You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Lección final: Macho Alfa (Parte II)




Post anterior
Post siguiente
Compendio III


LECCIÓN FINAL: MACHO ALFA (Parte II)

(Nota de Marco: una vez más, esta parte del relato se alargó y me vi obligado a cortarla en tres secciones. Trataré de postear la parte final en unas horas más. Lamento los inconvenientes.)

Lección final: Macho Alfa (Parte II)

Finalmente, cuando logré sacarla, le dije directamente:

- ¡Ven al dormitorio de tu madre en diez o quince minutos! Entonces, nos divertiremos los tres juntos.

Kat se sonrojó al instante: probablemente la primera vez que le pedían participar en un trío, y menos con su madre. Sus dedos se detuvieron en mis bíceps, su respiración cortándose como si la hubieran golpeado. Pero el temblor de sus muslos, resbaladizos con mi semen y su propia excitación, delataban que su vacilación era mentira.

Fui al dormitorio de Clarissa y la pequeña zorra ya se estaba frotando el sexo y apretando sus tetas esperándome.

o ¡Llegaste antes! - exclamó algo sorprendida, pero sin vergüenza.

La vista de ella (tendida sobre sus sábanas de seda, los dedos moviéndose entre sus muslos, sus pezones endurecidos bajo su propio tacto) envió una nueva oleada de sangre a mi verga aún hinchada. Su pelo rubio platino se extendía como crema derramada sobre las almohadas, sus ojos verdes oscurecidos por la anticipación. El aroma de su excitación me golpeó antes de cruzar el umbral, espeso y almizclado, mezclándose con el perfume floral que se había puesto en el cuello.

No perdí tiempo y Clarissa tampoco quiso. Al tumbarme sobre ella, sonreí: Ethan probablemente estaba en el trabajo, fanfarroneando en una reunión de junta mientras su esposa me esperaba con las piernas abiertas. Otra vez nos besamos, pero no había amor entre nosotros. Era más un hambre de carne que otra cosa: sus labios sabían a vino robado y desesperación, su lengua empujando en mi boca con la misma urgencia que sus caderas frotándose contra las mías. Las sábanas de satín se deslizaban bajo nosotros mientras ella arqueaba la espalda, sus copas D levantándose, pezones ya endurecidos por la anticipación.

Sexo anal

- ¡Quiero tu culo! - mi voz sonó áspera, salvaje, mis dedos hundiéndose en la suave curva de sus tetas D con suficiente fuerza para dejar marcas.

Clarissa se tensó: una inhalación rápida, sus ojos verdes abriéndose por medio segundo antes de exhalar por la nariz. Mi verga palpitaba contra su muslo, resbaladiza de fluido, dejando un rastro brillante mientras ella se movía bajo mí. Sabía que no estaba preguntando.

Sus dedos se enroscaron en las sábanas de seda, nudillos blanqueándose.

o Es que… nunca he… -empezó, pero sus caderas se levantaron de todos modos, traicionando su vacilación.

El aroma de su excitación se espesó, mezclándose con el olor acre del sudor nervioso mientras se ponía de rodillas. Sus tetas se balanceaban pesadas, pezones rozando el colchón con cada respiración superficial, su culo alto en el aire: regordete, pálido, intacto. Escupí en mi palma, masturbándome lento, viéndola tensarse al sonido.

Comencé a burlarme de ella, moviendo mi verga hacia adelante y hacia atrás sobre su hendidura. Ella sintió el calor.

o ¡Es... enorme! - exclamó, su voz entre excitada y temerosa.

madre e hija

Su ano estaba demasiado apretado, así que necesitaba algunos dedos antes de la penetración real. Afortunadamente, la intrusión de mi primer dedo fue recibida con deleite y sorpresa. Era algo que nunca había sentido antes y comencé a estimularla de una manera refrescante y excitante al mismo tiempo. Cuando entró el segundo dedo, Clarissa dejó escapar un pequeño gemido. Tenía que estirarla. La mezcla de ardor y placer resultó intoxicante para ella. Cuando inserté el tercer dedo, dejó escapar un gruñido bajo y excitado. Mis dedos estaban apretados, pero Clarissa seguía el ritmo que le daba. Sus uñas rasgaron la seda: no por dolor, sino para evitar rogarme que fuera más rápido. Su resistencia se volvió cada vez más débil y sus gemidos se convirtieron en algo más placentero que doloroso.

trio mhm

Finalmente, escupí en su culo. Clarissa ahora estaba lista para lo verdadero. Apreté la punta dentro y, como esperaba, estaba increíblemente apretada, sintiendo el ardor. Me moví lento, pacientemente, permitiéndole adaptarse a mí. Entonces, su propio trasero comenzó a mecerse contra mí. La sostuve por la cintura y Clarissa quería más y más. El ritmo de la cabecera coincidía con el reloj del velador de Ethan: ambos marcando el tiempo que no se suponía que disfrutara. La forma en que su culo se apretaba alrededor de mí (caliente, tenso, inflexible) envió chispas por mi columna. Su respiración se cortó, pequeños jadeos escapando de sus labios cuando llegué al fondo, mis caderas pegadas a sus nalgas mullidas. La resistencia inicial se derritió en algo más resbaladizo, más caliente, su cuerpo cediendo a regañadientes a la invasión.

o ¡Oh, sí! ¡Esto es increíble! - exclamó la esposa de mi rival laboral mientras le arrebataba su última pureza.

infidelidad consentida

Su voz era un gemido entrecortado, medio ahogado por la incredulidad. Sus dedos se retorcían en las sábanas de seda, nudillos blancos, mientras su espalda se arqueaba como la cuerda de un arco. La forma en que su culo me tragaba por completo (tan apretado que mi visión se nublaba) era obscena. Cada empuje superficial le arrancaba un gemido, su cuerpo temblando entre el placer y el abrumo. Podía sentir su latido a través del agarre de prensa de su ano, palpitar alrededor de mí en aleteos erráticos.

Cada centímetro que ganaba era bien recibido. Clarissa se mecía contra mí con creciente desesperación, sus caderas retrocediendo para encontrarse con cada embestida. Su anillo de boda arañaba la mesita de noche con cada empuje, dejando filigranas doradas en la madera. El sonido húmedo de piel golpeando piel llenaba la habitación, mezclándose con sus jadeos ahogados. Sus gemidos se agudizaban: no de placer, sino por la realización de que nunca volvería a estar ‘apretada’ para Ethan. Su pelo platino se pegaba a su piel enrojecida en mechones húmedos, sus tetas balanceándose pesadamente bajo ella con cada sacudida.

Lección final: Macho Alfa (Parte II)

o ¡Mierda!... ¡Mierda! … ¿Qué tan profundo es esto? —jadeó, su voz quebrándose cuando llegué al fondo, mis huevos pegados contra sus muslos temblorosos.

El estiramiento era visible: su antes pequeño anillo ahora estirado obscenamente alrededor de mi grosor, brillando con saliva y sudor.

Entonces, la puerta entreabierta del dormitorio se abrió lentamente. Kat se quedó petrificada en el umbral, sus ojos verdes bien abiertos, los labios separados en un shock silencioso. La imagen de su madre inclinada sobre la cama, su culo empalado con mi verga, sus dedos arañando las sábanas… la golpeó como un puñetazo. Su respiración se cortó audiblemente, sus dedos apretando el marco de la puerta hasta que sus nudillos palidecieron. Durante un latido, nadie se movió. Luego Clarissa gimió, su sexo goteando sobre las sábanas de seda debajo de ella, y el sonido sacó a Kat de su estupor.

Sexo anal

• ¡M-m-mamá! —logró balbucear Kat, rompiendo el silencio.

Su voz se quebró: no por asco, sino por la realización de que los gemidos de su madre eran idénticos a los suyos.

Clarissa se tensó, su culo apretándose alrededor mío tan fuerte que casi me hizo venirme.

o ¡Katherine!... Esto no es... lo que parece... - dijo su boca, pero su culo decía lo contrario.

La escena la destrozó: Clarissa no podía ocultar su placer frente a su hija, y la sensación de ser descubierta la excitó abrumadoramente. Sus caderas se retorcieron hacia atrás involuntariamente, empujándome más dentro, su respiración entrecortada en jadeos. La mirada de Kat osciló entre el rostro enrojecido de su madre y donde estábamos unidos: el culo de su madre mecía en sincronía con mi entrepierna.

madre e hija

Los dedos de Kat se deslizaron por su vientre, resbalando entre sus propios pliegues húmedos con un gemido.

• ¡Es exactamente lo que parece! - exclamó, su pulgar frotando su clítoris en círculos rápidos y desesperados.

trio mhm

El olor a sexo (almizclado y espeso) llenaba el aire, mezclándose con el aroma agudo del sudor y el semen derramado. Los muslos de Kat temblaban mientras observaba a su madre tragarme (cada centímetro, cada embestida brutal), su propia excitación goteando por sus muslos en ríos pegajosos.

• ¡No puedo creer... que lo estés tomando... así! - susurró Kat, su voz ronca por el asombro.

Clarissa gimió, su cuerpo arqueándose, sus tetas arrastrándose sobre las sábanas de seda debajo de ella. El ritmo de la cama coincidía con los arañazos y aullidos de Titán en su corral: ambos negándole el acceso al botín.

Fue entonces cuando Clarissa notó la desnudez de Kat: la forma en que los muslos de su hija brillaban con mi semen, el rubor revelador subiendo por su pecho. Los dedos de Kat se movían entre sus piernas con urgencia, su respiración entrecortándose al ritmo de cada empuje que me enterraba más profundo en el culo de su madre.

o Él... te folló... ¿También a ti? —jadeó Clarissa, su voz quebrándose mientras mi verga la estiraba obscenamente.

Kat asintió, mordiéndose el labio lo suficiente para dejar marcas.

• ¡Sí! – susurró. - ¡Y me llenó!

La admisión flotó pesada en el aire, cargada de algo primitivo.

Esta revelación llevó a ambas mujeres al límite: no había duda de que yo era su macho alfa y ellas mis putas. Las caderas de Clarissa se sacudieron violentamente, su culo apretándose alrededor mío como un embudo mientras dejaba escapar un gemido gutural: mitad rendición, mitad reclamo. Los dedos de Kat se movieron frenéticamente entre sus piernas, sus muslos temblando mientras observaba a su madre tomar cada centímetro de mí, su propia humedad goteando en el piso de madera en gotas descaradas. El aire se espesó con almizcle y sal, la jerarquía no verbal estableciéndose entre ellas como un latido compartido.

Me clavé en Clarissa con más fuerza, mis huevos golpeando sus muslos con un chasquido húmedo que la hizo jadear. Sus dedos se retorcieron en las sábanas, nudillos blancos como hueso, su columna arqueándose como la cuerda de un arco tensada demasiado.

o ¡Oh… Dios! - jadeó, su voz quebrada, su ano palpitando alrededor mío en contracciones erráticas.

infidelidad consentida

Su voz se quebró.

o ¡Tú... me arruinaste para él! - protestó refiriéndose a su marido, mitad sollozo, mitad gratitud.

Kat gimió, su propio ritmo fallando mientras veía a su madre deshacerse bajo mí, sus ojos verdes vidriosos por la excitación y algo más oscuro: adoración.

Lección final: Macho Alfa (Parte II)

El piso de madera manchado con los goteos de Kat reflejaba las sábanas bajo Clarissa: ambas marcadas por la misma verga.

La embestí más fuerte. A Clarissa le encanta. Era algo diferente. Nuevo. Algo que nunca probó con Ethan. Tal vez, algo que intentó porque yo se lo impuse. Kat nos miraba con la boca abierta. Debe ser impactante ver a su madre siendo follada por otro, pero haber sido follada por esa misma persona lo hacía excitante. Marisol siempre decía que cada vez que me veía follando a su madre y a su hermana, se ponía más caliente pensando "esa podría ser yo..."

- ¡Kat, bésame! - ordené, mi voz sonando como una súplica mientras empujo hasta el fondo dentro de su madre.

Ella obedeció. Esas tetas... ese culo... me pongo más duro. A Clarissa le encanta. Eso rompe la dualidad: yo la excito, pero besar a su hija mientras la follo me pone más duro. Los labios de Kat me besan con desesperación. Quiere ser la siguiente... Y yo soy el que quiere montar...

Sexo anal

Agarré a Clarissa por la cintura (con fuerza suficiente para dejar marcas) y ella gruñó, su cuerpo sacudiéndose hacia adelante con la fuerza de mis embestidas. Su ano se apretó como un puño alrededor de mi verga, caliente e imposiblemente ajustado, pero lo toma todo, su respiración entrecortada en jadeos. Su piel brilla de sudor, sus músculos tiemblan bajo mi agarre mientras la embisto, el sonido húmedo de nuestros cuerpos rebotando en las paredes. Mientras, Kat presiona sus tetas gruesas contra mi pecho, sus pezones arrastrándose por mi piel en círculos lentos y provocadores. Prácticamente ronronea, sus caderas frotándose contra mi muslo, su humedad manchando mi pierna como si marcara su territorio.

El espejo junto a la cama se empañó con su calor, reflejando solo borrones de piel bronceada y cabello dorado.

El cabecero golpeaba un ritmo alocado contra la pared, sincronizado con los arañazos frenéticos de Titán contra su corral. No puedo soportarlo más: el culo de Clarissa demasiado ajustado, las tetas de Kat demasiado suaves, el aire demasiado espeso con el aroma de su excitación. Mis huevos se tensan, y con un gruñido, me entierro hasta el fondo, mi semen brotando en tres pulsaciones gruesas que hacen temblar todo el cuerpo de Clarissa. Ella suelta un sollozo ahogado, su ano palpita alrededor mío en espasmos erráticos, sus dedos arañando las sábanas como si intentara rasgarlas. Quedo atrapado dentro de ella, todavía palpitando, mi verga tan profundamente incrustada que no puede moverse sin desencadenar otra réplica. Kat no espera: sus dedos se deslizan entre sus piernas, frotando su clítoris en círculos frenéticos mientras observa a su madre temblar bajo mí.

Mientras estoy atascado dentro de su madre, le meto los dedos a Kat y mordisqueo sus tetas. Clarissa jadea, su culo arde, pero le encanta. Los dedos de su hija se crispan entre sus piernas, su clítoris hinchado bajo mi toque, su respiración entrecortándose con cada roce de mi pulgar. Los gemidos de Kat vibran contra mis labios mientras muerdo su pezón: lo suficiente para hacerla gritar, pero no tanto para evitar que se frote contra mi mano. Los sonidos húmedos de su excitación se mezclan con los jadeos rotos de Clarissa, el olor a sexo tan espeso que casi se puede saborear. Las caderas de Kat se sacuden, sus muslos apretándose alrededor de mi muñeca mientras enrosco dos dedos dentro de ella, alcanzando ese punto esponjoso que la hace ver estrellas.

• ¡Mierda!... ¡Mierda! - gimió, su voz quebrándose mientras su sexo se aprieta alrededor de mis dedos como un guante.

madre e hija

Cuando finalmente salgo de Clarissa, Kat prácticamente se lanza sobre mí, sus manos buscando guiar mi verga hacia donde la quiere: profundo dentro de ella, estirándola, llenándola como antes. Clarissa observa, sus ojos verdes oscuros de hambre, sus dedos deslizándose distraídos sobre su propia piel enrojecida.

• Entonces... ¿Cómo lo harás? ¿Crees que puedes manejarnos juntas ahora, alfa? - pregunta burlonamente, su voz ronca.

El desafío cuelga en el aire, pero no vacilo.

- ¡No te preocupes! - respondo, volteándome sobre mi espalda y arrastrando a Clarissa conmigo. - Puedo complacerlas a las dos.

Mi tono no fue arrogante. Solo seguro, como si afirmara un hecho. Kat se mordió el labio, pero obedeció, montando mis caderas sin protestar, sus pliegues húmedos ya rozando mi longitud. Clarissa dudó solo un latido antes de colocar una pierna sobre mis hombros, sus muslos enmarcando mi cara mientras se baja sobre mi boca. La cama cedió bajo su peso combinado, como si el colchón mismo no pudiera soportar su avaricia.

trio mhm

En el momento en que su sexo tocó mi lengua, Clarissa jadeó, sus caderas sacudiéndose instintivamente. La lamí despacio al principio, saboreando su sabor: almizclado, salado, mezclado con algo únicamente ella. Kat gimió encima de mí, hundiéndose sobre mi verga centímetro a centímetro, sus paredes palpitando alrededor mío como si intentara exprimirme. Clarissa se frotó contra mi boca, sus muslos temblando, sus dedos enredándose en mi pelo mientras paso mi lengua sobre su clítoris. El ritmo era caótico, descoordinado (Kat rebotando en mi verga, Clarissa moviéndose contra mi cara), pero a ninguna le importaba. Estaban demasiado perdidas en la sensación, en la pura perversión de todo esto.

El sexo de Clarissa estaba húmedo contra mis labios, su excitación goteando por mi barbilla mientras chupaba su clítoris con suficiente presión para hacerla gemir. Sus muslos se cerraban alrededor de mi cabeza, sus caderas sacudiéndose mientras la lamí con movimientos lentos y deliberados. Las tetas de Kat se balanceaban encima de mí, sus pezones erectos meneándose con cada rebote desesperado, su respiración entrecortada en jadeos.

• ¡Oh! … ¡Mierda! - tartamudeaba, sus dedos aferrándose a mis abdominales para equilibrarse.

Clarissa se retorcía contra mi boca, sus gemidos agudos y sin aliento, su cuerpo tenso como un elástico. El espejo junto a la cama se empañó aún más: el contorno de Clarissa borroso mientras el reflejo de Kat se convertía en una mancha sudorosa.

Tengo talento con mi boca. Cada sábado, compenso las mamadas matutinas de Marisol comiéndole el sexo durante al menos dos horas: lengua trazando lentas figuras de ocho, labios chupando su carne hinchada justo antes de sobre estimularla hasta que sus muslos tiemblan como los de un boxeador novato. Clarissa lo agradecía. Un arrogante mojigato como Ethan no comería el sexo de su esposa, aunque lo rogara con papeles de divorcio en mano. No me importaba hacerlo en su lugar: no cuando sus caderas se sacudían así, no cuando sus gemidos se convertían en gritos silenciosos mientras mis dientes rozaban su clítoris.

infidelidad consentida

Mientras tanto, Kat disfrutaba de mi verga con frenesí, sus caderas estrellándose hacia abajo con la desesperación de una mujer hambrienta. Su cintura se movía con frenético abandono, sus tetas regordetas rebotando como frutas demasiado maduras, cada sacudida enviando una nueva ola de líquido preseminal rezumando de mi punta. Estaba ajustada, húmeda, perfecta, sus paredes apretándose alrededor mío en pulsos erráticos que amenazaban con deshacerme demasiado pronto. Clarissa, en el otro extremo, se frotaba contra mi boca con menos fuerza, pero no menos hambre: sus muslos enmarcando mi cara como una prensa, su sabor inundando mi lengua con cada movimiento lento y húmedo.

Los orgasmos las golpeaban casi simultáneamente: Kat primero, su espalda arqueándose bruscamente mientras su sexo se contrae alrededor de mi verga en húmedos espasmos rítmicos. Su grito es ahogado, crudo, sus dedos clavándose en mi pecho lo suficiente para dejar moretones. Clarissa siguió un latido después, sus muslos apretándose alrededor de mi cráneo mientras temblaba violentamente, su sexo palpitando contra mi lengua en ondas ardientes y espasmódicas. Kat se derrumbaba hacia adelante, su frente sudorosa presionando la mía, su respiración agitada mientras mi semen se filtra alrededor de mi verga aún dura. El aire acondicionado del dormitorio mezcló sus aromas en un solo almizcle: madre e hija indistinguibles ahora. Solo dos perras en celo.

Aún estaba atrapado dentro del sexo apretado de Kat, el semen rezumando entre nosotros, mientras una exhausta Clarissa suplicaba que deje de lamerla.

o Marco... ¡Basta! - imploraba, mientras chupaba su clítoris con pasión.

Lección final: Macho Alfa (Parte II)

Pero no me detuve: no hasta que sus muslos aplastaran mi cabeza en un último y tembloroso clímax, su sexo palpitando contra mi lengua como un latido frenético. Solo entonces me retiré, dejándola jadeante y convulsionada, su piel brillante de sudor. Kat gimió debajo de mí, su sexo aun apretándose rítmicamente alrededor de mi verga, exprimiéndome incluso cuando me liberé con un sonido húmedo y obsceno. Los ojos de Clarissa se abrieron al verme: todavía completamente duro, mi verga reluciendo con la excitación de Kat y mi propio semen.

Entonces la saqué y ambas quedaron impresionadas: seguía listo para otra ronda. Clarissa y Kat intercambiaron lugares: las piernas de Kat temblaban mientras montaba mi cara, sus muslos húmedos enmarcando mi visión mientras Clarissa se deslizaba sobre mi verga con un gemido que sonaba más a alivio que a duda. El sexo de Kat se cernía sobre mí, brillante e hinchado, el aroma de su excitación tan espeso que casi se podía saborear. Ella dudaba, sus dedos aferrándose a mi pelo con incertidumbre.

Sexo anal

¿Cuántas veces has... has hecho esto antes? - suspiró, su voz fluctuando entre curiosidad y desesperación.

No respondí con palabras. En cambio, arrastré mi lengua por su hendidura en un lento y obsceno movimiento, y sus muslos se cerraban alrededor de mis oídos mientras jadeaba.

- ¡Sí, algunas veces! - logré responder entre lamidas, mi lengua trazando círculos alrededor del clítoris de Kat mientras sus muslos temblaban violentamente contra mis oídos.

Ella jadeó (mitad sorpresa, mitad vergüenza) cuando mis dedos se hunden en sus caderas, guiándola en un ritmo lento y circular.

• Mis novios nunca... - comenzó, luego se interrumpió con un gemido ahogado cuando mis dientes rozaron su carne hinchada.

Encima de mí, Clarissa montaba mi verga con la determinación concentrada de una mujer recuperando tiempo perdido, sus caderas moviéndose en embestidas precisas que hacían que mis huevos se tensaran con cada hundida. El chapoteo húmedo de piel contra piel llenaba la habitación, mezclándose con los gemidos quebrados de Kat y los gruñidos guturales de Clarissa.

Volví a correrme dentro de Clarissa: de alguna manera, logré producir tres chorros cálidos, cada pulso arrancándole un grito ronco de sus labios mientras su cuerpo se sacudía involuntariamente encima mío. Su sexo se apretaba alrededor de mi verga como un vórtice, exprimiendo hasta la última gota mientras ella se desplomaba hacia adelante, sus tetas sudorosas aplastándose contra mi pecho. Kat gimió encima de mí, sus muslos temblorosos mientras mi lengua rozaba su clítoris en rápidas caricias, pero está demasiado sobre estimulada para buscar otro clímax. Con un suspiro convulso, rueda lejos de mí, su cuerpo flácido y brillante de sudor.

madre e hija

Ambas, madre e hija, yacían desnudas y exhaustas a mi lado. Kat se acurrucó contra mí, sus pezones erectos rozando mi pecho, dejando que Clarissa descansara sobre mí. Su respiración seguía agotada, su culo aún contraído ocasionalmente por las secuelas. Las sábanas bajo nosotros están empapadas: un enredo de sudor, semen y el inconfundible almizcle de nuestra lujuria. Kat dibujaba sobre el sudor en mi estómago, sus dedos pegajosos de su propia excitación, sus ojos verdes vidriosos por la felicidad postcoital. Clarissa exhaló bruscamente, su cuerpo flácido pero su sonrisa victoriosa.

o Eso fue... ¡Refrescante! ¡Mejor que mi aniversario!... ¡Y el doble de ruidoso! - exclamó con una risa suave y satisfecha, su voz ronca de tanto gritar.

- ¡Acostúmbrense! - les advertí a ambas, mi voz áspera pero teñida de diversión mientras el peso de Clarissa me aplastaba, su piel sudorosa pegándose a la mía. - ¡Lo haremos seguido!

Kat rió (un sonido alegre y sin aliento) y frotó su cara contra mi hombro, sus dientes rozando mi piel en un mordisco juguetón. Clarissa exhaló por la nariz, su aliento caliente en mi clavícula, pero no discutió. En cambio, sus dedos acariciaban mi pecho lampiño, su anillo de bodas atrapando la luz como burlándose de los votos que alguna vez simbolizó.

trio mhm

Nos besamos, tocamos, manoseamos. Sus manos rara vez abandonaron el área de mi verga hinchada, que palpitan impaciente bajo sus dedos errantes. El agarre de Kat era codicioso, su palma deslizándose a lo largo de mi longitud con familiaridad descarada, mientras el toque de Clarissa se demoraba, su pulgar rozando la punta rezumante como si memorizara mi forma. El aire huele a sexo y sal, a sábanas enredadas y conquista.

- ¡Muy bien, Kat! - gruñí, empujando su cadera con mi rodilla. - ¿Quieres ir una vez más antes de irme?

Ya estaban sentándome, los músculos protestando, pero mi cuerpo no se ha saciado. Ambas me miraron con ojos dilatados, sus labios entreabiertos en idénticas expresiones de incredulidad.

• ¿Qué? - preguntaron casi al unísono, sus voces mezclándose en un coro de shock sin aliento.


Post siguiente


0 comentarios - Lección final: Macho Alfa (Parte II)