Lucas era un pibe de 28 años que laburaba en una agencia de publicidad de renombre en Buenos Aires, una de esas que manejaban campañas para marcas internacionales y locales. La agencia estaba en el corazón de Palermo, con oficinas llenas de creativos, fotógrafos y productores que corrían de un lado a otro. Lucas había empezado como asistente hace unos años, pero su ojo para la fotografía y su dedicación lo habían hecho subir rápido. Ahora, era uno de los directores de sesiones fotográficas más confiables del equipo, aunque todavía soñaba con tener su propio estudio algún día.
Ese jueves por la mañana, la agencia estaba revolucionada. Habían cerrado un contrato bomba: una campaña de lencería para una marca premium que se lanzaba en Argentina. Y la cara principal iba a ser nada menos que Julieta Poggio, que había explotado en popularidad después de Gran Hermano. Lucas no podía creerlo cuando se enteró en la reunión de equipo.
- Che, ¿en serio? ¿Juli Poggio? Esa mina es un fuego - había dicho uno de sus colegas, y Lucas solo había asentido, tratando de disimular su excitación.
Lucas estaba loco por Juli desde que la vio en el reality. La había seguido durante esos meses de encierro en la casa de Gran Hermano. Al principio, le había llamado la atención su look de chica Disney: esa sonrisa eterna, los ojos grandes y expresivos, el pelo largo y ondulado que parecía siempre perfecto. Pero a medida que avanzaba el programa, se había enganchado con su personalidad. Era dulce, sí, pero también picante, estratégica, con una energía que llenaba la pantalla.
Después del reality, la había seguido en Instagram. Cada posteo lo dejaba pensando en ella, imaginando cómo sería tocar esa piel suave, oír su risa de cerca. Más de una noche se había masturbado fantaseando con Juli, con su cuerpo curvilíneo y sus curvas perfectas.
El día de la sesión, Lucas llegó temprano al estudio, un loft amplio en un edificio industrial reconvertido, con fondos blancos, luces profesionales y un área de maquillaje improvisada. El equipo ya estaba armando todo: reflectores, cámaras, fondos temáticos con toques de lujo para la lencería. Lucas revisaba su equipo, ajustando lentes y probando ángulos, pero su mente estaba en otra cosa. Sabía que Juli llegaría alrededor de las once, y el solo pensamiento le aceleraba el pulso.
De repente, desde la ventana que daba a la calle, la vio. Juli Poggio bajaba de un auto negro, con el chofer ayudándola con una valija pequeña. Estaba vestida con una mini falda negra que le llegaba apenas por encima de la mitad del muslo, ajustada lo justo para resaltar sus piernas tonificadas de bailarina. Arriba llevaba una remera blanca simple, metida por dentro, y zapatillas deportivas que le daban un toque casual, pero sexy. Su pelo suelto caía en ondas perfectas, y llevaba gafas de sol grandes que se quitó al entrar al edificio, revelando esa cara de bebota que tanto lo volvía loco. Caminaba con esa confianza natural, charlando por teléfono con alguien, riendo fuerte como si el mundo fuera suyo.

Lucas la miró desde lejos, escondido detrás de una cortina, y sintió cómo su pija empezaba a endurecerse. - La puta madre -, murmuró para sí mismo, ajustándose el pantalón disimuladamente. Fantaseaba con ella en ese mismo instante: imaginaba levantarle esa mini falda, besarle el cuello mientras ella gemía con esa voz ronca que ponía en sus historias de Instagram. Se la imaginaba posando para él solo, quitándose la ropa despacio, mirándolo con esos ojos pícaros.
Juli entró al estudio con su energía habitual, saludando a todos con besos en la mejilla y sonrisas amplias. - ¡Hola, gente! ¿Cómo andan? Estoy re emocionada por esto -, dijo con esa voz alegre. El productor la recibió y la guió directo al camarín que le habían preparado: un espacio privado con espejos iluminados, una silla cómoda y un perchero lleno de conjuntos de lencería. El equipo de maquillaje ya estaba listo, dos chicas y un chico que empezaron a trabajar en ella de inmediato.
- Sentate acá, Juli, vamos a retocarte el makeup para que quede impecable -, le dijo una de las maquilladoras, y Juli se acomodó, charlando animadamente. - Dale, hagan lo que quieran, confío en ustedes. Quiero que salga todo divino -
Mientras tanto, Lucas observaba todo desde el área principal del estudio. Había sido elegido para dirigir la sesión fotográfica porque su jefe confiaba en su visión creativa, pero él lo veía como una oportunidad divina. Estaba dispuesto a todo para estar lo más cerca posible de Juli.
- Si tengo que quedarme solo con ella en el estudio, lo hago -, pensó, sintiendo una mezcla de nervios y excitación. Sabía que tenía que ser profesional, pero su obsesión por ella lo empujaba a límites que no había explorado antes.
Juli salió del camarín después de casi una hora de maquillaje y peinado. El equipo había hecho un trabajo impecable: el rostro luminoso, los ojos delineados sutil que le daba un toque felino, los labios resaltaban su sonrisa natural. Llevaba puesta una bata de seda negra larga, que le llegaba casi a los tobillos, pero se notaba que debajo había algo mínimo. Caminaba descalza por el piso frío del estudio, con esa gracia de bailarina que hacía que cada paso pareciera coreografiado. El pelo suelto le caía por la espalda en ondas perfectas, y cuando vio a Lucas ajustando la cámara principal, le dedicó una sonrisa enorme.
- Che, ¿vos sos el director de esto? - preguntó con esa voz dulce y cantadita, acercándose sin miedo al contacto visual.
Lucas tragó saliva, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello. - Sí, soy Lucas. Un gusto, Juli. Gracias por venir, estamos todos re emocionados con la campaña. -
Ella se rio bajito, inclinando la cabeza. - No, gracias a vos por elegirme. Me encanta esta marca, la lencería es divina. ¿Listos para empezar? -
Lucas asintió rápido, tratando de no mirarle demasiado las piernas que asomaban por la abertura de la bata. - Todo preparado. Vamos a arrancar con el primer set. Si querés, podés sacarte la bata cuando estés cómoda. -
Juli se acercó al centro del set: un fondo blanco infinito con luces suaves que la iban a envolver como un halo. Se paró en el medio, respiró hondo y, con un movimiento lento y natural, se desató el nudo de la bata. La seda negra cayó al piso como una cascada, revelando el primer conjunto: una blusa negra de encaje translúcido que dejaba ver apenas lo suficiente, con tirantes finos que se cruzaban en la espalda, y un shortcito negro ajustado que marcaba sus caderas y su culo perfecto. No llevaba corpiño debajo; los pezones se insinuaban levemente contra la tela fina.
Lucas sintió que la sangre le bajaba directo a la entrepierna. Tuvo que ajustar la cámara para disimular el bulto que ya se le notaba en el pantalón. Juli se acomodó el pelo con las manos, echándolo todo hacia un lado, y miró directo a la lente.
- Dale, cuando quieras - dijo ella, posando con una mano en la cadera y la otra jugando con un mechón de pelo.
Lucas levantó la cámara y empezó a disparar. Click, click, click. Las fotos salían increíbles: Juli moviéndose con naturalidad, girando un poco el torso, arqueando la espalda, sonriendo con picardía. Pero después de unas diez tomas, ella frunció el ceño, divertida.
- Pará un segundo… ¿por qué estás sacando fotos ahora? ¿No se supone que empiezo con el conjunto completo después de posar un rato? -
Lucas bajó la cámara un instante, sonriendo nervioso. - Es para que salgan más orgánicas. Las primeras tomas siempre son las mejores, cuando todavía no estás “posando posando”. Quedan más reales, más tuyas. ¿Te molesta? -
Juli lo miró fijo unos segundos, como evaluándolo, y después soltó una carcajada suave. - No, para nada. Me encanta. Me gusta que sea natural, ¿viste?. Seguí, seguí. -
Volvió a posar, más suelta ahora. Se movía al ritmo de la música que sonaba bajito de fondo. Lucas seguía disparando, acercándose un poco más con cada toma. Podía oler su perfume: algo dulce y floral, mezclado con el olor fresco de su piel recién duchada.
De pronto, Juli se agachó un poco, apoyando las manos en las rodillas, y miró hacia arriba con cara de traviesa.
- ¿Así está bien? - preguntó, mordiéndose apenas el labio inferior.
- Perfecto… quedás increíble - respondió Lucas, la voz un poco más ronca de lo que pretendía.
Ella se rio otra vez, enderezándose despacio. - Gracias, che. Me hacés sonrojar. -
Y entonces, sin aviso, se llevó las manos al botón del shortcito negro. Lo desabrochó con calma, lo bajó por las caderas y lo dejó caer al piso. Quedó solo con la blusa de encaje y una tanga rosa chiquita, de esas que apenas cubren lo esencial. El encaje de la tanga era tan fino que se transparentaba la piel bronceada debajo. Juli dio un pasito para salir del short, lo pateó suave a un costado y volvió a posar: una mano en la nuca, la otra en la cintura, el culo apenas levantado.


Lucas casi deja caer la cámara. Su pija estaba dura como piedra, presionando contra la tela del jean. Disparaba sin parar, zoom en sus curvas, en la forma en que la tanga se metía entre sus nalgas redondas y firmes. Juli lo notaba, claro que lo notaba; cada tanto lo miraba directo a los ojos mientras posaba, como si supiera exactamente el efecto que tenía.
- Che, Lucas… ¿estás bien? Te veo medio tenso - dijo ella de repente, con tono juguetón, mientras se giraba de perfil y arqueaba la espalda.
Él carraspeó, intentando sonar profesional. - Todo bien. Es que… estás saliendo espectacular. Las fotos van a quedar brutales -
Juli sonrió de lado, esa sonrisa que había vuelto locos a medio país en GH. - Gracias, boludo. Me encanta cuando me lo dicen así de directo -
Siguió posando unos minutos más, cambiando de ángulo, sentándose en el piso con las piernas cruzadas, tirándose de espaldas con los brazos arriba. Cada movimiento era una tortura deliciosa para Lucas.
De pronto, Lucas bajó la cámara y carraspeó fuerte para que todos lo oyeran.
- Che, equipo, vamos a hacer un cambio de vestuario. Vayan a buscar el próximo conjunto en el perchero del camarín. El de la bombacha rosa flour y el top a juego. Yo me quedo un segundo con Juli para ajustar unas luces. -
Los asistentes asintieron sin preguntar mucho, era común en sesiones que el director se quede solo con el modelo para "afinar" detalles, y se fueron. El estudio quedó casi vacío de golpe: solo ellos dos, el silencio roto por la música suave y el zumbido de las luces.
Juli se enderezó, cruzando los brazos debajo del pecho, lo que hizo que sus tetas se levantaran un poco más. Miró a Lucas con una ceja arqueada, divertida.
¿Y? ¿Qué poses me sugerís ahora, director? - preguntó, con ese tono juguetón.
Lucas se acercó un paso, intentando sonar casual aunque el corazón le latía en la garganta. - Probá algo más... sensual. Sentate en el piso, piernas abiertas un toque, mano en el pelo. O de espaldas, mirando por encima del hombro. -
Juli sonrió de lado y obedeció sin dudar. Se sentó en el piso blanco, abrió un poco las piernas, lo justo para que la tanga rosa se tensara contra su concha, y echó la cabeza para atrás, dejando que el pelo cayera como una cascada. - ¿Así? - preguntó, mirándolo fijo. - ¿O querés que sea más hot? -
Lucas tragó saliva. Estaba nervioso, se le notaba: las manos le temblaban un poco al ajustar el trípode. - Está... perfecto. Estás divina. -
Ella se rio bajito, notando su nerviosismo. Se puso de pie despacio y se acercó un paso hacia él. - Tranquilo, Lucas. Relajate, che. No muerdo - dijo, tonteando, con esa voz dulce pero cargada de picardía. - Si te ponés así de nervioso, las fotos van a salir borrosas. -
Él se rió nervioso, rascándose la nuca. - Es que... sos vos, boluda. Me ponés nervioso de verdad. Pero si en algún momento te sentís incómoda por algo, decime y les pido a los pibes que salgan del estudio. O que se vayan todos, lo que sea. -
Juli lo miró fijo unos segundos, evaluándolo. Después sonrió con ternura, esa sonrisa de bebota que volvía locos a todos. - Te aviso si pasa, prometido. Por ahora... estoy re cómoda. Me gusta cómo dirigís, ¿sabés? -
Se dio vuelta y caminó hacia donde había dejado la bata de seda negra. La levantó del piso y se la puso sobre los hombros, pero no se la cerró del todo; la dejó abierta por delante, dejando ver la blusa y la tanga. - Vení, ayudame a ponérmela bien - pidió, dándole la espalda.
Lucas se acercó por detrás, el olor de su perfume lo envolvió. Tomó las solapas de la bata con cuidado y la deslizó por sus hombros, rozándole la piel suave de los brazos. Sus dedos temblaron un segundo al tocarla. Juli giró la cabeza apenas, mirándolo por encima del hombro con cara de inocente traviesa. Se mordió el labio inferior despacio, como si estuviera conteniendo una sonrisa, y le guiñó un ojo. - Gracias, lindo - susurró. - Sos un amor. -
Lucas sintió que se le aflojaban las piernas. Quedó paralizado un segundo, con las manos todavía en la bata. Ella se dio vuelta del todo, la bata abierta, el cuerpo casi pegado al de él. - Voy a cambiarme. No te vayas muy lejos, ¿eh? - dijo, y se alejó hacia el camarín con un contoneo deliberado.
Una vez que Juli desapareció detrás de la cortina, Lucas respiró hondo y fue hacia donde estaban los asistentes. Estaban revisando los conjuntos en el perchero.
- Muchachos - les dijo, bajando la voz. - Juli prefiere que haya menos gente en la sesión de ahora en más. Dice que se siente más cómoda así. ¿Se pueden ir? -
Los pibes se miraron entre sí, asintieron sin drama, en el ambiente de moda estas cosas pasaban todo el tiempo, y empezaron a juntar sus cosas. - Dale, Lucas. Cualquier cosa avisás - dijo uno, y se fueron todos, dejando el estudio en un silencio casi absoluto.
Lucas volvió al centro del set, ajustando la cámara para disimular los nervios. Minutos después, la cortina del camarín se abrió y Juli salió caminando despacio. La bata de seda negra estaba abierta de par en par, colgando de sus hombros como una capa. Debajo llevaba el próximo conjunto: una bombacha de lencería rosa flour, alta en la cintura, con transparencias que dejaban ver la piel y el contorno de su concha depilada. En la mano derecha traía una tanga verde limón chiquita, colgando de un dedo como si fuera un trofeo.
Se paró frente a él, la bata abierta, el cuerpo expuesto sin pudor. - ¿Y los otros? ¿Dónde se fueron? - preguntó, inclinando la cabeza con curiosidad.
Lucas mintió sin pestañear, la voz un poco más grave. - Mi jefe los llamó para otro laburo. Quedamos solos vos y yo. ¿Te molesta? -
Juli sonrió lento, esa sonrisa que decía "sé exactamente lo que estás haciendo". Caminó hacia el set, dejando que la bata se abriera más con cada paso. - No, para nada. Me gusta más así... más íntimo. Dale, seguimos. -
Continuaron con la sesión, ahora solos en el estudio. El aire se sentía más pesado, cargado de esa electricidad que ninguno nombraba pero ambos sentían. Juli se paró de espaldas a Lucas, tal como él le había sugerido antes. Apoyó las manos en la pared blanca del fondo infinito, arqueó la espalda y levantó el culo apenas, dejando que la bombacha rosa flour se tensara contra sus nalgas firmes y redondas.

Lucas disparaba fotos desde atrás, zoom en cada curva. No podía evitarlo: su pija estaba dura como nunca, presionando contra el pantalón. Bajó la cámara un segundo y soltó, sin filtro:
- Boluda, tenés un culo impresionante. En serio, es perfecto. Redondo, parado... da ganas de morderlo. -
Juli se rió fuerte, esa risa cantadita y alegre que llenaba todo. Giró la cabeza por encima del hombro, mirándolo con ojos pícaros.
- ¿Ah, sí? Gracias, che. Me lo cuido mucho en el gym y con los ensayos. ¿Te gusta? - preguntó, moviendo las caderas un poquito de lado a lado, como si bailara despacio.
Lucas se acercó un paso más, la voz ronca. - Me encanta. Es una locura. Y esa bombacha... te queda pintada. -
Ella se mordió el labio, aceptando los piropos sin drama, disfrutándolos. - Seguí sacando fotos, director. Pero no te quedes tan lejos... acercate más si querés. -
Lucas obedeció, se puso casi pegado a ella. Disparaba desde ángulos bajos, capturando cómo la tela se hundía entre sus nalgas, cómo sus piernas se tensaban. Juli gemía bajito de risa cada vez que él soltaba un "divina" o "qué tetas, por Dios".
Llegó el momento del cambio de conjunto. Juli se enderezó y fue a tomar la bata del piso, pero Lucas la frenó con una mano suave en la muñeca.
- Pará... no hace falta que te la pongas. Podés cambiarte acá, en el estudio. Total estamos solos, ¿no? Nadie va a ver nada. -
Juli lo miró fijo, notando las intenciones claritas en su cara. Puso una mano en el pecho de él, sintiendo cómo le latía el corazón a mil. - Sé lo que estás tratando de hacer, Lucas - dijo bajito, con esa voz dulce pero cargada. - Querés verme desnuda, ¿no? No pongás excusas. -
Lucas se puso rojo como un tomate, los nervios lo traicionaron. - Eh... yo... perdón si... -
Pero Juli sonrió lento, esa sonrisa de bebota traviesa que volvía loco a cualquiera. - Tranquilo, boludo. Me gusta. Dale, me cambio acá. -
Se puso la bata, pero no la cerró. Con movimientos lentos y deliberados, se bajó la bombacha rosa flour por las caderas. La tela se deslizó por sus muslos tonificados hasta caer al piso. Quedó completamente abajo desnuda por un segundo, la concha depilada y rosada expuesta, los labios hinchados por la excitación que ya se notaba. Lucas se quedó mirando, hipnotizado.
Juli lanzó la bombacha rosa directo a Lucas. La prenda aterrizó en su pecho, tibia y con olor a ella. Mientras tanto Juli se ponía su tanga verde limón que tenía en la mano, levantando su bata y dejando ver su culo.
- Tomá, un regalito - dijo, guiñándole un ojo.
Lucas la agarró sin pensar. El olor lo mareó. Y entonces, sin poder contenerse más, dio un paso adelante, le agarró el culo con las dos manos, firme, suave, caliente, y la empujó contra la pared. Juli soltó un gemido suave, mordiéndose el labio inferior mientras sentía las manos de él apretándole las nalgas.
- Ay, Lucas... - susurró, arqueando la espalda para pegarse más a él.
Él la apretó contra la pared, besándole el cuello, oliéndola. Juli se giró un poco y le agarró la pija por encima del pantalón, sintiendo lo dura que estaba.
- Después de la sesión nos podemos divertir de verdad, ¿sabés? - le dijo al oído, apretando suave. - Pero ahora... seguí sacando fotos. -
Lucas respiró hondo, se separó apenas y volvió a tomar la cámara con manos temblorosas. Juli posaba mas puta que antes.

En un momento mientras posaba, Juli se agachó despacio frente a él, gateando como una gata en celo hasta quedar a la altura de su entrepierna. Le bajó el cierre del pantalón con los dientes, lo abrió y sacó la pija dura, gruesa, palpitante.
- Mirá lo que tenés acá... - murmuró, mirándolo desde abajo con ojos grandes. - Está re dura por mí. -
Sin esperar respuesta, se la metió en la boca. Chupó despacio al principio, lengua alrededor de la cabeza, saboreando. Después más profundo, hasta que la punta le tocó la garganta. Lucas soltó un gemido, agarrándole el pelo con una mano mientras con la otra seguía disparando fotos: Juli de rodillas, la boca llena de su pija, los ojos cerrados de placer.
Él se quedó desnudo de cintura para abajo en segundos, el pantalón y el bóxer en el piso. Juli chupaba con ganas, saliva corriendo por su mentón, gimiendo alrededor de su carne.
Lucas la tomó del pelo con más fuerza, la levantó despacio. La besó con hambre, lengua contra lengua, mientras le manoseaba todo el cuerpo: tetas firmes, cintura fina, culo redondo. Le pellizcó los pezones duros, le metió una mano entre las piernas y sintió lo mojada que estaba.
- Estás empapada, boluda - le dijo contra la boca.
Juli sonrió, jadeando. - Obvio... me ponés re caliente. -
Lucas fue rápido al perchero y trajo el último conjunto: uno de red violeta, transparente, con detalles de encaje que no tapaban casi nada. El cuerpo de Juli ya estaba desnudo, sudoroso y brillante bajo las luces. Ella se limpió la boca con el dorso de la mano, se puso el conjunto rápido, la red se pegaba a su piel húmeda, dejando ver los pezones rosados y la concha hinchada, y volvió a posar como si nada.


- Dale, últimas fotos - dijo, posando de espaldas otra vez, el culo enmarcado por la red violeta. - Después... terminamos lo que empezamos. -
Las últimas fotos del conjunto de red violeta salieron increíbles, pero ya nadie pensaba en la campaña. Juli posaba con el cuerpo pegado a la pared, las manos arriba, el culo levantado, la red transparente dejando ver todo: los pezones duros rosados, la concha hinchada y mojada, el sudor brillando en su piel. Lucas disparaba casi sin mirar el visor, solo quería terminar rápido para pasar a lo que ambos sabían que iba a pasar.
Bajó la cámara de golpe, la dejó en el trípode y caminó hacia ella. Juli se giró, lo miró con esos ojos grandes y pícaros, y se acercó primero. Lo besó con hambre, lengua contra lengua, mordiéndose los labios mutuamente. Ella le chupó la pija otra vez, de rodillas un segundo, saboreando lo que quedaba de su propia saliva y el precum que ya le salía. Lo metió profundo, gimiendo alrededor de la carne gruesa, hasta que Lucas la agarró del pelo y la levantó.
- Vení acá - gruñó él, voz ronca.
La puso contra la pared de nuevo, de frente esta vez. Le levantó una pierna, la apoyó en su cadera y, sin más preámbulos, la penetró de un empujón. Juli soltó un gemido largo, clavándole las uñas en la espalda.
- Ay, sí… así, boludo… fuerte - jadeó, mordiéndose el labio inferior mientras él entraba y salía rápido, profundo.
La cogía contra la pared, los cuerpos chocando con ruido húmedo. Juli le besaba el cuello, le mordía el lóbulo de la oreja, le susurraba cosas al oído: - Te imaginé mil veces después de verte en las fotos… pero esto es mucho mejor. No pares, por favor… -
Lucas la levantó en andas, las piernas de ella alrededor de su cintura, y la llevó hasta el sillón grande que usaban para los descansos. La tiró boca arriba, le abrió las piernas y volvió a entrar, esta vez más lento, disfrutando cada centímetro. Juli arqueaba la espalda, las tetas rebotando con cada embestida, gimiendo sin vergüenza.
- Mirá cómo te la meto… te encanta, ¿no? - le dijo él, pellizcándole un pezón.
- Obvio que me encanta… seguí, más adentro… - respondía ella, apretándolo con las piernas.
Se movieron por todo el estudio: la cogió de perrito sobre el piso blanco, con ella apoyada en el reflector; después contra la mesa de maquillaje, donde Juli se miraba en el espejo mientras él la penetraba por atrás, agarrándole el pelo; en el sillón otra vez, ella arriba cabalgándolo, moviendo las caderas como si bailara, los gemidos llenando el espacio vacío.
En un momento, Lucas agarró la cámara otra vez, sin parar de moverse dentro de ella. - Quiero fotos de esto también - dijo, jadeando. - De vos así, toda mojada y con mi pija adentro. -
Juli se rio entre gemidos, posando para él: boca abierta, lengua afuera, manos en las tetas. Lucas disparaba mientras la embestía, capturando su cara de placer, el sudor, la concha abierta alrededor de su pija.
- Sacame más… quiero verlas después - susurró ella, corriéndose fuerte en ese instante, temblando encima de él, apretándolo con contracciones que lo llevaron al borde.
Lucas no aguantó más. Se salió un segundo antes, se masturbó rápido y se corrió sobre su panza y tetas, chorros calientes que ella esparció con los dedos, mirándolo con cara de bebota satisfecha. Después se agachó, le limpió la pija con la lengua despacio, lamiendo cada gota, chupando suave la cabeza sensible hasta dejarlo limpio.
- Listo… ahora sí quedaste perfecto - dijo, guiñándole un ojo.
Juli se quedó un segundo tirada, respirando agitada, el cuerpo brillante de sudor y semen. Después se levantó despacio, buscó una tanga negra del perchero y se la puso. La tela se pegó a su concha todavía sensible y mojada. Se cubrió con la bata de seda negra, abierta por delante, y caminó hacia el camarín.
- Voy a ducharme, estoy toda pegajosa - dijo con una risita. - ¿Venís o qué? -
Lucas no lo dudó. La siguió. Entraron al baño pequeño del camarín: ducha con mampara de vidrio, agua caliente ya corriendo. Juli se sacó la bata y entró bajo el chorro. El agua le caía por el pelo, por las tetas, por el culo. Se enjabonaba despacio, mirándolo. Lucas aprovechó para sacarle una foto.

Lucas se desnudó rápido y se metió con ella. La abrazó por atrás, la pija ya medio dura otra vez rozándole el culo. Le besó el cuello, le manoseó las tetas con jabón, bajó una mano y le metió dos dedos en la concha todavía hinchada.
- Ay, Lucas… otra vez… - gimió ella, apoyando las manos en la pared.
La penetró de nuevo bajo el agua, lento al principio, después más rápido. Juli gemía contra el vidrio empañado, el agua cayendo sobre ellos. Se corrieron casi al mismo tiempo: ella temblando, él llenándola por dentro con un último empujón profundo.
Salieron de la ducha exhaustos. Se secaron con toallas grandes, riéndose bajito de lo que acababa de pasar. Juli se puso una tanga negra limpia y la bata, nada más. Se sentaron en un sillón viejo que había en un rincón del estudio, ella recostada contra él, las piernas sobre las suyas.
Lucas no dejaba de acariciarle el culo entangado: la mano metida por debajo de la bata, apretando suave las nalgas, pasando el dedo por el hilo de la tanga.
- Che… esto fue… increíble - dijo él, todavía sin aliento.
Ella se mordió el labio, mirándolo con ojos brillantes. - Entonces quedate. Vamos a mi depto. Tengo champagne, música… y un montón de lencería que todavía no usé. -
Y así, con el estudio en silencio, las luces bajas y el olor a sexo todavía en el aire, empezaron a planear la continuación.
Ese jueves por la mañana, la agencia estaba revolucionada. Habían cerrado un contrato bomba: una campaña de lencería para una marca premium que se lanzaba en Argentina. Y la cara principal iba a ser nada menos que Julieta Poggio, que había explotado en popularidad después de Gran Hermano. Lucas no podía creerlo cuando se enteró en la reunión de equipo.
- Che, ¿en serio? ¿Juli Poggio? Esa mina es un fuego - había dicho uno de sus colegas, y Lucas solo había asentido, tratando de disimular su excitación.
Lucas estaba loco por Juli desde que la vio en el reality. La había seguido durante esos meses de encierro en la casa de Gran Hermano. Al principio, le había llamado la atención su look de chica Disney: esa sonrisa eterna, los ojos grandes y expresivos, el pelo largo y ondulado que parecía siempre perfecto. Pero a medida que avanzaba el programa, se había enganchado con su personalidad. Era dulce, sí, pero también picante, estratégica, con una energía que llenaba la pantalla.
Después del reality, la había seguido en Instagram. Cada posteo lo dejaba pensando en ella, imaginando cómo sería tocar esa piel suave, oír su risa de cerca. Más de una noche se había masturbado fantaseando con Juli, con su cuerpo curvilíneo y sus curvas perfectas.
El día de la sesión, Lucas llegó temprano al estudio, un loft amplio en un edificio industrial reconvertido, con fondos blancos, luces profesionales y un área de maquillaje improvisada. El equipo ya estaba armando todo: reflectores, cámaras, fondos temáticos con toques de lujo para la lencería. Lucas revisaba su equipo, ajustando lentes y probando ángulos, pero su mente estaba en otra cosa. Sabía que Juli llegaría alrededor de las once, y el solo pensamiento le aceleraba el pulso.
De repente, desde la ventana que daba a la calle, la vio. Juli Poggio bajaba de un auto negro, con el chofer ayudándola con una valija pequeña. Estaba vestida con una mini falda negra que le llegaba apenas por encima de la mitad del muslo, ajustada lo justo para resaltar sus piernas tonificadas de bailarina. Arriba llevaba una remera blanca simple, metida por dentro, y zapatillas deportivas que le daban un toque casual, pero sexy. Su pelo suelto caía en ondas perfectas, y llevaba gafas de sol grandes que se quitó al entrar al edificio, revelando esa cara de bebota que tanto lo volvía loco. Caminaba con esa confianza natural, charlando por teléfono con alguien, riendo fuerte como si el mundo fuera suyo.

Lucas la miró desde lejos, escondido detrás de una cortina, y sintió cómo su pija empezaba a endurecerse. - La puta madre -, murmuró para sí mismo, ajustándose el pantalón disimuladamente. Fantaseaba con ella en ese mismo instante: imaginaba levantarle esa mini falda, besarle el cuello mientras ella gemía con esa voz ronca que ponía en sus historias de Instagram. Se la imaginaba posando para él solo, quitándose la ropa despacio, mirándolo con esos ojos pícaros.
Juli entró al estudio con su energía habitual, saludando a todos con besos en la mejilla y sonrisas amplias. - ¡Hola, gente! ¿Cómo andan? Estoy re emocionada por esto -, dijo con esa voz alegre. El productor la recibió y la guió directo al camarín que le habían preparado: un espacio privado con espejos iluminados, una silla cómoda y un perchero lleno de conjuntos de lencería. El equipo de maquillaje ya estaba listo, dos chicas y un chico que empezaron a trabajar en ella de inmediato.
- Sentate acá, Juli, vamos a retocarte el makeup para que quede impecable -, le dijo una de las maquilladoras, y Juli se acomodó, charlando animadamente. - Dale, hagan lo que quieran, confío en ustedes. Quiero que salga todo divino -
Mientras tanto, Lucas observaba todo desde el área principal del estudio. Había sido elegido para dirigir la sesión fotográfica porque su jefe confiaba en su visión creativa, pero él lo veía como una oportunidad divina. Estaba dispuesto a todo para estar lo más cerca posible de Juli.
- Si tengo que quedarme solo con ella en el estudio, lo hago -, pensó, sintiendo una mezcla de nervios y excitación. Sabía que tenía que ser profesional, pero su obsesión por ella lo empujaba a límites que no había explorado antes.
Juli salió del camarín después de casi una hora de maquillaje y peinado. El equipo había hecho un trabajo impecable: el rostro luminoso, los ojos delineados sutil que le daba un toque felino, los labios resaltaban su sonrisa natural. Llevaba puesta una bata de seda negra larga, que le llegaba casi a los tobillos, pero se notaba que debajo había algo mínimo. Caminaba descalza por el piso frío del estudio, con esa gracia de bailarina que hacía que cada paso pareciera coreografiado. El pelo suelto le caía por la espalda en ondas perfectas, y cuando vio a Lucas ajustando la cámara principal, le dedicó una sonrisa enorme.
- Che, ¿vos sos el director de esto? - preguntó con esa voz dulce y cantadita, acercándose sin miedo al contacto visual.
Lucas tragó saliva, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello. - Sí, soy Lucas. Un gusto, Juli. Gracias por venir, estamos todos re emocionados con la campaña. -
Ella se rio bajito, inclinando la cabeza. - No, gracias a vos por elegirme. Me encanta esta marca, la lencería es divina. ¿Listos para empezar? -
Lucas asintió rápido, tratando de no mirarle demasiado las piernas que asomaban por la abertura de la bata. - Todo preparado. Vamos a arrancar con el primer set. Si querés, podés sacarte la bata cuando estés cómoda. -
Juli se acercó al centro del set: un fondo blanco infinito con luces suaves que la iban a envolver como un halo. Se paró en el medio, respiró hondo y, con un movimiento lento y natural, se desató el nudo de la bata. La seda negra cayó al piso como una cascada, revelando el primer conjunto: una blusa negra de encaje translúcido que dejaba ver apenas lo suficiente, con tirantes finos que se cruzaban en la espalda, y un shortcito negro ajustado que marcaba sus caderas y su culo perfecto. No llevaba corpiño debajo; los pezones se insinuaban levemente contra la tela fina.
Lucas sintió que la sangre le bajaba directo a la entrepierna. Tuvo que ajustar la cámara para disimular el bulto que ya se le notaba en el pantalón. Juli se acomodó el pelo con las manos, echándolo todo hacia un lado, y miró directo a la lente.
- Dale, cuando quieras - dijo ella, posando con una mano en la cadera y la otra jugando con un mechón de pelo.
Lucas levantó la cámara y empezó a disparar. Click, click, click. Las fotos salían increíbles: Juli moviéndose con naturalidad, girando un poco el torso, arqueando la espalda, sonriendo con picardía. Pero después de unas diez tomas, ella frunció el ceño, divertida.
- Pará un segundo… ¿por qué estás sacando fotos ahora? ¿No se supone que empiezo con el conjunto completo después de posar un rato? -
Lucas bajó la cámara un instante, sonriendo nervioso. - Es para que salgan más orgánicas. Las primeras tomas siempre son las mejores, cuando todavía no estás “posando posando”. Quedan más reales, más tuyas. ¿Te molesta? -
Juli lo miró fijo unos segundos, como evaluándolo, y después soltó una carcajada suave. - No, para nada. Me encanta. Me gusta que sea natural, ¿viste?. Seguí, seguí. -
Volvió a posar, más suelta ahora. Se movía al ritmo de la música que sonaba bajito de fondo. Lucas seguía disparando, acercándose un poco más con cada toma. Podía oler su perfume: algo dulce y floral, mezclado con el olor fresco de su piel recién duchada.
De pronto, Juli se agachó un poco, apoyando las manos en las rodillas, y miró hacia arriba con cara de traviesa.
- ¿Así está bien? - preguntó, mordiéndose apenas el labio inferior.
- Perfecto… quedás increíble - respondió Lucas, la voz un poco más ronca de lo que pretendía.
Ella se rio otra vez, enderezándose despacio. - Gracias, che. Me hacés sonrojar. -
Y entonces, sin aviso, se llevó las manos al botón del shortcito negro. Lo desabrochó con calma, lo bajó por las caderas y lo dejó caer al piso. Quedó solo con la blusa de encaje y una tanga rosa chiquita, de esas que apenas cubren lo esencial. El encaje de la tanga era tan fino que se transparentaba la piel bronceada debajo. Juli dio un pasito para salir del short, lo pateó suave a un costado y volvió a posar: una mano en la nuca, la otra en la cintura, el culo apenas levantado.


Lucas casi deja caer la cámara. Su pija estaba dura como piedra, presionando contra la tela del jean. Disparaba sin parar, zoom en sus curvas, en la forma en que la tanga se metía entre sus nalgas redondas y firmes. Juli lo notaba, claro que lo notaba; cada tanto lo miraba directo a los ojos mientras posaba, como si supiera exactamente el efecto que tenía.
- Che, Lucas… ¿estás bien? Te veo medio tenso - dijo ella de repente, con tono juguetón, mientras se giraba de perfil y arqueaba la espalda.
Él carraspeó, intentando sonar profesional. - Todo bien. Es que… estás saliendo espectacular. Las fotos van a quedar brutales -
Juli sonrió de lado, esa sonrisa que había vuelto locos a medio país en GH. - Gracias, boludo. Me encanta cuando me lo dicen así de directo -
Siguió posando unos minutos más, cambiando de ángulo, sentándose en el piso con las piernas cruzadas, tirándose de espaldas con los brazos arriba. Cada movimiento era una tortura deliciosa para Lucas.
De pronto, Lucas bajó la cámara y carraspeó fuerte para que todos lo oyeran.
- Che, equipo, vamos a hacer un cambio de vestuario. Vayan a buscar el próximo conjunto en el perchero del camarín. El de la bombacha rosa flour y el top a juego. Yo me quedo un segundo con Juli para ajustar unas luces. -
Los asistentes asintieron sin preguntar mucho, era común en sesiones que el director se quede solo con el modelo para "afinar" detalles, y se fueron. El estudio quedó casi vacío de golpe: solo ellos dos, el silencio roto por la música suave y el zumbido de las luces.
Juli se enderezó, cruzando los brazos debajo del pecho, lo que hizo que sus tetas se levantaran un poco más. Miró a Lucas con una ceja arqueada, divertida.
¿Y? ¿Qué poses me sugerís ahora, director? - preguntó, con ese tono juguetón.
Lucas se acercó un paso, intentando sonar casual aunque el corazón le latía en la garganta. - Probá algo más... sensual. Sentate en el piso, piernas abiertas un toque, mano en el pelo. O de espaldas, mirando por encima del hombro. -
Juli sonrió de lado y obedeció sin dudar. Se sentó en el piso blanco, abrió un poco las piernas, lo justo para que la tanga rosa se tensara contra su concha, y echó la cabeza para atrás, dejando que el pelo cayera como una cascada. - ¿Así? - preguntó, mirándolo fijo. - ¿O querés que sea más hot? -
Lucas tragó saliva. Estaba nervioso, se le notaba: las manos le temblaban un poco al ajustar el trípode. - Está... perfecto. Estás divina. -
Ella se rio bajito, notando su nerviosismo. Se puso de pie despacio y se acercó un paso hacia él. - Tranquilo, Lucas. Relajate, che. No muerdo - dijo, tonteando, con esa voz dulce pero cargada de picardía. - Si te ponés así de nervioso, las fotos van a salir borrosas. -
Él se rió nervioso, rascándose la nuca. - Es que... sos vos, boluda. Me ponés nervioso de verdad. Pero si en algún momento te sentís incómoda por algo, decime y les pido a los pibes que salgan del estudio. O que se vayan todos, lo que sea. -
Juli lo miró fijo unos segundos, evaluándolo. Después sonrió con ternura, esa sonrisa de bebota que volvía locos a todos. - Te aviso si pasa, prometido. Por ahora... estoy re cómoda. Me gusta cómo dirigís, ¿sabés? -
Se dio vuelta y caminó hacia donde había dejado la bata de seda negra. La levantó del piso y se la puso sobre los hombros, pero no se la cerró del todo; la dejó abierta por delante, dejando ver la blusa y la tanga. - Vení, ayudame a ponérmela bien - pidió, dándole la espalda.
Lucas se acercó por detrás, el olor de su perfume lo envolvió. Tomó las solapas de la bata con cuidado y la deslizó por sus hombros, rozándole la piel suave de los brazos. Sus dedos temblaron un segundo al tocarla. Juli giró la cabeza apenas, mirándolo por encima del hombro con cara de inocente traviesa. Se mordió el labio inferior despacio, como si estuviera conteniendo una sonrisa, y le guiñó un ojo. - Gracias, lindo - susurró. - Sos un amor. -
Lucas sintió que se le aflojaban las piernas. Quedó paralizado un segundo, con las manos todavía en la bata. Ella se dio vuelta del todo, la bata abierta, el cuerpo casi pegado al de él. - Voy a cambiarme. No te vayas muy lejos, ¿eh? - dijo, y se alejó hacia el camarín con un contoneo deliberado.
Una vez que Juli desapareció detrás de la cortina, Lucas respiró hondo y fue hacia donde estaban los asistentes. Estaban revisando los conjuntos en el perchero.
- Muchachos - les dijo, bajando la voz. - Juli prefiere que haya menos gente en la sesión de ahora en más. Dice que se siente más cómoda así. ¿Se pueden ir? -
Los pibes se miraron entre sí, asintieron sin drama, en el ambiente de moda estas cosas pasaban todo el tiempo, y empezaron a juntar sus cosas. - Dale, Lucas. Cualquier cosa avisás - dijo uno, y se fueron todos, dejando el estudio en un silencio casi absoluto.
Lucas volvió al centro del set, ajustando la cámara para disimular los nervios. Minutos después, la cortina del camarín se abrió y Juli salió caminando despacio. La bata de seda negra estaba abierta de par en par, colgando de sus hombros como una capa. Debajo llevaba el próximo conjunto: una bombacha de lencería rosa flour, alta en la cintura, con transparencias que dejaban ver la piel y el contorno de su concha depilada. En la mano derecha traía una tanga verde limón chiquita, colgando de un dedo como si fuera un trofeo.
Se paró frente a él, la bata abierta, el cuerpo expuesto sin pudor. - ¿Y los otros? ¿Dónde se fueron? - preguntó, inclinando la cabeza con curiosidad.
Lucas mintió sin pestañear, la voz un poco más grave. - Mi jefe los llamó para otro laburo. Quedamos solos vos y yo. ¿Te molesta? -
Juli sonrió lento, esa sonrisa que decía "sé exactamente lo que estás haciendo". Caminó hacia el set, dejando que la bata se abriera más con cada paso. - No, para nada. Me gusta más así... más íntimo. Dale, seguimos. -
Continuaron con la sesión, ahora solos en el estudio. El aire se sentía más pesado, cargado de esa electricidad que ninguno nombraba pero ambos sentían. Juli se paró de espaldas a Lucas, tal como él le había sugerido antes. Apoyó las manos en la pared blanca del fondo infinito, arqueó la espalda y levantó el culo apenas, dejando que la bombacha rosa flour se tensara contra sus nalgas firmes y redondas.

Lucas disparaba fotos desde atrás, zoom en cada curva. No podía evitarlo: su pija estaba dura como nunca, presionando contra el pantalón. Bajó la cámara un segundo y soltó, sin filtro:
- Boluda, tenés un culo impresionante. En serio, es perfecto. Redondo, parado... da ganas de morderlo. -
Juli se rió fuerte, esa risa cantadita y alegre que llenaba todo. Giró la cabeza por encima del hombro, mirándolo con ojos pícaros.
- ¿Ah, sí? Gracias, che. Me lo cuido mucho en el gym y con los ensayos. ¿Te gusta? - preguntó, moviendo las caderas un poquito de lado a lado, como si bailara despacio.
Lucas se acercó un paso más, la voz ronca. - Me encanta. Es una locura. Y esa bombacha... te queda pintada. -
Ella se mordió el labio, aceptando los piropos sin drama, disfrutándolos. - Seguí sacando fotos, director. Pero no te quedes tan lejos... acercate más si querés. -
Lucas obedeció, se puso casi pegado a ella. Disparaba desde ángulos bajos, capturando cómo la tela se hundía entre sus nalgas, cómo sus piernas se tensaban. Juli gemía bajito de risa cada vez que él soltaba un "divina" o "qué tetas, por Dios".
Llegó el momento del cambio de conjunto. Juli se enderezó y fue a tomar la bata del piso, pero Lucas la frenó con una mano suave en la muñeca.
- Pará... no hace falta que te la pongas. Podés cambiarte acá, en el estudio. Total estamos solos, ¿no? Nadie va a ver nada. -
Juli lo miró fijo, notando las intenciones claritas en su cara. Puso una mano en el pecho de él, sintiendo cómo le latía el corazón a mil. - Sé lo que estás tratando de hacer, Lucas - dijo bajito, con esa voz dulce pero cargada. - Querés verme desnuda, ¿no? No pongás excusas. -
Lucas se puso rojo como un tomate, los nervios lo traicionaron. - Eh... yo... perdón si... -
Pero Juli sonrió lento, esa sonrisa de bebota traviesa que volvía loco a cualquiera. - Tranquilo, boludo. Me gusta. Dale, me cambio acá. -
Se puso la bata, pero no la cerró. Con movimientos lentos y deliberados, se bajó la bombacha rosa flour por las caderas. La tela se deslizó por sus muslos tonificados hasta caer al piso. Quedó completamente abajo desnuda por un segundo, la concha depilada y rosada expuesta, los labios hinchados por la excitación que ya se notaba. Lucas se quedó mirando, hipnotizado.
Juli lanzó la bombacha rosa directo a Lucas. La prenda aterrizó en su pecho, tibia y con olor a ella. Mientras tanto Juli se ponía su tanga verde limón que tenía en la mano, levantando su bata y dejando ver su culo.
- Tomá, un regalito - dijo, guiñándole un ojo.
Lucas la agarró sin pensar. El olor lo mareó. Y entonces, sin poder contenerse más, dio un paso adelante, le agarró el culo con las dos manos, firme, suave, caliente, y la empujó contra la pared. Juli soltó un gemido suave, mordiéndose el labio inferior mientras sentía las manos de él apretándole las nalgas.
- Ay, Lucas... - susurró, arqueando la espalda para pegarse más a él.
Él la apretó contra la pared, besándole el cuello, oliéndola. Juli se giró un poco y le agarró la pija por encima del pantalón, sintiendo lo dura que estaba.
- Después de la sesión nos podemos divertir de verdad, ¿sabés? - le dijo al oído, apretando suave. - Pero ahora... seguí sacando fotos. -
Lucas respiró hondo, se separó apenas y volvió a tomar la cámara con manos temblorosas. Juli posaba mas puta que antes.

En un momento mientras posaba, Juli se agachó despacio frente a él, gateando como una gata en celo hasta quedar a la altura de su entrepierna. Le bajó el cierre del pantalón con los dientes, lo abrió y sacó la pija dura, gruesa, palpitante.
- Mirá lo que tenés acá... - murmuró, mirándolo desde abajo con ojos grandes. - Está re dura por mí. -
Sin esperar respuesta, se la metió en la boca. Chupó despacio al principio, lengua alrededor de la cabeza, saboreando. Después más profundo, hasta que la punta le tocó la garganta. Lucas soltó un gemido, agarrándole el pelo con una mano mientras con la otra seguía disparando fotos: Juli de rodillas, la boca llena de su pija, los ojos cerrados de placer.
Él se quedó desnudo de cintura para abajo en segundos, el pantalón y el bóxer en el piso. Juli chupaba con ganas, saliva corriendo por su mentón, gimiendo alrededor de su carne.
Lucas la tomó del pelo con más fuerza, la levantó despacio. La besó con hambre, lengua contra lengua, mientras le manoseaba todo el cuerpo: tetas firmes, cintura fina, culo redondo. Le pellizcó los pezones duros, le metió una mano entre las piernas y sintió lo mojada que estaba.
- Estás empapada, boluda - le dijo contra la boca.
Juli sonrió, jadeando. - Obvio... me ponés re caliente. -
Lucas fue rápido al perchero y trajo el último conjunto: uno de red violeta, transparente, con detalles de encaje que no tapaban casi nada. El cuerpo de Juli ya estaba desnudo, sudoroso y brillante bajo las luces. Ella se limpió la boca con el dorso de la mano, se puso el conjunto rápido, la red se pegaba a su piel húmeda, dejando ver los pezones rosados y la concha hinchada, y volvió a posar como si nada.


- Dale, últimas fotos - dijo, posando de espaldas otra vez, el culo enmarcado por la red violeta. - Después... terminamos lo que empezamos. -
Las últimas fotos del conjunto de red violeta salieron increíbles, pero ya nadie pensaba en la campaña. Juli posaba con el cuerpo pegado a la pared, las manos arriba, el culo levantado, la red transparente dejando ver todo: los pezones duros rosados, la concha hinchada y mojada, el sudor brillando en su piel. Lucas disparaba casi sin mirar el visor, solo quería terminar rápido para pasar a lo que ambos sabían que iba a pasar.
Bajó la cámara de golpe, la dejó en el trípode y caminó hacia ella. Juli se giró, lo miró con esos ojos grandes y pícaros, y se acercó primero. Lo besó con hambre, lengua contra lengua, mordiéndose los labios mutuamente. Ella le chupó la pija otra vez, de rodillas un segundo, saboreando lo que quedaba de su propia saliva y el precum que ya le salía. Lo metió profundo, gimiendo alrededor de la carne gruesa, hasta que Lucas la agarró del pelo y la levantó.
- Vení acá - gruñó él, voz ronca.
La puso contra la pared de nuevo, de frente esta vez. Le levantó una pierna, la apoyó en su cadera y, sin más preámbulos, la penetró de un empujón. Juli soltó un gemido largo, clavándole las uñas en la espalda.
- Ay, sí… así, boludo… fuerte - jadeó, mordiéndose el labio inferior mientras él entraba y salía rápido, profundo.
La cogía contra la pared, los cuerpos chocando con ruido húmedo. Juli le besaba el cuello, le mordía el lóbulo de la oreja, le susurraba cosas al oído: - Te imaginé mil veces después de verte en las fotos… pero esto es mucho mejor. No pares, por favor… -
Lucas la levantó en andas, las piernas de ella alrededor de su cintura, y la llevó hasta el sillón grande que usaban para los descansos. La tiró boca arriba, le abrió las piernas y volvió a entrar, esta vez más lento, disfrutando cada centímetro. Juli arqueaba la espalda, las tetas rebotando con cada embestida, gimiendo sin vergüenza.
- Mirá cómo te la meto… te encanta, ¿no? - le dijo él, pellizcándole un pezón.
- Obvio que me encanta… seguí, más adentro… - respondía ella, apretándolo con las piernas.
Se movieron por todo el estudio: la cogió de perrito sobre el piso blanco, con ella apoyada en el reflector; después contra la mesa de maquillaje, donde Juli se miraba en el espejo mientras él la penetraba por atrás, agarrándole el pelo; en el sillón otra vez, ella arriba cabalgándolo, moviendo las caderas como si bailara, los gemidos llenando el espacio vacío.
En un momento, Lucas agarró la cámara otra vez, sin parar de moverse dentro de ella. - Quiero fotos de esto también - dijo, jadeando. - De vos así, toda mojada y con mi pija adentro. -
Juli se rio entre gemidos, posando para él: boca abierta, lengua afuera, manos en las tetas. Lucas disparaba mientras la embestía, capturando su cara de placer, el sudor, la concha abierta alrededor de su pija.
- Sacame más… quiero verlas después - susurró ella, corriéndose fuerte en ese instante, temblando encima de él, apretándolo con contracciones que lo llevaron al borde.
Lucas no aguantó más. Se salió un segundo antes, se masturbó rápido y se corrió sobre su panza y tetas, chorros calientes que ella esparció con los dedos, mirándolo con cara de bebota satisfecha. Después se agachó, le limpió la pija con la lengua despacio, lamiendo cada gota, chupando suave la cabeza sensible hasta dejarlo limpio.
- Listo… ahora sí quedaste perfecto - dijo, guiñándole un ojo.
Juli se quedó un segundo tirada, respirando agitada, el cuerpo brillante de sudor y semen. Después se levantó despacio, buscó una tanga negra del perchero y se la puso. La tela se pegó a su concha todavía sensible y mojada. Se cubrió con la bata de seda negra, abierta por delante, y caminó hacia el camarín.
- Voy a ducharme, estoy toda pegajosa - dijo con una risita. - ¿Venís o qué? -
Lucas no lo dudó. La siguió. Entraron al baño pequeño del camarín: ducha con mampara de vidrio, agua caliente ya corriendo. Juli se sacó la bata y entró bajo el chorro. El agua le caía por el pelo, por las tetas, por el culo. Se enjabonaba despacio, mirándolo. Lucas aprovechó para sacarle una foto.

Lucas se desnudó rápido y se metió con ella. La abrazó por atrás, la pija ya medio dura otra vez rozándole el culo. Le besó el cuello, le manoseó las tetas con jabón, bajó una mano y le metió dos dedos en la concha todavía hinchada.
- Ay, Lucas… otra vez… - gimió ella, apoyando las manos en la pared.
La penetró de nuevo bajo el agua, lento al principio, después más rápido. Juli gemía contra el vidrio empañado, el agua cayendo sobre ellos. Se corrieron casi al mismo tiempo: ella temblando, él llenándola por dentro con un último empujón profundo.
Salieron de la ducha exhaustos. Se secaron con toallas grandes, riéndose bajito de lo que acababa de pasar. Juli se puso una tanga negra limpia y la bata, nada más. Se sentaron en un sillón viejo que había en un rincón del estudio, ella recostada contra él, las piernas sobre las suyas.
Lucas no dejaba de acariciarle el culo entangado: la mano metida por debajo de la bata, apretando suave las nalgas, pasando el dedo por el hilo de la tanga.
- Che… esto fue… increíble - dijo él, todavía sin aliento.
Ella se mordió el labio, mirándolo con ojos brillantes. - Entonces quedate. Vamos a mi depto. Tengo champagne, música… y un montón de lencería que todavía no usé. -
Y así, con el estudio en silencio, las luces bajas y el olor a sexo todavía en el aire, empezaron a planear la continuación.
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