Capítulo 2 – El acoso silencioso
Los siguientes días fueron un tormento delicioso para Suly.
El lunes por la tarde recibió el primer mensaje. No sabía cómo Ramón había conseguido su número, pero apareció en su WhatsApp como “Ramón Monaguillo” con una foto de perfil en la que salía sin camisa, sudado después de un partido de fútbol.

**Ramón:**
Buenas tardes, señora Suly 😈
Todavía estoy pensando en tus tetas marcadas en ese vestido gris.
¿Ya te mojaste recordando lo que te dije en el pasillo?
Suly leyó el mensaje en la oficina, sentada en su escritorio. Sintió un calor inmediato entre las piernas. Miró alrededor para asegurarse de que nadie la veía y borró el chat rápidamente, pero no bloqueó el número.
El martes, durante el ensayo de los monaguillos en la tarde, Suly fue a recoger a Andrés como “casualidad”. Se quedó esperando afuera de la sacristía, vestida con una blusa blanca algo escotada y una falda lápiz negra que le marcaba el culo. Ramón salió primero, sudado, con la sotana abierta.

—Buenas, señora Suly —dijo en voz alta y respetuosa para que Andrés lo escuchara desde adentro—. Qué gusto verla de nuevo. Andrés ya casi termina.
Luego, cuando su hijo entró un momento a guardar las velas, Ramón se acercó rápidamente a ella, bajando la voz:
—Estás más rica que el domingo… esa falda te hace ver como la puta secretaria que quiero follar sobre su escritorio.
Mírame a los ojos mientras te lo digo, para que Andrés no sospeche.
Suly tragó saliva. Ramón estaba tan cerca que podía olerlo. Sus ojos bajaron un segundo a sus pechos y luego volvieron a su cara justo cuando Andrés salía.
—Todo listo, mamá —dijo el chico.
Ramón sonrió inocentemente y le dio una palmada en la espalda a Andrés.
—Tu mamá es un ejemplo, wey. Deberías valorarla más.
El miércoles por la noche, Suly estaba en casa preparando la cena cuando su celular vibró. Paulo estaba en la sala viendo televisión y Andrés jugaba en su cuarto.
**Ramón:**
Estoy en la iglesia solo.
Si vinieras ahora mismo te subiría el vestido, te pondría de rodillas y te haría chuparme la verga hasta que te corras en los dedos mientras me la mamas.
Suly se mordió el labio inferior con fuerza. Sus bragas ya estaban húmedas. Respondió con manos temblorosas:
**Suly:**
Ramón, por favor… soy una mujer casada. Tengo hijos. Esto no puede seguir.
La respuesta llegó en menos de un minuto:
**Ramón:**
Por eso me calientas más, mamacita.
Quiero cogerme a la mamá respetable de Andrés mientras él está en la otra habitación.
Mándame una foto de tus tetas ahora mismo. Solo una. Te juro que nadie se va a enterar.
Suly dudó. Miró hacia la sala donde Paulo reía con un programa. Luego miró hacia el pasillo que llevaba a la habitación de Andrés. Con el corazón latiéndole fuerte, se metió al baño de visitas, se bajó un poco la blusa y el sostén, y tomó una foto rápida de sus grandes pechos desnudos, con los pezones ya duros. La envió sin texto.

La respuesta de Ramón fue inmediata:
**Ramón:**
Joder… qué tetas tan perfectas.
Me la estoy jalando pensando en meterla entre ellas.
Mañana voy a ir a tu oficina. Dile a Andrés que no venga al ensayo.
Quiero verte sola.
El jueves por la mañana Suly llegó al despacho de arquitectos más nerviosa que nunca. Había pasado la noche casi sin dormir, con el mensaje de Ramón y la foto de sus propias tetas quemándole la mente. Paulo se había ido temprano a trabajar y Andrés había quedado en ir directo a la escuela, así que nadie la acompañaba.
A las 10:30 a.m. recibió un mensaje:
**Ramón:**
Ya voy para tu oficina.
Dile a tu jefe que tienes que ir al baño o algo. Te espero en el pasillo de atrás en 15 minutos. No me hagas esperar, mamacita.
Suly sintió un nudo en el estómago y un calor traicionero entre las piernas. Quince minutos después, con el corazón latiéndole fuerte, se levantó de su escritorio, se arregló la blusa blanca ajustada y la falda gris de tubo, y salió al pasillo trasero del edificio, donde había un baño de empleados poco usado y un pequeño almacén.
Ramón ya estaba ahí.
Vestido con jeans oscuros y una camiseta negra ceñida, se veía aún más peligroso fuera del contexto de la iglesia. En cuanto vio a Suly, sus ojos se oscurecieron de deseo. Sin decir una palabra, la tomó del brazo y la metió rápidamente al baño de empleados, cerrando la puerta con llave detrás de ellos.
El espacio era pequeño y estrecho. Apenas cabían los dos.
—Ramón… esto es una locura —susurró Suly, pero su voz temblaba de excitación más que de miedo.
—Cállate —gruñó él, empujándola suavemente contra la pared—. Llevo días imaginando esto.
Sin perder tiempo, Ramón bajó la cabeza y atacó sus pechos. Le abrió la blusa de un tirón, haciendo saltar un botón, y le bajó el sostén con brusquedad. Sus grandes tetas saltaron libres, pesadas y suaves. Ramón soltó un gemido bajo y se lanzó a chuparlas con hambre. Su boca caliente envolvió un pezón, succionando fuerte mientras su lengua lo rodeaba y lo mordisqueaba. Con la otra mano amasaba el otro pecho, apretándolo y pellizcando el pezón entre sus dedos.
Suly ahogó un gemido, arqueando la espalda. Sus manos temblorosas bajaron hasta el pantalón de Ramón. Le desabrochó el botón y bajó el cierre con prisa. Cuando metió la mano dentro, encontró su verga ya dura, gruesa y palpitante. Era más grande de lo que esperaba para un chico de 16 años. La sacó y empezó a masturbarlo con movimientos torpes pero ansiosos, deslizando su mano suave arriba y abajo por el tronco caliente.
—Joder… qué tetas tan ricas —murmuró Ramón contra su piel, cambiando de pecho. Chupaba con fuerza, dejando marcas rojas alrededor de los pezones mientras succionaba como si quisiera tragárselos—. Mírate… la mamá respetable de Andrés masturbándome en el baño de su trabajo. Qué puta tan caliente eres, Suly.
Suly jadeaba, moviendo la mano más rápido. Sentía la verga de Ramón hincharse y palpitar en su palma. El sonido húmedo de su boca devorando sus tetas llenaba el pequeño baño. Ramón metió una mano bajo su falda, apartó las bragas mojadas y le metió dos dedos de golpe en el coño empapado, follándola con ellos mientras seguía chupando y mordiendo sus pechos.
—Más rápido… apriétame la verga —ordenó contra su pezón.
Suly obedeció, masturbándolo con desesperación. Sus tetas rebotaban con cada movimiento de la mano de él dentro de ella. Ramón gruñía, succionando más fuerte, dejando sus pechos brillantes de saliva y con chupetones visibles.
De pronto, Ramón se tensó. Su verga palpitó violentamente en la mano de Suly.
—Me voy a correr… —avisó con voz ronca.
Suly no se detuvo. Siguió jalándole la verga con fuerza mientras Ramón enterraba la cara entre sus tetas, chupando con violencia. Con un gemido ahogado, Ramón se corrió fuerte. Chorros calientes y espesos de semen salieron disparados, salpicando el vientre de Suly, sus tetas y la falda gris. Algunos goterones cayeron al piso del baño.

Ramón siguió chupando sus pezones unos segundos más, temblando del orgasmo, mientras Suly sentía su propio coño contrayéndose alrededor de los dedos de él, al borde del clímax pero sin llegar.
Cuando finalmente se separaron, Ramón miró el desastre: las tetas de Suly cubiertas de su semen, la blusa abierta, la falda manchada. Sonrió con esa arrogancia característica.
—Qué buena mano tienes, mamacita… —dijo jadeando—. La próxima vez te voy a llenar el coño en vez de las tetas.
Se limpió la verga con papel higiénico, se subió los pantalones y le dio un último apretón a una de sus tetas antes de abrir la puerta.
—Límpiate bien… y no te cambies la blusa. Quiero que pases el resto del día oliendo a mi leche.
Salió del baño como si nada, dejando a Suly sola, temblando, con las tetas doloridas de tanto chupar, el coño empapado y el semen de Ramón escurriéndole por la piel.
Ella se miró en el espejo: una mujer casada, madre de familia, con las marcas de un chico de 16 años por todo el cuerpo.
Y lo peor… era que ya quería más.
El resto del jueves Suly pasó el día con la blusa ligeramente manchada y el olor a semen de Ramón todavía impregnado en su piel. Cada vez que se movía en su silla sentía los chupetones en sus pechos ardiendo y su coño palpitando de frustración, porque no había alcanzado el orgasmo en el baño.
Esa misma noche, ya en su casa, mientras Paulo dormía profundamente a su lado y Andrés jugaba videojuegos en su habitación, el celular de Suly vibró.
**Ramón:**
¿Ya te limpiaron las tetas o todavía hueles a mi leche?
Mándame una foto ahora mismo de cómo te quedaron los chupetones.
Suly dudó solo unos segundos. Se levantó sigilosamente, fue al baño de su habitación y se bajó la blusa frente al espejo. Sus grandes pechos estaban marcados: varios chupetones rojos y morados rodeaban sus pezones hinchados. Tomó una foto clara, con flash, y la envió sin texto.
**Ramón:**
Joder… qué ricas se ven marcadas.
Mírate, mamá de familia mandándome fotos de sus tetas mientras su marido duerme al lado.
Ahora tócate el coño y mándame un video corto.
Suly se mordió el labio. Se sentó en la tapa del inodoro, se subió la falda, apartó las bragas y empezó a frotarse el clítoris hinchado. Grabó un video de 12 segundos: sus dedos moviéndose rápido, el sonido húmedo de su coño mojado y un gemido ahogado al final. Lo envió.
La respuesta llegó casi al instante:
**Ramón:**
Qué puta tan obediente.
Mira lo que me provocas.
Le mandó una foto de su verga dura, gruesa, venosa, tomada desde arriba. La tenía en la mano y se veía brillante de precum. Luego un video corto: se estaba jalando la verga con fuerza, gimiendo bajito su nombre “Suly… mamacita…”.
El intercambio se volvió más intenso durante los siguientes días.
Viernes por la mañana, en la oficina:
**Suly:** (foto de sus tetas sacadas por el escote de la blusa en el baño del trabajo)
**Ramón:** (foto de su verga dentro de su pantalón marcando un bulto enorme) “Esto es lo que te voy a meter pronto.”
Sábado en la tarde, mientras Suly estaba en el supermercado con Anai:
**Ramón:**
Quiero verte sola.
El domingo después de misa.
Hay un motel discreto a 20 minutos de la colonia. “Motel Paraíso”.
Habitación 12. Te espero a las 2 de la tarde.
No inventes excusas.
Suly leyó el mensaje en la fila de la caja. Su corazón latía desbocado. Respondió temblando:
**Suly:**
Ramón… soy casada. Tengo hijos. No puedo hacer esto.
**Ramón:**
Ya lo estás haciendo, mamacita.
Ya me masturbaste, ya me mandaste fotos de tus tetas y tu coño.
Ya te corriste pensando en mí mientras tu marido te cogía (o ni siquiera te coge bien, ¿verdad?).
El domingo vas a ir.
Vas a entrar a esa habitación, te vas a quitar toda la ropa y me vas a dejar cogerte como se me dé la gana.
Porque los dos sabemos que lo estás deseando.
Esa noche, ya casi a la 1 a.m., Suly no aguantó más. Se metió al baño otra vez, se desnudó completamente y le mandó una foto de cuerpo entero: completamente desnuda, con lentes puestos, de pie frente al espejo, una mano cubriendo apenas su coño depilado y la otra sosteniendo el teléfono. Se veía vulnerable, excitada y avergonzada al mismo tiempo.

**Suly:**
Está bien…
Domingo a las 2 pm.
Motel Paraíso, habitación 12.
Pero solo esta vez, Ramón. Solo una vez.
**Ramón:**
Esa es mi puta.
Te voy a romper el coño, Suly López.
Prepárate, porque después de este domingo ya no vas a poder parar.
Le mandó una última foto: su verga dura apuntando directamente a la cámara, con un mensaje debajo:
**Ramón:**
Esto es lo que te va a estar esperando.
Suly se quedó mirando la foto un largo rato, con los dedos entre las piernas, tocándose hasta correrse en silencio mientras imaginaba todo lo que ese chico le iba a hacer.
El domingo se acercaba… y con él, la primera vez que Suly López traicionaría completamente su matrimonio.
Los siguientes días fueron un tormento delicioso para Suly.
El lunes por la tarde recibió el primer mensaje. No sabía cómo Ramón había conseguido su número, pero apareció en su WhatsApp como “Ramón Monaguillo” con una foto de perfil en la que salía sin camisa, sudado después de un partido de fútbol.

**Ramón:**
Buenas tardes, señora Suly 😈
Todavía estoy pensando en tus tetas marcadas en ese vestido gris.
¿Ya te mojaste recordando lo que te dije en el pasillo?
Suly leyó el mensaje en la oficina, sentada en su escritorio. Sintió un calor inmediato entre las piernas. Miró alrededor para asegurarse de que nadie la veía y borró el chat rápidamente, pero no bloqueó el número.
El martes, durante el ensayo de los monaguillos en la tarde, Suly fue a recoger a Andrés como “casualidad”. Se quedó esperando afuera de la sacristía, vestida con una blusa blanca algo escotada y una falda lápiz negra que le marcaba el culo. Ramón salió primero, sudado, con la sotana abierta.

—Buenas, señora Suly —dijo en voz alta y respetuosa para que Andrés lo escuchara desde adentro—. Qué gusto verla de nuevo. Andrés ya casi termina.
Luego, cuando su hijo entró un momento a guardar las velas, Ramón se acercó rápidamente a ella, bajando la voz:
—Estás más rica que el domingo… esa falda te hace ver como la puta secretaria que quiero follar sobre su escritorio.
Mírame a los ojos mientras te lo digo, para que Andrés no sospeche.
Suly tragó saliva. Ramón estaba tan cerca que podía olerlo. Sus ojos bajaron un segundo a sus pechos y luego volvieron a su cara justo cuando Andrés salía.
—Todo listo, mamá —dijo el chico.
Ramón sonrió inocentemente y le dio una palmada en la espalda a Andrés.
—Tu mamá es un ejemplo, wey. Deberías valorarla más.
El miércoles por la noche, Suly estaba en casa preparando la cena cuando su celular vibró. Paulo estaba en la sala viendo televisión y Andrés jugaba en su cuarto.
**Ramón:**
Estoy en la iglesia solo.
Si vinieras ahora mismo te subiría el vestido, te pondría de rodillas y te haría chuparme la verga hasta que te corras en los dedos mientras me la mamas.
Suly se mordió el labio inferior con fuerza. Sus bragas ya estaban húmedas. Respondió con manos temblorosas:
**Suly:**
Ramón, por favor… soy una mujer casada. Tengo hijos. Esto no puede seguir.
La respuesta llegó en menos de un minuto:
**Ramón:**
Por eso me calientas más, mamacita.
Quiero cogerme a la mamá respetable de Andrés mientras él está en la otra habitación.
Mándame una foto de tus tetas ahora mismo. Solo una. Te juro que nadie se va a enterar.
Suly dudó. Miró hacia la sala donde Paulo reía con un programa. Luego miró hacia el pasillo que llevaba a la habitación de Andrés. Con el corazón latiéndole fuerte, se metió al baño de visitas, se bajó un poco la blusa y el sostén, y tomó una foto rápida de sus grandes pechos desnudos, con los pezones ya duros. La envió sin texto.

La respuesta de Ramón fue inmediata:
**Ramón:**
Joder… qué tetas tan perfectas.
Me la estoy jalando pensando en meterla entre ellas.
Mañana voy a ir a tu oficina. Dile a Andrés que no venga al ensayo.
Quiero verte sola.
El jueves por la mañana Suly llegó al despacho de arquitectos más nerviosa que nunca. Había pasado la noche casi sin dormir, con el mensaje de Ramón y la foto de sus propias tetas quemándole la mente. Paulo se había ido temprano a trabajar y Andrés había quedado en ir directo a la escuela, así que nadie la acompañaba.
A las 10:30 a.m. recibió un mensaje:
**Ramón:**
Ya voy para tu oficina.
Dile a tu jefe que tienes que ir al baño o algo. Te espero en el pasillo de atrás en 15 minutos. No me hagas esperar, mamacita.
Suly sintió un nudo en el estómago y un calor traicionero entre las piernas. Quince minutos después, con el corazón latiéndole fuerte, se levantó de su escritorio, se arregló la blusa blanca ajustada y la falda gris de tubo, y salió al pasillo trasero del edificio, donde había un baño de empleados poco usado y un pequeño almacén.
Ramón ya estaba ahí.
Vestido con jeans oscuros y una camiseta negra ceñida, se veía aún más peligroso fuera del contexto de la iglesia. En cuanto vio a Suly, sus ojos se oscurecieron de deseo. Sin decir una palabra, la tomó del brazo y la metió rápidamente al baño de empleados, cerrando la puerta con llave detrás de ellos.
El espacio era pequeño y estrecho. Apenas cabían los dos.
—Ramón… esto es una locura —susurró Suly, pero su voz temblaba de excitación más que de miedo.
—Cállate —gruñó él, empujándola suavemente contra la pared—. Llevo días imaginando esto.
Sin perder tiempo, Ramón bajó la cabeza y atacó sus pechos. Le abrió la blusa de un tirón, haciendo saltar un botón, y le bajó el sostén con brusquedad. Sus grandes tetas saltaron libres, pesadas y suaves. Ramón soltó un gemido bajo y se lanzó a chuparlas con hambre. Su boca caliente envolvió un pezón, succionando fuerte mientras su lengua lo rodeaba y lo mordisqueaba. Con la otra mano amasaba el otro pecho, apretándolo y pellizcando el pezón entre sus dedos.
Suly ahogó un gemido, arqueando la espalda. Sus manos temblorosas bajaron hasta el pantalón de Ramón. Le desabrochó el botón y bajó el cierre con prisa. Cuando metió la mano dentro, encontró su verga ya dura, gruesa y palpitante. Era más grande de lo que esperaba para un chico de 16 años. La sacó y empezó a masturbarlo con movimientos torpes pero ansiosos, deslizando su mano suave arriba y abajo por el tronco caliente.
—Joder… qué tetas tan ricas —murmuró Ramón contra su piel, cambiando de pecho. Chupaba con fuerza, dejando marcas rojas alrededor de los pezones mientras succionaba como si quisiera tragárselos—. Mírate… la mamá respetable de Andrés masturbándome en el baño de su trabajo. Qué puta tan caliente eres, Suly.
Suly jadeaba, moviendo la mano más rápido. Sentía la verga de Ramón hincharse y palpitar en su palma. El sonido húmedo de su boca devorando sus tetas llenaba el pequeño baño. Ramón metió una mano bajo su falda, apartó las bragas mojadas y le metió dos dedos de golpe en el coño empapado, follándola con ellos mientras seguía chupando y mordiendo sus pechos.
—Más rápido… apriétame la verga —ordenó contra su pezón.
Suly obedeció, masturbándolo con desesperación. Sus tetas rebotaban con cada movimiento de la mano de él dentro de ella. Ramón gruñía, succionando más fuerte, dejando sus pechos brillantes de saliva y con chupetones visibles.
De pronto, Ramón se tensó. Su verga palpitó violentamente en la mano de Suly.
—Me voy a correr… —avisó con voz ronca.
Suly no se detuvo. Siguió jalándole la verga con fuerza mientras Ramón enterraba la cara entre sus tetas, chupando con violencia. Con un gemido ahogado, Ramón se corrió fuerte. Chorros calientes y espesos de semen salieron disparados, salpicando el vientre de Suly, sus tetas y la falda gris. Algunos goterones cayeron al piso del baño.

Ramón siguió chupando sus pezones unos segundos más, temblando del orgasmo, mientras Suly sentía su propio coño contrayéndose alrededor de los dedos de él, al borde del clímax pero sin llegar.
Cuando finalmente se separaron, Ramón miró el desastre: las tetas de Suly cubiertas de su semen, la blusa abierta, la falda manchada. Sonrió con esa arrogancia característica.
—Qué buena mano tienes, mamacita… —dijo jadeando—. La próxima vez te voy a llenar el coño en vez de las tetas.
Se limpió la verga con papel higiénico, se subió los pantalones y le dio un último apretón a una de sus tetas antes de abrir la puerta.
—Límpiate bien… y no te cambies la blusa. Quiero que pases el resto del día oliendo a mi leche.
Salió del baño como si nada, dejando a Suly sola, temblando, con las tetas doloridas de tanto chupar, el coño empapado y el semen de Ramón escurriéndole por la piel.
Ella se miró en el espejo: una mujer casada, madre de familia, con las marcas de un chico de 16 años por todo el cuerpo.
Y lo peor… era que ya quería más.
El resto del jueves Suly pasó el día con la blusa ligeramente manchada y el olor a semen de Ramón todavía impregnado en su piel. Cada vez que se movía en su silla sentía los chupetones en sus pechos ardiendo y su coño palpitando de frustración, porque no había alcanzado el orgasmo en el baño.
Esa misma noche, ya en su casa, mientras Paulo dormía profundamente a su lado y Andrés jugaba videojuegos en su habitación, el celular de Suly vibró.
**Ramón:**
¿Ya te limpiaron las tetas o todavía hueles a mi leche?
Mándame una foto ahora mismo de cómo te quedaron los chupetones.
Suly dudó solo unos segundos. Se levantó sigilosamente, fue al baño de su habitación y se bajó la blusa frente al espejo. Sus grandes pechos estaban marcados: varios chupetones rojos y morados rodeaban sus pezones hinchados. Tomó una foto clara, con flash, y la envió sin texto.
**Ramón:**
Joder… qué ricas se ven marcadas.
Mírate, mamá de familia mandándome fotos de sus tetas mientras su marido duerme al lado.
Ahora tócate el coño y mándame un video corto.
Suly se mordió el labio. Se sentó en la tapa del inodoro, se subió la falda, apartó las bragas y empezó a frotarse el clítoris hinchado. Grabó un video de 12 segundos: sus dedos moviéndose rápido, el sonido húmedo de su coño mojado y un gemido ahogado al final. Lo envió.
La respuesta llegó casi al instante:
**Ramón:**
Qué puta tan obediente.
Mira lo que me provocas.
Le mandó una foto de su verga dura, gruesa, venosa, tomada desde arriba. La tenía en la mano y se veía brillante de precum. Luego un video corto: se estaba jalando la verga con fuerza, gimiendo bajito su nombre “Suly… mamacita…”.
El intercambio se volvió más intenso durante los siguientes días.
Viernes por la mañana, en la oficina:
**Suly:** (foto de sus tetas sacadas por el escote de la blusa en el baño del trabajo)
**Ramón:** (foto de su verga dentro de su pantalón marcando un bulto enorme) “Esto es lo que te voy a meter pronto.”
Sábado en la tarde, mientras Suly estaba en el supermercado con Anai:
**Ramón:**
Quiero verte sola.
El domingo después de misa.
Hay un motel discreto a 20 minutos de la colonia. “Motel Paraíso”.
Habitación 12. Te espero a las 2 de la tarde.
No inventes excusas.
Suly leyó el mensaje en la fila de la caja. Su corazón latía desbocado. Respondió temblando:
**Suly:**
Ramón… soy casada. Tengo hijos. No puedo hacer esto.
**Ramón:**
Ya lo estás haciendo, mamacita.
Ya me masturbaste, ya me mandaste fotos de tus tetas y tu coño.
Ya te corriste pensando en mí mientras tu marido te cogía (o ni siquiera te coge bien, ¿verdad?).
El domingo vas a ir.
Vas a entrar a esa habitación, te vas a quitar toda la ropa y me vas a dejar cogerte como se me dé la gana.
Porque los dos sabemos que lo estás deseando.
Esa noche, ya casi a la 1 a.m., Suly no aguantó más. Se metió al baño otra vez, se desnudó completamente y le mandó una foto de cuerpo entero: completamente desnuda, con lentes puestos, de pie frente al espejo, una mano cubriendo apenas su coño depilado y la otra sosteniendo el teléfono. Se veía vulnerable, excitada y avergonzada al mismo tiempo.

**Suly:**
Está bien…
Domingo a las 2 pm.
Motel Paraíso, habitación 12.
Pero solo esta vez, Ramón. Solo una vez.
**Ramón:**
Esa es mi puta.
Te voy a romper el coño, Suly López.
Prepárate, porque después de este domingo ya no vas a poder parar.
Le mandó una última foto: su verga dura apuntando directamente a la cámara, con un mensaje debajo:
**Ramón:**
Esto es lo que te va a estar esperando.
Suly se quedó mirando la foto un largo rato, con los dedos entre las piernas, tocándose hasta correrse en silencio mientras imaginaba todo lo que ese chico le iba a hacer.
El domingo se acercaba… y con él, la primera vez que Suly López traicionaría completamente su matrimonio.
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