You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Lorena Capitulo 1. De profesora a mi puta personal.

DISCLAIMER
Esta historia es una obra de ficción. Los personajes, situaciones y diálogos son producto de la imaginación del autor y no representan hechos reales ni están basados en personas específicas.
Las imágenes que acompañan la publicación son meramente ilustrativas y funcionan como estímulo visual o referencia estética. No corresponden a los personajes reales de la historia ni guardan relación entre sí. Cualquier parecido con personas existentes es pura coincidencia.
DISCLAIMER


Capitulo 1: Introducción

 Buenas, mi nombre es Marcos, Tengo 23 años, estudio Psicología y trabajo en una cafetería de día en Lanús. No es un lugar moderno ni particularmente llamativo. Es más bien discreto. Como yo.

Mido alrededor de metro setenta y cinco, peso promedio, ni flaco ni corpulento. Pelo oscuro, a veces un poco desordenado porque me olvido de cortarlo a tiempo. Rasgos comunes, de esos que no llaman la atención en la calle. Siempre pensé que mi mayor característica es no destacar demasiado. Me muevo cómodo en ese anonimato.

Estoy en cuarto año de la carrera. Leo sobre deseo, vínculos, proyecciones… y después vuelvo al mostrador a servir café con leche. A veces siento que vivo en dos planos: el teórico y el real. En la facultad todo tiene nombre; en la vida cotidiana, las cosas simplemente pasan.

La vi entrar un martes a media mañana. El lugar estaba casi vacío. La campanita de la puerta sonó y levanté la vista por reflejo. Me tomó unos segundos reconocerla.

Lorena.. mi profesora de Gimnasia del secundario, no había cambiado nada pero al mismo tiempo había cambiado todo. Estaba aún mas hermosa de lo que recordaba. Ya debía tener unos 43 años pero no se veía como una señora grande, se mantenía en forma. De hecho ese martes venía con la ropa del gimnasio, una calza no tan ajustada que no dejaban mucho a la imaginación con un bra deportivo que hacían resaltar sus tetas recién sudadas del gimnasio.. Simplemente brillaban.

Cuando nuestras miradas se cruzaron me sonrió. Misma sonrisa que vi con asombro durante muchos años, ella misma se acerco hacia donde estaba y simplemente me abrazo apoyando todo su caliente pecho sobre el mío. Quede casi petrificado pero no pude evitar oler todo ese olor a mujer que traía consigo.

—Marcos, cuanto tiempo! —dijo al separarse de mí, con una mezcla de sorpresa y algo que no supe identificar.

Y en ese momento dejé de ser solamente el empleado detrás del mostrador.

Se sentó cerca del ventanal. Yo mismo le llevé el café, aunque técnicamente no hacía falta. Fue automático.

—Estoy estudiando Psicología —le conté cuando me preguntó qué era de mi vida.

Le divirtió. Dijo algo sobre que ahora tenía que cuidarse de lo que decía delante mío. Me reí, pero en el fondo noté cómo observaba mis gestos al hablar. O tal vez era idea mía. A veces proyecto más de lo que debería.

Cuando le pregunté por ella, su respuesta fue más breve.

—Dejé la docencia.

Así, simple. Sin demasiada explicación. Lo dijo con serenidad, pero había algo detrás. Una pausa leve antes de cambiar de tema. Mi impulso fue indagar. Saber por qué. Entender. Pero me frené. No era una sesión, era una conversación. Y yo no era su terapeuta.

Después de ese día empezó a ir más seguido. Siempre en horarios tranquilos. Media mañana o después del mediodía, cuando el lugar está casi vacío y el ruido de la máquina de café es lo único que interrumpe el silencio. Siempre antes o después del gimnasio ya que usa su ropa deportiva que la delata.

Ya no me resultaba casual.

Hablábamos más. De libros, de cambios, de decisiones que uno toma sin estar completamente seguro. A veces se quedaba más de una hora con la taza ya vacía. Yo encontraba excusas para limpiar cerca de su mesa o preguntarle si necesitaba algo más. Simplemente para mirar a esa señora que tanto me produjo a temprana edad.

No había nada fuera de lugar. Ningún gesto evidente. Pero la dinámica ya no era la de profesora y alumno. Era otra cosa. Más horizontal. Más consciente. Y yo, que paso el día estudiando teorías sobre transferencia y deseo, empecé a preguntarme si no estaba interpretando demasiado… o demasiado poco.

He aquí un poco de contexto sobre nuestra antigua relación como profesora y alumno. Para empezar, no siempre fue la mejor. De todos los años que coincidió como mi profesora, solo el ultimo nos empezamos a llevar un poco mejor. Todo esto se debe a un incidente que sucedió en una excursion escolar. No siempre fui la persona mas popular, de hecho en la escuela no tuve muchos amigos. Solo tenía a mis amigos del club, por lo tanto casi siempre me sentaba solo. Ese pequeño viaje no fue la excepción. A mi me toco sentarme adelante de todo, casi al lado de las profesoras que nos acompañaban. Aunque era tan temprano nadie paro de gritar y hablar todo el viaje, incluyéndome.

Pero ahí estaba ella, tomando mates con sus colegas. Con unas calzas apretadas que rajaban la tierra y dejaban ver apenas su ropa interior. Simplemente un espectáculo.

Luego de verla un rato de la forma mas disimulada posible, llegamos al destino. La excursion sucedió con total normalidad y pasamos ahi todo el día. Cerca de las 19 PM arrancamos la vuelta, y ni bien tocamos el colectivo la gran mayoría quedaron planchados del sueño. Menos las profesoras que seguían con el mate.

Ahí estaba ella una vez más, pero no pude contenerme antes el sueño que venia acumulando. Habré dormido una hora o casi dos cuando me desperté. Lo primero que vi al abrir mis ojos fue mi profesora, que aprovechando que yo dormía, aprovecho para ocupar el asiento que se encontraba vacío hacia mi derecha y daba hacía el pasillo. Al bajar un poco la mirada veo en la posición que se encontraba, apoyando sus brazos e inclinada sobre el apoya brazos del pasillo para hablar mejor con sus colegas. El problema, o mejor dicho la bendición que me toco observar en primer plano, fue que esto hacía que sus calzas bajen lo suficiente para poder deleitarme con la mitad de su tanguita de encaje al descubierto. Increíble momento en mi adolescencia. Probablemente el despertar de mi sexualidad.

Al estar tan dormido todavía, no me di cuenta de lo evidente que era de la forma lujuriosa que observaba semejante obra de arte. Me acuerdo que lo ultimo que pensé antes de ser descubierto fueron las ganas de morder ese culo y sacarle la diminuta tanga que llevaba con los dientes. Y luego sucedió, al levantar tan solo un poco mi mirada vi su penetrante mirada, totalmente impactada sobre lo sucedido.

No tardo en acomodarse la calza y darme un sermon, se la notaba fastidiada pero mantenía su compostura y tono de voz para que no se entere todo el mundo sobre su pervertido alumno.

—Quiero que sea la ultima vez que te agarre mirándome de esa manera o vamos a tener problemas...— Termino su sermón algo disgustada. Simplemente me petrifique, no sabía como reaccionar o que hacer, nunca estuvo tan cerca mío y sentía como mi amigo ya empezaba a levantarse— Me escuchaste??

—Si profe, disculpe por ser tan atrevido no volverá a suceder..— No pensé zafar con eso pero no le dio mucha importancia luego de eso, simplemente se levanto y se fue a sentarse en otro asiento.

Los siguientes años siguió coincidiendo como profesora de mi curso pero a mi ya me tenia tachado como el pajero. No me trataba mucho conmigo y siempre me trataba con cierto desprecio y frialdad. Esto, lejos de disgustarme, me excitaba y ayudaba aún mas con mis fantasías hacía ella. Con el tiempo conocí chicas de mi edad y tuve una que otra noviecita, nadie importante. La tenía como modelo de mujer ideal, no la podía comparar con una jovencita que compartía mi edad. Pero con el tiempo, inevitablemente lo hice. 

Pasaron los años y desde el primer momento que la vi nuevamente, todos esos deseos y fantasías volvieron a mi. Pero ya no eran los deseos y fantasías de un adolescente puberto, ahora era mas grande y notaba como cada vez que venía se abría mas y mas conmigo..

0 comentarios - Lorena Capitulo 1. De profesora a mi puta personal.