You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Segunda pubertad 🍒🍑

Octavio siempre había sido un chico discreto. A los 25 años trabajaba en una ferretería, jugaba fútbol con los amigos los domingos y vivía con sus padres y su hermana menor en una casa modesta de las afueras. Nadie sospechaba nada raro hasta que, sin previo aviso, su cuerpo decidió traicionarlo de la forma más radical posible.
Segunda pubertad 🍒🍑

Primero fue la voz: se volvió ligeramente más aguda, como si alguien hubiera subido el tono sin permiso. Luego el vello corporal empezó a desaparecer casi por completo. Después llegaron los pechos. Pequeños al principio, sensibles, incómodos bajo las playeras anchas que siempre usaba. Pero lo que más lo asustó fue cuando notó que su pene, poco a poco, se encogía. No era una ilusión. Cada semana perdía longitud y grosor. La erección se volvía más débil, más breve, hasta que un día simplemente dejó de funcionar como antes. En su lugar apareció una hendidura rosada, húmeda, que crecía mientras el pequeño muñón que quedaba se retraía hasta convertirse en clítoris.
puta

Las caderas se ensancharon. El culo se redondeó de forma obscena. La cintura se estrechó. En tres meses Octavio ya no cabía en ninguno de sus pantalones de hombre. Tuvo que comprar ropa interior de mujer, brasieres, blusas. Sus padres lo llevaron a médicos especialistas que murmuraban palabras como “síndrome de reversión hormonal extrema” y “segunda pubertad inducida”. No había cura. Solo aceptación… o negación.
Un día simplemente dejó de llamarse Octavio. En casa empezaron a decirle Georgina. Y ella, poco a poco, se acostumbró al nombre.
La familia era grande y ruidosa. Entre tíos, primos y sobrinos, siempre había alguien organizando carne asada, posadas o salidas. Ese verano rentaron una casa enorme frente al mar en Puerto Escondido. Georgina llegó con un vestido playero floreado que le marcaba las curvas nuevas, el cabello ya largo recogido en una coleta alta, y unas sandalias que dejaban ver las uñas pintadas de rojo coral que su hermana le había puesto “para que te sientas más tú”.
tetona
culona
cogida
Chichona

Antonio, el tío más joven de su papá —apenas 38 años—, no podía quitarle los ojos de encima desde el primer día. Al principio eran comentarios inocentes:
“Te ves muy bonita con ese vestido, sobrina.”
“Mira nada más qué bien te queda el bronceado.”
“Estás irreconocible… en el mejor sentido.”
Georgina sonreía, bajaba la mirada, se sonrojaba. No entendía del todo por qué el estómago se le apretaba cada vez que él se acercaba demasiado, por qué se le ponían los pezones duros cuando él le pasaba el protector solar por la espalda “para que no te quemes, mija”.
Embarazada
culona hermosa
puta culona

El tercer día, mientras todos jugaban voleibol en la playa, Georgina sintió ganas de orinar. Regresó sola a la casa. Apenas entró al baño y se bajó el bikini cuando escuchó la puerta cerrarse con llave detrás de ella.
Era Antonio.
No dijo nada al principio. Solo la miró con esos ojos oscuros y hambrientos. Georgina intentó hablar, pero él ya estaba detrás, pegando su cuerpo contra el de ella. Sintió la erección enorme presionando contra sus nalgas a través del short de baño.
“Tío… no… aquí no…”
“Shhh. Nadie va a venir todavía.”
La inclinó sobre el lavabo. Le bajó el bikini de un tirón. Georgina quiso resistirse, pero cuando él sacó su verga —gruesa, venosa, mucho más grande de lo que ella había imaginado— algo dentro de ella se derritió. El calor le subió desde la entrepierna hasta la cara. Estaba mojada. Muy mojada.
gender bender
Segunda pubertad 🍒🍑
puta
tetona

Antonio no esperó permiso. La penetró de un solo empujón profundo. Georgina soltó un grito ahogado que se convirtió en gemido. Dolía… pero también era lo más intenso que había sentido en su vida. Él la tomó por las caderas, embistiéndola con fuerza, mientras le susurraba al oído:
“Te ves tan puta así… tan hembra…”
Ella ya no luchaba. Empujaba hacia atrás, buscando más. Los gemidos se volvieron incontrolables. El sonido de carne contra carne llenaba el baño pequeño. Cuando Antonio se corrió dentro de ella, Georgina tembló entera, tuvo un orgasmo tan violento que casi se le doblan las rodillas.
Salieron por separado. Nadie sospechó nada.
Al día siguiente, en la alberca, las primas la rodearon mientras se bronceaban.
“Órale, prima, ya te están comiendo con la mirada todos los carnales” dijo Laura riéndose.
culona
cogida
Chichona
Embarazada
culona hermosa

“Es que ese culo no se ve todos los días” agregó Mariana.
Georgina se sonrojó, pero no se tapó. Al contrario: se acomodó el bikini más abajo, dejó que el hilo se perdiera entre las nalgas. Le gustaba. Le gustaba mucho.
Esa noche, cuando todos dormían, Georgina caminó descalza por el pasillo hasta la habitación de Antonio. Entró sin tocar. Él la esperaba sentado en la cama, desnudo, con la verga ya dura.
No hablaron mucho.
Ella se subió encima, se acomodó y empezó a cabalgarlo lentamente al principio, luego con desesperación. Antonio le agarraba las nalgas, le daba nalgadas, le chupaba los pezones mientras ella gemía sin control. Se corrieron casi al mismo tiempo. Él dentro, ella apretándolo con la vagina hasta que temblaba.
La reunión terminó. Cada quien volvió a su casa.
puta culona
gender bender
Segunda pubertad 🍒🍑

Diez días después Georgina empezó a vomitar por las mañanas. Su hermana, sospechando, le compró una prueba. Dos rayitas.
Cuando se lo contó a sus padres, el ambiente se congeló. Su madre lloró. Su padre se puso rojo de furia.
“¿Con quién, Georgina? ¡Dime con quién!”
Ella no respondió.
Esa misma noche, su padre entró a su habitación. Olía a cerveza. Estaba furioso, pero también había algo más en sus ojos. Algo oscuro.
“¿Te gusta que te traten como puta? ¿Eso quieres?”
puta
tetona

La empujó contra la cama. Le arrancó la pijama. Georgina intentó resistirse al principio, pero cuando sintió el miembro de su padre —duro, caliente, entrando sin contemplaciones— el cuerpo la traicionó otra vez. Se arqueó. Gimió.
“¡Toma, zorra! ¡Esto te pasa por andar abriendo las piernas!”
La puso en cuatro. La penetró con violencia, agarrándola del cabello, mientras le gritaba insultos. Georgina lloraba y gemía al mismo tiempo. El orgasmo llegó sin aviso, brutal, humillante. Su padre se corrió dentro con un gruñido animal.
Desde la cocina, la madre y la hermana escuchaban todo en silencio. Nadie dijo nada.
Meses después, Georgina ya tenía una barriguita notoria. Los senos se le habían hinchado aún más. Caminaba por la casa con vestidos sueltos, pero la excitación no se le quitaba. Al contrario: estaba más caliente que nunca.
culona
cogida
Chichona
Embarazada
culona hermosa
puta culona

Una noche, cuando sus padres ya dormían, recibió un mensaje de Antonio.
“Te extraño, mi reina. Ven cuando quieras.”
Georgina sonrió en la oscuridad, se levantó, se puso solo una bata transparente y caminó hasta la casa del tío que quedaba a tres calles.
Cuando entró, él ya la esperaba desnudo en la sala.
No hubo preámbulos.
Ella se arrodilló primero, se la chupó con hambre, hasta que él la levantó y la llevó al sillón. Georgina se sentó a horcajadas y empezó a cabalgar esa verga enorme otra vez, con la panza ya redonda rozando el abdomen de él. Antonio le agarraba las nalgas, le mordía los pezones hinchados, le susurraba que estaba preciosa así, preñada, puta, suya.
Georgina se corrió gritando su nombre.
Y siguió moviéndose, porque ahora sabía exactamente lo que quería.
Y lo quería todo el tiempo.
gender bender
Segunda pubertad 🍒🍑
puta

Los meses siguientes fueron un torbellino de contradicciones que, para Georgina, se volvieron adictivos.
La barriga crecía sin pausa. Los senos se volvieron pesados, llenos, con venas azules marcadas y pezones casi siempre erectos. Cada mañana se miraba al espejo desnuda, se acariciaba la curva del vientre y sentía un calor líquido entre las piernas. Estaba más sensible que nunca. Un roce, una mirada prolongada, el simple olor a hombre en la casa… todo la ponía al borde.
Su padre dejó de tocarla después de aquella noche violenta. No porque se arrepintiera, sino porque la panza ya era demasiado evidente y la culpa (o el miedo al qué dirán) lo frenó. Pero Georgina no lo necesitaba a él. Tenía a Antonio.
tetona
culona
cogida

Se veían casi todas las noches. A veces en su casa, a veces en moteles baratos de las afueras de Tuxtla. Él llegaba oliendo a jabón barato y sudor limpio, se quitaba la camisa con calma y dejaba que ella lo desvistiera despacio. Georgina se arrodillaba con la barriga colgando, se metía la verga hasta la garganta hasta que las lágrimas le corrían por las mejillas, y después se subía encima con cuidado para no aplastarlo. Cabalgaba lento al principio, sintiendo cómo la llenaba por completo, cómo la punta le rozaba el fondo con cada bajada. Cuando estaba cerca, Antonio le ponía las manos en la panza y le decía:
“Mira cómo te preñé, mi reina… mira lo que te hice.”
Y ella se corría solo con esas palabras, apretándolo tan fuerte que él gruñía y se vaciaba dentro otra vez, aunque ya no había riesgo.
Cuando nació la niña —una bebita morena con los ojos grandes de Antonio—, la familia fingió que el padre era “un muchacho que se fue del pueblo”. Nadie preguntó demasiado. La madre de Georgina lloraba en silencio cada vez que la cargaba, pero nunca dijo una palabra de reproche. El padre simplemente dejó de mirarla a los ojos.
Chichona
Embarazada

Pasaron dos años.
Georgina ya no era la chica tímida que se sonrojaba con los piropos. Ahora caminaba con tacones altos por la calle, con vestidos ajustados que marcaban la cintura estrecha y el culo redondo que nunca volvió a esconderse. Se pintaba los labios de rojo sangre, se ponía aretes grandes y dejaba que el cabello le cayera en ondas sobre los hombros. Los hombres la volteaban a ver en el mercado, en el parque, en la tienda. Ella les sonreía con complicidad y seguía su camino, sabiendo exactamente el efecto que causaba.
Antonio nunca se casó con nadie más. Vivía solo en su casa de dos pisos, con un cuarto que poco a poco se fue llenando de cosas de Georgina: vestidos en el clóset, maquillaje en el baño, juguetes de la niña en la sala. Una tarde de domingo, mientras la pequeña dormía la siesta, él se arrodilló frente a ella en la cocina.
No hubo anillo caro. Solo una argolla sencilla de oro que había comprado con sus ahorros de chofer.
“Cásate conmigo, Georgina. Ya no quiero esconderme más. Quiero que seas mi mujer delante de todos.”
culona hermosa

Ella se quedó callada un momento. Luego se agachó, lo besó despacio y le dijo al oído:
“Sí… pero quiero que me cojas como el primer día. Duro. Sin piedad. Que todos sepan que soy tuya.”
La boda fue pequeña, en el patio trasero de la casa de Antonio. Solo familia cercana. La niña llevaba flores en el pelo. Georgina entró con un vestido blanco ajustado que no disimulaba nada: las caderas anchas, los senos llenos, la cintura que todavía conservaba esa curva imposible. Llevaba tacones altos y el cabello suelto. Cuando llegó al altar improvisado, Antonio la miró como si fuera la primera vez.
El juez de paz habló rápido. Los anillos se pusieron. Se dieron un beso largo, profundo, que hizo que varios primos carraspearan incómodos.
Esa misma noche, después de que todos se fueron y la niña quedó dormida en su cuarto nuevo, Antonio cerró la puerta de la habitación principal con llave.
No hubo delicadeza.
La empujó contra la pared, le arrancó el vestido de novia de un tirón (lo había comprado usado precisamente porque sabía que no duraría la noche). Georgina se quedó en lencería blanca: tanga diminuta, brasier de encaje que apenas contenía los pechos hinchados. Él le bajó las bragas de un movimiento brusco, la levantó por las nalgas y la empaló de pie, contra la pared. Ella enredó las piernas en su cintura y se mordió el labio para no gritar demasiado fuerte.
“Ahora eres mía legalmente, puta” le susurró él mientras la embestía con fuerza. “Mi esposa. Mi hembra. Mi todo.”
Georgina se corrió dos veces antes de que él la bajara al suelo. La puso en cuatro sobre la alfombra, le agarró el cabello como rienda y la penetró por detrás hasta que la habitación olía a sexo y sudor. Cuando sintió que él estaba por terminar, se giró rápido, se arrodilló y abrió la boca. Antonio se corrió en su lengua, en su cara, en el pecho. Ella se lamió los labios, sonrió con picardía y le dijo:
“Feliz noche de bodas, esposo.”
puta culona

A la mañana siguiente, Georgina se despertó con el cuerpo adolorido y feliz. Se miró en el espejo: el maquillaje corrido, las marcas rojas en las caderas, el semen seco entre los muslos. Se sentía completa.
Bajó a la cocina descalza, solo con la camisa de Antonio puesta. Preparó café. Cuando él entró, todavía despeinado, la abrazó por detrás y le mordió el cuello.
“¿Lista para el resto de la vida, señora de la casa?”
Ella se giró, lo besó lento y profundo, y le contestó con una sonrisa traviesa:
“Lista para que me sigas cogiendo como si fuera la primera vez… cada maldito día.”
Y así fue.
La niña creció llamándolo papá sin cuestionar nada.
La familia aprendió a callar.
Y Georgina —antes Octavio— encontró, en el cuerpo que nunca pidió y en el hombre que la transformó, el lugar exacto donde quería estar para siempre.
Fin.

2 comentarios - Segunda pubertad 🍒🍑

DanielleFM11
Muy buen post, gracias por tu trabajo 😊😌
DanielleFM11
Cómo siempre, excelente trabajo 😘😘