Tiempo atrás me inscribí en un gimnasio, nada de músculos, simplemente bajar un poco de guata y mantenerme en forma.
Muchas de las clientas eran jóvenes realmente estupendas.
Flacas, cero grasa y que solo estaban para apretar sus bellísimos cuerpos.
Tuve buena química con una mujer muy agradable llamada Sonia, muy guapa de unos 30 años que me ayudó en cuanto notó que no sabía usar bien las máquinas.
Algunas veces terminando nuestras rutinas salíamos a tomar alguna bebida de proteina y charlar de muchas cosas.
Nos hicimos muy cercanos y hasta me presentó a sus hijos.
Al igual que yo no hacía mucho se había divorciado.
Parecía que entre ambos había cierto futuro. Pero nada.
No había futuro ni siquiera un proyecto de aquello.
La culpa la tuvo Karen.
Una jovencita de unos 21 años realmente estupenda.



Era de no más de 1.70cm de estatura, cabello largo semi ondulado, piel clara, una delantera de 100 centímetros creo, una muy buenas caderas, una piernas contundentes y firmes.
Lo único que diferenciaba a esta mujer de una super-modelo estándar era su desarrollada musculatura en sus brazos y piernas, la cual, no sé por qué, se me antojaba acariciar.
Realmente estaba echa de concreto su cuerpo pero aún así no dejaba de mirarse muy sexy y femenina.








Realmente me dejó sin habla. Y sin habla estuve de ahora en adelante con aquella joven que conocí (mejor ni la nombro) ya que ella si se dió cuenta de que era mi objeto de deseo y no hizo nada más que emprender la retirada.
La angustia por conocerla me embargaba.
Solo sabía su nombre cuando un tipo la llamó por su nombre, pero aparte de eso nada.
Además estaba al otro extremo de la sala y era habitual que siempre me ubicase en mi lugar de origen.
Mi calentura no daba más. Ella no solo se mostraba como una mujer estupenda, sino que también como una verdadera atlética y gimnasta.
En aquella malla azul con gris se veía muy cachonda y yo simplemente quería tocar esos muslos duros y morder ese trasero grande pero bien formado.








Mi suerte estaba igual hasta que pensé en acercarme y saludarla, pero no fue necesario.
-Hola Luis, como estás?-
Yo inmediatamente:
-Muy bien Karen y tú?-
Le pregunté como sabía mi nombre y ella me dijo que había escuchado a una de las chicas llamarme así.
Le conté que de la misma manera sabía su nombre.
Luego ella empezó hacer su rutina pero ahora en mi sector.
Evidentemente no podía ser tan descarado y mirarla con ojos de violador, pero es que ustedes comprenderán que no era nada fácil.
Esta vez estaba solo con un peto y un pantalón blanco.
Era primavera y el calor ya estaba pegando fuerte en mi ciudad.
Su malla no tenía nada debajo por lo cual era inevitable ver sus pezoncitos marcados.
Su pantalón blanco dejaba ver un exquisito colaless del mismo color. Esta mamita me quería matar.









Por un instante me pidió ayuda en uno de sus ejercicios, no recuerdo cual era exactamente, pero pude afirmarla de los brazos y después estaba haciendo abdominales, en el cual me pidió ayuda y por un instante pude tocar sus muslos.
El aroma que emanaba de sus axilas era embriagador.
Yo estaba calentísimo.
Terminada la sesión me fui a ducharme y no aguanté más y tuve que masturbarme.
Mi pene estaba rojo y la verdad es que estaba demasiado caliente sin siquiera haber tenido algo mayor con ella.
Un día viernes en la tarde, todo iba normal.
Ella despampanante como siempre pero yo no trataba de pensarme películas con ella.
Si bien conversábamos no teníamos el nivel de confianza como amigos confidentes ni mucho menos.
A mis 31 años las más jóvenes ya no estaban en mi menú, y menos una toda así exuberante y agradable como Karen.
Otro día cuando termino la sesión y antes de entrar a ducharme Karen me llama en el pasillo y me dice si quiero ir a tomar algo con ella y a charlar.

Ni por un segundo me demoré y le dije claro.
Luego de asearme, la espero a la salida del Gimnasio y aparece ella con una blusa celeste y falda oscura.
Tenía una panty exquisita, esa de ahora que son con diseños y más firmes y duras que las antiguas.
Charlamos de todo de forma tranquila y amena.
Habíamos conversado por dos horas aproximadamente cuando me dice que es tarde y debe irse a juntarse con su mamá.
Le pregunto como se lleva con su mamá, como se llama ella y otras cosas.
La semana siguiente no pude ir los dos primeros días debido a un fuerte dolor en la espalda.
Estuve en cama esos días.
Cuando llegué el viernes Karen me preguntó por mi ausencia, le conté lo mío y le dije que ya estaba un poco mejor.




Ella me recomendó que me hiciese un masaje, pero le dije que era un poco reacio a que una persona desconocida me de un masaje.
Ella acto seguido dijo" Si quieres yo puedo dártelo.
No soy experta pero a mi ex siempre le hice masajes y quedaba bien.
Me quedé callado un poco pensando, pero la verdad es que sólo me hacía el difícil para no evidenciar tanto interés.
Le digo que bueno y me dice que si quiero ir mañana a su casa.
Ella estará sola, ya que su mamá estaría fuera todo el fin de semana.
Como ya se imaginarán esa noche ni pude dormir.
El sólo pensar que todo se podía ir dando me ponía muy excitado.















Llegó el sábado, y al tocar el timbre de su casa una linda voz por el citófono decía:
-Al fin, estaba esperándote-
No recuerdo haberme atrasado para ese comentario pero bueno.
Una vez adentro me sirvió un poco de bebida y charlamos un poco.
Me dice que si alguna vez me había hecho un masaje, y le dijo que sí, tiempo atrás.
Me preguntó si era un masaje de reflexología o de otra cosa, de un modo muy picaresco.
Sonriendo le digo que de lo primero pero en el cual me tuve que sacar toda la ropa.
-Obvio, un masaje con ropa no es masaje-
Me contestó.
Le digo que me tuve que sacar hasta mi ropa interior.
Y ella me responde:
-Por supuesto así debe ser-
Y acto seguido dice:
-Bueno, es hora que te saques todo-
La impresión que tuve era suficiente para tener una erección pero el pavor se apoderó de mi y me quedé tranquilito nomas.
Ella empezaba el masaje echándome unos aceites en la espalda y sus manos en mi cuerpo era una sensación divina.
Trataba de pensar en otras cosas para no excitarme pero sentía que mi miembro podría salir a la luz pública y eso que tenía una toalla en mi trasero.
-Date vuelta-
Me dice.
Yo estaba muy incómodo y mi erección era evidente.
-Vamos, no seas tímido, si ya se que tienes el entusiasmo por las nubes pero debo seguir con esto-

Continuaba ella.
La verdad es que no podía hacer nada y tuve que hacerlo.
La toalla estaba con forma de carpa debido a mi erección y ella cortó por lo sano:
-Mejor te saco esto-
Me sacó la toalla y sus ojos se fijaron de una manera increíble en mi verga.
La mía es grande y gruesa de unos 21 centímetros y ella sonreía y seguía con el masaje, ahora por mis mis piernas.
Pero no demoró nada en masajearme el pene.
Estaba apunto de eyacular pero ella puso el dedo en el orificio de mi miembro, tapándole todo aire y logró evitar que le eyaculara encima.
Ella seguía masajeándome el pene hasta que empezó a besarme mis bolas y empezó a hacerme sexo oral.
Sus labios suaves y su boca helada me tenían a mil, hasta que ellas me dice:
-Vamos a la ducha-

Karen que solo estaba con jeans y polerón se saca la parte de arriba y sus increíbles tetas, grandes y duras apuntaban a mi cara.
No dudé un instante y le besé sus pezones, tan duros y ricos, mientras ella masajeaba nuevamente mi pene.
Luego se sacó los pantalones y solo cubría sus nalgas una exquisita pantaleta negra.
Le besé la entrepierna con la prenda puesta y aún así sentía sus jugos en mi boca.
Luego se las sacó y le chupé ese exquisito clítoris rosa por un par de minutos.
Ella quería que fuéramos a la ducha pero yo seguía lamiendo su vagina hasta que accedí.
Y debajo de la ducha nos besamos por un buen rato hasta que me hizo nuevamente sexo oral y me pidió que me recostara, pese a la dificultad, en el piso de su tina.
Así lo hice y ella se montó encima mío.
La posición, el chorro de agua que caía y sus gemidos era un espectáculo divino en aquel baño empañado.

Pese a la calentura pude evitar acabar antes de lo indicado y solo lo hice cuando los músculos de su vagina se contraían lo que era la señal inequívoca de poder terminar. Y así fue...
Fue de lejos el mejor polvo de mi vida.
Luego de aquello repetimos la experiencia un par de veces más hasta que Karen consiguió novio y yo volví a salir con Sonia y hasta nos casamos.



Hace no mucho volví a retomar contacto con Karen que ahora recién se dejó de su ex marido y comenzamos una relación a escondidas de mi mujer.
Muchas de las clientas eran jóvenes realmente estupendas.
Flacas, cero grasa y que solo estaban para apretar sus bellísimos cuerpos.
Tuve buena química con una mujer muy agradable llamada Sonia, muy guapa de unos 30 años que me ayudó en cuanto notó que no sabía usar bien las máquinas.
Algunas veces terminando nuestras rutinas salíamos a tomar alguna bebida de proteina y charlar de muchas cosas.
Nos hicimos muy cercanos y hasta me presentó a sus hijos.
Al igual que yo no hacía mucho se había divorciado.
Parecía que entre ambos había cierto futuro. Pero nada.
No había futuro ni siquiera un proyecto de aquello.
La culpa la tuvo Karen.
Una jovencita de unos 21 años realmente estupenda.



Era de no más de 1.70cm de estatura, cabello largo semi ondulado, piel clara, una delantera de 100 centímetros creo, una muy buenas caderas, una piernas contundentes y firmes.
Lo único que diferenciaba a esta mujer de una super-modelo estándar era su desarrollada musculatura en sus brazos y piernas, la cual, no sé por qué, se me antojaba acariciar.
Realmente estaba echa de concreto su cuerpo pero aún así no dejaba de mirarse muy sexy y femenina.








Realmente me dejó sin habla. Y sin habla estuve de ahora en adelante con aquella joven que conocí (mejor ni la nombro) ya que ella si se dió cuenta de que era mi objeto de deseo y no hizo nada más que emprender la retirada.
La angustia por conocerla me embargaba.
Solo sabía su nombre cuando un tipo la llamó por su nombre, pero aparte de eso nada.
Además estaba al otro extremo de la sala y era habitual que siempre me ubicase en mi lugar de origen.
Mi calentura no daba más. Ella no solo se mostraba como una mujer estupenda, sino que también como una verdadera atlética y gimnasta.
En aquella malla azul con gris se veía muy cachonda y yo simplemente quería tocar esos muslos duros y morder ese trasero grande pero bien formado.








Mi suerte estaba igual hasta que pensé en acercarme y saludarla, pero no fue necesario.
-Hola Luis, como estás?-
Yo inmediatamente:
-Muy bien Karen y tú?-
Le pregunté como sabía mi nombre y ella me dijo que había escuchado a una de las chicas llamarme así.
Le conté que de la misma manera sabía su nombre.
Luego ella empezó hacer su rutina pero ahora en mi sector.
Evidentemente no podía ser tan descarado y mirarla con ojos de violador, pero es que ustedes comprenderán que no era nada fácil.
Esta vez estaba solo con un peto y un pantalón blanco.
Era primavera y el calor ya estaba pegando fuerte en mi ciudad.
Su malla no tenía nada debajo por lo cual era inevitable ver sus pezoncitos marcados.
Su pantalón blanco dejaba ver un exquisito colaless del mismo color. Esta mamita me quería matar.









Por un instante me pidió ayuda en uno de sus ejercicios, no recuerdo cual era exactamente, pero pude afirmarla de los brazos y después estaba haciendo abdominales, en el cual me pidió ayuda y por un instante pude tocar sus muslos.
El aroma que emanaba de sus axilas era embriagador.
Yo estaba calentísimo.
Terminada la sesión me fui a ducharme y no aguanté más y tuve que masturbarme.
Mi pene estaba rojo y la verdad es que estaba demasiado caliente sin siquiera haber tenido algo mayor con ella.
Un día viernes en la tarde, todo iba normal.
Ella despampanante como siempre pero yo no trataba de pensarme películas con ella.
Si bien conversábamos no teníamos el nivel de confianza como amigos confidentes ni mucho menos.
A mis 31 años las más jóvenes ya no estaban en mi menú, y menos una toda así exuberante y agradable como Karen.
Otro día cuando termino la sesión y antes de entrar a ducharme Karen me llama en el pasillo y me dice si quiero ir a tomar algo con ella y a charlar.

Ni por un segundo me demoré y le dije claro.
Luego de asearme, la espero a la salida del Gimnasio y aparece ella con una blusa celeste y falda oscura.
Tenía una panty exquisita, esa de ahora que son con diseños y más firmes y duras que las antiguas.
Charlamos de todo de forma tranquila y amena.
Habíamos conversado por dos horas aproximadamente cuando me dice que es tarde y debe irse a juntarse con su mamá.
Le pregunto como se lleva con su mamá, como se llama ella y otras cosas.
La semana siguiente no pude ir los dos primeros días debido a un fuerte dolor en la espalda.
Estuve en cama esos días.
Cuando llegué el viernes Karen me preguntó por mi ausencia, le conté lo mío y le dije que ya estaba un poco mejor.




Ella me recomendó que me hiciese un masaje, pero le dije que era un poco reacio a que una persona desconocida me de un masaje.
Ella acto seguido dijo" Si quieres yo puedo dártelo.
No soy experta pero a mi ex siempre le hice masajes y quedaba bien.
Me quedé callado un poco pensando, pero la verdad es que sólo me hacía el difícil para no evidenciar tanto interés.
Le digo que bueno y me dice que si quiero ir mañana a su casa.
Ella estará sola, ya que su mamá estaría fuera todo el fin de semana.
Como ya se imaginarán esa noche ni pude dormir.
El sólo pensar que todo se podía ir dando me ponía muy excitado.















Llegó el sábado, y al tocar el timbre de su casa una linda voz por el citófono decía:
-Al fin, estaba esperándote-
No recuerdo haberme atrasado para ese comentario pero bueno.
Una vez adentro me sirvió un poco de bebida y charlamos un poco.
Me dice que si alguna vez me había hecho un masaje, y le dijo que sí, tiempo atrás.
Me preguntó si era un masaje de reflexología o de otra cosa, de un modo muy picaresco.
Sonriendo le digo que de lo primero pero en el cual me tuve que sacar toda la ropa.
-Obvio, un masaje con ropa no es masaje-
Me contestó.
Le digo que me tuve que sacar hasta mi ropa interior.
Y ella me responde:
-Por supuesto así debe ser-
Y acto seguido dice:
-Bueno, es hora que te saques todo-
La impresión que tuve era suficiente para tener una erección pero el pavor se apoderó de mi y me quedé tranquilito nomas.
Ella empezaba el masaje echándome unos aceites en la espalda y sus manos en mi cuerpo era una sensación divina.
Trataba de pensar en otras cosas para no excitarme pero sentía que mi miembro podría salir a la luz pública y eso que tenía una toalla en mi trasero.
-Date vuelta-
Me dice.
Yo estaba muy incómodo y mi erección era evidente.
-Vamos, no seas tímido, si ya se que tienes el entusiasmo por las nubes pero debo seguir con esto-

Continuaba ella.
La verdad es que no podía hacer nada y tuve que hacerlo.
La toalla estaba con forma de carpa debido a mi erección y ella cortó por lo sano:
-Mejor te saco esto-
Me sacó la toalla y sus ojos se fijaron de una manera increíble en mi verga.
La mía es grande y gruesa de unos 21 centímetros y ella sonreía y seguía con el masaje, ahora por mis mis piernas.
Pero no demoró nada en masajearme el pene.
Estaba apunto de eyacular pero ella puso el dedo en el orificio de mi miembro, tapándole todo aire y logró evitar que le eyaculara encima.
Ella seguía masajeándome el pene hasta que empezó a besarme mis bolas y empezó a hacerme sexo oral.
Sus labios suaves y su boca helada me tenían a mil, hasta que ellas me dice:
-Vamos a la ducha-

Karen que solo estaba con jeans y polerón se saca la parte de arriba y sus increíbles tetas, grandes y duras apuntaban a mi cara.
No dudé un instante y le besé sus pezones, tan duros y ricos, mientras ella masajeaba nuevamente mi pene.
Luego se sacó los pantalones y solo cubría sus nalgas una exquisita pantaleta negra.
Le besé la entrepierna con la prenda puesta y aún así sentía sus jugos en mi boca.
Luego se las sacó y le chupé ese exquisito clítoris rosa por un par de minutos.
Ella quería que fuéramos a la ducha pero yo seguía lamiendo su vagina hasta que accedí.
Y debajo de la ducha nos besamos por un buen rato hasta que me hizo nuevamente sexo oral y me pidió que me recostara, pese a la dificultad, en el piso de su tina.
Así lo hice y ella se montó encima mío.
La posición, el chorro de agua que caía y sus gemidos era un espectáculo divino en aquel baño empañado.

Pese a la calentura pude evitar acabar antes de lo indicado y solo lo hice cuando los músculos de su vagina se contraían lo que era la señal inequívoca de poder terminar. Y así fue...
Fue de lejos el mejor polvo de mi vida.
Luego de aquello repetimos la experiencia un par de veces más hasta que Karen consiguió novio y yo volví a salir con Sonia y hasta nos casamos.



Hace no mucho volví a retomar contacto con Karen que ahora recién se dejó de su ex marido y comenzamos una relación a escondidas de mi mujer.
1 comentarios - Karen la nena fit del gym