Al día siguiente en el gym, la frustración del antro y el patrullero era palpable. Nos cruzamos miradas desde que entré: ella en la zona de glúteos, haciendo hip thrust con ese short negro pegado, culo subiendo y bajando como si me estuviera provocando directamente. Cada repetición era una invitación silenciosa. Yo en pecho, pero incapaz de concentrarme —solo veía sus tetas rebotando con cada movimiento, el top sudado marcando pezones duros.Al final de la sesión, cuando el gym ya estaba casi vacío (pasadas las 10 pm, solo quedábamos unos pocos rezagados), ella me mandó un DM rápido:Dulce: “Ven al baño de mujeres. Está vacío. No aguanto más.”Entré sin pensarlo dos veces. El baño era pequeño, con vapor de las duchas recientes, olor a jabón y sudor mezclado. Ella ya estaba ahí, bajo el chorro de agua caliente de la ducha abierta (la cortina corrida a medias), bikini amarillo que se había puesto “para refrescarse después del entreno”.El agua caía en chorros gruesos por su cuerpo: resbalaba por sus tetas operadas, empapando la tela del top triangular que apenas contenía esos pechos grandes y pesados, pezones oscuros y duros marcándose claritos a través del bikini mojado. El agua seguía bajando por su abdomen definido, desapareciendo en el elástico del panty, y luego corriendo por sus muslos gruesos y tonificados hasta gotear al piso. Su pelo negro estaba pegado a la espalda y los hombros, brillando bajo la luz tenue del baño.Me miró con ojos de fiera, mordiéndose el labio inferior, y dijo bajito pero firme:—Ven… tócame. Llevo todo el día mojada pensando en cómo me agarraste anoche en el antro y en el carro.Me acerqué rápido, la empujé suavemente contra la pared de azulejos fríos (el contraste con el agua caliente la hizo jadear), y la besé con hambre. Lengua profunda, mordidas suaves en los labios, mientras mis manos subían directo a sus tetas. Las apreté fuerte por encima del bikini, sintiendo cómo se desbordaban entre mis dedos, pezones duros rozando mis palmas. Ella gimió contra mi boca:—Apriétamelas más… me encanta cuando me las agarras como si fueran tuyas. Chúpamelas, Dominic… quiero sentir tu boca en mis tetas mojadas.Le bajé el top de un tirón, las tetas rebotaron libres, pesadas y brillantes por el agua. Me arrodillé un poco y las devoré: chupé un pezón fuerte, lengua girando alrededor, mordí suave mientras con la otra mano amasaba el otro pecho, pellizcando el pezón hasta hacerla jadear. Ella me agarró del pelo, empujando mi cabeza contra sus tetas:—Así… chúpamelas duro. Se me ponen tan sensibles cuando están mojadas…Bajé la mano por su abdomen definido, metiendo dedos bajo el panty amarillo empapado. Estaba chorreando: coño caliente, hinchado, clítoris duro como botón. Deslicé dos dedos dentro de ella, bombeando lento pero profundo, pulgar en círculos sobre el clítoris mientras el agua seguía cayendo por su cuerpo.Ella temblaba, piernas separadas, apoyada en la pared:—Métemelos más profundo… fóllame con los dedos como si fuera tu verga. Quiero sentir cómo me abres…Aceleré el ritmo, dedos curvados golpeando ese punto dentro de ella que la hacía gemir más alto. Con la otra mano le pellizcaba los pezones, alternando chupadas fuertes. Ella me agarró la verga por encima del short, desabrochándome y masturbándome con mano resbaladiza por el agua y el jabón:—Estás tan grueso… me encanta sentirte así de duro por mí.Me masturbó con ritmo firme, apretando la base y girando la mano en la punta, mientras yo seguía metiéndole dedos. El agua caía sobre nosotros, mezclándose con su humedad y mi precúmulo. Ella empezó a temblar más fuerte, su coño apretándome los dedos en pulsos rápidos.—Sigue… me voy a correr… no pares…Se corrió temblando, piernas débiles, gemido ahogado contra mi hombro, coño convulsionando alrededor de mis dedos. Al mismo tiempo, su mano me apretó más fuerte y me masturbó rápido hasta que no aguanté más. Exploté en chorros calientes que cayeron sobre su muslo y mano, mezclándose con el agua que seguía corriendo.Nos quedamos unos segundos abrazados bajo el chorro, respirando agitados, sin decir nada. Ella me dio un beso suave en la comisura de los labios, todavía temblando un poco, y susurró:—Joder… necesitaba esto.Se separó despacio, se acomodó el bikini y el top mojado, y me miró con una sonrisa cansada pero satisfecha.—Nos vemos mañana en el gym… y quién sabe qué pase después.Se metió de nuevo bajo el chorro para enjuagarse rápido, me dio una última mirada pícara y salió del baño. Yo me quedé un momento más, todavía con la respiración acelerada, el cuerpo relajado pero con la cabeza llena de ella.Me vestí, salí del baño y me fui a mi casa en silencio. Esa noche dormí con la imagen de su cuerpo mojado y el recuerdo de su mano apretándome grabado en la mente. La promesa seguía en el aire… pero ahora sabíamos que tarde o temprano iba a explotar.
Después de salir del baño del gym, cada quien se fue por su lado. Yo todavía sentía el sabor de sus tetas mojadas en la boca, el calor de su coño apretándome los dedos y el chorro caliente de mi corrida cayendo sobre sus muslos. Ella se despidió con una mirada que decía “esto apenas empieza” y se fue a su casa. Yo manejé con la verga medio dura todo el camino, la cabeza llena de ella. Esa misma noche, pasadas las 11:30 pm, me llegó el primer mensaje. Estaba recostado en la cama, todavía con la adrenalina del baño, cuando vibró el celular:
Dulce: “Llegué a casa… y sigo temblando un poco jajaja. Todavía siento tus dedos dentro de mí y cómo te corriste en mi mano. ¿Tú también llegaste caliente?”Yo: “Joder, sí. Me vine pensando en tu coño apretándome y en cómo gemías cuando te chupaba las tetas. Todavía tengo el sabor de tu piel en la boca. ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo ahora?”Dulce: “Me metí a la ducha otra vez para quitarme el cloro del gym… pero la verdad no me estoy enfriando jajaja. Sigo mojada pensando en cómo me tocaste. Me dieron ganas de seguir lo que empezamos… pero ya en mi cama.” Yo: “Madre mía… me imagino el agua cayendo por tus tetas otra vez. Si estuviera ahí te las estaría chupando mientras te meto los dedos de nuevo. ¿Te gustaría?”Dulce: “Uy sí… me encantaría. Pero esta vez sin que nadie nos interrumpa. Quiero sentir tu verga dura contra mí, que me agarres el culo mientras me besas el cuello… y después que me la metas despacito hasta el fondo.”Yo: “Eso suena perfecto. Me muero por abrirte las piernas y entrar lento, sintiendo cómo te abres alrededor de mí. Quiero escucharte gemir mi nombre mientras te doy duro.”Dulce: “Mmm… me estás poniendo más caliente. Me estoy tocando ahorita pensando en eso. Quiero montarte, moverme rico encima de ti, que me agarres las tetas mientras subo y bajo… y que me digas lo apretada que estoy.”Yo: “Joder, Dulce… me tienes duro otra vez solo de leerte. Quiero verte montándome, tu culo rebotando, tus tetas en mi cara. Quiero aguantar hasta que no pueda más y correrme dentro de ti.”Dulce: “Eso quiero… que me llenes toda. Pero primero quiero que me hagas venir con la boca… que me chupes el clítoris mientras me metes los dedos. Después te monto y te hago venirte como nunca.”Yo: “Cuando quieras, reina. Dime cuándo y dónde y voy directo.”Dulce: “Jajaja paciencia… pronto. Mientras, te dejo unas fotos para que no te duermas sin pensar en mí”Y me llegaron las dos fotos:La primera: ella recostada en la cama, en un ángulo desde arriba, con un conjunto rojo diminuto. El top apenas contenía sus tetas grandes y firmes, el abdomen marcado brillando bajo la luz tenue de su cuarto, y el panty rojo subido dejando ver la curva de sus caderas y muslos gruesos. Pelo suelto desordenado, una mano levantando el top un poco para mostrar más escote, sonrisa pícara y mirada directa a la cámara.
La segunda: de pie frente al espejo de su habitación, girada de lado para mostrar el perfil completo. Top rojo ajustado marcando sus tetas, cintura estrecha y caderas anchas, panty rojo metido entre sus glúteos redondos y altos, dejando ver el tatuaje en el cachete del culo. Una mano en la cintura, la otra sosteniendo el celular, culo levantado y piernas ligeramente separadas. Todo el cuerpo brillando con esa piel morena suave que ya me tenía obsesionado.
“Para que no te duermas sin pensar en mí… ¿te gusta lo que ves? Dime qué me harías si estuvieras aquí ahora mismo.”Le respondí casi al instante:Yo: “Estás para comerte entera… esas tetas desbordando, ese culo perfecto, esas piernas gruesas. Me dan ganas de ir ahorita mismo a arrancarte ese conjunto y follarte toda la noche. Mañana en el gym no me voy a poder concentrar pensando en esto.”Dulce: “Jajaja ese es el plan, mañoso. Que llegues mañana con la verga dura y con ganas acumuladas. Duérmete pensando en mí… porque yo voy a dormir tocándome con estas fotos tuyas en la mente”Y así terminó la noche: cada quien en su casa, calientes, frustrados pero con la promesa de que pronto no habría marcha atrás.
Pasaron unos días desde el baño del gym. Seguíamos cruzándonos en el entreno, con miradas que quemaban y roces que nos dejaban con ganas de más, pero ninguno de los dos quería apresurar el momento. Hasta que llegó el viernes por la tarde.Me escribió:Dulce: “Oye mañoso… estoy en casa de una amiga con unas cuantas más, tomando unas cervezas y platicando. La neta está tranquilo, pero me estoy aburriendo un poco jajaja. ¿Te animas a caer? Nada fancy, solo convivir un rato… y quién sabe” acompañado de estas fotitos
Yo: “Jaja claro que sí. Mándame la dirección y voy para allá en un rato.”Me mandó la ubicación: una casa en un fraccionamiento tranquilo, no muy lejos. Llegué pasadas las 8 pm. Me abrió la puerta una de las amigas, pero Dulce estaba justo detrás, con una sonrisa enorme. Traía jeans ajustados que marcaban sus caderas y culo de infarto, una blusa escotada negra que dejaba ver justo el inicio de sus tetas operadas, pelo suelto y ese maquillaje ligero que la hacía verse irresistible.—Qué bueno que viniste —me dijo abrazándome un segundo más de lo normal, sus tetas apretándose contra mi pecho.Entré y me presentaron con las otras 3 amigas. Todo muy normal: cervezas en la mesa de la sala, botanas, música suave de fondo, plática de trabajo, chismes, risas. Yo me senté en el sillón, Dulce se sentó a mi lado, “casualmente” cerca. Las amigas eran buena onda, pero desde el principio se notaba que entre Dulce y yo había algo diferente: ella me rozaba la pierna por debajo de la mesa cuando nadie veía, me miraba fijo cuando las demás platicaban, y en un momento que se levantó por más cerveza, me pasó por detrás y me susurró al oído:—No sabes las ganas que tengo de que nos quedemos solos…Pasaron un par de horas así: cervezas, risas, anécdotas. Las amigas empezaron a despedirse una por una (una tenía que trabajar temprano, otra dijo que ya estaba cansada). Al final quedamos solo Dulce, yo y la amiga dueña de la casa… pero ella también dijo que ya se iba a dormir.—Ay, yo me retiro, estoy muerta —dijo la amiga—. Dulce, tú quédate lo que quieras, ya sabes dónde está todo. Y tú (mirándome), cuídala, ¿eh? —rió guiñándome un ojo.Se metió a su cuarto y cerró la puerta. Quedamos solos en la sala.Dulce se giró hacia mí, se acercó despacio y se sentó a horcajadas sobre mis piernas, cara a cara.—Hasta que por fin nos quedamos solos… llevaba toda la noche mojada pensando en esto —susurró, rozando sus labios contra los míos.Nos besamos con hambre: lengua profunda, mordidas suaves, manos por todos lados. Ella empezó a mover las caderas despacio, frotándose contra mi verga ya dura por encima del pantalón. Yo le metí las manos por debajo de la blusa, acariciándole la cintura y subiendo hasta agarrarle las tetas por encima del brasier.—Estás tan duro… me encanta sentirte así por mí —dijo jadeando.Le desabroché los jeans y metí la mano dentro. No traía panties. Estaba empapada. Deslicé dos dedos despacio, sintiendo cómo se abría para mí. Ella gimió contra mi boca:—Sigue… tócame… quiero correrme antes de irnos a mi casa.La masturbé mientras ella me desabrochaba el pantalón y me agarraba la verga, masturbándome con la mano apretada. Nos tocamos mutuamente, jadeando, besándonos sin parar, hasta que ella tembló fuerte y se corrió en mi mano, coño pulsando alrededor de mis dedos.Se levantó, se acomodó la ropa y me dijo con voz ronca:—Vámonos a mi casa… aquí ya no aguanto. Quiero que me folles toda la noche.Salimos de la casa de su amiga. En el carro, la tensión era brutal. Ella puso su mano en mi muslo todo el camino, subiendo despacio hasta rozarme la verga. Yo le metí la mano por dentro de los jeans otra vez, tocándola mientras manejaba. El vidrio se empañó, los gemidos llenaron el carro.Llegamos a su depa en menos de 15 minutos. Apenas abrió la puerta y entramos, cerramos con llave y…Y justo ahí, en la entrada de su casa, empezamos…
Apenas cerramos la puerta con llave, ella me empujó contra la pared, besándome con una hambre que me dejó sin aliento. Su lengua exploraba mi boca profunda, mordidas suaves en los labios que me ponían la piel de gallina. Sus manos bajaron rápido por mi playera, quitándomela de un tirón, mientras yo le desabrochaba los jeans y le bajaba la blusa. No traía brasier, sus tetas operadas rebotaron libres, pesadas y firmes, pezones oscuros ya duros como piedras. Las agarré fuerte, sintiendo lo suaves y calientes que estaban, y ella gimió contra mi boca, jadeando: “Joder, Dominic… apriétamelas así… qué rico se siente cuando me las agarras como si fueran tuyas. Sigue… quiero más”.La cargué como si nada, gracias al gym, y la llevé a la cama tropezando por el pasillo. La tiré boca arriba y me arrodillé entre sus piernas. Le quité los jeans y el panty de un jalón, su coño ya empapado, hinchado y listo. Bajé la cabeza y empecé a chuparla despacio: lengua lamiendo de abajo hacia arriba, girando en el clítoris duro, succionando suave mientras metía dos dedos dentro de ella. Estaba chorreando, el sabor dulce y salado me volvía loco. Ella me agarró del pelo, empujando mi cabeza más contra su coño, gemidos saliendo de su garganta como ronroneos profundos: “Mmm… así… chúpame más duro… qué rico, Dominic, me estás volviendo loca… no pares, dame más lengua en el clítoris… sí, sí… me voy a correr”.Aceleré: lengua rápida en el clítoris, dedos bombeando profundo, curvados golpeando ese punto dentro de ella que la hacía arquear la espalda. Sus gemidos se volvieron más altos, entrecortados, cuerpo temblando: “Ah… joder… qué rico… dame más dedos… me vas a hacer correrme… sí, así… ¡me vengo, Dominic!”. Se corrió fuerte, coño pulsando alrededor de mis dedos, jugo resbalando por mi barbilla, gritando mi nombre mientras su cuerpo convulsionaba, piernas temblando y jadeos saliendo sin control: “¡Qué rico… no pares… dame más!”.Pero ella no era de las que se quedan quietas. Me volteó con una fuerza sorprendente (bendito entreno), me empujó boca arriba y se sentó a horcajadas sobre mi pecho. Me miró con ojos de fiera, mordiéndose el labio, y dijo ronca:—Ahora me toca a mí… voy a hacer que aguantes hasta que no puedas más.Me bajó el pantalón y el bóxer, mi verga dura saltó libre. Cuando la vio, soltó un gemido bajo: “Madre mía… tan larga y gruesa… me encanta cómo palpita por mí”. La agarró con las dos manos, una en la base apretando firme, la otra girando en la punta. Empezó a chuparla despacio pero profundo: labios estirados alrededor de mi grosor, lengua presionando la vena de abajo, bajando hasta la garganta sin gag. Saliva resbalando por mis bolas, gemidos vibrando contra mi piel, ojos fijos en mí mientras me tragaba toda: “Mmm… qué rico sabe tu verga… tan gruesa que me llena la boca… dame más, quiero tragármela toda… sí, así… me pone caliente chuparte”.Resistí con todo: mordiéndome el labio hasta casi sangrar, apretando los músculos del piso pélvico, pensando en cualquier cosa fría para no explotar en su boca. Pero su chupada era asesina: succionaba fuerte, lamía la vena gruesa, jugaba con la punta con lengua plana y volvía a tragarla hasta el fondo. Gemía con mi verga adentro: “Estás tan grueso que me cuesta respirar… pero qué rico… dame más, quiero sentirte explotar en mi garganta”.Se subió encima, se la metió despacio, bajando hasta el fondo con un gemido largo: “Ah… joder… qué rico se siente adentro… me llena toda”. Su coño caliente y apretado me envolvió como un guante mojado. Empezó a moverse rico, lento al principio, subiendo y bajando con las caderas girando en cada descenso, tetas rebotando hipnóticas frente a mi cara: “Mira cómo me las meneo para ti… chúpamelas mientras te follo… qué rico, Dominic, dame tu boca en mis tetas”. Le chupé los pezones duros, mordiendo suave mientras ella aceleraba, cabalgando más rápido, golpeando sus glúteos contra mis muslos: “Sí… así… qué rico me das… me vengo otra vez… ¡dame más verga!”.Cambió el ritmo de repente, inclinándose hacia atrás y apoyando las manos en mis rodillas para un movimiento buenísimo, diferente: caderas ondeando como una ola, frotando su clítoris hinchado contra la base de mi verga mientras subía y bajaba en un ángulo que me hacía sentir cada pared de su coño apretándome. Era exquisito, casi doloroso de lo intenso: “Este es mi truco favorito… te va a hacer venirte como loco… siente cómo giro las caderas… qué rico, ¿verdad? Aguanta, no te vengas aún… dame más, quiero follarte toda la noche”. Resistí contando en mi cabeza, respirando hondo, apretando los dientes para no correrme: “Ah… joder… qué rico mueves… dame más de eso… sí, así… me estás matando”.Ella notó mi esfuerzo y se rió ronca, cambiando a otra posición sin sacar mi verga: se volteó de espaldas encima de mí, en reversa cowgirl, culo perfecto a la vista rebotando mientras se movía arriba y abajo, manos en mis muslos para equilibrarse y girar las caderas en espirales. “Mira mi culo… agárralo, nalgueame mientras te cabalgo… qué rico se siente tu verga adentro… sí… nalgueame más fuerte, apriétame el culo… me encanta cuando me tratas como tu puta… dame más, no pares”. Le nalgueé rojo, agarrando esos glúteos altos y duros, sintiendo cómo se apretaban con cada movimiento. Ella gemía más alto: “Ah… sí… qué rico… me vengo… dame más verga… ¡me corro otra vez!”. Se corrió temblando, coño apretándome como vicio en pulsos fuertes, jugo resbalando por mis bolas.Pero no paró. Me volteó, poniéndome encima en misionero, piernas abiertas al máximo: “Ahora fóllame tú… dame con todo, rómpeme el coño como si me odiaras… qué rico, Dominic, métemela hasta el fondo”. Le di durísimo: embestidas profundas y rápidas, agarrando sus tetas y pellizcando pezones, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mí con cada empujón. Ella empujaba las caderas hacia arriba para encontrarme, gemidos saliendo sin control: “Más duro… sí, así, cabrón, haz que mis tetas reboten con cada follada… me encanta cuando me das como animal… dame más, no pares… qué rico… me vengo otra vez”.Cambiamos a en cuatro: ella arqueó la espalda como gata en celo, culo alto y redondo invitando, tetas colgando pesadas. Le di desde atrás, nalgueándola rojo, agarrando sus glúteos para embestir más profundo, el ruido de carne contra carne llenando el cuarto. “Sí… nalgueame más fuerte, apriétame el culo… méteme un dedo en el culo mientras me das… qué rico, Dominic, dame más… me estás rompiendo… ¡sí, me vengo!”. Le metí un dedo lubricado con su jugo, moviéndolo al ritmo de las embestidas, y ella se corrió por segunda vez: temblando, gritando, coño convulsionando alrededor de mi verga y dedo: “Ah… joder… qué rico… dame más… no pares… me matas de placer”.Para alargar, ella me puso sentado en el borde de la cama, se montó de frente y empezó a moverse en un ritmo nuevo, lento y profundo: subiendo hasta la punta y bajando de golpe, girando las caderas en el fondo para frotar su clítoris contra mí. “Siente cómo te aprieto… voy a hacer que aguantes hasta que explotes dentro… mira mis tetas en tu cara, chúpamelas mientras te follo… qué rico, dame tu boca… sí, muerde más fuerte… me vengo otra vez”. Le chupé los pezones, manos en su culo guiando el movimiento, resistiendo el orgasmo que subía como lava: apretando los dientes, pausando la respiración, pensando en cualquier cosa para durar. Era largo, agotador, nuestros cuerpos sudados resbalando uno contra el otro, el cuarto lleno de gemidos y el sonido de carne contra carne: “Ah… sí… qué rico mueves… dame más de eso… me estás matando… dame más cadera… sí, así”.Finalmente, ella se corrió por tercera vez en misionero invertido, piernas alrededor de mi cintura apretando fuerte, gemidos saliendo como gritos: “Córrete ahora… lléname toda… quiero tu leche caliente dentro de mí, explotando profundo… dame más… ¡sí, me vengo contigo!”. No pude más: exploté con un gruñido animal, llenándola en chorros fuertes mientras su coño me ordeñaba hasta la última gota, temblando juntos en un orgasmo eterno, ella jadeando: “Qué rico… me llenaste toda… sí, dame más leche”.Nos quedamos abrazados, exhaustos, sudados, riéndonos. Ella me besó suave y dijo, jadeando todavía:—Eres una bestia... pero yo te hice aguantar como quise.
Aqui les dejo mas fotos de ella, morboseenla, diganme que opinan de ella porque esta buenisima, para mi es lo mejor que me he cogido.
















miren que espalda tiene, riquisima
Y sus tetas hermosas:

Dulce: “Llegué a casa… y sigo temblando un poco jajaja. Todavía siento tus dedos dentro de mí y cómo te corriste en mi mano. ¿Tú también llegaste caliente?”Yo: “Joder, sí. Me vine pensando en tu coño apretándome y en cómo gemías cuando te chupaba las tetas. Todavía tengo el sabor de tu piel en la boca. ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo ahora?”Dulce: “Me metí a la ducha otra vez para quitarme el cloro del gym… pero la verdad no me estoy enfriando jajaja. Sigo mojada pensando en cómo me tocaste. Me dieron ganas de seguir lo que empezamos… pero ya en mi cama.” Yo: “Madre mía… me imagino el agua cayendo por tus tetas otra vez. Si estuviera ahí te las estaría chupando mientras te meto los dedos de nuevo. ¿Te gustaría?”Dulce: “Uy sí… me encantaría. Pero esta vez sin que nadie nos interrumpa. Quiero sentir tu verga dura contra mí, que me agarres el culo mientras me besas el cuello… y después que me la metas despacito hasta el fondo.”Yo: “Eso suena perfecto. Me muero por abrirte las piernas y entrar lento, sintiendo cómo te abres alrededor de mí. Quiero escucharte gemir mi nombre mientras te doy duro.”Dulce: “Mmm… me estás poniendo más caliente. Me estoy tocando ahorita pensando en eso. Quiero montarte, moverme rico encima de ti, que me agarres las tetas mientras subo y bajo… y que me digas lo apretada que estoy.”Yo: “Joder, Dulce… me tienes duro otra vez solo de leerte. Quiero verte montándome, tu culo rebotando, tus tetas en mi cara. Quiero aguantar hasta que no pueda más y correrme dentro de ti.”Dulce: “Eso quiero… que me llenes toda. Pero primero quiero que me hagas venir con la boca… que me chupes el clítoris mientras me metes los dedos. Después te monto y te hago venirte como nunca.”Yo: “Cuando quieras, reina. Dime cuándo y dónde y voy directo.”Dulce: “Jajaja paciencia… pronto. Mientras, te dejo unas fotos para que no te duermas sin pensar en mí”Y me llegaron las dos fotos:La primera: ella recostada en la cama, en un ángulo desde arriba, con un conjunto rojo diminuto. El top apenas contenía sus tetas grandes y firmes, el abdomen marcado brillando bajo la luz tenue de su cuarto, y el panty rojo subido dejando ver la curva de sus caderas y muslos gruesos. Pelo suelto desordenado, una mano levantando el top un poco para mostrar más escote, sonrisa pícara y mirada directa a la cámara.
Pasaron unos días desde el baño del gym. Seguíamos cruzándonos en el entreno, con miradas que quemaban y roces que nos dejaban con ganas de más, pero ninguno de los dos quería apresurar el momento. Hasta que llegó el viernes por la tarde.Me escribió:Dulce: “Oye mañoso… estoy en casa de una amiga con unas cuantas más, tomando unas cervezas y platicando. La neta está tranquilo, pero me estoy aburriendo un poco jajaja. ¿Te animas a caer? Nada fancy, solo convivir un rato… y quién sabe” acompañado de estas fotitos
Apenas cerramos la puerta con llave, ella me empujó contra la pared, besándome con una hambre que me dejó sin aliento. Su lengua exploraba mi boca profunda, mordidas suaves en los labios que me ponían la piel de gallina. Sus manos bajaron rápido por mi playera, quitándomela de un tirón, mientras yo le desabrochaba los jeans y le bajaba la blusa. No traía brasier, sus tetas operadas rebotaron libres, pesadas y firmes, pezones oscuros ya duros como piedras. Las agarré fuerte, sintiendo lo suaves y calientes que estaban, y ella gimió contra mi boca, jadeando: “Joder, Dominic… apriétamelas así… qué rico se siente cuando me las agarras como si fueran tuyas. Sigue… quiero más”.La cargué como si nada, gracias al gym, y la llevé a la cama tropezando por el pasillo. La tiré boca arriba y me arrodillé entre sus piernas. Le quité los jeans y el panty de un jalón, su coño ya empapado, hinchado y listo. Bajé la cabeza y empecé a chuparla despacio: lengua lamiendo de abajo hacia arriba, girando en el clítoris duro, succionando suave mientras metía dos dedos dentro de ella. Estaba chorreando, el sabor dulce y salado me volvía loco. Ella me agarró del pelo, empujando mi cabeza más contra su coño, gemidos saliendo de su garganta como ronroneos profundos: “Mmm… así… chúpame más duro… qué rico, Dominic, me estás volviendo loca… no pares, dame más lengua en el clítoris… sí, sí… me voy a correr”.Aceleré: lengua rápida en el clítoris, dedos bombeando profundo, curvados golpeando ese punto dentro de ella que la hacía arquear la espalda. Sus gemidos se volvieron más altos, entrecortados, cuerpo temblando: “Ah… joder… qué rico… dame más dedos… me vas a hacer correrme… sí, así… ¡me vengo, Dominic!”. Se corrió fuerte, coño pulsando alrededor de mis dedos, jugo resbalando por mi barbilla, gritando mi nombre mientras su cuerpo convulsionaba, piernas temblando y jadeos saliendo sin control: “¡Qué rico… no pares… dame más!”.Pero ella no era de las que se quedan quietas. Me volteó con una fuerza sorprendente (bendito entreno), me empujó boca arriba y se sentó a horcajadas sobre mi pecho. Me miró con ojos de fiera, mordiéndose el labio, y dijo ronca:—Ahora me toca a mí… voy a hacer que aguantes hasta que no puedas más.Me bajó el pantalón y el bóxer, mi verga dura saltó libre. Cuando la vio, soltó un gemido bajo: “Madre mía… tan larga y gruesa… me encanta cómo palpita por mí”. La agarró con las dos manos, una en la base apretando firme, la otra girando en la punta. Empezó a chuparla despacio pero profundo: labios estirados alrededor de mi grosor, lengua presionando la vena de abajo, bajando hasta la garganta sin gag. Saliva resbalando por mis bolas, gemidos vibrando contra mi piel, ojos fijos en mí mientras me tragaba toda: “Mmm… qué rico sabe tu verga… tan gruesa que me llena la boca… dame más, quiero tragármela toda… sí, así… me pone caliente chuparte”.Resistí con todo: mordiéndome el labio hasta casi sangrar, apretando los músculos del piso pélvico, pensando en cualquier cosa fría para no explotar en su boca. Pero su chupada era asesina: succionaba fuerte, lamía la vena gruesa, jugaba con la punta con lengua plana y volvía a tragarla hasta el fondo. Gemía con mi verga adentro: “Estás tan grueso que me cuesta respirar… pero qué rico… dame más, quiero sentirte explotar en mi garganta”.Se subió encima, se la metió despacio, bajando hasta el fondo con un gemido largo: “Ah… joder… qué rico se siente adentro… me llena toda”. Su coño caliente y apretado me envolvió como un guante mojado. Empezó a moverse rico, lento al principio, subiendo y bajando con las caderas girando en cada descenso, tetas rebotando hipnóticas frente a mi cara: “Mira cómo me las meneo para ti… chúpamelas mientras te follo… qué rico, Dominic, dame tu boca en mis tetas”. Le chupé los pezones duros, mordiendo suave mientras ella aceleraba, cabalgando más rápido, golpeando sus glúteos contra mis muslos: “Sí… así… qué rico me das… me vengo otra vez… ¡dame más verga!”.Cambió el ritmo de repente, inclinándose hacia atrás y apoyando las manos en mis rodillas para un movimiento buenísimo, diferente: caderas ondeando como una ola, frotando su clítoris hinchado contra la base de mi verga mientras subía y bajaba en un ángulo que me hacía sentir cada pared de su coño apretándome. Era exquisito, casi doloroso de lo intenso: “Este es mi truco favorito… te va a hacer venirte como loco… siente cómo giro las caderas… qué rico, ¿verdad? Aguanta, no te vengas aún… dame más, quiero follarte toda la noche”. Resistí contando en mi cabeza, respirando hondo, apretando los dientes para no correrme: “Ah… joder… qué rico mueves… dame más de eso… sí, así… me estás matando”.Ella notó mi esfuerzo y se rió ronca, cambiando a otra posición sin sacar mi verga: se volteó de espaldas encima de mí, en reversa cowgirl, culo perfecto a la vista rebotando mientras se movía arriba y abajo, manos en mis muslos para equilibrarse y girar las caderas en espirales. “Mira mi culo… agárralo, nalgueame mientras te cabalgo… qué rico se siente tu verga adentro… sí… nalgueame más fuerte, apriétame el culo… me encanta cuando me tratas como tu puta… dame más, no pares”. Le nalgueé rojo, agarrando esos glúteos altos y duros, sintiendo cómo se apretaban con cada movimiento. Ella gemía más alto: “Ah… sí… qué rico… me vengo… dame más verga… ¡me corro otra vez!”. Se corrió temblando, coño apretándome como vicio en pulsos fuertes, jugo resbalando por mis bolas.Pero no paró. Me volteó, poniéndome encima en misionero, piernas abiertas al máximo: “Ahora fóllame tú… dame con todo, rómpeme el coño como si me odiaras… qué rico, Dominic, métemela hasta el fondo”. Le di durísimo: embestidas profundas y rápidas, agarrando sus tetas y pellizcando pezones, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mí con cada empujón. Ella empujaba las caderas hacia arriba para encontrarme, gemidos saliendo sin control: “Más duro… sí, así, cabrón, haz que mis tetas reboten con cada follada… me encanta cuando me das como animal… dame más, no pares… qué rico… me vengo otra vez”.Cambiamos a en cuatro: ella arqueó la espalda como gata en celo, culo alto y redondo invitando, tetas colgando pesadas. Le di desde atrás, nalgueándola rojo, agarrando sus glúteos para embestir más profundo, el ruido de carne contra carne llenando el cuarto. “Sí… nalgueame más fuerte, apriétame el culo… méteme un dedo en el culo mientras me das… qué rico, Dominic, dame más… me estás rompiendo… ¡sí, me vengo!”. Le metí un dedo lubricado con su jugo, moviéndolo al ritmo de las embestidas, y ella se corrió por segunda vez: temblando, gritando, coño convulsionando alrededor de mi verga y dedo: “Ah… joder… qué rico… dame más… no pares… me matas de placer”.Para alargar, ella me puso sentado en el borde de la cama, se montó de frente y empezó a moverse en un ritmo nuevo, lento y profundo: subiendo hasta la punta y bajando de golpe, girando las caderas en el fondo para frotar su clítoris contra mí. “Siente cómo te aprieto… voy a hacer que aguantes hasta que explotes dentro… mira mis tetas en tu cara, chúpamelas mientras te follo… qué rico, dame tu boca… sí, muerde más fuerte… me vengo otra vez”. Le chupé los pezones, manos en su culo guiando el movimiento, resistiendo el orgasmo que subía como lava: apretando los dientes, pausando la respiración, pensando en cualquier cosa para durar. Era largo, agotador, nuestros cuerpos sudados resbalando uno contra el otro, el cuarto lleno de gemidos y el sonido de carne contra carne: “Ah… sí… qué rico mueves… dame más de eso… me estás matando… dame más cadera… sí, así”.Finalmente, ella se corrió por tercera vez en misionero invertido, piernas alrededor de mi cintura apretando fuerte, gemidos saliendo como gritos: “Córrete ahora… lléname toda… quiero tu leche caliente dentro de mí, explotando profundo… dame más… ¡sí, me vengo contigo!”. No pude más: exploté con un gruñido animal, llenándola en chorros fuertes mientras su coño me ordeñaba hasta la última gota, temblando juntos en un orgasmo eterno, ella jadeando: “Qué rico… me llenaste toda… sí, dame más leche”.Nos quedamos abrazados, exhaustos, sudados, riéndonos. Ella me besó suave y dijo, jadeando todavía:—Eres una bestia... pero yo te hice aguantar como quise.
Aqui les dejo mas fotos de ella, morboseenla, diganme que opinan de ella porque esta buenisima, para mi es lo mejor que me he cogido.
Y sus tetas hermosas:
0 comentarios - La Buenota del Gym Me Dio la Mejor Cogida de Mi Vida