Me había levantado un sábado por la mañana cerca de las 7:00 hs. Mi familia aún dormía. Fui a prepararme un café con leche. Miré un poco de televisión, y volví a mi cuarto. Traté de volver a dormir pero no pude. No fue casualidad, había tenido una semana muy dura de clases, con varios exámenes y el viernes merendé y me acosté, esperando despertarme para cenar, pero no fue así. Seguí de largo y mi madre no me despertó para dejarme descansar, ella sabía la semana complicada que tuve. Supuse.
Aburrida, entré a navegar por internet, y al final terminé en una página de chat.
Puse de nombre de usuario mi nombre y mi edad. Para mi sorpresa, había varios conectados a esa hora. Y tuve varios chat privados. La mayoría eran hombres maduros. Desde 40 años en adelante.
Fui chateando con varios, por supuesto, todos querían hablar de sexo, y no me negué. En el fondo me gustaba sentirme deseada, por esos hombres que podían ser mi padre o abuelo. Me daba morbo.
Me llenaban de preguntas como por ejemplo:
- Que edad tenés?
- De donde sos?
- A que edad te llenaron la conchita de leche?
- Te hicieron la colita?
- Tragas leche?
- Tu papá te toca?
- Te gustan los de mi edad?
- Estuviste con 2 hombres a la vez?
- Como te gustan las pijas?
- Pasame tu mail que te muestro mi amigo?
- Escuchas a tus padres teniendo sexo?
- Tenes sexo con familiares?
Y muchas mas..........
Fui respondiendo todas las preguntas que me hacían honestamente, algunos se sorprendían, que no me daba pudor hablar de esas cosas.
Me mostraron varias fotos de penes erectos, dormidos, eyaculando, vi de varios tamaños y formas. Con uno que hablé esa mañana se llamaba Roberto. Al principio fue un chat normal, en el sentido, que hablamos de que me gustaba hacer, que materias tenía, si hacía deportes, como era mi familia, donde vivía, me contó sobre el, de que trabajaba, su familia, etc.
Pero el tono fue cambiando, haciendo preguntas más intimas.
Las fui respondiendo y al final me preguntó:
- Me dejas ver tu chepita? La tienes peludita o depiladita?
Traté de evadir la respuesta, con otra pregunta, pero siguió insistiendo y cedí. Me paso su nombre de usuario para conectarnos a través de telegram. Le dije que ya me conectaba y cerré el chat anterior. Estuve por conectarme, pero desistí. Ya eran las 10:15 am. En cualquier momento se iban a despertar mis padres. Y tenía sueño. Me recosté y me quedé dormida.
Mi madre golpeó la puerta de mi cuarto y me dijo que en breve estaba el almuerzo servido en la mesa.
Miré el reloj y eran las 13:27 pm. En la tarde prendí la computadora y entré a chatear con el mismo usuario en la misma página. Había mucha mas gente en el chat. Me entraban cualquier cantidad de mensajes en privado, respondí varios, pero casi siempre las mismas preguntas.
Uno de los chats decía:
- Me dejaste colgado nena. Muero por ver tu conchita.
Me dio vergüenza, que me encontró y que nunca me contacté. No sé porqué le pedí disculpas y le eché la culpa a mi madre que había entrado a mi cuarto, total no sabía que había pasado. Pareció creerme.
- No importa linda mientras me dejes ver tu chepita rica. Escribió.
Roberto, era un hombre que tendría entre 35 y 40 años. Pelo negro corto. Barba. Era delgado, simpático y me gustó lo que vi a través de sus imágenes.
- También le mandé una foto mía y enseguida sin perder tiempo:
- Mostrame la conchita.
A eso entré pensé, y sentía cómo que se lo debía, era una sensación extraña.
Me aseguré que la puerta de mi habitación estaba cerrada y me puse enfrente de la cámara de la computadora, probé que se veía.
Tenía puesto una falda blanca corta. Me bajé el calzón y levanté la falda hacia arriba. Me dio un poco de vergüenza y pudor pero por suerte solo veía mi parte de abajo. Cuando ví la pantalla el comenzó a masturbarse lentamente, diciéndome:
- Te quiero meter la verga hasta el fondo putita, hacerte gritar, dejar toda mi leche adentro tuyo, me dejas bebe?
Yo no decía nada, solo miraba ese miembro, y como su mano se lo jalaba una y otra vez.
- Te gusta perrita, es todo para vos?
Estaba muy excitada, me hubiese gustado tocarme en ese momento, pero por vergüenza no me permití disfrutar el momento.
Roberto gemía de placer mientras me decía cosas sucias:
- Aguantará tu cosita mi verga.
- Esa chucha merece verga día y noche puta hermosa.
- Como te rompería esa chepa por calienta pija.
Dejó de hablar y empezó a masturbarse mas fuerte.
Su leche salió dispara hacia delante. No vi donde cayó, pero fueron 3 o 4 chorros de leche.
Se desplomó en la silla que estaba detrás y aún con su pija en la mano, se siguió tocando mirando a la pantalla fijamente.
- Sintate nena, dijo.
Obedecí, pero sin mirar a la cámara.
- Mirame putita, ya conoces mi verga y no me vas a mirar a la cara.
Lo miré. El miraba fijamente.
- Te quiero ver en persona. Vente a mi oficina. No quiero excusas.
No lo pensé, quizás por la excitación, por experimentar algo nuevo, o porque me lo ordenó y obedecí, que le respondí que sí.
Me vestí rápidamente con una short de jean y un top negro. Pensaba, que locura estoy haciendo? voy a encontrarme con alguien del chat? si es un loco o algo peor? pero no pude detenerme, dejé de pensar racionalmente y seguí para adelante.
El viaje fue largo, pedí un Uber. Su oficina quedaba en el edificio Xima, un edificio de oficinas que queda por Samborondón. Me bajé y caminé, subí por el ascensor hasta la oficina.
Me quedé en la puerta, sin tocar timbre.
No pensé hacerlo, estaba lista para irme, pero sin darme cuenta él abrió la puerta y me hizo pasar. Estaba como atontada, me metí sin pensarlo con un desconocido. Ya dentro de la oficina que era muy grande y estabamos los dos solos. No dijimos nada y él me tomó de la mano y me llevó a un escritorio. Me recostó sobre este. Quedando boca arriba. Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas, desde abajo hasta arriba. Sobre todo en mis muslos, pasó unos minutos acariciando y finalmente pasó su lengua por todos mis muslos. Luego me sacó el botón desabrochando mi short. Me lo sacó y también me sacó el calzón.
Se sacó el pantalón junto con el bóxer. Con su mano derecha agarró su miembro que estaba bien duro, y se empezó a masturbar.
Puso su cara contra mi vagina y su lengua la recorría de arriba a abajo, era una sensación agradable, apenas me movía y respiraba, estaba inmóvil dejándolo que disfrute mi parte íntima.
Su lengua fue a mi clítoris, y sentí una leve presión en mi orificio vaginal. Dos de sus dedos estaban penetrándome, lo hacía con cuidado, sin dejar de lamerme el clítoris.
Cerré mis ojos y disfruté lo que hacía conmigo. Luego sus dedos, tomaron velocidad y me penetraron muy fuerte, mi vagina estaba muy húmeda, mis pezones estaban bien duros.
No podía contenerme y gemía como loca, traté de aguantarme, pero no pude, sentí algo de vergüenza, pero el placer era demasiado y me dejé ir. Mientras mas gemía mas fuerte me penetraban sus dedos.
- Putita hermosa, como te gusta. Dijo.
Ya no sentía vergüenza, lo único que quería era que no pare de darme placer.
Sacó sus dedos, y los volvió a meter, esta vez se sentía mas apretado, me penetraban 3 dedos, Roberto nunca dejó de lamerme la vagina. Luego de eso me tomó por las caderas, y me acomodó al borde del escritorio, dejando mis piernas colgando. Con mi cola sobre la mesa.
Con su miembro en la mano, lo acercó a la entrada de mi vagina y me penetró sin mas, la metió hasta el fondo, me estremeció el cuerpo sentir su miembro entrando tan de golpe, pero no fue doloroso, me había dilatado muy bien mi vagina. Roberto largo unos cuantos gritos de placer, mientras me penetraba violentamente, era tan fuerte que con cada embestida el escritorio desplazaba unos centímetros. Fueron varias penetraciones con mucha velocidad, pero en menos de 1-2 minutos, largo un grito ahogado y se vino dentro mi conchita.
Pude sentir mucho semen. Se sentía muy rico. Se quedó unos cuantos segundo con su miembro adentro de mi vagina.
Cuando la sacó, sentí como gran parte de leche dejaba mi cuerpo y caía sobre el escritorio.
Roberto se lo veía muy agotado, tomando aire. Caminó lentamente a otra habitación y cuando volvió vino con un rollo de servilletas. Tomó unas cuentas y me limpió mi vagina y piernas. Luego se limpió su miembro. Se subió el boxer y pantalón. Me bajé de la mesa. Sin decirnos una palabra fui por mi ropa que la había tirado a unos metros del escritorio.
- Me la dejas? Me preguntó.
- Que cosa?
- Tu calzón, no me la regalas?
- Si, claro. Le contesté.
Tomé mi tanga y se la dí en la mano. La acarició con sus manos y la olió.
Me puse el short. Roberto fue a uno de los escritorios, y sacó un sobre.
- Para tí mi putita hermosa.
- Que es? le pregunté.
- Te lo ganaste.
- No hace falta, no me tienes que dar nada. Dije.
- Insisto. Contestó tajantemente.
- Gracias.
- Estás lista? Preguntó Roberto.
- Si.
- Esperame unos minutos que voy por el auto.
Me quedé sola en la oficina. No pude contenerme y miré el contenido del sobre. Fue una mezcla de sorpresa y alegría.
A los minutos entró Roberto y dejamos la oficina. Me llevó en su carro hasta cerca de mi casa en una esquina. Me dejó a unas 3 cuadras de mi casa. Ya en mi casa, saludé a mi mamá, y fui para mi habitación. Fui a bañarme, que sentía muy pegajosa.. Cené con mi familia, sin dejar de pensar lo fácil que había sido ganar esa plata y encima lo disfruté. Me acosté y me quedé dormida enseguida, no había dormido tan bien en mucho tiempo.
No lo volví a contactar a Roberto, pero ese encuentro despertó algo en mi.
Aburrida, entré a navegar por internet, y al final terminé en una página de chat.
Puse de nombre de usuario mi nombre y mi edad. Para mi sorpresa, había varios conectados a esa hora. Y tuve varios chat privados. La mayoría eran hombres maduros. Desde 40 años en adelante.
Fui chateando con varios, por supuesto, todos querían hablar de sexo, y no me negué. En el fondo me gustaba sentirme deseada, por esos hombres que podían ser mi padre o abuelo. Me daba morbo.
Me llenaban de preguntas como por ejemplo:
- Que edad tenés?
- De donde sos?
- A que edad te llenaron la conchita de leche?
- Te hicieron la colita?
- Tragas leche?
- Tu papá te toca?
- Te gustan los de mi edad?
- Estuviste con 2 hombres a la vez?
- Como te gustan las pijas?
- Pasame tu mail que te muestro mi amigo?
- Escuchas a tus padres teniendo sexo?
- Tenes sexo con familiares?
Y muchas mas..........
Fui respondiendo todas las preguntas que me hacían honestamente, algunos se sorprendían, que no me daba pudor hablar de esas cosas.
Me mostraron varias fotos de penes erectos, dormidos, eyaculando, vi de varios tamaños y formas. Con uno que hablé esa mañana se llamaba Roberto. Al principio fue un chat normal, en el sentido, que hablamos de que me gustaba hacer, que materias tenía, si hacía deportes, como era mi familia, donde vivía, me contó sobre el, de que trabajaba, su familia, etc.
Pero el tono fue cambiando, haciendo preguntas más intimas.
Las fui respondiendo y al final me preguntó:
- Me dejas ver tu chepita? La tienes peludita o depiladita?
Traté de evadir la respuesta, con otra pregunta, pero siguió insistiendo y cedí. Me paso su nombre de usuario para conectarnos a través de telegram. Le dije que ya me conectaba y cerré el chat anterior. Estuve por conectarme, pero desistí. Ya eran las 10:15 am. En cualquier momento se iban a despertar mis padres. Y tenía sueño. Me recosté y me quedé dormida.
Mi madre golpeó la puerta de mi cuarto y me dijo que en breve estaba el almuerzo servido en la mesa.
Miré el reloj y eran las 13:27 pm. En la tarde prendí la computadora y entré a chatear con el mismo usuario en la misma página. Había mucha mas gente en el chat. Me entraban cualquier cantidad de mensajes en privado, respondí varios, pero casi siempre las mismas preguntas.
Uno de los chats decía:
- Me dejaste colgado nena. Muero por ver tu conchita.
Me dio vergüenza, que me encontró y que nunca me contacté. No sé porqué le pedí disculpas y le eché la culpa a mi madre que había entrado a mi cuarto, total no sabía que había pasado. Pareció creerme.
- No importa linda mientras me dejes ver tu chepita rica. Escribió.
Roberto, era un hombre que tendría entre 35 y 40 años. Pelo negro corto. Barba. Era delgado, simpático y me gustó lo que vi a través de sus imágenes.
- También le mandé una foto mía y enseguida sin perder tiempo:
- Mostrame la conchita.
A eso entré pensé, y sentía cómo que se lo debía, era una sensación extraña.
Me aseguré que la puerta de mi habitación estaba cerrada y me puse enfrente de la cámara de la computadora, probé que se veía.
Tenía puesto una falda blanca corta. Me bajé el calzón y levanté la falda hacia arriba. Me dio un poco de vergüenza y pudor pero por suerte solo veía mi parte de abajo. Cuando ví la pantalla el comenzó a masturbarse lentamente, diciéndome:
- Te quiero meter la verga hasta el fondo putita, hacerte gritar, dejar toda mi leche adentro tuyo, me dejas bebe?
Yo no decía nada, solo miraba ese miembro, y como su mano se lo jalaba una y otra vez.
- Te gusta perrita, es todo para vos?
Estaba muy excitada, me hubiese gustado tocarme en ese momento, pero por vergüenza no me permití disfrutar el momento.
Roberto gemía de placer mientras me decía cosas sucias:
- Aguantará tu cosita mi verga.
- Esa chucha merece verga día y noche puta hermosa.
- Como te rompería esa chepa por calienta pija.
Dejó de hablar y empezó a masturbarse mas fuerte.
Su leche salió dispara hacia delante. No vi donde cayó, pero fueron 3 o 4 chorros de leche.
Se desplomó en la silla que estaba detrás y aún con su pija en la mano, se siguió tocando mirando a la pantalla fijamente.
- Sintate nena, dijo.
Obedecí, pero sin mirar a la cámara.
- Mirame putita, ya conoces mi verga y no me vas a mirar a la cara.
Lo miré. El miraba fijamente.
- Te quiero ver en persona. Vente a mi oficina. No quiero excusas.
No lo pensé, quizás por la excitación, por experimentar algo nuevo, o porque me lo ordenó y obedecí, que le respondí que sí.
Me vestí rápidamente con una short de jean y un top negro. Pensaba, que locura estoy haciendo? voy a encontrarme con alguien del chat? si es un loco o algo peor? pero no pude detenerme, dejé de pensar racionalmente y seguí para adelante.
El viaje fue largo, pedí un Uber. Su oficina quedaba en el edificio Xima, un edificio de oficinas que queda por Samborondón. Me bajé y caminé, subí por el ascensor hasta la oficina.
Me quedé en la puerta, sin tocar timbre.
No pensé hacerlo, estaba lista para irme, pero sin darme cuenta él abrió la puerta y me hizo pasar. Estaba como atontada, me metí sin pensarlo con un desconocido. Ya dentro de la oficina que era muy grande y estabamos los dos solos. No dijimos nada y él me tomó de la mano y me llevó a un escritorio. Me recostó sobre este. Quedando boca arriba. Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas, desde abajo hasta arriba. Sobre todo en mis muslos, pasó unos minutos acariciando y finalmente pasó su lengua por todos mis muslos. Luego me sacó el botón desabrochando mi short. Me lo sacó y también me sacó el calzón.
Se sacó el pantalón junto con el bóxer. Con su mano derecha agarró su miembro que estaba bien duro, y se empezó a masturbar.
Puso su cara contra mi vagina y su lengua la recorría de arriba a abajo, era una sensación agradable, apenas me movía y respiraba, estaba inmóvil dejándolo que disfrute mi parte íntima.
Su lengua fue a mi clítoris, y sentí una leve presión en mi orificio vaginal. Dos de sus dedos estaban penetrándome, lo hacía con cuidado, sin dejar de lamerme el clítoris.
Cerré mis ojos y disfruté lo que hacía conmigo. Luego sus dedos, tomaron velocidad y me penetraron muy fuerte, mi vagina estaba muy húmeda, mis pezones estaban bien duros.
No podía contenerme y gemía como loca, traté de aguantarme, pero no pude, sentí algo de vergüenza, pero el placer era demasiado y me dejé ir. Mientras mas gemía mas fuerte me penetraban sus dedos.
- Putita hermosa, como te gusta. Dijo.
Ya no sentía vergüenza, lo único que quería era que no pare de darme placer.
Sacó sus dedos, y los volvió a meter, esta vez se sentía mas apretado, me penetraban 3 dedos, Roberto nunca dejó de lamerme la vagina. Luego de eso me tomó por las caderas, y me acomodó al borde del escritorio, dejando mis piernas colgando. Con mi cola sobre la mesa.
Con su miembro en la mano, lo acercó a la entrada de mi vagina y me penetró sin mas, la metió hasta el fondo, me estremeció el cuerpo sentir su miembro entrando tan de golpe, pero no fue doloroso, me había dilatado muy bien mi vagina. Roberto largo unos cuantos gritos de placer, mientras me penetraba violentamente, era tan fuerte que con cada embestida el escritorio desplazaba unos centímetros. Fueron varias penetraciones con mucha velocidad, pero en menos de 1-2 minutos, largo un grito ahogado y se vino dentro mi conchita.
Pude sentir mucho semen. Se sentía muy rico. Se quedó unos cuantos segundo con su miembro adentro de mi vagina.
Cuando la sacó, sentí como gran parte de leche dejaba mi cuerpo y caía sobre el escritorio.
Roberto se lo veía muy agotado, tomando aire. Caminó lentamente a otra habitación y cuando volvió vino con un rollo de servilletas. Tomó unas cuentas y me limpió mi vagina y piernas. Luego se limpió su miembro. Se subió el boxer y pantalón. Me bajé de la mesa. Sin decirnos una palabra fui por mi ropa que la había tirado a unos metros del escritorio.
- Me la dejas? Me preguntó.
- Que cosa?
- Tu calzón, no me la regalas?
- Si, claro. Le contesté.
Tomé mi tanga y se la dí en la mano. La acarició con sus manos y la olió.
Me puse el short. Roberto fue a uno de los escritorios, y sacó un sobre.
- Para tí mi putita hermosa.
- Que es? le pregunté.
- Te lo ganaste.
- No hace falta, no me tienes que dar nada. Dije.
- Insisto. Contestó tajantemente.
- Gracias.
- Estás lista? Preguntó Roberto.
- Si.
- Esperame unos minutos que voy por el auto.
Me quedé sola en la oficina. No pude contenerme y miré el contenido del sobre. Fue una mezcla de sorpresa y alegría.
A los minutos entró Roberto y dejamos la oficina. Me llevó en su carro hasta cerca de mi casa en una esquina. Me dejó a unas 3 cuadras de mi casa. Ya en mi casa, saludé a mi mamá, y fui para mi habitación. Fui a bañarme, que sentía muy pegajosa.. Cené con mi familia, sin dejar de pensar lo fácil que había sido ganar esa plata y encima lo disfruté. Me acosté y me quedé dormida enseguida, no había dormido tan bien en mucho tiempo.
No lo volví a contactar a Roberto, pero ese encuentro despertó algo en mi.
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