You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

stag & vixen

Al tiempo de casados cuando alguien la intentaba seducir o le tiraba un piropo, ponía cara de orto, se ponía a la defensiva, escudo total. Con el tiempo eso se volvío costumbre, se le implantaba en la cara y la transformaba en una mujer fria, a la que nadie se animaba a encarar por miedo al escándalo.
Yo, de a poco, la fui cambiando. La acostumbré a sonreír ante un piropo, a fantasear con una propuesta subidita de tono, a volver a ser como era antes de casarse: predispuesta a recibir un halago de otro hombre, a disfrutarlo. Su libido subió como la espuma. Se sentía atractiva, sexy, empezó a ponerse ropa más llamativa, labial , delineado sugerente en los ojos... Todo un trabajo que al final nos lo gozamos los dos.
Resultado: la tengo siempre predispuesta, húmeda, caliente, dispuesta a ser mi puta cuando yo quiera. Es un loop brutal: la seducción externa la enciende, llega a casa oliendo a zorra y yo la reclamo como mía.
Ahora entra Julian, un pibe de 25, fachero, buen cuerpo, muy pijudo. Habla con ella hace meses por chat. Ella obvio re caliente con él, y él queriendo cumplir la fantasía de tirarse a una buena hotwife. ¿Y yo? ¿Cornudo? Para él seguro que sí (el típico que ve porno cuck y piensa que todo es humillación). Para ella no, creo que más bien su compinche, que cornudo. Para mí definitivamente no: soy stag puro.
Hace unos días Julian se tomó un fernet de más y me preguntó directo: "¿Por qué te gusta ser cornudo?". Le di una respuesta sosa y le dije que le hablara a ella para jugar un rato. No era mi intención explicarle nada; no es mi amigo ni le debo explicaciones de mi vida. Mi diálogo con él se limita a darle permiso para hablar con Dai y poner límites.
Al rato de esa charla, yo me tomaba un whisky con dos piedritas de hielo, me prendía un pucho... y seguramente en ese mismo momento, en la cama donde yo duermo, Dai estaba desnuda, tocándose la concha, apretándose los pezones, mientras charlaba con él y él le mostraba cómo se pajeaba pensando en ella.
Ahí reflexioné: maduré en esto. Ya no soy impulsivo ni me pongo a la defensiva. Podría haberle retrucado al pibe contándole lo que disfruto teniendo una esposa puta, o lo que pasó el día anterior...
Porque el día anterior Dai llegó a almorzar después de hablar con él toda la mañana. Llegó con esa cara que ya conozco: caliente, ojos brillosos. La llevé directo a la habitación, casi sin decir nada. Solo: "Vení".
La tiré en la cama, le saqué los pantalones y la tanga de un tirón. Su olor a zorra invadió el aire, su concha brillaba, colorada, empapada. En otro movimiento la dejé en tetas, pezones erectos como piedras. La puse de espaldas, le escupí el orto y empecé a abrirle el culo a pijazos. No tardó en tenerla adentro. Ella se mordía los labios, ni gemía al principio.
—¿Por qué te estoy reventando el orto?
—Porque soy puta...
—¿Y por qué sos puta?
—Porque hablé con Julian y me mojé toda...
Yo cada vez la embestía más fuerte, su culo dilatado se lubricaba con sus propios fluidos.
—¿Y por qué te mojaste toda?
—Porque él me re calienta... Quiero su pija, su boca, su cuerpo... ¡Ahhh mmm!
—¿Así que mientras yo estaba acá, vos en el trabajo te estabas calentando con él? ¿Te parece bien eso?
—Siii, me mojé toda... y no está bien, es de puta...
—¿Te tocaste?
—No pude, pero quería... ¡Ahhh ahhh mmm!
—Tocate ahora, puta, mientras te rompo bien el orto y te lo lleno de leche.
—Siii mmm ahh...
Metió la mano entre las piernas, se tocó el clítoris y acabó enseguida, se retorció como víbora.
Yo frené, dejé que pase el orgasmo.
—¿Cómo acaban las putas como vos?
—Con el culo, papi... mmm
—Ponete en cuatro.
Lo hizo. La cogí fuerte sin parar por el culo, ella gritaba en cada pijazo. Estaba a punto de acabar de nuevo. Seguí más fuerte, la llené de leche. Quedó con el culo en pompa, jadeando, moviendo las caderas como buscando una pija en el aire.
stag & vixen

1 comentarios - stag & vixen