Historia reciente, solo que le agregué más detalles (según me iba acordando). Espero la disfruten.
Esa noche salí con mis amigas a una discoteca del centro, música alta, luces neón parpadeando, todo el mundo sudado y bailando como loco. Yo iba vestida directa a llevarme algo a la cama: minifalda plisada negra súper corta, botas negras altas hasta medio muslo que me hacían sentir super segura, un bralette de encaje negro que dejaba ver todo el escote y una chaqueta roja de cuero que me hacía resaltar entre la gente. El alcohol corría como agua: tragos, shots, risas, todo mezclado.
De repente, entre la multitud, lo vi. Mi profesor de primer año de universidad. El mismo que ponía a fantasear a todas las nenas de la clase, con esa mirada seria y esa voz grave. Ahí estaba, con camisa ajustada, bebiendo en la barra. Nos cruzamos las miradas y, no sé cómo, terminamos perreando. Él me agarraba por la cintura y me rozaba su pelvis contra mi trasero cuando podía. Bailamos como si no hubiera un mañana, sus manos bajando cada vez más, rozándome el culo por debajo de la falda. Yo ya estaba empezando a fantasear sobre ir a coger con un profesor 20 años mayor y probablemente casado.
Nos tomamos más tragos juntos, él pagando todo, riéndonos como si solo fuéramos dos desconocidos que pescaron algo esa noche. Al final, cuando la disco empezó a vaciarse, nos dijo que nos llevaría nuestras casas. Subimos a su auto, un carro negro grande, y el alcohol empezó a ponernos traviesas a todas, empezaron a coquetearle y a intentar convencerlo de continuar con la fiesta, pero él solo sonreía y nos decía qué ya era suficiente y así fue dejando una a una en su casa hasta que nos quedamos solos los dos y me preguntó si quería ir con él a tomar algo en su casa a lo que accedí.
Desde que arrancó empezó a coquetear conmigo y a tirarme mentiras, las típicas que dices cuando te quieres coger a alguien. Yo solo le miraba los brazos y las manos y me ponía caliente. Llegamos a un semáforo y puso su mano en mi pierna, me miró a los ojos y me susurró al oído que le volvía loco y que me deseaba. Mi piel se erizó y me mojé de tal manera, que di un saltito en el asiento. Cosa qué a él le gustó.
No habían carros alrededor así que aprovechamos el momento y comenzó a besarme y a tocarme las tetas, hasa que el semáforo se puso otra vez en rojo. No aguanté. El alcohol me tenía desatada, la adrenalina me quemaba. Me incliné, le abrí el pantalón y saqué su verga. Estaba dura, gruesa y palpitante. Empecé a chupársela ahí mismo mientras se apartaba hacia un lado. Escuché un insultó en voz baja y puso una mano en mi cabeza y otra me levantaba la. Yo lamía, lo mejor que podía y babeaba, sintiendo cómo se ponía más dura con cada succionada. El auto olía a sexo y a alcohol.
De alguna manera qué no recuerdo llegamos a su casa. Bebimos algo más dentro y ya solo recuerdo pocas cosas, me tiré en la cama boca abajo y yo ya estaba semi-inconsciente. Escuché pasos, llaves sobre algún estante y sentí sus manos quitandome las botas y las medias, sentí sus manos en mi culo, apretándome las nalgas y bajandome la tanga, me susurró al oído que me iba a culear a lo que yo solo asentí medio dormida. Me dió una nalgada, escuché ropa caer y el sonido de una cámara de móvil, luego tecleos y me metió los dedos, adentro, me emocionaba la idea de coger con un tipo mayor y fantasía de todas las chicas de la facu así que mi cuerpo reaccionaba y me empapada. Gemía como podía mientras él me tocaba el clítoris y me metía dos dedos adentro.
Tuve un lapso en el que me dormí,escuché voces. Alguien más llegó a la estrenar una muñeca sexual esa noche, no entendía porqué, pero estaba muy caliente cómo para entender lo que pasaba y muy borracha para incorporarme correctamente, solo alcance a enviar mi ubicación a un conocido y decirle que pasaría la noche ahí con tal sujeto.
Los dos entraron al cuarto y me miraron sentada con el móvil en la mano, yo solo dejé en claro que: me estaba asegurando. Llamé al profe, me senté en la cama cómo pude y empecé a bajarle los pantalones.
Primero me quitaron la chaqueta, me bajaron el bralette y empezaron a tocarme las tetas, pellizcándome los pezones hasta que se pusieron duros aunque yo casi no sentía. El #2, se bajó los pantalones y me puso la verga en la cara, era bastante gruesa, el #1 me puso sobre la cama bica arriba y me abrió las piernas, me quitó la falda cómo pudo y empezó a lamerme el coño despacio, saboreándome mientras el otro me metía la verga en la boca. Yo respondía con la lengua cómo podía.
Me pusieron boca arriba, luego de lado, luego otra vez boca abajo. Hasta que sentí la primera penetración, no sé si fue el #1 o #2, pero se sentía delicioso como se abría paso, agarrándome las caderas, dándome nalgadas que resonaban en el cuarto. Su amigo me cogía la boca o se turnaban el coño. Se vinieron fuera un par de veces, sentía el calor de la corrida, chorreando por espalda o en mi boca. Me usaron en todas las posiciones: uno en la vagina, el otro en la boca; luego me pusieron en cuatro y los dos me penetraban al mismo tiempo, uno en el culo y el otro en el coño. Dolía y a la vez era una locura de placer, mi cuerpo temblaba, se mojaba solo.
Toda la noche fue eso: manos por todos lados, vergas entrando y saliendo, gemidos, insultos, sudor, semen por todos lados. Me despertaba a ratos, veía sus caras de placer, sentía cómo me llenaban otra vez y volvía a caer rendida. Era un juguete sexual para ellos, y eso me ponía a mil.
Y aunque, por suerte evité que la cosa escalara, había sido la mejor noche de mi vida.
Esa noche salí con mis amigas a una discoteca del centro, música alta, luces neón parpadeando, todo el mundo sudado y bailando como loco. Yo iba vestida directa a llevarme algo a la cama: minifalda plisada negra súper corta, botas negras altas hasta medio muslo que me hacían sentir super segura, un bralette de encaje negro que dejaba ver todo el escote y una chaqueta roja de cuero que me hacía resaltar entre la gente. El alcohol corría como agua: tragos, shots, risas, todo mezclado.
De repente, entre la multitud, lo vi. Mi profesor de primer año de universidad. El mismo que ponía a fantasear a todas las nenas de la clase, con esa mirada seria y esa voz grave. Ahí estaba, con camisa ajustada, bebiendo en la barra. Nos cruzamos las miradas y, no sé cómo, terminamos perreando. Él me agarraba por la cintura y me rozaba su pelvis contra mi trasero cuando podía. Bailamos como si no hubiera un mañana, sus manos bajando cada vez más, rozándome el culo por debajo de la falda. Yo ya estaba empezando a fantasear sobre ir a coger con un profesor 20 años mayor y probablemente casado.
Nos tomamos más tragos juntos, él pagando todo, riéndonos como si solo fuéramos dos desconocidos que pescaron algo esa noche. Al final, cuando la disco empezó a vaciarse, nos dijo que nos llevaría nuestras casas. Subimos a su auto, un carro negro grande, y el alcohol empezó a ponernos traviesas a todas, empezaron a coquetearle y a intentar convencerlo de continuar con la fiesta, pero él solo sonreía y nos decía qué ya era suficiente y así fue dejando una a una en su casa hasta que nos quedamos solos los dos y me preguntó si quería ir con él a tomar algo en su casa a lo que accedí.
Desde que arrancó empezó a coquetear conmigo y a tirarme mentiras, las típicas que dices cuando te quieres coger a alguien. Yo solo le miraba los brazos y las manos y me ponía caliente. Llegamos a un semáforo y puso su mano en mi pierna, me miró a los ojos y me susurró al oído que le volvía loco y que me deseaba. Mi piel se erizó y me mojé de tal manera, que di un saltito en el asiento. Cosa qué a él le gustó.
No habían carros alrededor así que aprovechamos el momento y comenzó a besarme y a tocarme las tetas, hasa que el semáforo se puso otra vez en rojo. No aguanté. El alcohol me tenía desatada, la adrenalina me quemaba. Me incliné, le abrí el pantalón y saqué su verga. Estaba dura, gruesa y palpitante. Empecé a chupársela ahí mismo mientras se apartaba hacia un lado. Escuché un insultó en voz baja y puso una mano en mi cabeza y otra me levantaba la. Yo lamía, lo mejor que podía y babeaba, sintiendo cómo se ponía más dura con cada succionada. El auto olía a sexo y a alcohol.
De alguna manera qué no recuerdo llegamos a su casa. Bebimos algo más dentro y ya solo recuerdo pocas cosas, me tiré en la cama boca abajo y yo ya estaba semi-inconsciente. Escuché pasos, llaves sobre algún estante y sentí sus manos quitandome las botas y las medias, sentí sus manos en mi culo, apretándome las nalgas y bajandome la tanga, me susurró al oído que me iba a culear a lo que yo solo asentí medio dormida. Me dió una nalgada, escuché ropa caer y el sonido de una cámara de móvil, luego tecleos y me metió los dedos, adentro, me emocionaba la idea de coger con un tipo mayor y fantasía de todas las chicas de la facu así que mi cuerpo reaccionaba y me empapada. Gemía como podía mientras él me tocaba el clítoris y me metía dos dedos adentro.
Tuve un lapso en el que me dormí,escuché voces. Alguien más llegó a la estrenar una muñeca sexual esa noche, no entendía porqué, pero estaba muy caliente cómo para entender lo que pasaba y muy borracha para incorporarme correctamente, solo alcance a enviar mi ubicación a un conocido y decirle que pasaría la noche ahí con tal sujeto.
Los dos entraron al cuarto y me miraron sentada con el móvil en la mano, yo solo dejé en claro que: me estaba asegurando. Llamé al profe, me senté en la cama cómo pude y empecé a bajarle los pantalones.
Primero me quitaron la chaqueta, me bajaron el bralette y empezaron a tocarme las tetas, pellizcándome los pezones hasta que se pusieron duros aunque yo casi no sentía. El #2, se bajó los pantalones y me puso la verga en la cara, era bastante gruesa, el #1 me puso sobre la cama bica arriba y me abrió las piernas, me quitó la falda cómo pudo y empezó a lamerme el coño despacio, saboreándome mientras el otro me metía la verga en la boca. Yo respondía con la lengua cómo podía.
Me pusieron boca arriba, luego de lado, luego otra vez boca abajo. Hasta que sentí la primera penetración, no sé si fue el #1 o #2, pero se sentía delicioso como se abría paso, agarrándome las caderas, dándome nalgadas que resonaban en el cuarto. Su amigo me cogía la boca o se turnaban el coño. Se vinieron fuera un par de veces, sentía el calor de la corrida, chorreando por espalda o en mi boca. Me usaron en todas las posiciones: uno en la vagina, el otro en la boca; luego me pusieron en cuatro y los dos me penetraban al mismo tiempo, uno en el culo y el otro en el coño. Dolía y a la vez era una locura de placer, mi cuerpo temblaba, se mojaba solo.
Toda la noche fue eso: manos por todos lados, vergas entrando y saliendo, gemidos, insultos, sudor, semen por todos lados. Me despertaba a ratos, veía sus caras de placer, sentía cómo me llenaban otra vez y volvía a caer rendida. Era un juguete sexual para ellos, y eso me ponía a mil.
Y aunque, por suerte evité que la cosa escalara, había sido la mejor noche de mi vida.
1 comentarios - Dormida en cama ajena