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Marta y Gustavo parte 5 - tres vergas

Después de esa doble penetración que nos dejó a los tres hechos mierda, el colchón estaba empapado de leche, transpiración y concha chorreando. Marta se bajó despacito de encima mío, con las piernas temblando y un río blanco bajándole por los muslos. Se paró al lado de la cama, desnuda, tetas sudadas y pezones todavía duros como piedritas. Me miró fijo, con esa sonrisa de puta satisfecha pero con ganas de más.
—Gustavo… cornudo… mirá cómo estoy: concha y orto llenos de leche ajena. ¿Te calienta saber que tu mujer es una receptáculo de pijas ajenas?
Yo me quedé tirado, pija todavía goteando, respirando agitado.
—Re contra que me calienta, Marta. Sos una conchuda insaciable y me encanta verte así… usada, abierta, chorreando.
Cacho se rió bajito desde el piso, agarrándose la verga que ya empezaba a endurecerse de nuevo.
—Este cornudo es de fierro, che. ¿Querés que sigamos rompiéndola o ya te cansaste de mirar?
Marta se acercó a Cacho, le agarró la pija con una mano y empezó a pajearla despacio mientras me miraba a los ojos.
—No, no se cansa. Gustavo quiere más show. ¿Verdad, cornudo? Querés ver cómo me llenan de nuevo, cómo me hacen gritar mientras vos te la meneás solito.
Asentí, sin poder hablar mucho. La pija me latía solo de oírla decir “cornudo” con esa voz ronca.
—Posta que sí… traé a quien quieras, Marta. Llamá a otro forro. Quiero verte con tres pijas hoy.
Ella soltó una carcajada sucia, se agachó y le chupó la cabeza de la pija a Cacho un segundo, solo para provocarme.
—Mirá vos el cornudo ambicioso. Bueno, ya está. Le escribí a Maxi mientras ustedes dos me rompían. El pibe del gimnasio, el que siempre me mira el culo cuando voy a hacer sentadillas. Le dije que venga urgente, que hay una conchuda necesitada de verga fresca.
No pasaron ni quince minutos y el timbre sonó otra vez. Marta se puso solo la remerita blanca sin nada abajo, tetas marcadas y culo al aire, y fue a abrir descalza. Yo me acomodé mejor en la cama, contra el cabecero, listo para el espectáculo. Cacho se sentó en la silla del rincón, pija en mano, esperando turno.
Maxi entró con cara de no entender un carajo al principio, pero cuando vio a Marta casi en bolas y a mí tirado en la cama con la pija afuera, se le iluminaron los ojos.
—Che… ¿esto es lo que me dijiste por Whats, Marta? ¿El marido mirando?
Marta le cerró la puerta atrás, le agarró la mano y lo llevó directo al dormitorio.
—Exacto, pibe. Gustavo es el cornudo oficial. Le encanta ver cómo me cogen otros machos. Hoy ya me llenaron la concha y el orto… ahora te toca a vos. Vení, sacate todo.
Maxi no lo dudó. Se sacó la remera, el short de gimnasio y los boxers en dos segundos. La pija le saltó afuera, gruesa, venosa, más larga que la de Cacho. Marta se arrodilló enfrente, le agarró los huevos con una mano y se la metió en la boca sin preámbulos.
—Ufff… qué rica pija fresca… —murmuró alrededor de la verga, chupando fuerte, haciendo ruido de succión que llenaba el cuarto.
Yo desde la cama la miraba fijo, pajéandome despacio.
—Dale, Marta… mostrále al cornudo cómo se mama una pija de verdad. Tragala hasta el fondo, putita.
Ella me miró de reojo, con la boca llena, y empujó más profundo hasta que le lagrimearon los ojos. Maxi le agarró la cabeza con las dos manos y empezó a bombearle la boca, suave al principio pero cada vez más fuerte.
—Carajo, qué bien chupás… sos una profesional, eh.
Cacho se levantó de la silla, se acercó por atrás y le metió dos dedos en la concha todavía hinchada y mojada.
—Está chorreando, Maxi. Preparala que le vamos a meter las tres a la vez.
Marta soltó la pija de Maxi con un “plop” húmedo, se dio vuelta y se puso en cuatro en el medio de la cama, culo para arriba, concha y orto abiertos y rojos de tanto uso.
—Vengan, forros… las tres pijas adentro. Quiero sentirme rota, llena, usada como la conchuda que soy.
Maxi se puso adelante, le metió la pija en la boca de nuevo. Cacho se arrodilló atrás y se la clavó en la concha de una. Yo me acerqué gateando, me puse debajo de ella y le apunté al orto que todavía goteaba leche vieja.
—Cornudo… metémela vos también —me pidió Marta, con la voz entrecortada por la pija en la garganta—. Quiero las tres vergas al mismo tiempo… haceme gritar.
Empujé despacio, entrando en el orto resbaladizo. Sentí la pija de Cacho rozándome a través de la pared fina, y los gemidos de Marta se volvieron un rugido constante.
El ruido era una locura: plaf plaf de las caderas chocando, gemidos ahogados, saliva chorreando, concha chasqueando. Olía a sexo crudo, transpiración de tres machos, culo caliente y leche vieja.
Marta se corrió primero, temblando entera, apretándonos tan fuerte que casi nos hace acabar a los tres de una.
—¡Me vengo… con las tres pijas adentro… cornudo, mirá cómo me usan… soy tu puta, Gustavo… tu conchuda cornuda!
Maxi no aguantó más, le agarró la cabeza y se vació en la garganta. Ella tragó todo, tosiendo un poco pero sin soltar ni una gota.
Cacho aceleró en la concha y se corrió adentro, gruñendo como loco.
Yo empujé tres veces más y me vacié en el orto, mezclando mi leche con todo lo que ya tenía adentro.
Los cuatro quedamos jadeando, pegoteados, el colchón destruido. Marta se desplomó entre nosotros, culo y concha chorreando por todos lados, sonrisa de oreja a oreja.
—Gustavo… cornudo… ¿viste cómo me llenaron? Tres pijas, tres leches… ¿te gustó el show?
Le acaricié el culo colorado de las cachetadas.
—Mucho, putita… pero la próxima traemos cuatro. Quiero verte desbordada.
Cacho y Maxi se rieron, todavía con las pijas goteando.
—Cuando digas, cornudo. Martita aguanta para más.
Ella se dio vuelta, me miró fijo y me escupió un hilito de leche en la boca.
—Obvio que sí… soy una conchuda calentona y qué.
Bueno soretes, ¿qué les pareció esta tercera ronda con triple penetración y cornudeo full? ¿Se la hicieron volar imaginando que eran Maxi o Cacho? ¿O que eran el cornudo Gustavo mirando todo? ¿Quieren cuarta parte con cuatro pijas, quizás en la terraza o en un auto empañado? Comenten, forros, que me calienta leerlos y saber qué les hizo esta conchuda. 🔥🍆💦🍆💦🍆💦
Besos en el orto,La Puta Que Escribe

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