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Lola Indigo visita Argentina

Lola Indigo descendió del avión en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en Buenos Aires, con una sonrisa radiante en el rostro. El viaje desde España había sido largo, pero la emoción de visitar Argentina nuevamente la mantenía llena de energía. El sol del verano brillaba con intensidad, y el aire cálido la envolvió como un abrazo. Llevaba unas gafas de sol grandes, un vestido ligero y su maleta llena de ropa para conciertos y algo de tiempo libre.

- ¡Qué calor hace aquí! -, murmuró para sí misma, ajustándose el pelo. Además de sus conciertos, iba a aprovechar su tiempo para un par de colaboraciones musicales, entre ellas con su amiga Tuli Acosta.

Mientras pasaba por migraciones, su teléfono vibró. Era un mensaje de Tuli - ¡Bienvenida a la Argentina, che! ¿Llegaste bien? Pasá por el hotel y descansá, pero mañana te invito a mi casa para pasar el día. Está re alejada de la ciudad, en las afueras, con una pileta divina para tomar sol y charlar tranqui. ¿Te copa? - Lola respondió rápidamente: - ¡Sí! Me encanta la idea. Mañana nos vemos. Un beso. -

Al día siguiente, Lola se despertó en su hotel del centro de Buenos Aires, con el bullicio de la ciudad filtrándose por la ventana. Tomó un café rápido y se preparó para el día. Tuli la llamó por videollamada: - ¡Hola, Lola! ¿Cómo andás? Mirá, mi casa está en un barrio re piola, a una hora de la ciudad. Venite en taxi o Uber, te mando la ubicación. Vamos a tomar sol, charlar de música y lo que pinte. Traé bikini, que la pileta es lo más. -

Lola, con su acento andaluz marcado, respondió entusiasmada: - ¡Genial, Tuli! Estoy deseando verte. Salgo para allá en un rato. ¿Necesito llevar algo? -

- Nah, no hace falta. Acá tengo todo: protector, tragos, música. ¡Dale que te espero! -, dijo Tuli con esa calidez argentina que Lola tanto admiraba.

Lola llegó a la casa de Tuli alrededor del mediodía. Era una vivienda moderna y espaciosa, rodeada de verde, lejos del ruido porteño. Tuli la recibió en la puerta con un abrazo efusivo, vestida con shorts y una remera suelta. - ¡Bienvenida, boluda! Pasá, pasá. ¿Cómo fue el viaje? ¿Te cansaste mucho? -

- ¡Hola, guapa! El viaje fue eterno, pero valió la pena. Tu casa es preciosa -, respondió Lola, mirando alrededor. La casa tenía un jardín amplio con una pileta cristalina que invitaba a sumergirse.

Se sentaron en el living con unos mates y charlaron de todo un poco: sus carreras, las giras, las colaboraciones soñadas. - Che, ¿y vos cómo estás con el amor? Yo ando soltera, disfrutando la libertad -, preguntó Lola curiosa.

Tuli se puso seria un momento, pero con una sonrisa pícara: - Justo te iba a contar, boluda. Ahora estoy soltera. Terminamos con Mauro hace un mes. Fue heavy, pero estoy re bien sola. Me da libertad para enfocarme en la música y... en lo que surja, ¿viste? ¿Y vos? -

Lola la miró con empatía: - Vaya, lo siento. Pero me alegro de que estés bien. Yo también estoy soltera desde hace tiempo. A veces es lo mejor para recargar pilas y explorar nuevas cosas. ¡Brindemos por eso! -

Levantaron sus mates y rieron, sintiendo una conexión inmediata. - Sí, che, por las solteras y las aventuras que vengan -, agregó Tuli, guiñándole un ojo.

Después de un rato, Tuli propuso: - Dale, vamos a la pileta que el sol está a full. Hace un calor de locos. ¿Te cambiaste ya? -

Lola asintió: - Sí, traigo el bikini debajo del vestido. -

Se dirigieron al jardín. Tuli se quitó los shorts y la remera, quedando en un bikini bordó y blanco ajustado que resaltaba sus curvas tatuadas y su piel bronceada.

Lola Indigo visita Argentina

- ¡Tía, qué bomba! -, exclamó Lola, admirándola sin disimulo.

Tuli se rió: - Vos también, che. Sacate ese vestido que te quiero ver yo ahora -. Lola hizo lo mismo, despojándose del vestido para revelar un mini bikini negro que acentuaba sus pechos firmes y sus caderas contorneadas.

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- ¡Estás tremenda, boluda! Ese negro te queda pintado -, dijo Tuli, recorriéndola con la mirada.

Tuli sacó el protector solar: - Hay que ponerse crema, si no nos quemamos vivas. ¿Querés que te ayude con la espalda? -

- Claro, y yo te ayudo a ti -, respondió Lola, sentándose en una reposera y dándole la espalda.

Tuli untó el protector en la espalda de Lola, masajeando suavemente con movimientos circulares. Sus manos eran firmes pero delicadas, recorriendo la piel suave, bajando hasta la curva de la cintura. - Tenés la piel re suave, Lola. ¿Que usás? Se siente como seda -, murmuró Tuli, prolongando el roce un poco más abajo, cerca del culo.

Lola sintió un escalofrío placentero: - Solo buena genética y crema. Mmm, qué bien lo haces. Sigue un poco más, que me relaja -.Tuli sonrió y apretó un poco más, sus dedos deslizándose por los costados, rozando el borde del bikini. - Listo, ahora date vuelta que te pongo en el pecho, si querés. -

Lola se giró, un poco sonrojada pero excitada: - Vale, pero con cuidado -. Tuli esparció la crema en el escote de Lola, masajeando los pechos por encima del bikini, notando cómo los pezones se endurecían bajo la tela. - Uy, che, se te pusieron duros. ¿Frío o qué? -, bromeó Tuli.

Lola rió nerviosa: - Más bien calor. Ahora tú, date la vuelta -. Lola devolvió el favor, esparciendo el protector en la espalda de Tuli, notando cómo su piel se erizaba levemente al tacto. Bajó las manos hasta su culo, untando con lentitud. - Qué culo más rico tienes, Tuli. Firme y suave -, dijo Lola, apretando ligeramente.

Tuli jadeó bajito: - ¡Boluda, sos re directa! Me encanta. Seguí, que me pone re caliente este masaje -. Lola continuó, deslizando los dedos por los muslos internos, rozando el borde del bikini. - Sí, así, justo ahí -, susurró Tuli, arqueando la espalda.

Se metieron en la pileta, el agua fresca contrastando con el sol ardiente. Flotaron un rato, charlando de anécdotas divertidas de sus shows. - Che, contame de esa vez que te caíste en el escenario en Madrid -, pidió Tuli, salpicándola juguetona.

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Lola rió: - ¡Fue un desastre! Me tropecé con el cable y acabé en el suelo, pero seguí cantando. ¿Y tú, qué me cuentas de tus locuras en Buenos Aires? -

- Uy, boluda, una vez en un after me besé con una fan re linda. Fue espontáneo, ¿viste? La química surge de golpe. ¿A vos te pasó algo así? -

Lola se acercó un poco más, el agua ondulando entre ellas. - Sí, más de una vez. A veces en las giras conoces a alguien y... el deseo explota. Como ahora, que estás tan cerca y hueles tan bien. -

Tuli la miró a los ojos, el ambiente cargándose de tensión. - Sí, como ahora. Estás re cerca, Lola. Me encanta tu acento, me pone... no sé, caliente -. Acercó su rostro, rozando narices.

Lola sintió un cosquilleo: - Tú también me pones, con esa forma de hablar tan directa. Ven aquí, guapa -. Se acercaron más, sus cuerpos rozándose bajo el agua. Tuli pasó una mano por el brazo de Lola: - Qué lindo esto, che. ¿Te molesta si te beso? Porque muero de ganas -.

- No, al contrario. Bésame -, susurró Lola, y sus labios se unieron en un beso suave al principio, que pronto se volvió apasionado. Sus lenguas se entrelazaron, explorando con hambre. Tuli mordisqueó el labio inferior de Lola: - Sos deliciosa, boluda -.

Lola jadeó, presionando su cuerpo contra el de Tuli: - Tú también. Tócame más, por favor -. Tuli deslizó una mano hacia el bikini de Lola, rozando sus pechos, pellizcando un pezón a través de la tela. - Acá, ¿así? Estás re mojada, y no es solo el agua -, dijo Tuli, bajando la mano a la entrepierna, frotando suavemente el clítoris por encima del bikini.

Lola gimió, arqueando las caderas: - Sí, justo ahí. No pares, Tuli. Me estás volviendo loca -. Quitó la parte superior del bikini de Tuli, liberando sus pechos, y los besó, lamiendo los pezones endurecidos. - Qué tetas más perfectas. Quiero chuparlas todo el día -, murmuró Lola.

Tuli suspiró de placer: - ¡Sí, boluda, chupame fuerte! Meté los dedos, dale -. Lola obedeció, bajando la mano al bikini de Tuli, apartando la tela y metiendo dos dedos en su coño húmedo, moviéndolos en círculos. - Estás empapada, guapa. Tan caliente por dentro -, dijo Lola.

Tuli gemía: - ¡Más rápido, Lola! Me vas a hacer venir -. El momento se calentaba, besos profundos y caricias intensas, el agua salpicando alrededor mientras se frotaban mutuamente.

De repente, se oyó una voz masculina desde el jardín: - ¡Tuli! ¿Estás ahí? Vine a traerte el paquete que pediste del delivery. La puerta estaba abierta, che. -

Era Mateo, el vecino de al lado, un tipo alto y atlético, con shorts y remera, que a veces ayudaba con entregas porque Tuli vivía alejada. Entró al jardín y las vio en la pileta, besándose y tocándose con pasión. Se sonrojó pero no pudo apartar la vista: - Perdón, che, no quise interrumpir. Las veo... ocupadas. Me voy ya. -

Tuli, sin separarse del todo de Lola, lo miró con picardía, aún jadeando: - ¡Mateo! No pasa nada, boludo. Justo estábamos... relajándonos. ¿Querés unirte? El agua está divina, y nosotras también -.

Lola, excitada por la situación y la adrenalina, añadió: - Sí, ven. No mordemos... a menos que quieras. Pareces fuerte, y nos vendría bien un poco de ayuda aquí. -

Mateo dudó un segundo, pero la escena era irresistible: dos mujeres hermosas, semidesnudas, invitándolo. - Bueno, si insisten... Me meto. ¿Seguras? -

- ¡Dale, boludo! Sacate la ropa y vení -, insistió Tuli, lamiéndose los labios.

Mateo se quitó la remera, revelando un torso musculoso, luego los shorts, quedando en bóxer que ya marcaba una erección creciente. Saltó a la pileta: - ¡Qué locas que son! Pero me encanta -.

Mateo se acercó, y Tuli lo besó primero, profundo y húmedo: - Vení, boludo, que estás re bueno. Probá mis labios -.

Mateo correspondió, sus manos en la cintura de Tuli, mientras Lola lo atrajo del otro lado: - A mí también dame, guapo -. Besó a Lola, explorando su boca con la lengua, mientras Tuli le bajaba el bóxer bajo el agua, revelando su polla dura y gruesa.

- Mirá esto, Lola. Es para nosotras. Qué pija más linda, dura como una roca -, dijo Tuli, acariciándola con la mano, subiendo y bajando lentamente.

Lola la tocó también, sintiendo el calor y la rigidez: - Qué grande y venosa. Me encanta, Mateo. ¿Te gusta que te toquemos así? -. Mateo gimió: - Sí, chicas, son increíbles. Siguan, me vuelven loco -.

Mateo besaba los pechos de Tuli, chupando sus pezones erectos con avidez. - Sí, así, boludo, mordeme un poco -, jadeó Tuli, guiando su cabeza. Al mismo tiempo, Lola se frotaba contra la pierna de Mateo, sintiendo su muslo firme contra su coño.

Mateo alternaba besos: ahora chupaba los pechos de Lola, lamiendo y succionando. - Tus tetas son perfectas, Lola. Tan firmes -, murmuró. Tuli mientras tanto, se arrodilló un poco en el agua y empezó a lamer la pija de Mateo: - Dejame probarla primero, antes de que se la pongas -.

Lola besó el cuello de Mateo mientras él la penetraba a ella desde atrás, el agua facilitando el deslizamiento. Empujó lento al principio, sintiendo cómo su coño lo apretaba. - ¡Joder, qué rico! Más profundo, Mateo -, exclamó Lola, moviendo las caderas para encontrarse con sus embestidas.

Mateo gruñó: - Estás re apretada, Lola. Me encanta cogerte así -. Sacó y entró en Tuli, quien estaba de espaldas contra el borde de la pileta. - ¡Garchame más fuerte, che! Estoy re caliente, llename -, gemía Tuli, clavando las uñas en sus hombros.

Mateo alternaba entre ellas, cogiéndolas por turnos: unos minutos en Lola, sintiendo sus paredes contraerse, después en Tuli, quien gritaba de placer. - ¡Sí, boludo, dame todo! Mirá cómo me abrís -, decía Tuli.

Mientras, las chicas se besaban apasionadamente, tocándose los clítoris mutuamente. - Tocame el culo, Mateo -, pidió Tuli, y él obedeció, metiendo un dedo en su ano mientras la embestía por delante, el agua chapoteando.

Lola, no queriendo quedarse atrás, guió la mano de Mateo a su culo: - A mí también, guapo. Meté un dedo mientras me follas -. Mateo lo hizo, penetrandola con su pija y dedo, haciendo que Lola gimiera alto: - ¡Dios, sí! Me vas a hacer correrme -.

Tuli se frotaba el clítoris furiosamente: - Yo también, boluda. Vamos juntas -. El trío alcanzó el clímax en oleadas: Lola se corrió primero, temblando alrededor de la pija de Mateo. - ¡Me corro, joder! -, gritó. Luego Tuli, apretando fuerte: - ¡Sí, che, exploté! - Mateo eyaculó dentro de Tuli, gruñendo: - ¡Tomá mi leche, boluda! -, luego sacó y terminó en Lola, montándolo ella ahora, salpicando semen en el agua.

Agotados, flotaron un rato, riendo y besándose suavemente. - Fue increíble, chicas -, dijo Mateo, jadeando.

Antes de que Mateo se fuera, Tuli dijo: - Esperá, boludo. No te vayas sin un regalito final. Queremos más de esa pija -. Ambas se arrodillaron en el borde de la pileta, el agua goteando de sus cuerpos desnudos, pechos expuestos y rostros sonrojados.

Lola miró a Mateo con ojos lujuriosos: - Ven aquí, guapo. Déjanos chupártela bien -. Tuli empezó, lamiendo el glande aún sensible, succionando la punta: - Qué rica pija tenés, boludo. Todavía tiene sabor a nosotras -. Lola se unió, lamiendo el tronco desde la base, subiendo hasta encontrarse con la lengua de Tuli en la cabeza. - Mmm, compartámosla, Tuli. Chupa conmigo -, dijo Lola.

Turnándose, chupaban profundas: Tuli la metía entera en la boca, gargantas profundas, salivando. - ¡Sí, boluda, mirá cómo la trago! -, gemía. Lola lamía los huevos, succionándolos uno a uno: - Qué bolas llenas. Quiero todo tu semen -.

Mateo gruñía, sosteniendo sus cabezas: - Chicas, no paren. Me la chupan como diosas -. Aceleraron, lenguas danzando juntas alrededor de la pija, besándose con ella en medio. - Tocame los huevos mientras, Lola -, pidió Mateo.

Lola obedeció, masajeando mientras Tuli succionaba fuerte. Finalmente, Mateo explotó, semen caliente salpicando sus rostros, bocas abiertas, pechos y cabello. - ¡Tomen, boludas! Toda mi leche para ustedes! -, exclamó, chorros gruesos cubriéndolas.

Llenas de semen, con gotas resbalando por sus mejillas y tetas, Tuli y Lola se besaron apasionadamente, mezclando el sabor salado en sus bocas, lenguas entrelazadas, lamiéndose el semen mutuamente. - Sos lo más, Lola. Qué beso más sucio y rico -, murmuró Tuli, tragando un poco.

- Tú también, guapa. Me encanta compartir esto contigo -, respondió Lola, sonriendo, limpiándose una gota del labio.

Mateo se vistió y se fue, dejando a las dos solas, exhaustas pero satisfechas, bajo el sol argentino, abrazadas en la pileta.

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