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Cumpliendo la fantasía de mi novio

Hace cinco años que estoy de novia con Cristian. Es un chico muy dulce, lindo y muy tranquilo. 
Ambos tenemos 26 años y nos gusta viajar mucho. Solemos juntar dinero todo el año y elegir algún lugar que quisiéramos conocer y quedarnos varios días para recorrerlos bien. 
Por otro lado, hace poco empezamos a contarnos nuestras fantasías sexuales y planear cómo realizarlas. En mi caso, le dije que una de mis fantasías era que quería tener sexo en algún lugar público, en un lugar donde nos pudieran descubrir. Esa adrenalina  creía que me iba a exitar mucho. Tuvimos una oportunidad un día que fuimos a una fiesta. En ese lugar había un sitio con pastizales altos y me pareció un buen lugar para realizar la fantasía, pero Cristian no se animó, ya que podían haber bichos o algo que nos picara. 
Otro día, después de haber tenido sexo, él me confesó que le gustaría que yo estuviera con alguien más y que él nos observara. 
Me pareció bastante raro esa fantasía, ya que Cristian es bastante tranquilo y a mi entender, bastante conservador. 
La verdad es que no se me ocurría nadie para cumplir su fantasía. Sus amigos no me atraían demasiado y su propuesta era verme disfrutar con alguien, no hacerlo por hacerlo nomás. 
Ambas fantasías quedaron pendientes. 
Estaban llegando las vacaciones y era hora de comprar los pasajes y la estadía de nuestro próximo destino a visitar.  
Después de varias idas y vueltas decidimos ir a Río de Janeiro. 
Contratamos un hotel bastante bueno y varias excursiones para hacer durante los 10 días que nos íbamos a quedar.
Cuando llegamos al hotel, nos encantó la habitación en donde nos íbamos a hospedar. Tenía una ventana que daba a la piscina del hotel y era muy luminosa. 
Los primeros días los dedicamos descansar y a estar juntos ya que sólo nos vemos los fines de semana, por los horarios de nuestros trabajos. 
Todos esos días aprovechamos para coger y dormir, mayormente. La pasamos genial. 
Luego de uno de nuestros encuentros sexuales, volvió a surgir lo de las fantasías. Para la mía, había pensado hacer algo en la piscina, pero lo cierto era que, al ser temporada alta, había mucha gente todo el tiempo allí. 
Para la de Cristian, había que buscar algún candidato. Yo no tenía demasiadas ganas de hacerlo, sinceramente estaba muy bien con mi novio y no necesitaba de alguien más para complacerme. Pero él insistía cada vez más. Me decía que le exitaba mucho pensar que otro hombre me poseyera y aún más si éste era dotado. 
Recuerdo que alguna vez le conté que nunca estuve con chicos que tuvieran un pene grande, pero tampoco tenía mucha curiosidad. Sin embargo Cristian quería que experimente qué se sentía y además le calentaba verme haciéndolo. 
Luego de unos días y debido a lo insistente que estaba mi novio con este tema, empecé a mirar algún posible candidato. En un principio lo hacía por obligación, pero después comencé a sentirme como si estuviera soltera y cada vez se me hacía más natural. 
Un día, mirando por la ventana de la habitación, observé que un muchacho se acostó en una reposera para tomar sol. Era un mulato, tenía un cuerpo bastante marcado y era bastante alto. Me quedé mirándolo un rato y luego le dije a Cristian "creo que encontré a alguien". Él se acercó rápidamente a la ventana para ver quién era e instantáneamente lo aprobó con entusiasmo. 
Le dije que no sabía si a él le iba a gustar yo y luego, si le iba a agradar la propuesta. 
Cristian me animó diciéndome que "nadie puede rechazar una hembra como yo y que con tal de cogerme, iba a aceptar cualquier propuesta". 
"Hagamos la prueba" le dije a mi novio y fui a buscar la bikini más reveladora que tenía. Bajé a la piscina y me acosté en una reposera que estaba muy cerca a la suya. Me empecé a pasar protector solar por las piernas, luego por la panza, los brazos y entre medio de las tetas. Hasta el momento, él no me prestaba atención. 
Me quedé tomando sol y de a ratos abría un poco las piernas mostrando lo poco que cubría la insignificante bikini que tenía puesta. 
Luego me puse boca abajo luciendo mis nalgas, uno de mis atributos más destacables, podría decirse. Después de un rato pude notar que su mirada se había desvíado hacia mí. Ya lo había atrapado. 
Desaté los hilos de la parte de arriba de la bikini para que "se queme más parejo" y él, al ver que no me había puesto protector de ese lado, me ofreció el suyo. Yo tenía uno al lado mío, pero igual se lo acepté. Acto seguido, le pedí si me lo podía pasar protector por la espalda, ya que si lo hacía yo, me iba a quedar en tetas frente a todos. Cuando él procedió a pasarme la crema, le saqué charla. Ahí, pude saber que es de otra localidad de Brasil y que siempre iba a veranear a Río. 
Luego le pedí que me pase protector más abajo, cerca de mis nalgas. Fue muy cuidadoso, luego le agradecí, me até nuevamente el bikini y me fui a la habitación. 
Cuando entré, Cristian estaba como loco, vio todo desde la ventana. Me acostó, me sacó todo y me la metió, pero en tres bombeos acabó. Realmente quería que me cogiera al brasilero. 
Así pasaron unos días, entre encuentros en la piscina, charlas, protectores, etc. Cada vez sus manos llegaban más lejos, hasta que un día dejé que me pase protector en las nalgas. Allí no pudo evitar recorrer toda la superficie y separar suavemente los cachetes para que no quede ningún lugar sin crema. Me di vuelta y pude ver que me miraba fijamente esperando alguna reacción mía, quizás buena o quizás mala. Yo le sonreí y le agradecí sin darle tanta importancia. 
Pude notar cómo se le había parado la verga y la verdad que era imposible de disimularlo. Ahí me di cuenta que tenía un buen pene y eso lo convertía en el candidato perfecto para la fantasía de Cristian.
Después de un rato de charla sentado al lado mío, se empezó a encimar cada vez más y en un momento estiró su boca para besarme y yo le correspondí. Le metí la lengua y empezamos a manosearnos un poco. Después de unos minutos, lo detuve y le dije que estaba de novia y le conté sintéticamente la propuesta. Le costó al principio, pero estaba tan caliente que terminó aceptando. A continuación me agarró de la cintura y me llevó para su habitación. 
Le avisé a Cristian dónde era la cita y en un instante estaba allí. 
Se quedó a un costado observando cómo nos besábamos. El brasilero parecía ignorarlo completamente.
En unos pocos minutos yo estaba completamente desnuda y de rodillas esperando ver el trozo de carne que me iba a comer enseguida. 
Cuando lo sacó, quedé sorprendida y lo miré a mi novio. Era muy grande, seguro eran más de 25cm, y bastante gruesa, unos 4cm. No estaba del todo erecto, por lo tanto me la metí en la boca hasta donde pude y se la empecé a chupar. Mientras lo hacía, miraba a Cristian cada tanto y su cara de felicidad era total. 
La verdad que toda la situación me estaba exitando más de lo que hubiese creído, mi vagina estaba muy lubricada y no me habían tocado siquiera. 
Cuando noté que su pene estaba bastante duro, le pedí que me la meta. Me acosté boca arriba y abrí las piernas para que me penetre. Él buscó un condon y con bastante dificultad se lo colocó. Parecía que toda la situación hizo que pierda la erección y comenzó a tocarse para recuperarla. 
Estuvo un rato intentando pero era en vano. Le empecé a acariciar los huevos y a masajear el pene pero no tenía éxito. En un momento me doy vuelta y noté que Cristian se había ido. El brasilero se percató de lo mismo e inmediatamente me empezó a besar. A los pocos minutos su verga comenzó a hincharse y a llenar el condon que le había quedado puesto. En ese momento decidí que quería sentirla mejor y se lo saqué. Esto hizo que él se excite aún más y su verga se puso más dura.  
Finalmente me acosté como estaba antes y su enorme pene comenzó a adentrarse en mí suavemente.
Me abrió completamente. Me encantaba sentir que a medida que él entraba y salía mi vagina se estaba adaptando y lubricando cada vez más. 
Lo abrazaba y gritaba de placer. Él no se detenía, me daba cada vez más fuerte. De repente comencé a sentir un calor intenso y sentir espasmos en mi interior, estaba teniendo uno de los orgasmos más intensos que haya experimentado. Fue increíble. El brasilero se detuvo y me dejó respirar un ratito. Después de eso yo quería más. Me puse en cuatro, él me agarró fuerte de la cintura y la metió entera. Me hizo doler un poco pero no quería que pare. Me cogía con mucha fuerza y yo me sentía muy puta gimiendo fuerte y levantando la cola para exitarlo aún más. Luego de darme bien duro por bastante tiempo, me la enterró entera y comenzó a eyacular mientras yo seguía moviéndome. 
Descansamos un rato y luego me fui a mi habitación.
Allí estaba Cristian, que se había ido para que al brasilero se le vuelva a parar. Estaba sobreexitado esperando que le cuente todo lo que pasó. Además le mostré la dilatación que me había dejado pero no le dije nada de que habíamos cogido sin condon.
Después de unos días, ya los últimos de nuestra estadía, lo volví a ver, no me dió demasiada bola. Ya me había usado para descargarse y no le importaba seguir hablándome (yo también lo use, si vamos al caso)
En un momento vi que se iba al lavadero a dejar la toalla y aproveché para ir detrás de él. 
Cuando entré le pregunté si había algún problema conmigo, ya que no me hablaba demasiado desde aquel día. Pero él insistió con que estaba todo bien, solo que estaba de mal humor. Yo aproveché para cerrar la puerta y me agaché delante de él ofreciéndole "mejorar su humor". Antes de que diga algo, saqué su verga del pantalón y comencé a chupársela intensamente. En pocos segundos estaba bien dura. La noté más grande aún que la vez anterior. 
Me levantó del pelo, me dio vuelta, me inclinó sobre una mesa y me corrió la tanga. Se ensalivó la verga y mi vagina y sin mediar palabra me la enterró. Sentí dolor, pero era más poderosa la calentura. Mientras el negro me cogía, yo miraba la puerta y pensaba qué pasaría si entraba alguien. De repente el brasilero estaba cumpliendo mi fantasía y la de mi novio. En pocos segundos me hizo acabar de una forma increíble. 
Luego me alzó y me subió a la mesa para seguir cogiéndome, pero se escuchaban personas que se estaban acercando, así que nos vestimos rápido y salimos riéndonos. Nos dimos un beso y sin decir nada, fuimos directo a su habitación para seguir. 
Ni bien entramos, me subí a su cama y me puse en cuatro. Él me bajó la tanga y comenzó a lamerme el culo con mucho empeño. 
Después de lo que había pasado recién, estaba totalmente caliente y le pedí que me la meta por el culo, pero que sea suave. Él sacó lubricante y comenzó a dilatarme con dedicación. 
Después de que me lubricó y logró meterme cuatro dedos, me metió lentamente el pene hasta que entró todo. Se fue moviendo suave hasta que el ano se me abrió bien. Una vez que agarró ritmo, me cogió duro por el culo unos minutos hasta que acabó.
Nos quedamos acostados un rato charlando hasta que ya era hora de volver. Cuando me estaba por ir le conté que mi ano era virgen, pero que él se lo había ganado. 
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