría de La Mano Que Mece La Cuna. El argumento es similar, pero menos repulsivo, por decirlo de alguna manera. —Explicó Ricardo.
—Esa sí la vi. Es buenísima. Me gustó. Y ahora que lo pienso, es cierto que tenemos cierto parecido con los actores de esa. No sé cómo serán los de la que dice usted. —Dijo Liliana.
—El problema es que hay partes que no sé si van a poder, o querer, representar. No sé si me entienden… —Ricardo parecía avergonzado de decirnos y estiraba sus palabras.
—Hable, Profe. No tenga miedo. —Lo instó Lili.
—La película tiene escenas eróticas. Muy cuidadas, ¿eh? No es una chanchada. —Ricardo seguía a la defensiva, justificándose.
Quedamos mudos. Jorge abrió los ojos como platos. Yo tardé en reaccionar. Lisa y llanamente nos estaba ofreciendo hacer porno en vivo.
—Por favor, no lo tomen a mal. No les estoy ofreciendo hacer porno en vivo. Son tres o cuatro escenas, muy cortitas, en las que se le insinúa al público que lo que sucede es lo que parece. Incluso para hacerlas en teatro, es posible suavizarlas un poco más.
Seguimos mudos. No puedo decir lo que se les pasaba por la cabeza a Jorge y Daniel. Ni siquiera a Lili. Era un salto muy grande, y no cualquiera mostraba su intimidad tan directamente. Por un segundo me vino la idea de levantarme e irme a la mierda, indignada. Pero me pareció justo darle tiempo. Después de todo, se podía tomar una determinación después de ver la película. Si las escenas eran más fuertes de lo acordado, cancelábamos y listo.
—¿Clase? ¿Están todavía? Hablen, por favor. Por una vez les pido que expresen la verdad, sin actuar.
—Me gustaría verla antes de decidir. —Dijo Daniel, como atajándose. —Hay películas que no son tan bravas, donde simplemente se ven algunas partes durante unos segundos. —Pero eso lo quiero decidir yo, antes de tirarme de cabeza.
—¿Por qué no hacemos una cosa? —Aporté, inocentemente. —¿Por qué no la vemos acá, juntos, después de clase? El Jueves, por ejemplo. Y ahí decidimos.
—No es mala idea. —Se interesó Ricardo. —Yo la tenía para transcribirla, pero le arruiné la cinta de tanto avanzar y retroceder. Si pueden, alquílenla para el Jueves. Yo me encargo de armar un mini cine acá en el aula, y que la secretaria nos deje la llave, porque se va a la misma hora que nosotros.
—Quedamos así. —Sintetizó Lili. Después de ver la película, decidimos.
—Llévense una copia del guion. Léanlo dos o tres veces. Acuérdense las clases en las que hablamos de interpretación de guion. No digo que decidan solo con eso, pero les va a aclarar un poco el panorama.
—Para hacernos una idea previa. —Reconoció Jorge. Ricardo asintió.
—Lo único que les pido es que hagan un esfuerzo por inclinarse hacia el sí. Quiero que, como mínimo, empiecen a leer con la idea de aceptar el desafío, sin prejuicios. No quiero que hagan lo opuesto. No busquen algún detalle que los haga retroceder. Salgan de acá pensando que van a hacer una obra de teatro como cualquier otra, salvo que pase una catástrofe. Todavía hay tiempo. ¿Les parece?
Nos dio una copia a cada uno, y nos despidió. Listo, pensé para mis adentros. El Jueves había cine, y ahí decidíamos qué hacer. La verdad es que no la conocía a la dichosa película. Había escuchado reseñas de la otra que mencionó más adelante, y me pareció horrible. Pero la historia era consistente, y los actores cambiaban de faceta bastante a menudo. Si había una versión más liviana, era una buena oportunidad para empezar a mostrar nuestros talentos actorales, y las famosas herramientas que nos mencionaba Ricardo, con tanto ahínco. Le hice caso y me fui predispuesta a aceptar la oferta. Tenía dos días para leer el guion y hacerme una idea. ¿Qué podía perder?
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