Buenas, grupo. Vengo a soltar un poco de lo que me pasa, porque si no lo cuento por acá, exploto. Aprovecho el anonimato para hablar sin sutilesas y contar mis cosillas, esas que no puedo andar diciendo en la cara de nadie.
Somos una pareja joven, yo de 24 y él de 30. A simple vista somos "normales", pero puertas adentro la cosa quema. A mí me encanta provocar, es superior a mí; me fascina sentir las miradas, vestirme con lo mínimo y subir fotos bien sexys a las redes donde se me vea hasta el alma en tanga. Mi marido no es un liberal de manual, pero le encanta que me miren y me deja ser así de hot. Le da un morbo que ni les explico.
El primer "descuido" con el amigo
Hace poco se dio una situación de esas que no planeás, pero te dejan la piel hirviendo. Salimos de joda con unos amigos; hubo mucho alcohol, mucho baile pegadito y yo, como siempre, andaba con un vestidito negro criminal, cortísimo, y abajo nada más que un hilito dental que se asomaba cada vez que me movía.
Terminamos los tres pasados de copas: mi marido, un amigo de él y yo. Como la casa del pibe quedaba cerca, nos fuimos para allá a morir en un colchón. El alcohol nos pegó fuerte y nos quedamos dormidos los tres ahí, medio amontonados. En un momento de la madrugada, entre sueños, sentí una caricia en la pierna. Al principio pensé que era mi esposo, pero la mano era distinta. Empezó a subir lento hasta llegar a mi cola... Como el vestido se me había trepado todo, lo único que nos separaba era el encaje de mi tanga. En vez de saltar o despertarme, me quedé quietita. Me hice la dormida porque lo estaba disfrutando a pleno. El pibe apoyó mi pierna sobre su bulto y pude sentir perfectamente lo duro que estaba. Moví un poquito la pierna para restregarme, él se dio cuenta... pero ahí quedó la cosa.
La noche con el primo
Tiempo después, la chispa volvió a saltar. Hubo fiesta en casa, mucho calor y mucho alcohol. Cuando todos se fueron, el primo de mi marido se quedó a dormir. Terminamos los tres en la cama, algo tomados. Yo, por el calor sofocante, quedé solo en tanga. En la madrugada, puse mi pierna entre las piernas del primo mientras mi esposo me abrazaba por detrás.
El primo estaba despierto y llevó mi mano hasta su miembro; ambos estaban en boxer por ser verano. Sentir esa verga dura y caliente me voló la cabeza. Empezó a masturbarlo, primero como "sin querer" y después ya por mi propia voluntad. Le di rítmico un buen rato hasta que terminó y nos quedamos dormidos ahí mismo.
La charla del día después
A la mañana siguiente, mientras desayunábamos con la resaca a cuestas, decidí tirarle la lengua a mi marido:
—"Che, anoche con el alcohol y el calor me parece que hubo unos roces medios raros con tu primo en la cama... estábamos todos muy apretados".
Él me miró con una media sonrisa y me soltó:
—"Ah, bueno... si fue por el alcohol es normal, no pasa nada... pero igual ojito, eh".
Descontrol bajo la sábana con el amigo nuevo
Ese "ojito" me dio la clave. Poco después, armamos otra juntada grande con amigos y amigas. Todos estábamos re puestos. Terminamos tres en un sillón: mi marido en una punta, yo en el medio y un amigo nuevo en la otra. Nos tapamos con una sábana porque supuestamente refrescaba. Yo, media ida por los tragos, estiré las piernas y apoyé los pies directo en la entrepierna del amigo. El tipo ni lo dudó: agarró mis tobillos y me clavó los pies arriba de su bulto, que era una piedra. Empezó a masajearle la verga con los dedos de los pies, restregándome con ganas, mientras mi marido me pasaba el brazo por arriba. Nadie sospechaba nada bajo esa sábana cómplice.
El reencuentro con el primo y el juego en redes
Pasaron los meses y el primo volvió a quedarse. Volvimos a terminar dormidos y ebrios en la cama grande, pero esta vez mi esposo estaba en el medio de los dos. A mitad de la noche, el primo se levantó al baño y, al volver, se puso justo detrás mío. No tardaron en aparecer los roces; sentí su pene totalmente desnudo apoyándose contra mis nalgas y moviéndose con ganas. En cuanto empezó el acto, no aguanté más y empecé a pajearlo por mi propia voluntad otra vez, disfrutando de ese riesgo constante de tener a mi marido roncando al lado.
Después de eso, el pibe empezó a buscarme por Instagram. Como en frente de mi marido guarda las formas por ser familia, por ahí se descarga un poco. Me tira likes a las fotos más hot o me reacciona a las historias. Ojo, solo charlamos en plan de amistad; yo nunca engañaría a mi marido. Me encanta el juego, la tensión y que él sepa que lo deseo bajo el efecto del alcohol, pero el límite está claro. Charlamos por IG, nos llevamos bien, y nos guardamos ese secreto que solo nosotros (y el alcohol) sabemos que pasó.
Somos una pareja joven, yo de 24 y él de 30. A simple vista somos "normales", pero puertas adentro la cosa quema. A mí me encanta provocar, es superior a mí; me fascina sentir las miradas, vestirme con lo mínimo y subir fotos bien sexys a las redes donde se me vea hasta el alma en tanga. Mi marido no es un liberal de manual, pero le encanta que me miren y me deja ser así de hot. Le da un morbo que ni les explico.
El primer "descuido" con el amigo
Hace poco se dio una situación de esas que no planeás, pero te dejan la piel hirviendo. Salimos de joda con unos amigos; hubo mucho alcohol, mucho baile pegadito y yo, como siempre, andaba con un vestidito negro criminal, cortísimo, y abajo nada más que un hilito dental que se asomaba cada vez que me movía.
Terminamos los tres pasados de copas: mi marido, un amigo de él y yo. Como la casa del pibe quedaba cerca, nos fuimos para allá a morir en un colchón. El alcohol nos pegó fuerte y nos quedamos dormidos los tres ahí, medio amontonados. En un momento de la madrugada, entre sueños, sentí una caricia en la pierna. Al principio pensé que era mi esposo, pero la mano era distinta. Empezó a subir lento hasta llegar a mi cola... Como el vestido se me había trepado todo, lo único que nos separaba era el encaje de mi tanga. En vez de saltar o despertarme, me quedé quietita. Me hice la dormida porque lo estaba disfrutando a pleno. El pibe apoyó mi pierna sobre su bulto y pude sentir perfectamente lo duro que estaba. Moví un poquito la pierna para restregarme, él se dio cuenta... pero ahí quedó la cosa.
La noche con el primo
Tiempo después, la chispa volvió a saltar. Hubo fiesta en casa, mucho calor y mucho alcohol. Cuando todos se fueron, el primo de mi marido se quedó a dormir. Terminamos los tres en la cama, algo tomados. Yo, por el calor sofocante, quedé solo en tanga. En la madrugada, puse mi pierna entre las piernas del primo mientras mi esposo me abrazaba por detrás.
El primo estaba despierto y llevó mi mano hasta su miembro; ambos estaban en boxer por ser verano. Sentir esa verga dura y caliente me voló la cabeza. Empezó a masturbarlo, primero como "sin querer" y después ya por mi propia voluntad. Le di rítmico un buen rato hasta que terminó y nos quedamos dormidos ahí mismo.
La charla del día después
A la mañana siguiente, mientras desayunábamos con la resaca a cuestas, decidí tirarle la lengua a mi marido:
—"Che, anoche con el alcohol y el calor me parece que hubo unos roces medios raros con tu primo en la cama... estábamos todos muy apretados".
Él me miró con una media sonrisa y me soltó:
—"Ah, bueno... si fue por el alcohol es normal, no pasa nada... pero igual ojito, eh".
Descontrol bajo la sábana con el amigo nuevo
Ese "ojito" me dio la clave. Poco después, armamos otra juntada grande con amigos y amigas. Todos estábamos re puestos. Terminamos tres en un sillón: mi marido en una punta, yo en el medio y un amigo nuevo en la otra. Nos tapamos con una sábana porque supuestamente refrescaba. Yo, media ida por los tragos, estiré las piernas y apoyé los pies directo en la entrepierna del amigo. El tipo ni lo dudó: agarró mis tobillos y me clavó los pies arriba de su bulto, que era una piedra. Empezó a masajearle la verga con los dedos de los pies, restregándome con ganas, mientras mi marido me pasaba el brazo por arriba. Nadie sospechaba nada bajo esa sábana cómplice.
El reencuentro con el primo y el juego en redes
Pasaron los meses y el primo volvió a quedarse. Volvimos a terminar dormidos y ebrios en la cama grande, pero esta vez mi esposo estaba en el medio de los dos. A mitad de la noche, el primo se levantó al baño y, al volver, se puso justo detrás mío. No tardaron en aparecer los roces; sentí su pene totalmente desnudo apoyándose contra mis nalgas y moviéndose con ganas. En cuanto empezó el acto, no aguanté más y empecé a pajearlo por mi propia voluntad otra vez, disfrutando de ese riesgo constante de tener a mi marido roncando al lado.
Después de eso, el pibe empezó a buscarme por Instagram. Como en frente de mi marido guarda las formas por ser familia, por ahí se descarga un poco. Me tira likes a las fotos más hot o me reacciona a las historias. Ojo, solo charlamos en plan de amistad; yo nunca engañaría a mi marido. Me encanta el juego, la tensión y que él sepa que lo deseo bajo el efecto del alcohol, pero el límite está claro. Charlamos por IG, nos llevamos bien, y nos guardamos ese secreto que solo nosotros (y el alcohol) sabemos que pasó.
1 comentarios - Pajie al primo de mi esposo