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Sorpresa en el Telo: Los 90s en Hangar 18 en Córdoba

Si sos de la vieja guardia de Córdoba, te acordarás de lo que era el Hangar 18 por la zona del Abasto. Un boliche que en los 90 era el epicentro de todo lo prohibido. Yo en esa época era un pendejo, vivía con mis viejos y no tenía donde caerme muerto, así que si pintaba algo, era un telo de una y de los bien baratos.
Esa noche estaba recontra ebrio, de esos pedos que te hacen ver todo con un filtro de película porno. En medio de la música y el humo, la vi. Una morocha de ojos claros, un lomo que te dabas vuelta para mirar y un vestido al cuerpo que era una locura. Estaba sola en la barra y me le acerqué con lo poco de dicción que me quedaba.
— Qué hacés tan solo, hermoso? Sos de acá o te perdiste? —me tiró ella con una sonrisa de puta.
Tenía una voz sexy como de locutora, pero con el quilombo del boliche y el alcohol, no la podía apreciar bien. Se llamaba Brenda. No pasaron ni diez minutos que ya nos estábamos comiendo la boca ahí mismo. La mina era una profesional del chape y me tenía loco.
— Vamos a un lugar más tranquilos? —me susurró al oído.
Salimos del Hangar abrazados y caminamos un par de cuadras hasta un telo de mala muerte ahí por la zona, de esos que te cobraban la hora barata y las sábanas tenían olor a jabón blanco. Pagamos la habitación y apenas entramos, cerré la puerta y me le tiré encima. Estaba desesperado.
La apoyé contra la cama y le empecé a sacar el vestido a los tirones. Cuando el vestido cayó al piso y ella quedó en bolas frente a mí, me quedé helado. La luz del ventiluz iluminó lo que Brenda tenía entre las piernas: una tanguita de la cual sobresalía tremendo bulto, se la bajó de una y tenía tremenda japi, larga y dura, que no encajaba para nada con esa cara de ángel que tenía.
Me quedé mudo, con la ropa en la mano, mirándola fijo. Ella ni se inmutó, me miró con una sonrisita de puta y me dijo: — Qué pasa bonito? Te asustaste?
La verdad que el choque fue fuerte, pero entre el pedo que tenía y lo buena que estaba la culiada, el morbo me terminó de ganar la pulseada. No podía dejar pasar ese lomo.
— Y bue... ya estamos acá —pensé.
La puse de espaldas, le abrí las piernas y le empecé a comer el culo de una, sin asco. Ella gemía como loca mientras yo le pasaba la lengua por todo el hoyito. Acto seguido le empecé a meter un dedo, después dos, mientras ella ayudaba abriéndose las nalgas con las manos para que me fuera más fácil. Estaba bien entregada. Al tercer dedo ya no lo pensé más; le escupí bien el hoyo y se la mandé de una, de un solo viaje hasta el fondo.
— Ahhh, sí, dame así, Ahhhh! —gemía ella contra la almohada mientras yo le agarraba la cintura con fuerza.
Yo estaba en la gloria, dándole rítmico, plaf, plaf, plaf. En un momento de pura calentura, estiré la mano por abajo, le agarré la pija con fuerza y empecé a hacerle una paja mientras la seguía embistiendo por atrás con todo el odio. Brenda pegó un grito de perra en celo. Era una sensación rarísima pero excitante a morir. Mientras le daba, sentía cómo su verga (obviamente más grande que la mía) se ponía aun más dura en mi mano.
— Acabame adentro, haceme lo que quieras! —me gritaba ella.
No aguanté mucho más. Le di un par de nalgazos, aceleré el ritmo y acabé con todo dentro de su culo. Con todo el hoyo chorreando mi leche, ella se puso de costado y terminó de explotar: acabó con su enorme verga con un chorro larguísimo de leche directo al piso. Se quedó recuperando el aire y me tiró:
— Uff nene... mirá toda la leche que me sacaste. Y yo que pensaba romperte el culito y no hizo falta.
Acto seguido me miró la pija, que todavía goteaba un poquito, y procedió a chupármela hasta dejármela reluciente. Después subió y me empezó a besar con lengua, con todo ese residuo de mi propia leche en la boca. Sensación rara si las hay, pero ya le había comido el culo y hecho una paja, eso no era nada ja... además, era mi leche de última.
Al final, Brenda me hizo pasar una de las noches más locas de mi vida. Nos fumamos un pucho, ella se vistió, me dio un beso y nos fuimos cada uno por su lado. Nunca más la volví a ver, pero cada vez que paso por la zona me acuerdo de la "sorpresita" que me encontré en ese telo apenas le saqué la ropa.
Fin.

Y? Uds que habrían hecho en mi lugar???
Agradezco puntos y sobre todo comentarios para saber que tipo de relato les gusta mas porque a mis 46 años me han pasado muchas cosas jaja, los leo!

1 comentarios - Sorpresa en el Telo: Los 90s en Hangar 18 en Córdoba

gustavo35 +1
hubiese hecho lo mismo que vos disfrutar del momento! buen relato!!
comandantepija
claro que si amigo! La vida es para vivirla jaja