Lu se asomó por el pasillo.
La casa estaba en absoluto silencio.
Ya cambiado, crucé esos ambientes que tan familiares me resultaban, aunque con una sensación completamente nueva.
Conocía el camino, pero por primera vez me sentía un invasor bajo ese techo.
Intentaba asimilar todo lo que había pasado, aunque a esa altura ya me resultaba imposible.
Vi cómo Lu cerraba la puerta detrás mío mientras el sol de la mañana me golpeaba de lleno en la cara.
Y así empezó la famosa caminata de la vergüenza.
Mientras avanzaba rumbo a mi casa, respondía los mensajes de Sofi como la peor basura del planeta.
Le decía que la había extrañado.
Honestamente, no sé si alguien en mi situación puede recordar algo con claridad. Incluso una relación que había empezado tan bien como la nuestra.
Porque mientras caminaba por esas calles vacías de domingo, sentía que acababa de dividir mi vida en dos partes completamente distintas.
La anterior.
Y esta.
El teléfono vibró otra vez.
Sofi: “Dormiste algo aunque sea?”
Me quedé mirando la pantalla varios segundos.
Todavía podía sentir el perfume de Lu impregnado en la camisa.
Es increíble la velocidad con la que alguien puede convertirse en un hijo de puta.
“Sí, amor. Ahí estoy yendo a casa a dormir un rato.”
Mandé el mensaje y automáticamente quise arrancarme las manos.
No entendía cómo podía escribirle “amor” después de haber pasado toda la noche con otra persona.
Aunque lo más asqueroso era otra cosa.
Descubrir que, incluso sintiéndome destruido, había una parte de mí caminando con orgullo.
Seguí rápido, como si pudiera escaparme de mí mismo.
No podía dejar de pensar en Lu apoyada contra el marco de la puerta mientras me veía irme.
Sonriente.
Completamente ajena a mi crisis interna.
Llegué a casa y dormí como nunca.
...
El timbre sonó.
No reaccioné.
Volvió a sonar.
Y otra vez.
Hasta que finalmente mi cerebro entendió que estaba solo y alguien llamaba desde abajo.
Miré el teléfono.
Varias llamadas perdidas de Sofi.
Me asomé por la ventana y ahí estaba ella.

“Sofi”, grité desde arriba.
Sonrió automáticamente.
La luz dorada de la tarde le pegaba de frente y la hacía todavía más linda.
“Abrime”, respondió riéndose.
Bajé apurado, apenas en bóxer.
No porque creyera que era la forma en la que merecía recibirla. Simplemente no había tenido tiempo ni de vestirme.
Del otro lado estaba ella, con un vestidito rosa tan tierno como provocador. Ese equilibrio tan típico suyo.
“Te traje esto.”

Levantó una Gatorade y una bolsa de sándwiches de miga.
“Lo vas a necesitar con la resaca que debés tener.”
No creo haber sentido mayor culpa en toda mi vida.
Sofi tenía esa capacidad horrible de aparecer justo cuando menos merecía verla.
La hice pasar hasta el living y recién ahí caí en la poca ropa que llevaba puesta.
“Pará, ya vengo. Me cambio rápido.”
Ella sonrió con esa mirada pícara que siempre me desarmaba.
“Y si mejor te duchás? Tengo una forma bastante mejor de curarte la resaca.”
Era complicado rechazar esa oferta.
Sobre todo porque también necesitaba esa ducha para intentar limpiarme la cabeza.
El agua caliente empezó a aflojarme los músculos.
Apoyé una mano contra la pared mientras dejaba caer la ducha sobre mi cara.
Y entonces volvieron los recuerdos.
Fragmentos desordenados de la noche anterior.
Los ojos verdes de Lu.
Su boca.
La forma en que me miraba.
Los sonidos.
Las uñas marcándome la espalda.
Sentí el cuerpo reaccionar otra vez, una erección que era ajena a toda sensación de culpa.
No escuché abrirse la puerta del baño.
Solo sentí correrse la cortina y Sofi estaba ahí. Llevaba puesta únicamente mi camisa. La misma camisa que había terminado tirada en el piso del cuarto de Lu.

La que probablemente todavía conservaba su perfume.
Sofi empezó a desabrocharse lentamente mientras me sostenía la mirada.
Su mirada bajó lentamente hacia mi cuerpo y sonrió apenas, como si creyera ser la responsable de todo eso.
Ya con todos los botones desabrochados, se acercó más a mí y estiró su mano para agarrar mí miembro y pajearme lentamente.
Me miraba fijo a los ojos ahora y con suavidad iba y venía con su mano recorriendo toda mí verga.
Yo solo cerré los ojos y me dejé llevar por ella mientras el agua caliente seguía recorriendo mí cuerpo.
Su forma de masturbarme de algún modo, lograba expresar cariño, su calma para hacerlo denotaba que buscaba hacerme sentir mejor. Buscaba darle placer a su hombre.
Sentí sus labios apoyarse en mí miembro y comenzó a chuparla sin mayor preámbulo. Eso sí. Mantuvo ese ritmo tan lleno de paz. Disfrutaba de cada centímetro de carne que entraba por su boca así como yo hacía lo mismo con cada recorrida caricia de su lengua.
Agarré su cabeza con ambas manos y empecé a acompañar su movimiento.
La llevaba a acelerar en su pete. Ella obedecía. Intensitifcaba ese vaivén con su cabeza mientras intentaba complacerme tragando todo lo que podía.
A pesar de su esfuerzo, parte de mí verga le resultaba imposible, por lo que ella se encargaba de seguir pajeandome la base en todo momento.
Con mí miembro sujeto con ambas manos, mientras lo tenía apoyado en sus cachetes, ella me miró y sonriente me dijo "extrañé mucho esto" y empezó a besarlo tiernamente.
La levanté y mojando mis dedos en su boca, llevé mí mano hasta su conchita para pajearla mientras acomodaba su cuerpo contra la pared.
Abrí sus piernas y empecé a empujar mí pija contra su rayita.
Ella cerró los ojos sabiendo lo que le esperaba. Respiró hondo mientras los fríos azulejos contra sus tetas endurecian sus pezones.
Fui penetrandola con un ritmo constante, me calentaba ver la expresión en su rostro cómo se iba desfigurando pero mantenía una mirada romántica entre jadeos.
Me calentaba esa piba de una manera increíble, empecé a bombear con mayor fuerza y el ritmo fué subiendo con gran velocidad.
La ducha hacía un vano esfuerzo por tapar sus gritos de placer mientras apretaba su cintura hasta dejar mis dedos marcados.
Su respiración caliente luchaba contra la fría pared al igual que su cuerpo que soportaba cada embestida del mío.
Ella hacía contacto visual, buscaba igualar mí ritmo, estiraba su brazo agarrando mí cara para cruzar nuestras lenguas en un beso apasionado.
"Te gusta cogerme mí amor?"
"Si pendeja, me encanta" afirmé sin parar de enterrarle todo mí falo entre gemidos y gemido.
La llevé fuera de la ducha mojados como estábamos, la recosté sobre el lavatorio del baño y así como tenía su cuerpito regalado a mí, seguí penetrandola sin parar.
Estábamos cogiendo como dos personas que no se veían hace años.
Ese culo era víctima de los agarrones de mis manos que se aferraban hasta las uñas para que no se me escape ni un centímetro.
La ducha seguía corriendo mientras el vapor empezaba a volver insoportable el aire del baño.
Nuestros cuerpos transpirados se chocaban una y otra vez mientras yo seguía moviéndome dentro de ella.
Sofi temblaba entre jadeos, completamente empapada, aferrándose a ese mueble de baño como si tuviese miedo de perder la propia fuerza de sus piernas.
La agarré del pelo inclinando su cabeza hacia atrás y ganando fuerza en las embestidas. Sus gritos se hacían cada vez más fuertes, más seguidos y entrecortados. No llegaba a pegar un alarido que otro surgía de su pecho provocado por otra dura penetración.
Tener ese cuerpito entregado de tal manera, tan rendida ante su macho, con esa mirada desencajada... No pude aguantar más y empecé a acabarme adentro suyo.
Ella largó un grito largo y tendido.
Nos vinimos juntos de una enorme manera. Los fluidos de ambos convivían dentro suyo en ese momento.
Sofi cayó rendida contra la bacha mientras buscaba recuperar el aire. Su culo aún marcado por mis manos, iba recuperando lentamente su color original.
Sus piernas se aflojaron y se deslizó para quedar de rodillas en el piso.
Me incliné hacia ella y le di un beso lleno de pasión. Acaricié su pelo arruinado producto del vapor pero con la misma mirada tierna de siempre.
Ella tenía sus cachetes colorados, parecía un personaje de animé. De rodillas en el piso, sin fuerza para levantarse.
Fué la primera en salir a buscar aire cuando pudo reincorporarse.
Yo por mí parte terminé esa ducha aprovechando que el agua aún seguía corriendo.
Me fui a secar con la toalla mientras miraba esa camisa, irónicamente aún en el piso. Una vez más.
Dos perfumes distintos.
La casa estaba en absoluto silencio.
Ya cambiado, crucé esos ambientes que tan familiares me resultaban, aunque con una sensación completamente nueva.
Conocía el camino, pero por primera vez me sentía un invasor bajo ese techo.
Intentaba asimilar todo lo que había pasado, aunque a esa altura ya me resultaba imposible.
Vi cómo Lu cerraba la puerta detrás mío mientras el sol de la mañana me golpeaba de lleno en la cara.
Y así empezó la famosa caminata de la vergüenza.
Mientras avanzaba rumbo a mi casa, respondía los mensajes de Sofi como la peor basura del planeta.
Le decía que la había extrañado.
Honestamente, no sé si alguien en mi situación puede recordar algo con claridad. Incluso una relación que había empezado tan bien como la nuestra.
Porque mientras caminaba por esas calles vacías de domingo, sentía que acababa de dividir mi vida en dos partes completamente distintas.
La anterior.
Y esta.
El teléfono vibró otra vez.
Sofi: “Dormiste algo aunque sea?”
Me quedé mirando la pantalla varios segundos.
Todavía podía sentir el perfume de Lu impregnado en la camisa.
Es increíble la velocidad con la que alguien puede convertirse en un hijo de puta.
“Sí, amor. Ahí estoy yendo a casa a dormir un rato.”
Mandé el mensaje y automáticamente quise arrancarme las manos.
No entendía cómo podía escribirle “amor” después de haber pasado toda la noche con otra persona.
Aunque lo más asqueroso era otra cosa.
Descubrir que, incluso sintiéndome destruido, había una parte de mí caminando con orgullo.
Seguí rápido, como si pudiera escaparme de mí mismo.
No podía dejar de pensar en Lu apoyada contra el marco de la puerta mientras me veía irme.
Sonriente.
Completamente ajena a mi crisis interna.
Llegué a casa y dormí como nunca.
...
El timbre sonó.
No reaccioné.
Volvió a sonar.
Y otra vez.
Hasta que finalmente mi cerebro entendió que estaba solo y alguien llamaba desde abajo.
Miré el teléfono.
Varias llamadas perdidas de Sofi.
Me asomé por la ventana y ahí estaba ella.

“Sofi”, grité desde arriba.
Sonrió automáticamente.
La luz dorada de la tarde le pegaba de frente y la hacía todavía más linda.
“Abrime”, respondió riéndose.
Bajé apurado, apenas en bóxer.
No porque creyera que era la forma en la que merecía recibirla. Simplemente no había tenido tiempo ni de vestirme.
Del otro lado estaba ella, con un vestidito rosa tan tierno como provocador. Ese equilibrio tan típico suyo.
“Te traje esto.”

Levantó una Gatorade y una bolsa de sándwiches de miga.
“Lo vas a necesitar con la resaca que debés tener.”
No creo haber sentido mayor culpa en toda mi vida.
Sofi tenía esa capacidad horrible de aparecer justo cuando menos merecía verla.
La hice pasar hasta el living y recién ahí caí en la poca ropa que llevaba puesta.
“Pará, ya vengo. Me cambio rápido.”
Ella sonrió con esa mirada pícara que siempre me desarmaba.
“Y si mejor te duchás? Tengo una forma bastante mejor de curarte la resaca.”
Era complicado rechazar esa oferta.
Sobre todo porque también necesitaba esa ducha para intentar limpiarme la cabeza.
El agua caliente empezó a aflojarme los músculos.
Apoyé una mano contra la pared mientras dejaba caer la ducha sobre mi cara.
Y entonces volvieron los recuerdos.
Fragmentos desordenados de la noche anterior.
Los ojos verdes de Lu.
Su boca.
La forma en que me miraba.
Los sonidos.
Las uñas marcándome la espalda.
Sentí el cuerpo reaccionar otra vez, una erección que era ajena a toda sensación de culpa.
No escuché abrirse la puerta del baño.
Solo sentí correrse la cortina y Sofi estaba ahí. Llevaba puesta únicamente mi camisa. La misma camisa que había terminado tirada en el piso del cuarto de Lu.

La que probablemente todavía conservaba su perfume.
Sofi empezó a desabrocharse lentamente mientras me sostenía la mirada.
Su mirada bajó lentamente hacia mi cuerpo y sonrió apenas, como si creyera ser la responsable de todo eso.
Ya con todos los botones desabrochados, se acercó más a mí y estiró su mano para agarrar mí miembro y pajearme lentamente.
Me miraba fijo a los ojos ahora y con suavidad iba y venía con su mano recorriendo toda mí verga.
Yo solo cerré los ojos y me dejé llevar por ella mientras el agua caliente seguía recorriendo mí cuerpo.
Su forma de masturbarme de algún modo, lograba expresar cariño, su calma para hacerlo denotaba que buscaba hacerme sentir mejor. Buscaba darle placer a su hombre.
Sentí sus labios apoyarse en mí miembro y comenzó a chuparla sin mayor preámbulo. Eso sí. Mantuvo ese ritmo tan lleno de paz. Disfrutaba de cada centímetro de carne que entraba por su boca así como yo hacía lo mismo con cada recorrida caricia de su lengua.
Agarré su cabeza con ambas manos y empecé a acompañar su movimiento.
La llevaba a acelerar en su pete. Ella obedecía. Intensitifcaba ese vaivén con su cabeza mientras intentaba complacerme tragando todo lo que podía.
A pesar de su esfuerzo, parte de mí verga le resultaba imposible, por lo que ella se encargaba de seguir pajeandome la base en todo momento.
Con mí miembro sujeto con ambas manos, mientras lo tenía apoyado en sus cachetes, ella me miró y sonriente me dijo "extrañé mucho esto" y empezó a besarlo tiernamente.
La levanté y mojando mis dedos en su boca, llevé mí mano hasta su conchita para pajearla mientras acomodaba su cuerpo contra la pared.
Abrí sus piernas y empecé a empujar mí pija contra su rayita.
Ella cerró los ojos sabiendo lo que le esperaba. Respiró hondo mientras los fríos azulejos contra sus tetas endurecian sus pezones.
Fui penetrandola con un ritmo constante, me calentaba ver la expresión en su rostro cómo se iba desfigurando pero mantenía una mirada romántica entre jadeos.
Me calentaba esa piba de una manera increíble, empecé a bombear con mayor fuerza y el ritmo fué subiendo con gran velocidad.
La ducha hacía un vano esfuerzo por tapar sus gritos de placer mientras apretaba su cintura hasta dejar mis dedos marcados.
Su respiración caliente luchaba contra la fría pared al igual que su cuerpo que soportaba cada embestida del mío.
Ella hacía contacto visual, buscaba igualar mí ritmo, estiraba su brazo agarrando mí cara para cruzar nuestras lenguas en un beso apasionado.
"Te gusta cogerme mí amor?"
"Si pendeja, me encanta" afirmé sin parar de enterrarle todo mí falo entre gemidos y gemido.
La llevé fuera de la ducha mojados como estábamos, la recosté sobre el lavatorio del baño y así como tenía su cuerpito regalado a mí, seguí penetrandola sin parar.
Estábamos cogiendo como dos personas que no se veían hace años.
Ese culo era víctima de los agarrones de mis manos que se aferraban hasta las uñas para que no se me escape ni un centímetro.
La ducha seguía corriendo mientras el vapor empezaba a volver insoportable el aire del baño.
Nuestros cuerpos transpirados se chocaban una y otra vez mientras yo seguía moviéndome dentro de ella.
Sofi temblaba entre jadeos, completamente empapada, aferrándose a ese mueble de baño como si tuviese miedo de perder la propia fuerza de sus piernas.
La agarré del pelo inclinando su cabeza hacia atrás y ganando fuerza en las embestidas. Sus gritos se hacían cada vez más fuertes, más seguidos y entrecortados. No llegaba a pegar un alarido que otro surgía de su pecho provocado por otra dura penetración.
Tener ese cuerpito entregado de tal manera, tan rendida ante su macho, con esa mirada desencajada... No pude aguantar más y empecé a acabarme adentro suyo.
Ella largó un grito largo y tendido.
Nos vinimos juntos de una enorme manera. Los fluidos de ambos convivían dentro suyo en ese momento.
Sofi cayó rendida contra la bacha mientras buscaba recuperar el aire. Su culo aún marcado por mis manos, iba recuperando lentamente su color original.
Sus piernas se aflojaron y se deslizó para quedar de rodillas en el piso.
Me incliné hacia ella y le di un beso lleno de pasión. Acaricié su pelo arruinado producto del vapor pero con la misma mirada tierna de siempre.
Ella tenía sus cachetes colorados, parecía un personaje de animé. De rodillas en el piso, sin fuerza para levantarse.
Fué la primera en salir a buscar aire cuando pudo reincorporarse.
Yo por mí parte terminé esa ducha aprovechando que el agua aún seguía corriendo.
Me fui a secar con la toalla mientras miraba esa camisa, irónicamente aún en el piso. Una vez más.
Dos perfumes distintos.
2 comentarios - Mi peor pesadilla VI