You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Mi primera vez parte 3

Habrá estado 10 minutos penetrándome con su dedo índice, lo sacaba, lo ponía, hacía movimientos en círculos, le ponía más lubricante, hasta que en un momento sentía plena comodidad con el dedo adentro, que no es lo mismo que placer, era solamente comodidad.
Mi primera vez parte 3


El glande de mi novio debe ser del grosor de dos dedos y medio y la base de su pija mínimo 3 dedos. Sí, es gruesa. Sí el no fuese mi novio amado ni dejaría que se acerque con eso a mí colita virgen, pero por él, por el amor, y por el nivel de mayor de intimidad que estábamos consiguiendo lo iba a hacer. Me iban a romper el culo, ya después de el le dí la cola s varios pero en ese momento no hubiera dejado a nadie más.

– ¿Quiers probar con dos dedos?

– Bueno, podemos probar, hasta ahora me siento bien, casi no tengo incomodidad.
Esto iba a ser la prueba de fuego, si no me entraban dos dedos no íbamos a poder seguir con nada más, era físicamente imposible.

Se empezó a lubricar los dos dedos, en abundancia. La sabana era un desastre, lo cual me causaba mucha gracia, pero a la vez me preocupaba porque no sabía si teníamos sábanas de repuestos al día siguiente. Me estaba costando mucho concentrarme en el aquí y ahora.

Siento una fuerte presión en mi ano que es vencido por los dedos índices y medio de mi novio, después de intentar penetrar por varios segundos.

La incomodidad es tremenda y hay dolor. Mi culito no está preparado para sentir la verga de mi novio penetrándolo, me doy cuenta y no hay nada que hacer. Pero todavía no me quiero rendir.

La incomodidad es mayúscula, pero el dolor no tanto, es solo el músculo estirándose - moviéndose de una manera que no está acostumbrado.
Pienso en mi amiga Lucy, que me dijo que tuvo orgasmos anales tremendos, que me enseñó todo lo que tenía que hacer para tener sexo anal. Me dijo que me concentrara en las sensaciones, que no negara el dolor, pero que tenía que aprender a diferenciar de un dolor por falta de uso de la zona anal, a un dolor que podría lastimarme.

Era imposible para mi diferenciar de qué tipo de dolor me hablaba.

Pienso en Luz. Ella debuto un año antes que yo, y ya había probado el sexo anal cuando yo ni había chupado una pija. Era una chica precoz. Ella me decía que el anal era súper placentero y que una vez que le encontrás la vuelta es otra cosa. Puedes coger a pelo y con pijas más grandes y ricas.
Mientras pensaba en mis amigas y sus consejos, no sentía más dolor, pero la incomodidad seguía ahí. La desaparición del dolor era total, no había dudas, pero ahora sentía el culo muy cargado de lubricante e invadido por un cuerpo extraño.

“Cuando hacés caca no sientes dolor, si hacés los movimientos como para ir de cuerpo, por más que parezca contraintuitivo, vas a notar que entra mejor el pene y hasta podés llegar a sentir placer” – Me había dicho Lucy. Esas palabras venían rondando por mi cabeza, cuando mi novio me dice:

– ¿Estás bien amor?

– Sísi, me siento un poco rara, pero no me duele, quedate tranquilo tú sigue.

Íbamos más o menos 15 minutos desde que arrancamos, no tenía dolor lo cual era muy bueno, pero bastante incomodidad. Se sentía como un turno con un médico más que como un momento de intimidad compartido entre dos amantes.

Ya me estaba empezando a poner nerviosa, y con ganas de parar, así que como última prueba recordé las palabras de Lucy “Haz los movimientos como para ir de cuerpo”.
Con los dos dedos introducidos en mi ano, moviéndose lentamente tratando de preparar mi zona anal para recibir al plato principal, una verga gruesa, decidí hacerle caso a Lucy. Hice los movimientos como para ir de cuerpo, pero no muy fuerte.

Fue como un milagro.

Mi zona anal se relajó, recibió mejor a los dos dedos en mi cola y aunque no lo crean sentí mucho placer.

Sentí un shock eléctrico de placer recorriendo todo mi cuerpo, tenía razón Lucy, vaya a saber por qué razón al hacer los movimientos para defecar permitió que de alguna manera mi cuerpo goce con la penetración que estaba recibiendo, dejé de apretar mi abdomen y mis pompis, me aflojé y liberé la presión de mis piernas y mis pompis y sus dedos resbalaron mejor.

– Ay siiiiiiii, que lindo se siente mmmm.

Gemí de placer mientras mi novio estaba jugando en mi zona anal con su mano. Decidí volver a intentar el movimiento muscular cuando de pronto siento que algo no está bien.
Sentí que estaba a punto de defecar. Calculé mal la fuerza y defequé un poquito en los dedos de mi novio.

Totalmente superada por la situación me fui corriendo al baño a terminar de defecar y limpiarme. No pude aguantar el llanto ni la vergüenza.

– Amor, por favor sal del baño, no pasa nada.

Me decía mi novio mientras yo no paraba de llorar de la vergüenza.

Estuve diez minutos llorando hasta que me digné a salir, mi novio entró rápido a limpiarse las manos y volvió y me abrazó.

– No pasa nada, no hace falta hacerlo.

Yo sollozaba.. estaba sumamente avergonzada.
Estaba muerta de vergüenza y me sentía completamente expuesta no quería saber nada más con eso, pero a la vez no olvidaba esos 4 o 5 segundos de goce extremo que había sentido con los dos dedos en la cola.

Todavía nos quedaban varios días ahí, había muchas chances de volver a intentarlo.

– Ya está amor, no pasa nada no llorés más.

– Perdón, no te quise ensuciar. Sí quieres podemos probar otro día, hoy solo quiero dormir.

Nos abrazamos desnudos Yo con la colita llena de lubricante y dormimos juntos, dispuesto a probar otro día.

Al día siguiente fingí demencia con lo que había pasado la noche anterior. Estábamos en un lugar hermoso y no iba a dejar que un “desliz” arruinara la casi semana entera que nos quedaba de vacaciones.

De todo lo malo que había pasado había algo que podía rescatar: No sentía ningún dolor, los dos dedos en la cola no me provocaron ninguna lastimadura duradera, lo que significaba una cosa, estaba por el buen camino.

Fue un día hermoso, a la mañana paseamos por el lago, caminamos mucho, disfrutamos como una pareja consolidada.

Fuimos a almorzar a un restaurante bastante caro, cortesía de mi suegro, lo cual ya nos había hecho olvidar el mal trago del día anterior. El ánimo había cambiado, estábamos los dos de muy buen humor y sabíamos que los próximos días nuestra pareja se iba a consolidar más.

Durante la tarde paseamos por el hermoso lugar mientras nos jurábamos amor eterno. Estaba todo listo para hacer borrón y cuenta nueva.

A la tarde noche volvimos a nuestro lecho decididos a hacer el amor, de una manera romántica.

Nos desnudamos en la cama matrimonial, nos abrazamos y nos empezamos a besar apasionadamente.

Inmediatamente empiezo a sentir la erección de mi novio chocando con mi cuerpo.

– Permiso, voy a hacer algo – Le dije mientras me acomodaba el pelo.

Me acomodé en la cama de manera opuesta a mi novio y le empecé a practicar sexo oral, de una manera que mientras el recibía la felación cerca de su boca estaban mis pies, para que él los pudiera contemplar y jugar con ellos sí así lo quisiera.

Mi novio es fanático de mis mamadas, en la intimidad me dice que soy su “chupa vergas hermosa” y sentía que tenía que compensarlo por lo de ayer. En ningún momento me hizo sentir mal por haberlo manchado el día anterior, fue todo un caballero.

Después de unos pocos segundos noté que más que compensarlo sentía que lo hacía por mí, tenía un olor a pija divino por todo lo que habíamos caminado y él estaba disfrutando mucho mis pies en su cara en esa posición extraña. Quería estar ahí para siempre, así para siempre, sentía que ese era mi rol en la vida. Ya me imagino todos los días recibiéndolo cuando vuelve del trabajo con una buena mamada. Creo que podía ser muy feliz siendo una ama de casa chupa vergas.

Lo estuve chupando por varios minutos hasta que me aviso que iba a acabar, hice un movimiento extraño para poner mis pies en su cara, traté de meter la pija lo más profundo que podía en mi boca hasta la garganta y logré que acabe sin usar mis manos. Sentí 3 latidos que largaron semen en mi boca.
primera vez

Dejé que mi novio jugara un ratito más con mis pies (tenía las uñas pintadas de negro) e hice algo que lo volvió loco: Me incorporé y me acerqué a él. Le sonreí, abrí la boca, saqué la lengua y le mostré como tenía todo su semen ahí. Me lo tragué todo y luego volví a abrir la boca para que vea mi lengua libre de semen.
puta
culona

Se volvió completamente loco.

Nos abrazamos, nos besamos y me pidió compensarme.

Me hizo un cunnilingus que me hizo acabar en 5 minutos, pero todavía faltaba más.

Empecé a jugar con su pene que estaba todavía flácido, y me lo puse en la boca. En poco tiempo tuvo una erección.

– Quiero que me cojas.
Me incline a la orilla de la cama para que me coja de espaldas, se puso saliva en su verga y me penetro mi vagina por detrás.

Me encanta coger así porque es una forma de que me dé duro, además siento como choca con mis nalgas y el ruido me excita.

– ay si si si si si si

Cada “si” se coordinaba con sus embestidas en mi conchita apretada, no era algo que hice deliberadamente, me nació así de tanta excitación.

Después de un ratito empecé a temblar y tuve un orgasmo mojando la cama con mis juguitos.

Me desplomé sobre la cama y él me siguió cogiendo hasta que el acabó dentro mío llenando mi vagina de su lechita, amo que termine dentro de mi y sentir su verga como se está viniendo.
muy caliente

Él estaba encima de mí, exhausto por la segunda acabada yo estaba desplomada debajo de él, sentía como su semen estaba saliendo y escurriendo por mi vagina sentía delicioso y muy excitante. Tenía toda mi vagina llena de semen y sentía toda la parte de mi vagina muy mojada y empapada entre mis juguitos vaginales como el semen de mi novio.
segunda parte

Giré la cabeza y le dije:

– Mañana me vas a hacer la cola y me vas a acabar adentro.
Continúa....

0 comentarios - Mi primera vez parte 3