You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Cuando mi amiga me tocó

Nunca pensé que una noche así iba a sentirse tan natural.

Ella es mi amiga. Trabaja de eso que todos imaginan, pero pocos entienden de verdad. No lo vive con culpa ni con pose; lo vive como un oficio donde el cuerpo escucha antes que hablar. Yo la admiro por eso. Por su calma, por su seguridad.

Esa noche nos quedamos solas en la habitación. La puerta se cerró detrás de nosotras y, de repente, no había clientes ni relojes. Solo nosotras. Dos rubias que, en el trabajo, sabíamos actuar, pero ahora podíamos jugar sin guion. No éramos lesbianas, nunca lo habíamos sido, pero en ese instante no importaba. Era curiosidad, complicidad, un experimento entre amigas.

El primer beso fue torpe, casi ensayado. Como imitando algo que habíamos hecho mil veces para otros. Pero pronto se volvió más lento, más atento, más nuestro. Nos reímos bajito, y eso nos relajó. Las manos empezaron a explorar con cuidado, no por necesidad sino por impulso, por la sensación de proximidad que se volvió eléctrica.

Ella fue la primera. Se inclinó con calma, midiendo cada gesto. Mis ojos se cerraron sin pensar, y mis manos la sostuvieron sin guiarla, solo para prolongar el instante. Fue un toque íntimo, inesperado, que cambió el juego sin palabras.

No pasó mucho antes de que yo devolviera el gesto. Mis manos la abrazaron, mis labios siguieron el ritmo que ella había iniciado. No era un reflejo; era una decisión. Un acuerdo tácito entre nosotras. Ninguna dijo nada, pero la respiración, la calma y la tensión suspendida contaban todo lo que necesitábamos.

Nos tomamos, nos sostuvimos, nos probamos sin prisa. No había urgencia ni intención de llegar a un final. Solo estábamos ahí, dos mujeres jugando, explorando, sintiendo. Cada roce era un pequeño territorio conquistado, cada gesto una promesa silenciosa de que lo que pasaba solo nos pertenecía.

Cuando finalmente nos separamos, nos miramos con esa mezcla rara de sorpresa y calma. No había culpa, ni palabras, solo una sonrisa nerviosa y satisfecha. Habíamos cruzado un límite invisible, uno que no cambiaba quiénes éramos ni lo que hacíamos, pero sí cómo nos veíamos la una a la otra.

Esa noche dormí distinta. No porque hubiera pasado “algo” definido, sino porque entendí que a veces el deseo no necesita escenario, ni público, ni historia. Solo necesita dos cuerpos, dos mentes y la libertad de jugar un rato más.
Cuando mi amiga me tocó
putas en mendoza
rubias
lesbianas hermosas
perras

1 comentarios - Cuando mi amiga me tocó

calenton14
🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥