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Perdido Con Mama 8 Edición 2026

Perdido Con Mama 8 Edición 2026

Luis nos pilló con la boca abierta, la carapálida, era la primera vez que le veía así. Se fue de allí pitando,disculpándose antes de salir. Huyó de mi cuarto y se unió al resto de invitadosen el jardín. Mi madre me mandó a su búsqueda, ella tenía que colocarse laropa, yo con el rabo aun medio duro, la casa estaba invadida por amigos yfamiliares, fuimos unos idiotas al ponernos a hacerlo durante mi cumpleaños.

Le encontré apartado en una tumbona de jardín,mirando al cielo como tonto, mis colegas intentaron darme una cerveza todo loamable que pude, le tiraban los tejos a una amiga de mi madre, una que estabuena no sé ni su nombre ni que hacía allí, pasé de ellos y fui para mi primo,aun tenía la cara de sorpresa. Estábamos a salvo de oídos indiscretos, al menostanto como podríamos estarlo.

–Mira, tío, yo… No tenía ni idea de cómo trataraquello con Luis.

–No sé qué decirte.

–Poco puedes decir, le estabas dando a tu madrepor el culo. Bajó la voz en la última parte.

–Sí, pero te lo tienes que callar. Le supliqué.

–Si quieres lo pregono, joder que heavy. Serascó el cogote.

–La puta, tu madre y tú, ahí, dios no se me va aolvidar en la vida.

Eso era lo peor que podía pasar que mi primohiciera un mundo de ello.

–Luis no me jodas, que esto es serio. Le agarrépor la camisa para que se centrase en mí.

–Ya sé que es serio, es incesto capullo.

Yo miraba a todos lados, preguntándome sialguien podía oírnos o vernos discutir.

–¿Qué quieres para callarte?

Le solté directamente, mi madre había aparecidopor el jardín, nos miraba de reojo mientras hablaba con mi tía, la madre deLuis.

–Buena pregunta, viendo a tu madre…

Luis miraba hacia ella, seguí sus ojos.

–Ni se te ocurra, te mato.

No iba a compartir a mi madre con él.

–Dale, tranquilo.

Volvió su atención a mí, se quedó pensativo unmomento.

–¿Cómo lo haces?

–Como todos cabrón.

No entendí la pregunta del todo.

–Joder que eso ya, digo lo de que sea tu madre yeso.

Entonces entreví lo que quería mi primo.

–¿Cómo coño empezó?

–Pues no sé, surgió, cuando el cumpleaños de layaya, ahí empezó y pues ha llegado hasta lo que has visto.

Crucé una nerviosa mirada con mi madre.

–Necesito que me prometas que esto queda entretú y yo.

Luis asintió y yo hice un gesto a mi madre decalma.

–Cuéntamelo todo, soy una tumba.

Ya nos había pillado, así que no me pareció queponerle al corriente fuese a empeorar la situación. Luis me escuchó conatención, mientras narraba los distintos encuentros con mi madre, el principiode lo nuestro, y alguna otra cosa, obvie lo del abuelo Eduardo, no iba apasarme con la confesión.

La historia se interrumpía cuando alguien se nosacercaba y disimulando ambos, lográbamos librarnos de la persona. Por lasinterrupciones y aclaraciones que me demandaba durante mi cuento me quedó clarode qué pie cojeaba, antes de que él se me confesase a mí.

–Joder, que tocho, da morbo el tema. Comentó.

–Ya ves, pero se discreto no nos jodas.

No me quedaba duda de que Luis iba a callarseaquello, era el mayor secreto que compartíamos, pero nunca había reveladoninguno así que me podía fiar. –Es un lío todo, y que tú lo sepas…

–Cuenta conmigo, por descontado, el caso es que…Ahí se vino lo que había previsto.

–Yo… con lo que me has contado… quiero decir quelos entiendo, pero que yo, joder.

Los nervios de la primera vez, era raro ver aLuis así. Se me acercó y prácticamente susurrando siguió.

–Mi madre me pone un poco, desde hace tiempo, desdeque se separó o antes no sé. ¿Podrías ayudarme?

Mi primo quería que hiciese de alcahuete entresu madre y él, era razonable, teniendo en cuenta la experiencia que yo tenía enel tema, más que él desde luego.

–Quiero decir que me digas que tengo que irhaciendo, tampoco voy a ir a saco, ¿o sí?

–Eso es lo que quieres para estar callado, ¿Qué teayude a liarte con tu madre? Asintió.

–Macho esto no es como con una tía cualquiera,ella tiene que querer.

La tía Paula tenía un lado morboso, yo lo notéen el pueblo, pero también una mala hostia considerable.

–Yo creo que sí que quiere, lleva a dos velas lahostia de tiempo, sí encima le vi haciéndose un dedo hace poco.

–Bueno eso jugaba a su favor.

–No sé, aunque tú lo tienes fácil, más fácil quenosotros, tu madre está soltera y eso que dices, la puedes tener todo el díapara ti, cuando quieras, dormir juntos, te parecerá una chorrada pero es de lomejor, dormir abrazado a ella desnudos, es la hostia…

Me estaba emocionando mirando a la tía Paula.

–Te ayudo tranquilo. La idea me había seducidopor completo.

–Gracias tío, joder, me he puesto cachondo alverlos, bueno a tu madre, tú me has cortado el rollo un poco.

Volvía a bromear, aunque aun estaba nervioso.

–Vamos a mantener las cosas calmadas, ¿De acuerdo?Me dio una palmadita en la espalda y asintió.

–Hijo, ven para acá.

Vociferó mi padre asustándonos a mi primo y a mí.Me acerqué, todo el mundo nos miraba, no había más de quince personas, peroseguía sin ser agradable.

–Aquí tienes tu regalo.

Me pasó una cajita pequeña, como de un reloj, alabrirla había unas llaves de coche.

–Está ahí afuera.

Abracé a mi padre por el brote de emoción, lasorpresa me pesó más que haber sido pillado.
–A sido idea de tu madre, dale las gracias aella.

Abracé a mi madre, ella me susurró al oído"¿Todo bien? " le respondí con un "sí" igual de bajo. Salícon mis colegas y Luis a ver le coche, no era espectacular, un 5 puertas, nuevoeso sí, lo mejor era que era mío. Me metí dentro para disfrutar del olor acoche nuevo, era un reglazo, por eso mi padre había insistido en improvisar lafiesta, para fardar.

Cuando todo el mundo se fue mi madre y yohicimos un parte de papá, le puse al día. No le hizo mucha gracia que hubiesecompartido tanto con Luis, aun menos la idea de que le ayudase a liarse con tíaPaula.

–¿Qué hay de malo?

Míranos a nosotros. Ella se mordía el labioinferior en un gesto de desesperación.

–Mario, no es tan sencillo, tu porque queríasesto tanto como yo, ¿Pero sino que hubieses hecho la noche que nos perdimos?

Era una buena pregunta, no tenía una buenarespuesta.

–Eso no importa, acuérdate del pueblo, la tíaPaula está necesitada, seguro que por ahí cede, yo casi me la tiro en el baño,no me la folle porque entraste tú.

–Ya había pensado en decir a Luis que empezase ainsinuarse a su madre, poco a poco.

–No creas que me hace gracia que me lorecuerdes, mira a Paula hay que trabajársela más, no va a bastar con que tuprimo se plante en pelotas delante de ella.

Mi madre no cedía.

–Pues ayúdanos, porque sino igual Luis no sequeda cayado.

Lo cierto es que Luis no me había chantajeado,pero joder le quería ayudar a darse un alegrón como el mío.

–Vamos mamá, tú sabes cómo va esto mejor quenadie que conozca.

–Que tontos son los dos, ya veré que puedo hacer.

Sonreí satisfecho.

–Pero hasta que yo no les diga nada no haganlocuras, que Luis se acerque a ella, que hablen nada de ir a lo bestia. Asentí.

–Por cierto luego vienes conmigo a probar elcoche, para dar una vuelta a ver.

Agarré a mi madre por las caderas, la acerqué ami erección creciente, el planear otro incesto me tenía cachondo.

–¿No querrá ir tu padre?

–Na, seguro que se apoltrona en el sofá, ¿Cabremosen los asientos de atrás? Jugué con su culo.

–Ya veremos.

Mi padre se echó al sofá, le dije que quería daruna vuelta con el coche, él no iba a moverse, mamá se ofreció a acompañarme. Mipadre no puso objeción se estaba quedando dormido, mi madre y yo nos habíamosvuelto muy hábiles a la hora de escondernos para pasar tiempo juntos, ahora nosresultaba insultantemente fácil, había perdido algo de gracia. Con todo nosfuimos, probé el coche, estaba bastante bien, pero más preocupado estaba por mipasajera, así empezamos esta historia, en un coche.

Llegamos a un descampado, relativamente cerca deun polígono industrial, el lugar estaba desierto, era perfecto. Me lancé sobreella, empecé a comerle el cuello, llevaba un vestidito ese día de marzo,empezaba a hacer calor, tenía buen escote, un estampado floral en la falda, decolor azul. Le quité los tirantes, a petición mía mi madre iba sin ropainterior, por lo que sus tetas quedaron ya al aire. Sabía exactamente como legustaba que se las besase, chupase y mordiese, era un experto en el placer demi madre, pero sobre todo por interés propio, tenía que calentar a mamá para loque venía a continuación.

Ella misma se levantó la falda, como siempre meveía venir de lejos y primero tenía que pagar el peaje para poder obtener loque quería. Me lancé sobre su rasurado coñito, metí la lengua, los dedos y lacabeza si hubiese podido. Aproveché la creciente calentura de mamá para llevarmis dedos a su culo.


Ese agujerito, aun apretado, se había convertidoen mi mayor objeto de deseo, desde que se lo follé por primera vez no lo habíadejado descansar ni un día. Aunque mi madre dilataba bastante rápido, no podíair y clavársela de golpe, tenía que andarme con cuidado, si le dolía cortabapor lo sano, en el fondo yo sabía que cada vez le gustaba más. Terminé porechar para atrás el asiento del pasajero, hasta el fondo de los raíles, despuéslo recliné cuanto se podía, me metí como pude en el hueco debajo delsalpicadero. Mi madre, se dejaba hacer, y me ayudó, echándose para atrás, asípude llegar con mi lengua a su ano.

Como he dicho me había aficionado a aquello, meencantaba pasar el tiempo con la cabeza entre sus piernas, pero de un tiempo aesta parte, el comerle también el culo era un placer. Huelga decir que mi madretenía un cuidado extremo en la higiene, más allá de eso pasar mi lengua,introducirla un poco, salivarle tanto como podía me volvía loco. A ella tambiénle excitaba pues cuando empezaba con aquello, sus agujero palpitaba y se abríapara recibirme, estaba lista.

–Gracias por el regalo mamá. Ella sabía que nome refería al coche.

–Calla tonto, métemela ya mi niño que nos van apillar.

Se me olvidaba decir que conforme nuestrarelación fue avanzando nos llamábamos más aun "mamá" e"hijo", nos ponía más cachondos. Apreté mi glande contra su culo, lahumedad de mi comida lubricó mi polla, entraba bien, pero seguía tan apretadaallí como el primer día. Había follado su culo más de dos docenas de veces, aunle costaba recibirme, apretaba los labios. Cuando estábamos cara a cara, comoen aquella ocasión, yo me había echado con ella en el asiento de mala manera,mi madre colocaba sus manos en mi pubis o mi pecho, para que me refrenase.

Tenía efecto al principio, como ahora, tenía sumano derecha en mi pecho, la izquierda se agarraba al reposacabezas, movía miscaderas despacio, disfrutando cada centímetro de mí rabo que se comía su culo,llegué hasta el final y vuelta a empezar. Cuando la sacaba ella respiraba, serelajaba, su agujero bien abierto, de nuevo recibía mi glande. Con cariño, ledecía ella, así me había acostumbrado a follarle el culo, de primeras.

Cuando yo me calentaba es cuando mi madre poníaa prueba su ano, cuando empezaba a sentir como se me ponía aun más dura, se meprecipitaba la corrida y yo me moría de ganas de oírle gritar. En esas estaba,cada vez le penetraba más rápido, ella desistía del intento de contenerme, memiraba con cierta suplica de piedad, mi polla entraba y salía del todorápidamente. Casi arranco el vestido, o la falda al menos, pues me distraía elmovimiento del mismo con las embestidas, ella buscaba agarre por el asientotirado, no había manera, se cogía de donde podía. Mi pubis chocaba contra ella,la carne sonaba en mi coche nuevo,

–¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh!¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh! Dioooos Siiiii Asiiii Siiii Asiiii Follameeee AsiiiiHijoooo Dioooos Santoooo Meee Mataaaas Deee Gustoooo Dioooos ¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh!¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh!

Le siguieron los gemidos. A mi madre le costabacada vez menos romper la barrera en que pasaba del ligero dolor al placer, seprecipitaba a un orgasmo y yo también. Cambié la velocidad de la follada por lacontundencia, sacaba mi rabo y de golpe se lo clavaba, su agujero hacía ademánde cerrarse y de golpe se lo abría.

–¡Auuuuuu! ¡Ayyyyyyyyyy! ¡Ayyyyyyyyyy! ¡Ayyyyyyyyyy!¡Ayyyyyyyyyy! ¡Ayyyyyyyyyy! ¡Ay Dioooos Siiii Comoooo Meeee Poneeee CuandooooMeeee Fooollaaaaas! ¡Ayyyyyyyyyy! ¡Ayyyyyyyyyy! ¡Ayyyyyyyyyy! ¡Ayyyyyyyyyy! ¡Ayyyyyyyyyy!

El alarido que soltaba con cada uno de esos erala hostia, solo podíamos follar así cuando papá no estaba en casa. Cuando notéque me corría definitivamente retomé las rápidas penetraciones sin llegar asacársela, así me podría correr dentro. Me agarré a sus hombros y atraje a mimadre contra mí, en aquella mala postura, la mía, para hacer fuerza me apoyé enla consola central, encendí la radio sin querer y todo lo que pillé, movía sucuerpo con la follada. Mi madre se corrió, con mi polla metida en su culo, meencantaba cuando tenía un orgasmo así, yo le seguí al poco, y le rellené con mileche. Me volví a mi asiento, respiraba cansado, aspiré y el aroma estabacompletamente saturado de olor a sexo, a sudor, saliva y fluidos de ambos.

No terminó allí el estreno del coche, cuando noshubimos recuperado pasamos al asiento de atrás, y lo hicimos de nuevo, por elcoño esa vez, mi madre me tenía restringidos los polvos por el culo. Uno al díacomo mucho, ni en mi cumpleaños me dejó saltarme esa regla. El caso es que leterminé de rellenar, y claro como no había llevado bragas, en todo el día, apetición mía, los asientos terminaron manchados, con un poco de mi semen y otropoco de su flujo, además de un par de manchas de cuerpos sudados, porqueterminamos desnudos y bien revolcándonos por la tapicería nueva.

–Mamá, si no te conociera mejor diría que el queantes nos pillase Luis te ha puesto cachonda.

Dije sarcástico, estaba casi seguro de que algode razón tenía.

–No te pases hijo. Me dijo y me dio un ligueropuñetazo en el hombro.

–Lo cierto es que he pensado un poco en él. Recogíael vestido.

–Mientras lo hacíamos, eso no me hace muchagracia.

La cogí por el cuello, sin llegar a apretardemasiado, y volví su cara para mí.

–No quiero que pienses en nadie que no sea yo, ymenos mientras lo hacemos.

–No lo hacía, solo me excitaba la idea de Luis yPaula juntos, como nosotros.
Su mano buscó la mía que le agarraba, reduje lapresión y la retiré.

–Tú lo has dicho, el amor filial me ponecachonda cariño.

–Más vale, que no quiero tener que volver aponerme serio, como con el puto abuelo.

Se me fueron los celos cuando ella se explicó,con eso y sintiendo su pulso calmado al cogerle por el cuello. Regresamos acasa y nos comportamos tan normales, ese día nos ahorramos visitas nocturnasdespués de estrenar el coche, era una de las formas de intimar que teníamos conpapá en casa, él se dormía muy pronto. Sin embargo mi madre se pasó por mihabitación, yo me escribía con Luis a través de una aplicación de mensajería,le fui dando los consejos que me había pedido, ha dictado de mi madre.

Lo primero, que fuese más cariñoso con ella, sinllegar a empalagar; segundo que se mostrase como el chico guapo que era, mecostó poner aquello; tercero que se le escapasen intimidades delante de ella,que si el otro día estuve con esta chica con las tetas enormes, ese tipo decosas. El caso era meterle a su madre en la cabeza que aparte de tener a suhijo en casa tenía a un hombre, uno que llegado el momento serviría paracalmarle sus necesidades.

Ese era el cuarto consejo, enterarse de su madreestaba necesitada de verdad. Lo cierto es que mientras yo escribía eso una finay suave mano femenina tomaba posesión de mi polla sobre mi pantalón al levantarla vista la veo a mi madre con una amplia y morbosa sonrisa y con esa miradacaracterística de ella cuando reclama mis atenciones sexuales sin decirme nadase me viene encima me baja el cierre saca mi polla y comienza una mamada luegode eso empezó a coquetear para terminar follando descontrolados y yo tapándolela boca para que grite hasta que pude ahogar un profundo gemido de mi madrecuando me corrí dentro de ella haciendo que se corra también como la cerda queera.
 
Continuara…

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