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Relato: "Por favor, pedile que acabe"

Estábamos en el telo los tres: mi esposa, el corneador (Marcos) y yo. Era la tercera vez que nos veíamos. Ella estaba muy enganchada con él porque era más chico que nosotros, fachero y, sobre todo, dotado. 22 años tenía Marcos, mientras que mi esposa, 41. Habían estado mandándose mensajes toda la semana. Ella estaba como una adolescente, no podía creer que a su edad le diera bola un pibe como él. No es fea, pero tiene cuerpo de madre, de señora: bajita, ancha, gordis, tetas gordas, pesadas, caídas, de madre, cola gorda, cuadradota de señora, panza. Cuando se saca la ropa, todo se le cae al suelo.

Pero volvamos al telo. El pendejo le había dado verga como loco y ya había acabado. Ahora estaban los dos agitados abrazados en la cama, ella bañada en transpiración. Como está pasada de peso (mide 155 y pesa 82 kg)  tiende a sudar muchísimo. Es muy amorosa, así que lo acariciaba y lo besaba. Le pasaba las manos por el abdomen marcado y le acariciaba los brazos. “Qué rico que sos” le decía a cada momento. Ante esas escenas yo oscilo entre la calentura del morbo y por otra parte me choca un poco, pero siempre el morbo gana. Él le decía lo mismo y jugaba con los rollos de la panza de ella. Ella bajaba la mano y le tocaba con amor los huevos. Eran enormes para sus manos chiquitas. 

El flaco, por su parte, jugaba con los rollos de la panza de la gorda, los amasaba como si fueran de plastilina. Eso a ella le molesta bastante en general, pero a él le perdonaba todo.

En un momento ella se levantó de la cama y fue a la ducha. Dijo que se moría de calor. La vimos irse, la espalda ancha brillante por la transpiración, algunos mechones de pelo pegados a la espalda por lo mismo,  y él se quedó mirando cómo se le movía la cola gorda, blanda y caidita, junto con los rollos de la espalda. 
-Me sorprende y me da terrible morbo que te guste tanto ese cuerpo fofo de michelin, siendo que está lleno de pendejas tremendas de tu edad. -le dije.
-Si, me encanta tu gorda. Nunca imaginé calentarme tanto con una lechona como ella… ¿la puedo tratar de gorda? - me preguntó.
-Sí, claro. Si te calienta hacé lo que quieras -le respondí, y noté que mis palabras surtieron efecto porque se le empezó a poner gomosa la pija -Andá a la ducha con ella -agregué, y el se dirigió al baño, ya con la pija a media asta. 

Cuando me quedé solo, bajé un poco la música de la habitación para tratar de escuchar algo. Efectivamente, unos instantes después empecé a escuchar un gemido leve, que rápidamente se transformó en gritos, sumados al “plaf”, “plaf”, “plaf”. El sonido característico del culo gordo de mi esposa, amplificado por estar bajo la ducha, mojado. 
Me fui acercando despacio al baño para no interrumpir ni molestar, y la sorpresa fue que el flaco la estaba cogiendo de parado contra la pared, pero por la cola. 
Ella apoyaba sus manos contra los azulejos, y el la tenia agarrada de las caderas, y atraía el culo de la gorda con fuerza para embestirlo con todas las ganas. Ella gritaba. Es muy gemidora siempre que siente la pija dura adentro, pero esta vez eran alaridos directamente. 
-¿Te gusta cómo te cojo el culo, gorda lechona?  -le decía el pendejo cebadísimo por la calentura. Era medio chocante escucharlo decir eso, pero el morbo me podía. Tenía el corazón aceleradísimo. 
-Sí, me encanta, dame la leche - le respondió ella. Se notaba que no daba más. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Él, en cambio, seguía bombeándole el culo gordo, muy caliente. 
-¡Por favor, si seguís me voy a descomponer! -le rogaba ella. Pero al pendejo no le importó. Seguía calentísimo. -¡Por favor, no aguanto! -grito ella. Pero él no paró. 

Entonces, como era esperable, pude ver como el sacó la pija manchada y cómo corría por las piernas de ella todo eso que tenía guardado… Por suerte, todo tenía consistencia líquida. Él rápidamente agarró el duchador y se lavó la pija y la higienizó a ella, que lloraba, pero él la supo calmar con besos, caricias y toqueteos. 

La contuvo un rato, durante el cual no se le bajó la pija en ningún momento. Luego, volvió a poner a la gorda en la misma posición y entró en el culo de ella nuevamente. Volvió a estremecerse y le temblaban las piernas a ella, mientras él la bombeaba como si fuera la última vez en su vida que ib a coger. Los alaridos de la gorda eran tremendos, y eso le ponía la pija más dura todavía a Marcos. 
-¡Por favor, pedile que acabe! - me dijo ella con los ojos vidriosos. 
Finalmente, Marcos aceleró el bombeó y al momento de acabar le enterró su verga larga y gorda hasta el fondo del culo cuadrado de mi esposa, que en un grito mezcla de placer y dolor coronó la cogida más morbosa de la que fui testigo.




Relato: "Por favor, pedile que acabe"

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