Perdido Con Mama 2 Edicion 2026
Con la que estaba cayendo no había quien saliese de casa demi abuela. La verdad es que no se estaba ni tan mal allí, mi tío Paco, elhermano mayor de mi padre, que también vivía en el pueblo había reformado ellugar hacia apenas dos años.
La vieja cocina económica había sido sustituida por unacaldera en condiciones, y se agradecía. No pasé mala noche, pero el tardé enconciliar el sueño, en parte por mi primo Luis y sus verborrea y en parterecordando lo que aconteció con mi madre en el coche.
Aquella mañana, a primera hora, en la casa solo estábamos: miabuela por supuesto, mi tía Paula, hermana menor de mi padre, mi primo Luis suhijo, mis padres y yo mismo.
Mi tía se había divorciado hacía cinco años, ya se habíaquitado el luto decía Luis, según él su madre salía todas las semanas, con ungrupo de divorciadas y solteronas. La tía Paula tenía cuarenta años, teníaalgunas arruguitas en la cara, piel morena y pelo teñido de rubio, es bajita,de no más de metro sesenta, curvilínea y con bastante pecho.
Me llamó más la atención este último detalle durante elcumpleaños, como decía Luis estaba un poco más descocada y llevaba unospronunciados escotes.
Mi primo llevaba muy bien todo aquello de que su madrequisiese dar un giro alegre a su vida, también se llevaba bien con su padre quese había vuelto a casar, y con una mujer con hijos propios. En fin Luis era untarambana, una broma constante, podías hablar con él de cualquier cosa, pormala que fuese que terminabas con una sonrisa.
Mi primo decía que nos teníamos que ver poco, él y yo, asínos importaba menos hacer el ridículo el uno delante del otro. Mi tía acompañoa mi centenaria abuela hasta la cocina, mi madre y ella habían preparado eldesayuno, mi padre estaba con el móvil en otra habitación en ese momento.
Luis hizo el tonto para la abuela, le arrancó una sonrisadesdentada y le dio dos besos, yo también la saludé con un abrazo y un par debesos. Nos dijo que se había preocupado el día anterior, que se alegraba de queestuviésemos todos allí, luego empezó a desvariar con que sería su últimocumpleaños, llevaba así casi diez años. Desayunados Luis y yo nos abrigamos ynos aventuramos a dar una vuelta por el pueblo.
Al ser enero, el lugar estaba prácticamente desierto, era unpueblo pequeño y apartado. Apenas dos o tres vecinos bajaban de los sesenta yuno era mi tío Paco, y tenía cincuenta y nueve. Era alcalde, de ese y otrostantos pequeños municipios, casi aldeas de la zona, agrupados en unamancomunidad. El panadero llegó haciendo sonar el claxon y para allí que fueronlos vecinos, Luis y yo nos encaramos a caminos de infancia. Se encendió uncigarrillo y me ofreció, lo rechacé.
-Joder la yaya, cien tacos. Dio una calada.
-Ya te digo, es cosa del pueblo.
-Será eso, aunque si te digo la verdad yo aquí me moría endos días. Le reí la gracia. -Te lo digo en serio, no entiendo al tío, ni aAlba.
-¿Qué pasa con ella?. Si ha terminado Ade hace poco y elmáster.
Me interesé por la vida de mi pechugona prima, más que nadapor hablar de algo.
-Pues que se vuelve al pueblo, con su padre. Lo comentó ayerantes de que llegaran, los hermanos como son unos capullos redomados lapusieron a parir.
-Así era, los dos hermanos mayores de mi prima, estaban biencolocados y les encantaba mirar por encima del hombro a todo dios.
-Que también te digo, que sabiendo que Alba va a estar aquíno me importaría venir más a menudo.
-Ya y a quién no. Recordando lo que había pasado con mi madreel día anterior, justo antes de llegar me dijo que fuésemos discretos mientrasestuviésemos con la familia al completo, se me vino una cosa a la mente.
-¿Tú te Follarias al Alba?. Si pudieras hacerlo, si supiesesque ella quiere hacerlo tanto como tú.
-Pues la verdad es que sí. No hubo un instante de duda porparte de Luis.
-¿En serio?. Asintió con el cigarrillo en los labios y lasmanos en los bolsos buscando calor.
-¿Y a mi madre, te la Follarias?. Decidí subir la apuesta.
-¿Me vas a dar una golpiza si te digo la verdad?. Neguériéndome.
-Sí macho, lo siento y tal, pero me la Follaria, que está muybuena y como te dije anoche esta vez tiene un no sé qué muy guapo.
-Yo la verdad también me Follaria a la tuya.
-Me cago en la puta. Bromeando hizo un amago de darme ungolpe.
-Son las tetas, antes no las enseñaba y ahora las llevaprácticamente fuera, te entiendo. Se encogió de hombros.
-¿Tú Te La Follarias, A Tu Madre digo?. Me miró extrañado.
-Joder eso, eso no se puede cabrón. Lo miré con fingidapresión para que contestase.
-¿Tú lo harías?.
-Sí, sin lugar a dudas. El debió creer que bromeaba, pero leestaba diciendo la más absoluta de las verdades.
-Vamos imagina el mismo escenario que con Alba, contesta.
-Pues hombre, aunque nunca sería lo mismo, supongo que sí. Sequedó pensativo a un segundo.
-Como sueñe algo raro esta noche te mato.
Me reí a carcajadas, continuamos el paseo hasta que el frióse empezó a hacer insoportable. De vuelta en casa de mi abuela, la homenajeadaestaba en la cocina, con el resto de mujeres, mi tía, Alba y mi madre y ademásya había llegado la esposa de mi tío Paco, Juana. Mi madre no era muy dada alas tareas domésticas ni a la cocina, ella trabajaba todo el día así que comosolía decirme ella no iba a seguir laburando al llegar a casa, teníamosasistenta de todas formas, y yo comía en la facultad, así que tanto daba.
Mi tío Paco estaba en la sala, con mi padre, hablaban delpueblo y así. Mis otros primos no aparecerían más que a la comida lo cual erabastante bueno, también iban a venir otros familiares más lejanos. El soporempezaba a matarnos, la televisión era una basura, la cobertura iba y venía,para empeorar las cosas Luis y yo habíamos agotado los temas de que hablar. Élse metió a ayudar en la cocina, en ese momento mi madre aprovechó paraescaparse. Mi padre y Paco habían marchado a ver unas tierras. Al pasar por elsalón ella me lanzó una miradita y yo la seguí. Subimos al piso de arriba, memordía el labio inferior para matar las ganas de agarrarla el culo mientras lomeneaba delante de mí en la escalera.
Ya arriba mi madre entró en la habitación que compartía conmi padre, me colé detrás. Con la puerta cerrada no me pude aguantar las ganasde echarme encima de ella, llevaba fantaseando toda la noche. Manoseé su cuerpopor encima de la ropa, ella se dejaba hacer, normal después de lo de ayer.Empecé a comerle el cuello, ligeros y húmedos besos.
-Para cariño, ahora no. Me cortó.
-¿Qué pasa?. Lepregunté encarándola.
-No podemos hacer nada con todo el mundo aquí.Le busqué un beso, me esquivó.
-Que no, Mario. Me dejo algo decaído ella lonotó.
-Mira me gustó mucho lo que hicimos, y va avolver a pasar, pero no en casa de tú abuela, por dios aguanta un poco.
Me senté en la cama algo desanimado. Dijera loque dijera mi madre, en mis pantalones había algo que le quería llevar lacontraria.
-Mario, mi niño. Se sentó a mi lado.
-Lo que hemos empezado no ha terminado, ni muchomenos, pero estas cosas hay que llevarlas con cuidado, y tacto. Paso su manosobre mi paquete.
-Yo también me muero de ganas de repetir, y algomás esta vez, solo aguanta un poco hijo.
-Hablas como si supieras bastante. Le dijeTomando su muñeca y evitando que retirase la mano.
-¿De morirme de ganas?. No te haces una idea.Intentó esquivar mi pregunta.
-De lo otro, del incesto. Era la primera vez quepronunciaba esa palabra en mi vida. La verdad. Esperé una oscura confesión
-Leo mucho. Agité la cabeza algo molesto por esagracia.
-Vale, en realidad es una fantasía que tengodesde hace tiempo.
-¿Querías montártelo conmigo desde hace tiempo?.Ella dejó de mirarme por un segundo, buscando escapatoria, no la dejé, leagarré una teta.
-¡Quieto!. Me apartó la mano.
-No es eso, es más una cosa que estaba ahí, tehe visto convertir en un chico atractivo, un poco solitario, y bueno hay algomás, pero prefiero guardarme eso para mí, la miré con urgencia
-De momento al menos. Me concedió eso, sabíamantenerme en el anzuelo.
-Anda hazte cargo de esto. Me agarró la Polla através de los pantalones, marcó bien la forma.
-No se te ocurra bajar así que matas a la abuelade un susto.
-Me vendría bien algo de ayuda.
La agarré de las caderas nada más levantarse,hundí mi cara en el punto en que terminaba su espalda y empezaba su culo.
-No paras ni un momento. Se libró de mí, diootro paso adelante y se giró.
-¿Te sirve con esto?.
Se levantó el buzo y la camiseta que llevabadebajo, iba otra vez sin Corpiño, ya me había percatado al agarrarle la tetaantes. Hay que decir que esa fue la primera vez que le vi sus pechos bien, enel coche no llegué a contemplar esas precisas manzanitas en todo su esplendor.Mi madre tenía una copa pequeña, una ochenta o cosa así, pero bien redonditaslas tenía.
Los pezones que en el día anterior se me antojaron oscuros,eran más bien rosados, grandes y puntiagudos. Estiré la mano libre, la otra yala tenía metida en el pantalón, me la apartó con delicadeza y se cubrió. -Comono me hagas caso te quedas sin nada. Retrocedió otro paso más, su espaldapegaba en la puerta. Ahora me enseñó solo el pecho izquierdo, quería jugar y yotambién.
Me levanté de golpe, sin darle tiempo a reaccionar. Me saquéla Polla ya dura, toqué con la punta su vientre descubierto. Intentó apartarmede ella, sin demasiado esfuerzo, el tacto de mi glande en su piel me tenía acien, solo tenía que quitarle el pantalón, bajar un palmo y ya estaba. Mismanos fueron a la cintura de sus vaqueros, ella las buscó con las suyas paradetenerme, me decía que no en susurros y entre risas nerviosas. Solté el botón,los vaqueros le quedaban prietos, se los bajé hasta medio muslo de sus interminablespiernas, suficiente. Me agarré la Polla y busqué, mirando hacia abajo,apartando su tanguita. Ella me besó, para distraerme.
-Aun no. Me susurró al oído.
-Aquí no podemos hacer esto. Mi madre tomó elcontrol de mi rabo, imaginé que al menos me haría una paja, quizás otra mamada.
Se puso de puntillas, su cabeza se elevó porencima de la mía, llevó mi Polla entre sus muslos, noté el roce de la tela desu tanga por arriba, la carne cerrándose a los lados.
-Muévete, con cuidado.
Me ordenó. Imprimí movimiento a mis caderas, miPolla se deslizaba entre sus piernas, no la penetraba pero notaba su humedadcreciente. Era mejor que nada, y en parte era muy excitante, los dos vestidoscasi por completo, y casi follando pero sin follar. Quise darle gusto con misdedos, ella se negó:
-No que si empiezo no voy a poder parar. Medijo.
-Mamá, quiero decirte que me encanta esto, todo,que me tiene descolocado pero es genial.
Ella sonrió a mi confesión un tanto pueril.
-Me alegro mucho mi niño, a mí también me gusta,hacía años que no sentía este morbo, tanto tiempo.
Se mordió el labio inferior. Se apoyó en mishombros, se acercó con la lengua a mi oreja, el cosquilleo me provocó uncalambre por toda la columna, el mordisco un pico de dolor. Aumenté el ritmo demis caderas, metí mis manos bajo su buzo, le pellizqué los pezones en respuestaal mordisco. Me terminé corriendo al poco, con la Polla atrapada entre susperfectos muslos, disparé contra la puerta, le manché a ella un poco sin poderevitarlo. Mi madre buscó con qué limpiar la puerta, me pasó un cojín viejo queestaba sobre la cama, ella tomó un pañuelo de papel en su bolso para sí, queestaba en una silla.
-¿En serio?.
Pregunté sujetando la almohadilla frente a ella.
-Es mejor que nada.
Se subió los pantalones.
-Me has dejado empapada.
Antes de cerrarlos se acarició la tanga, semarcó la humedad en la tela.
-Eso tiene solución. Yo seguía queriendo más.
-Que no pesado. Limpia eso y haz como si nada.
En un memento no sé porque me cabree con ella mesubí los pantalones
-¡Eres una puta calientapollas ya verás!
Le grite golpeando la pared de un puñetazo le contesté antesde que saliese ella me vio cabreado se puso mal y mas mal se puso con lo que legrite. La cocina seguía frenética con los preparativos, mi padre y mi tíoregresaron, traían con ello uno de los perros de mi tío.
El pastor alemán, casi un cachorro se convirtió en mi mayorentretenimiento. Luis había terminado su aportación, resultaba que había estadoestudiando repostería, no me dijo nada, y había preparado una tarta a laabuela. Los dos nos pasamos el rato hasta que empezaron a llegar familiares, eincluso después, tirándole una bola de un lado a otro al perro.
Mis primos, los imbéciles, hicieron acto de presencia, uno setrajo a la novia, esa chica no había visto un pueblo ni en foto, no era tanguapa como creía la pobre. La comida empezó con una felicitación a la abuelapor parte de toda la mesa.
Luego ya entramos en materia, la comida era contundente,patatas con chorizo de primero y cordero asado de segundo. Los primos estábamostodos en un extremo de la mesa, Luis hacía tonterías, yo le reía las gracias,la abuela, que no estaba lejos también, su madre le llamaba la atención. Albaque se nos había sentado al lado, de hecho a mi izquierda también reía, aunquetímidamente.
Como ya he dicho el rasgo más característico de mi prima essu pecho, enrome, pero además yo diría que es una chica un tanto insegura, eslista y maja, pero al estar algo rellenita y ser bajita me da que tiene máscomplejos de lo que creemos, a Luis y a mí nos encantaba igual.
La sobremesa se demoró hasta casi las cinco, la abuela sequedó dormida a eso de las cuatro, entre mi tía y otra familiar la llevaron alcuarto. Se fue despidiendo la gente paulatinamente, los primeros mis primos yla novia, que apenas había comido.
En un momento que me levanté, para ir al baño, Luis ocupó misitio junto a Alba. Nuestra prima llevaba un rato riéndole las gracias ybebiendo bastante tinto, yo también había pimplado lo mío y reído bastante,supuse que las dos cosas estaban conectadas. Me dirigí al baño de la primeraplanta, entré sin llamar ni nada, y se me quedaron los ojos como platos. Mi tíaestaba echada en la pila, sin blusa, en Corpiño, con sus dos buenas tetasbotando, a consecuencia del movimiento de frote sobre la prenda que trataba delimpiar.
Se volvió al verme en el umbral, y dejó la blusa en ellavamanos para cubrirse con los brazos, pero poco podía cubrir. Yo no me cortéen mirar, no después de lo acontecido con mi madre, no después de su desafío yno después del calentón que llevaba entre vino y demás.
-Mierda tía perdona. Dije mientras entraba ycerraba tras de mí.
-¿Perdona?. Preguntó con tono chulesco.
-Pero sal melón qué no ves como estoy.
-Joder que si lo veo. Respondí, con doblesentido.
-Tú estás tonto, que salgas te digo. La ignoré,sin dejar de mirarla.
-Es que no me aguanto más, y necesito usar elbaño.
Respondí, llevándome una mano al paquete, susojos siguieron el gesto igual tenía suerte con tía Paula.
-Anda deja que salga. Recogió la blusa.
-No mujer, sigue a lo tuyo que solo tengo quemear. Además que eres mi tía, no vas a ver nada del otro mundo.
Avancé hasta el inodoro, procurando pasar cercade ella en el corto camino.
-No serás capaz...
Se calló al verme sacarme el rabo. Yo que soy deencendido rápido, la tenía ya algo morcillona con solo verle las tetasbambolearse, y el morbo que mi madre había citado por la mañana hacía el resto.Mi tía no sabía dónde meterse, me miró de seguido unos segundos, elladivorciada y según Luis buscando guerra, era una buena combinación.
Supongo que para intentar aparentar normalidad volvió a losuyo, al frota que te frota, ahora yo miraba de reojo esas mamellas queparecían iban a saltar del Corpiño en cualquier momento. Claro que me estabaponiendo tan Caliente, que las ganas de mear se convertían en una erección pormomentos. El tiempo que llevaba frente al retrete sin hacer nada volvió aatraer la atención de mi tía.
-¿No ibas muy apurado?. Me preguntó, apenaslanzó un par de miraditas, mi Polla estaba más grande que al principio.
-Que a veces tarda, tiene mucho recorrido.
-Ese era el vino hablando por mí.
-Que cafre, igual que tu primo.
-¿Igual o más grande?. Bendito Rioja que sacabalo mejor de mí.
-Ya te vale, cualquiera que te vea.
Ella reía, pero cada vez miraba más.
-Cualquiera que nos vea, porque tu tía estástambién de foto.
-Con un Corpiño viejo y dos tetas caídas, yaves, no todas podemos ser tu madre. Aclaraba la blusa.
-A algunas no les hace falta. Tiré la bomba y megiré un tanto, a ver cómo reaccionaba, la erección era ya casi total.
Me miró la Polla, a dónde más mirar en el pequeño cuarto debaño. La puerta se abrió, todo el pudor me volvió de golpe, di la espalda a laentrada e intenté pensar en algo que me bajase el tema.
-Paula, perdona. Era la voz de mi madre.
-¿Y esto que hace aquí?. Preguntó por mí.
-Ya ves que tenía prisa, están los dos que habíaque haberles quitado el vino antes del segundo plato. Le contestó mi tía.
-Pues el tuyo a este paso se casa con la niña.Comentó mi madre en clara referencia a Luis y Alba.
-Voy para abajo a ver que hace. Mi tía salió.
-Termina ya que vas a hacer cola. Me soltó antesde irse.
Cerraron la puerta, las oí hablar, que lapillada hubiese sido cosa de mi madre sirvió para mantenerme el mástil bienrecto. La puerta volvió a abrirse.
-¡Ocupado!.
Grité sin volverme.
-Muy ocupado estabas tú hace un momento.
Era mi madre otra vez. Me giré, contento de quefuese ella, con la Polla apuntándole y las manos deseando tocar carne.
-¿Que hacías con tu tía?.
Me preguntó algo molesta.
-Pues lo que me has dicho esta mañana.
Le contesté y me quedé tan pancho, con ella notenía que andarme con cuidado.
-Serás.
Suspiro enfadada, no supe si era enserio o unaactuación.
-Esas tenemos, y si voy y me cojo a Luis, lellevo a la habitación...
-No, mamá no jodas.
La interrumpí, de repente no soportabaimaginarle con alguien que no fuese yo.
-Pues eso te digo a ti.
Estaba cabreada de verdad.
-Que será el vino y el calentón, mira como latengo.
Me señalé el rabo duro.
-Tienes diecinueve años, deberías saber hacerteuna paja solito.
-Pero es que no quiero una paja, quiero follarte.
Acorté la distancia, ella se volvió para la puertay pensé que se iba, cerró el pestillo.
-No te vas a quedar tranquilo hasta que pase, ¿Verdad?.
Negué con la cabeza.
-Quería que fuese mejor que esto, en el baño decasa de tu abuela. Yo quería hacerlo en una buena cama, en casa y a gusto. Aquíencima está toda la familia y tu padre abajo.
Se acercó y empezó a meneármela, se escupió en la mano,extendió su saliva por mi cipote.
-Pero supongo que eso lo hace un poco más excitante, ¿No?.
-Mamá, me muero de ganas. Tiré de ella hacía mí,y en un rápido movimiento la subí al lavabo.
-Se me va a mojar el culo, tontito.
Me dijo ya juguetona.
-Más que eso se te va a mojar.
Esbocé una sonrisa lupina. Desabroché losvaqueros y esta vez los bajé hasta las rodillas, un poco más, volvía a llevarlas botas altas y no me daba para más. Las bragas se les unieron al instante.Su coño brillaba húmeda, llamándome, yo contesté.
Había hecho aquello más veces, con una novia del instituto,una chica que o la comía todo o no había diversión para mí, al final le cogígusto. Aquella chica tenía el coño cerradito, los labios casi hacia dentro, mimadre no, ella los tenía hacia fuera, grandes y con esa característica forma deflor. Hundí mi boca allí, con la nariz rozaba por encima del clítoris, jugué unpoco con eso para acariciar el botoncito de placer con la punta. Pillé porsorpresa a mi madre, que se estiró y buscó asideros al sentirme allí, en unamirada hacia arriba pude ver como ser mordía la mano izquierda para no gemir.
Por suerte para ella la derecha encontró una toalla, ella sela llevó a la boca. Sus dedos empezaron a escarbar en mi pelo. No podía abrirlebien las piernas por culpa de los pantalones, le tuve que quitar las botas, ydespués estos. Las bragas se las cambié por la toalla, ella las mordió condeseo. Ahora sí le separé las piernas, su culo casi cae del todo en la mojadapila. Me estaba deleitando comiéndole el coño cuando tiró de mi pelo paraarriba.
-¡Para!. , vamos a follar. Esto me lo haces cuando tengamosmás tiempo.
Respiraba pesada. Se quitó el buzo y lacamiseta, estaba totalmente desnuda, fui a imitarla.
-No, déjate la ropa, por si viene alguien. No pierdas más tiempodame con esto enterrármela entera.
Enfiló mi Polla a la entrada de su coño.
-¿Así sin más?. ¿Y lo de hacerlo especial?.
-Cuando lleguemos a casa te juro que algoespecial haremos, ahora mamá quiere tu polla.
Me tiró del cuello de la camisa y me acercó paraplantarme un morreo.
-No haberte puesto tan pesado, mira como me tienes.
Me encantaba como la tenía, me volvía loco verlatan excitada. Con mi Polla agarrada acaricié la entrada de su coño, le pasé laPolla por los grandes labios, despacio calentándola más. Me espoleó con ungolpe de talón en mi culo, mi madre quería que se la clavase ya.
Yo también me moría de ganas coloqué el glande en la entrada,saboreando su humedad con la punta de mi rabo. Se la introduje despacio, con unlento movimiento de cadera, ella se echó hacia atrás, recibiéndome, contra elespejo.
– Ahhhhh! Ahhhhh! Ahhhhh! Dioos Siiii Asiiii Papiiii AsiiiiFollameee Asiiii Sigueeee Amooor Sigueee Ahhhhh! Ahhhhh! Ahhhhh!.
Lazo un gemido que no pudo retener y Empecé conun bombeo suave, casi con miedo a romperla, o más bien para que no acabasenunca aquello. Mi madre suspira y me miraba directamente a los ojos, sus brazoscerrados alrededor de mi cuello. Estaba mojada y caliente, no demasiadoabierta, su coño me apretaba la Polla. Nos movíamos con idéntico ritmo, sobreel lavabo, llevé mis manos a su culo, para elevarla un poco más y acercarla amí. Terminamos pegados, sus pechos contra mi torso, sus pezones clavándoseme.La tenía cogida a horcajadas, suspendida en el aire, di un paso atrás, lejos yade la pila. En mitad del baño, con mi madre totalmente desnuda y colgada de mí,así fue como llegamos, casi a la vez.
Mi madre se vino primero, no fue con terribles gritos yfuegos artificiales, fue con gemiditos, resoplidos y un característico temblor,que le tensaba la espalda, apretó sus labios contra mi hombro derecho mientrasexhalaba el último retazo de placer, terminó clavando los dientes.
–Uhhhh ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh!.
Yo me corrí inmediatamente después, me dio un poco de palohacerlo dentro de ella, Cogiendo a pelo. -Mamá... Empecé al tiempo que mevenía, no la saqué y me corrí con ganas.
-¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! Tranquilo cariño, no pasa nadadámela adentro llénamelo todo ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh!. Gemía mientras Me besóen la boca.
-Ha estado muy bien, ahora dame la ropa, que tenemos prisa.
Le fui pasando la ropa, en lo que ella, con untrozo de papel higiénico se limpiaba el coñito, que goteaba algo de mi semen.Yo salí primero del baño, no había moros en la costa, ella salió un minutodespués. La ropa colocada, el pelo bien peinado, como si no hubiese pasadonada, no había sido el polvo del siglo, apenas quince minutillos, algo más. Nohabía sido sexo salvaje en que nos arrancásemos la ropa y aullásemos comoanimales.
Había sido una primera vez, de nuevo, con algunas cautelas ycon más excitación por el morbo de nuestra relación madre hijo, que por el actoen sí de follar. Mi madre y yo pasamos un rato más a solas, en el primer piso,hablamos más, yo le enumeraba la de cosas que quería hacerla, ella me demandabaalgo de calma, íbamos a pasarlo muy bien juntos decía, pero había que sercuidadosos.
Convinimos que no debía haber más arrebatos como ese mientrasestuviésemos donde la abuela, yo estaba más sereno y acepté, no muy convencido.La familia seguía de sobremesa, con sus historias, gracias y debates. Mi tíaPaula se había puesto a jugar a las cartas con la abuela y otras ancianas defamilia lejana. Me lanzó una risilla al verme, pero más que eso noté que habíaalgo distinto en la forma de mirarme.
Después de hacerlo con mi madre estaba lanzado, me calentómucho la idea de llevar a mi tía por el camino que mi madre y yo recorríamosdesde hacía poco, si bien algo me decía que mi madre tenía mucha experienciapráctica en estas relaciones prohibidas. El caso es que todo el mundo estaba ensus grupillos, y Luis y Alba habían desaparecido. Mi madre se sentó junto a lasmujeres que jugaban a las cartas, yo viéndome solo decidí salir fuera. Elpastor alemán de mi tío roía un hueso, al verme empezó a mover el rabo, dejó laosamenta y se me acercó con la pelota en la boca.
Allí estuve, jugando con el animal un buen rato, hubiesepreferido estar jugando con mi madre, pero que se le iba a hacer, por otro ladose me hacía raro estar con toda la familia después del polvo. Mi tía Paulaapareció de repente por el jardín, llevaba una rebeca encima de la blusa. Yoque me había terminado de serenar estaba algo avergonzado del momento baño, sibien la exuberancia de mi tía me seguía atrayendo. Se quedó un rato ensilencio, mirándome lanzar la pelota de tenis llena de babas del perro.
-Mario,
Empezó y se puso un poco colorada, tal vez porel frío
-Espero no haberte metido en un lio con tu madre.
-No que va, yo debería disculparme, ha sido cosadel vino y...
-Y de que me había quedado muy caliente despuésdel anticipo de mi madre aquella mañana, por suerte ahora estaba ya relajado ycentrado. Además, creo que los celos había jugado un papel importante parahacer ceder a mi madre.
-Solo eso, bueno, pues que no se repita.
Dijo divertida, sin ninguna convicción.
-¿Sabes dónde ha ido Luis?.
Negué, si se había ido con Alba me hacía unaidea, nada buena. Sonreí al pensar en mis primos liados, como yo y mi madre,bueno no tenía mucho punto de comparación en realidad.
-Tú sabes algo. Me pilló.
-Bueno son mayorcitos, y eso lo hemos hechotodos, luego te arrepientes y el las comidas familiares ni te miras.
Mi tía hablaba de primera mano.
Me encantaba estas confesiones que soltaban, casi de pasada,con inocencia, tanto mi madre como ahora mi tía. Sabía que mi madre teníaexperiencia en estos asuntos que me ocultaba, y acababa de descubrir que mi tíatambién. Se volvía para adentro cuando me dio por tirarle de la lengua.
-¿Quién fue?. -Se volvió extrañada.
–Ese con el que te lo montaste.
-Y yo que pensaba que se te había pasado elsubidón. ¿Por qué te interesa?.
-No sé, curiosidad, y que me aburro como unostra. Igual si tengo algo jugoso en lo que pensar se me hace más ameno elrato.
-En parte era cierto, en parte quería saber queella también había derribado esa muralla de tabú.
-¿Jugoso?. Los líos de tu tía.
Asentí, ella miró al suelo sonrió.
-Pues un primo, la verdad, un hijo del tío quese fue a las Américas cuando la guerra.
Le hice un gesto para que siguiera contando.
-Era un chico guapo, con acento de allí y mellevó al huerto, fin de la historia. No tiene mucho jugo creo yo.
-¿Te puso Caliente que fuese familia?.
Torció el gesto, me había pasado de la raya.
-Sé por dónde vas, quítatelo de la cabeza.Estaba muy seria de repente.
-No te vayas a creer que por enseñarme la Pollavoy a hacer una locura con mi sobrino.
-No pretendía eso.
Mentí en parte.
-Ya bueno, el numerito de antes y ahora esto.
Realmente había pinchado en hueso con mi tía, unerror de juicio. -Una cosa es la broma y demás, pero lo otro...
-Perdona tía.
Dije apocado.
-De verdad que no intentaba, ha sido unmalentendido.
-Mira lo voy a dejar pasar y olvidamos estaconversación.
Yo miraba al suelo, notaba sus ojos severosclavados en mí.
-Vete a buscar a tus primos y tráelos para casa.
Acepté el encargo algo acojonado, menudametedura de pata. Fui un estúpido al imaginarme el protagonista de una peliporno que se tira a todas. El rapapolvos de mi tía me dejó claro que el temaentre mi madre y yo debía ser llevado con sumo cuidado. Me cortó tanto queempecé a dar vueltas a todo lo ocurrido, si alguien se enteraba se nos caía elpelo.
Daba algo de vértigo todo lo de estar haciendo algo tan tabú,pero cuando empezabas no había forma de parar, al menos en mi caso y en el demi madre, ella también tenía mucho vicio. Por suerte Luis apareció paralevantarme el ánimo, le pille a medio camino del lugar donde yo sabía que habíallevado a Alba. Era lo que llamábamos nuestra caseta de críos, algo alejado delpueblo, al borde de un camino entre unos árboles se hundía el suelo y allíteníamos unos sofás polvorientos que encontramos tirados hace años. Cuandoéramos adolescentes no habíamos colocado allí más de una vez, sí había algunachica en el pueblo y teníamos suerte allí nos la llevábamos.
-Ese primo.
Me dio un golpe en el pecho, venía feliz.
-¿Qué has hecho cabronazo?.
-Tú qué crees. -Sonreía de oreja a oreja. -No me lo creo, meestás vacilando. ¿Dónde está ella?.
-Para casa a ido, la he dejado muerta.
-Fardó.
-Mientes.
-Y un cojón. Además la culpa es tuya, que me has picado estamañana. Me pasó el brazo por el cuello.
-Bendito pique. Como ya he dicho mi primo teníaun talento innato para subirme el ánimo y lo hizo.
Me contó con pelos y señales, y algunaexageración, como había sido el tema con Alba. Escucharle me reavivó las ganas,que no se habían apagado, ni mucho menos, de seguir para adelante con mi madre.Luis no dejó de hablar de Alba ni cuando nos fuimos a dormir, era la últimanoche que pasábamos y me contó por enésima vez como tenía las tetas nuestraprima, describió con exactitud una marca en la piel y siguió contándome aunmás. Yo ya miraba al regreso, a las promesas de mi madre de más diversiónjuntos.
Olvidaba el mal rato con la tía Paula, solo recordaba susenormes tetas bamboleándose y las miradillas a mi Polla, además de lo que mecontó, mejor centrase en las cosas buenas. Todas estas distracciones junto conLuis hicieron que me durmiese tarde.
A la mañana siguiente tocó despedidas, besos aquí y allá,abrazos y apretones de manos. Mi padre dijo a mi madre que mejor si conducía yosu coche y ellos volvían en el de él. Ella se enfadó y dijo que yo podíaconducir pero que se venía conmigo. Llevamos a mi padre delante todo el caminohasta casa, mi madre con su mano izquierda en mi paquete gran parte del viaje,también quitó la calefacción y se le marcaron los pezones. Le avisé quetendríamos un accidente si seguía así. En cuanto aparcamos, mi padre metió elcoche al garaje, yo dejé el de mi madre en la entrada del mismo, esa nochedormía al raso. Ella me susurró al oído antes de salir:
-Ahora empieza lo bueno.
Con la que estaba cayendo no había quien saliese de casa demi abuela. La verdad es que no se estaba ni tan mal allí, mi tío Paco, elhermano mayor de mi padre, que también vivía en el pueblo había reformado ellugar hacia apenas dos años.
La vieja cocina económica había sido sustituida por unacaldera en condiciones, y se agradecía. No pasé mala noche, pero el tardé enconciliar el sueño, en parte por mi primo Luis y sus verborrea y en parterecordando lo que aconteció con mi madre en el coche.
Aquella mañana, a primera hora, en la casa solo estábamos: miabuela por supuesto, mi tía Paula, hermana menor de mi padre, mi primo Luis suhijo, mis padres y yo mismo.
Mi tía se había divorciado hacía cinco años, ya se habíaquitado el luto decía Luis, según él su madre salía todas las semanas, con ungrupo de divorciadas y solteronas. La tía Paula tenía cuarenta años, teníaalgunas arruguitas en la cara, piel morena y pelo teñido de rubio, es bajita,de no más de metro sesenta, curvilínea y con bastante pecho.
Me llamó más la atención este último detalle durante elcumpleaños, como decía Luis estaba un poco más descocada y llevaba unospronunciados escotes.
Mi primo llevaba muy bien todo aquello de que su madrequisiese dar un giro alegre a su vida, también se llevaba bien con su padre quese había vuelto a casar, y con una mujer con hijos propios. En fin Luis era untarambana, una broma constante, podías hablar con él de cualquier cosa, pormala que fuese que terminabas con una sonrisa.
Mi primo decía que nos teníamos que ver poco, él y yo, asínos importaba menos hacer el ridículo el uno delante del otro. Mi tía acompañoa mi centenaria abuela hasta la cocina, mi madre y ella habían preparado eldesayuno, mi padre estaba con el móvil en otra habitación en ese momento.
Luis hizo el tonto para la abuela, le arrancó una sonrisadesdentada y le dio dos besos, yo también la saludé con un abrazo y un par debesos. Nos dijo que se había preocupado el día anterior, que se alegraba de queestuviésemos todos allí, luego empezó a desvariar con que sería su últimocumpleaños, llevaba así casi diez años. Desayunados Luis y yo nos abrigamos ynos aventuramos a dar una vuelta por el pueblo.
Al ser enero, el lugar estaba prácticamente desierto, era unpueblo pequeño y apartado. Apenas dos o tres vecinos bajaban de los sesenta yuno era mi tío Paco, y tenía cincuenta y nueve. Era alcalde, de ese y otrostantos pequeños municipios, casi aldeas de la zona, agrupados en unamancomunidad. El panadero llegó haciendo sonar el claxon y para allí que fueronlos vecinos, Luis y yo nos encaramos a caminos de infancia. Se encendió uncigarrillo y me ofreció, lo rechacé.
-Joder la yaya, cien tacos. Dio una calada.
-Ya te digo, es cosa del pueblo.
-Será eso, aunque si te digo la verdad yo aquí me moría endos días. Le reí la gracia. -Te lo digo en serio, no entiendo al tío, ni aAlba.
-¿Qué pasa con ella?. Si ha terminado Ade hace poco y elmáster.
Me interesé por la vida de mi pechugona prima, más que nadapor hablar de algo.
-Pues que se vuelve al pueblo, con su padre. Lo comentó ayerantes de que llegaran, los hermanos como son unos capullos redomados lapusieron a parir.
-Así era, los dos hermanos mayores de mi prima, estaban biencolocados y les encantaba mirar por encima del hombro a todo dios.
-Que también te digo, que sabiendo que Alba va a estar aquíno me importaría venir más a menudo.
-Ya y a quién no. Recordando lo que había pasado con mi madreel día anterior, justo antes de llegar me dijo que fuésemos discretos mientrasestuviésemos con la familia al completo, se me vino una cosa a la mente.
-¿Tú te Follarias al Alba?. Si pudieras hacerlo, si supiesesque ella quiere hacerlo tanto como tú.
-Pues la verdad es que sí. No hubo un instante de duda porparte de Luis.
-¿En serio?. Asintió con el cigarrillo en los labios y lasmanos en los bolsos buscando calor.
-¿Y a mi madre, te la Follarias?. Decidí subir la apuesta.
-¿Me vas a dar una golpiza si te digo la verdad?. Neguériéndome.
-Sí macho, lo siento y tal, pero me la Follaria, que está muybuena y como te dije anoche esta vez tiene un no sé qué muy guapo.
-Yo la verdad también me Follaria a la tuya.
-Me cago en la puta. Bromeando hizo un amago de darme ungolpe.
-Son las tetas, antes no las enseñaba y ahora las llevaprácticamente fuera, te entiendo. Se encogió de hombros.
-¿Tú Te La Follarias, A Tu Madre digo?. Me miró extrañado.
-Joder eso, eso no se puede cabrón. Lo miré con fingidapresión para que contestase.
-¿Tú lo harías?.
-Sí, sin lugar a dudas. El debió creer que bromeaba, pero leestaba diciendo la más absoluta de las verdades.
-Vamos imagina el mismo escenario que con Alba, contesta.
-Pues hombre, aunque nunca sería lo mismo, supongo que sí. Sequedó pensativo a un segundo.
-Como sueñe algo raro esta noche te mato.
Me reí a carcajadas, continuamos el paseo hasta que el frióse empezó a hacer insoportable. De vuelta en casa de mi abuela, la homenajeadaestaba en la cocina, con el resto de mujeres, mi tía, Alba y mi madre y ademásya había llegado la esposa de mi tío Paco, Juana. Mi madre no era muy dada alas tareas domésticas ni a la cocina, ella trabajaba todo el día así que comosolía decirme ella no iba a seguir laburando al llegar a casa, teníamosasistenta de todas formas, y yo comía en la facultad, así que tanto daba.
Mi tío Paco estaba en la sala, con mi padre, hablaban delpueblo y así. Mis otros primos no aparecerían más que a la comida lo cual erabastante bueno, también iban a venir otros familiares más lejanos. El soporempezaba a matarnos, la televisión era una basura, la cobertura iba y venía,para empeorar las cosas Luis y yo habíamos agotado los temas de que hablar. Élse metió a ayudar en la cocina, en ese momento mi madre aprovechó paraescaparse. Mi padre y Paco habían marchado a ver unas tierras. Al pasar por elsalón ella me lanzó una miradita y yo la seguí. Subimos al piso de arriba, memordía el labio inferior para matar las ganas de agarrarla el culo mientras lomeneaba delante de mí en la escalera.
Ya arriba mi madre entró en la habitación que compartía conmi padre, me colé detrás. Con la puerta cerrada no me pude aguantar las ganasde echarme encima de ella, llevaba fantaseando toda la noche. Manoseé su cuerpopor encima de la ropa, ella se dejaba hacer, normal después de lo de ayer.Empecé a comerle el cuello, ligeros y húmedos besos.
-Para cariño, ahora no. Me cortó.
-¿Qué pasa?. Lepregunté encarándola.
-No podemos hacer nada con todo el mundo aquí.Le busqué un beso, me esquivó.
-Que no, Mario. Me dejo algo decaído ella lonotó.
-Mira me gustó mucho lo que hicimos, y va avolver a pasar, pero no en casa de tú abuela, por dios aguanta un poco.
Me senté en la cama algo desanimado. Dijera loque dijera mi madre, en mis pantalones había algo que le quería llevar lacontraria.
-Mario, mi niño. Se sentó a mi lado.
-Lo que hemos empezado no ha terminado, ni muchomenos, pero estas cosas hay que llevarlas con cuidado, y tacto. Paso su manosobre mi paquete.
-Yo también me muero de ganas de repetir, y algomás esta vez, solo aguanta un poco hijo.
-Hablas como si supieras bastante. Le dijeTomando su muñeca y evitando que retirase la mano.
-¿De morirme de ganas?. No te haces una idea.Intentó esquivar mi pregunta.
-De lo otro, del incesto. Era la primera vez quepronunciaba esa palabra en mi vida. La verdad. Esperé una oscura confesión
-Leo mucho. Agité la cabeza algo molesto por esagracia.
-Vale, en realidad es una fantasía que tengodesde hace tiempo.
-¿Querías montártelo conmigo desde hace tiempo?.Ella dejó de mirarme por un segundo, buscando escapatoria, no la dejé, leagarré una teta.
-¡Quieto!. Me apartó la mano.
-No es eso, es más una cosa que estaba ahí, tehe visto convertir en un chico atractivo, un poco solitario, y bueno hay algomás, pero prefiero guardarme eso para mí, la miré con urgencia
-De momento al menos. Me concedió eso, sabíamantenerme en el anzuelo.
-Anda hazte cargo de esto. Me agarró la Polla através de los pantalones, marcó bien la forma.
-No se te ocurra bajar así que matas a la abuelade un susto.
-Me vendría bien algo de ayuda.
La agarré de las caderas nada más levantarse,hundí mi cara en el punto en que terminaba su espalda y empezaba su culo.
-No paras ni un momento. Se libró de mí, diootro paso adelante y se giró.
-¿Te sirve con esto?.
Se levantó el buzo y la camiseta que llevabadebajo, iba otra vez sin Corpiño, ya me había percatado al agarrarle la tetaantes. Hay que decir que esa fue la primera vez que le vi sus pechos bien, enel coche no llegué a contemplar esas precisas manzanitas en todo su esplendor.Mi madre tenía una copa pequeña, una ochenta o cosa así, pero bien redonditaslas tenía.
Los pezones que en el día anterior se me antojaron oscuros,eran más bien rosados, grandes y puntiagudos. Estiré la mano libre, la otra yala tenía metida en el pantalón, me la apartó con delicadeza y se cubrió. -Comono me hagas caso te quedas sin nada. Retrocedió otro paso más, su espaldapegaba en la puerta. Ahora me enseñó solo el pecho izquierdo, quería jugar y yotambién.
Me levanté de golpe, sin darle tiempo a reaccionar. Me saquéla Polla ya dura, toqué con la punta su vientre descubierto. Intentó apartarmede ella, sin demasiado esfuerzo, el tacto de mi glande en su piel me tenía acien, solo tenía que quitarle el pantalón, bajar un palmo y ya estaba. Mismanos fueron a la cintura de sus vaqueros, ella las buscó con las suyas paradetenerme, me decía que no en susurros y entre risas nerviosas. Solté el botón,los vaqueros le quedaban prietos, se los bajé hasta medio muslo de sus interminablespiernas, suficiente. Me agarré la Polla y busqué, mirando hacia abajo,apartando su tanguita. Ella me besó, para distraerme.
-Aun no. Me susurró al oído.
-Aquí no podemos hacer esto. Mi madre tomó elcontrol de mi rabo, imaginé que al menos me haría una paja, quizás otra mamada.
Se puso de puntillas, su cabeza se elevó porencima de la mía, llevó mi Polla entre sus muslos, noté el roce de la tela desu tanga por arriba, la carne cerrándose a los lados.
-Muévete, con cuidado.
Me ordenó. Imprimí movimiento a mis caderas, miPolla se deslizaba entre sus piernas, no la penetraba pero notaba su humedadcreciente. Era mejor que nada, y en parte era muy excitante, los dos vestidoscasi por completo, y casi follando pero sin follar. Quise darle gusto con misdedos, ella se negó:
-No que si empiezo no voy a poder parar. Medijo.
-Mamá, quiero decirte que me encanta esto, todo,que me tiene descolocado pero es genial.
Ella sonrió a mi confesión un tanto pueril.
-Me alegro mucho mi niño, a mí también me gusta,hacía años que no sentía este morbo, tanto tiempo.
Se mordió el labio inferior. Se apoyó en mishombros, se acercó con la lengua a mi oreja, el cosquilleo me provocó uncalambre por toda la columna, el mordisco un pico de dolor. Aumenté el ritmo demis caderas, metí mis manos bajo su buzo, le pellizqué los pezones en respuestaal mordisco. Me terminé corriendo al poco, con la Polla atrapada entre susperfectos muslos, disparé contra la puerta, le manché a ella un poco sin poderevitarlo. Mi madre buscó con qué limpiar la puerta, me pasó un cojín viejo queestaba sobre la cama, ella tomó un pañuelo de papel en su bolso para sí, queestaba en una silla.
-¿En serio?.
Pregunté sujetando la almohadilla frente a ella.
-Es mejor que nada.
Se subió los pantalones.
-Me has dejado empapada.
Antes de cerrarlos se acarició la tanga, semarcó la humedad en la tela.
-Eso tiene solución. Yo seguía queriendo más.
-Que no pesado. Limpia eso y haz como si nada.
En un memento no sé porque me cabree con ella mesubí los pantalones
-¡Eres una puta calientapollas ya verás!
Le grite golpeando la pared de un puñetazo le contesté antesde que saliese ella me vio cabreado se puso mal y mas mal se puso con lo que legrite. La cocina seguía frenética con los preparativos, mi padre y mi tíoregresaron, traían con ello uno de los perros de mi tío.
El pastor alemán, casi un cachorro se convirtió en mi mayorentretenimiento. Luis había terminado su aportación, resultaba que había estadoestudiando repostería, no me dijo nada, y había preparado una tarta a laabuela. Los dos nos pasamos el rato hasta que empezaron a llegar familiares, eincluso después, tirándole una bola de un lado a otro al perro.
Mis primos, los imbéciles, hicieron acto de presencia, uno setrajo a la novia, esa chica no había visto un pueblo ni en foto, no era tanguapa como creía la pobre. La comida empezó con una felicitación a la abuelapor parte de toda la mesa.
Luego ya entramos en materia, la comida era contundente,patatas con chorizo de primero y cordero asado de segundo. Los primos estábamostodos en un extremo de la mesa, Luis hacía tonterías, yo le reía las gracias,la abuela, que no estaba lejos también, su madre le llamaba la atención. Albaque se nos había sentado al lado, de hecho a mi izquierda también reía, aunquetímidamente.
Como ya he dicho el rasgo más característico de mi prima essu pecho, enrome, pero además yo diría que es una chica un tanto insegura, eslista y maja, pero al estar algo rellenita y ser bajita me da que tiene máscomplejos de lo que creemos, a Luis y a mí nos encantaba igual.
La sobremesa se demoró hasta casi las cinco, la abuela sequedó dormida a eso de las cuatro, entre mi tía y otra familiar la llevaron alcuarto. Se fue despidiendo la gente paulatinamente, los primeros mis primos yla novia, que apenas había comido.
En un momento que me levanté, para ir al baño, Luis ocupó misitio junto a Alba. Nuestra prima llevaba un rato riéndole las gracias ybebiendo bastante tinto, yo también había pimplado lo mío y reído bastante,supuse que las dos cosas estaban conectadas. Me dirigí al baño de la primeraplanta, entré sin llamar ni nada, y se me quedaron los ojos como platos. Mi tíaestaba echada en la pila, sin blusa, en Corpiño, con sus dos buenas tetasbotando, a consecuencia del movimiento de frote sobre la prenda que trataba delimpiar.
Se volvió al verme en el umbral, y dejó la blusa en ellavamanos para cubrirse con los brazos, pero poco podía cubrir. Yo no me cortéen mirar, no después de lo acontecido con mi madre, no después de su desafío yno después del calentón que llevaba entre vino y demás.
-Mierda tía perdona. Dije mientras entraba ycerraba tras de mí.
-¿Perdona?. Preguntó con tono chulesco.
-Pero sal melón qué no ves como estoy.
-Joder que si lo veo. Respondí, con doblesentido.
-Tú estás tonto, que salgas te digo. La ignoré,sin dejar de mirarla.
-Es que no me aguanto más, y necesito usar elbaño.
Respondí, llevándome una mano al paquete, susojos siguieron el gesto igual tenía suerte con tía Paula.
-Anda deja que salga. Recogió la blusa.
-No mujer, sigue a lo tuyo que solo tengo quemear. Además que eres mi tía, no vas a ver nada del otro mundo.
Avancé hasta el inodoro, procurando pasar cercade ella en el corto camino.
-No serás capaz...
Se calló al verme sacarme el rabo. Yo que soy deencendido rápido, la tenía ya algo morcillona con solo verle las tetasbambolearse, y el morbo que mi madre había citado por la mañana hacía el resto.Mi tía no sabía dónde meterse, me miró de seguido unos segundos, elladivorciada y según Luis buscando guerra, era una buena combinación.
Supongo que para intentar aparentar normalidad volvió a losuyo, al frota que te frota, ahora yo miraba de reojo esas mamellas queparecían iban a saltar del Corpiño en cualquier momento. Claro que me estabaponiendo tan Caliente, que las ganas de mear se convertían en una erección pormomentos. El tiempo que llevaba frente al retrete sin hacer nada volvió aatraer la atención de mi tía.
-¿No ibas muy apurado?. Me preguntó, apenaslanzó un par de miraditas, mi Polla estaba más grande que al principio.
-Que a veces tarda, tiene mucho recorrido.
-Ese era el vino hablando por mí.
-Que cafre, igual que tu primo.
-¿Igual o más grande?. Bendito Rioja que sacabalo mejor de mí.
-Ya te vale, cualquiera que te vea.
Ella reía, pero cada vez miraba más.
-Cualquiera que nos vea, porque tu tía estástambién de foto.
-Con un Corpiño viejo y dos tetas caídas, yaves, no todas podemos ser tu madre. Aclaraba la blusa.
-A algunas no les hace falta. Tiré la bomba y megiré un tanto, a ver cómo reaccionaba, la erección era ya casi total.
Me miró la Polla, a dónde más mirar en el pequeño cuarto debaño. La puerta se abrió, todo el pudor me volvió de golpe, di la espalda a laentrada e intenté pensar en algo que me bajase el tema.
-Paula, perdona. Era la voz de mi madre.
-¿Y esto que hace aquí?. Preguntó por mí.
-Ya ves que tenía prisa, están los dos que habíaque haberles quitado el vino antes del segundo plato. Le contestó mi tía.
-Pues el tuyo a este paso se casa con la niña.Comentó mi madre en clara referencia a Luis y Alba.
-Voy para abajo a ver que hace. Mi tía salió.
-Termina ya que vas a hacer cola. Me soltó antesde irse.
Cerraron la puerta, las oí hablar, que lapillada hubiese sido cosa de mi madre sirvió para mantenerme el mástil bienrecto. La puerta volvió a abrirse.
-¡Ocupado!.
Grité sin volverme.
-Muy ocupado estabas tú hace un momento.
Era mi madre otra vez. Me giré, contento de quefuese ella, con la Polla apuntándole y las manos deseando tocar carne.
-¿Que hacías con tu tía?.
Me preguntó algo molesta.
-Pues lo que me has dicho esta mañana.
Le contesté y me quedé tan pancho, con ella notenía que andarme con cuidado.
-Serás.
Suspiro enfadada, no supe si era enserio o unaactuación.
-Esas tenemos, y si voy y me cojo a Luis, lellevo a la habitación...
-No, mamá no jodas.
La interrumpí, de repente no soportabaimaginarle con alguien que no fuese yo.
-Pues eso te digo a ti.
Estaba cabreada de verdad.
-Que será el vino y el calentón, mira como latengo.
Me señalé el rabo duro.
-Tienes diecinueve años, deberías saber hacerteuna paja solito.
-Pero es que no quiero una paja, quiero follarte.
Acorté la distancia, ella se volvió para la puertay pensé que se iba, cerró el pestillo.
-No te vas a quedar tranquilo hasta que pase, ¿Verdad?.
Negué con la cabeza.
-Quería que fuese mejor que esto, en el baño decasa de tu abuela. Yo quería hacerlo en una buena cama, en casa y a gusto. Aquíencima está toda la familia y tu padre abajo.
Se acercó y empezó a meneármela, se escupió en la mano,extendió su saliva por mi cipote.
-Pero supongo que eso lo hace un poco más excitante, ¿No?.
-Mamá, me muero de ganas. Tiré de ella hacía mí,y en un rápido movimiento la subí al lavabo.
-Se me va a mojar el culo, tontito.
Me dijo ya juguetona.
-Más que eso se te va a mojar.
Esbocé una sonrisa lupina. Desabroché losvaqueros y esta vez los bajé hasta las rodillas, un poco más, volvía a llevarlas botas altas y no me daba para más. Las bragas se les unieron al instante.Su coño brillaba húmeda, llamándome, yo contesté.
Había hecho aquello más veces, con una novia del instituto,una chica que o la comía todo o no había diversión para mí, al final le cogígusto. Aquella chica tenía el coño cerradito, los labios casi hacia dentro, mimadre no, ella los tenía hacia fuera, grandes y con esa característica forma deflor. Hundí mi boca allí, con la nariz rozaba por encima del clítoris, jugué unpoco con eso para acariciar el botoncito de placer con la punta. Pillé porsorpresa a mi madre, que se estiró y buscó asideros al sentirme allí, en unamirada hacia arriba pude ver como ser mordía la mano izquierda para no gemir.
Por suerte para ella la derecha encontró una toalla, ella sela llevó a la boca. Sus dedos empezaron a escarbar en mi pelo. No podía abrirlebien las piernas por culpa de los pantalones, le tuve que quitar las botas, ydespués estos. Las bragas se las cambié por la toalla, ella las mordió condeseo. Ahora sí le separé las piernas, su culo casi cae del todo en la mojadapila. Me estaba deleitando comiéndole el coño cuando tiró de mi pelo paraarriba.
-¡Para!. , vamos a follar. Esto me lo haces cuando tengamosmás tiempo.
Respiraba pesada. Se quitó el buzo y lacamiseta, estaba totalmente desnuda, fui a imitarla.
-No, déjate la ropa, por si viene alguien. No pierdas más tiempodame con esto enterrármela entera.
Enfiló mi Polla a la entrada de su coño.
-¿Así sin más?. ¿Y lo de hacerlo especial?.
-Cuando lleguemos a casa te juro que algoespecial haremos, ahora mamá quiere tu polla.
Me tiró del cuello de la camisa y me acercó paraplantarme un morreo.
-No haberte puesto tan pesado, mira como me tienes.
Me encantaba como la tenía, me volvía loco verlatan excitada. Con mi Polla agarrada acaricié la entrada de su coño, le pasé laPolla por los grandes labios, despacio calentándola más. Me espoleó con ungolpe de talón en mi culo, mi madre quería que se la clavase ya.
Yo también me moría de ganas coloqué el glande en la entrada,saboreando su humedad con la punta de mi rabo. Se la introduje despacio, con unlento movimiento de cadera, ella se echó hacia atrás, recibiéndome, contra elespejo.
– Ahhhhh! Ahhhhh! Ahhhhh! Dioos Siiii Asiiii Papiiii AsiiiiFollameee Asiiii Sigueeee Amooor Sigueee Ahhhhh! Ahhhhh! Ahhhhh!.
Lazo un gemido que no pudo retener y Empecé conun bombeo suave, casi con miedo a romperla, o más bien para que no acabasenunca aquello. Mi madre suspira y me miraba directamente a los ojos, sus brazoscerrados alrededor de mi cuello. Estaba mojada y caliente, no demasiadoabierta, su coño me apretaba la Polla. Nos movíamos con idéntico ritmo, sobreel lavabo, llevé mis manos a su culo, para elevarla un poco más y acercarla amí. Terminamos pegados, sus pechos contra mi torso, sus pezones clavándoseme.La tenía cogida a horcajadas, suspendida en el aire, di un paso atrás, lejos yade la pila. En mitad del baño, con mi madre totalmente desnuda y colgada de mí,así fue como llegamos, casi a la vez.
Mi madre se vino primero, no fue con terribles gritos yfuegos artificiales, fue con gemiditos, resoplidos y un característico temblor,que le tensaba la espalda, apretó sus labios contra mi hombro derecho mientrasexhalaba el último retazo de placer, terminó clavando los dientes.
–Uhhhh ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh!.
Yo me corrí inmediatamente después, me dio un poco de palohacerlo dentro de ella, Cogiendo a pelo. -Mamá... Empecé al tiempo que mevenía, no la saqué y me corrí con ganas.
-¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! Tranquilo cariño, no pasa nadadámela adentro llénamelo todo ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh!. Gemía mientras Me besóen la boca.
-Ha estado muy bien, ahora dame la ropa, que tenemos prisa.
Le fui pasando la ropa, en lo que ella, con untrozo de papel higiénico se limpiaba el coñito, que goteaba algo de mi semen.Yo salí primero del baño, no había moros en la costa, ella salió un minutodespués. La ropa colocada, el pelo bien peinado, como si no hubiese pasadonada, no había sido el polvo del siglo, apenas quince minutillos, algo más. Nohabía sido sexo salvaje en que nos arrancásemos la ropa y aullásemos comoanimales.
Había sido una primera vez, de nuevo, con algunas cautelas ycon más excitación por el morbo de nuestra relación madre hijo, que por el actoen sí de follar. Mi madre y yo pasamos un rato más a solas, en el primer piso,hablamos más, yo le enumeraba la de cosas que quería hacerla, ella me demandabaalgo de calma, íbamos a pasarlo muy bien juntos decía, pero había que sercuidadosos.
Convinimos que no debía haber más arrebatos como ese mientrasestuviésemos donde la abuela, yo estaba más sereno y acepté, no muy convencido.La familia seguía de sobremesa, con sus historias, gracias y debates. Mi tíaPaula se había puesto a jugar a las cartas con la abuela y otras ancianas defamilia lejana. Me lanzó una risilla al verme, pero más que eso noté que habíaalgo distinto en la forma de mirarme.
Después de hacerlo con mi madre estaba lanzado, me calentómucho la idea de llevar a mi tía por el camino que mi madre y yo recorríamosdesde hacía poco, si bien algo me decía que mi madre tenía mucha experienciapráctica en estas relaciones prohibidas. El caso es que todo el mundo estaba ensus grupillos, y Luis y Alba habían desaparecido. Mi madre se sentó junto a lasmujeres que jugaban a las cartas, yo viéndome solo decidí salir fuera. Elpastor alemán de mi tío roía un hueso, al verme empezó a mover el rabo, dejó laosamenta y se me acercó con la pelota en la boca.
Allí estuve, jugando con el animal un buen rato, hubiesepreferido estar jugando con mi madre, pero que se le iba a hacer, por otro ladose me hacía raro estar con toda la familia después del polvo. Mi tía Paulaapareció de repente por el jardín, llevaba una rebeca encima de la blusa. Yoque me había terminado de serenar estaba algo avergonzado del momento baño, sibien la exuberancia de mi tía me seguía atrayendo. Se quedó un rato ensilencio, mirándome lanzar la pelota de tenis llena de babas del perro.
-Mario,
Empezó y se puso un poco colorada, tal vez porel frío
-Espero no haberte metido en un lio con tu madre.
-No que va, yo debería disculparme, ha sido cosadel vino y...
-Y de que me había quedado muy caliente despuésdel anticipo de mi madre aquella mañana, por suerte ahora estaba ya relajado ycentrado. Además, creo que los celos había jugado un papel importante parahacer ceder a mi madre.
-Solo eso, bueno, pues que no se repita.
Dijo divertida, sin ninguna convicción.
-¿Sabes dónde ha ido Luis?.
Negué, si se había ido con Alba me hacía unaidea, nada buena. Sonreí al pensar en mis primos liados, como yo y mi madre,bueno no tenía mucho punto de comparación en realidad.
-Tú sabes algo. Me pilló.
-Bueno son mayorcitos, y eso lo hemos hechotodos, luego te arrepientes y el las comidas familiares ni te miras.
Mi tía hablaba de primera mano.
Me encantaba estas confesiones que soltaban, casi de pasada,con inocencia, tanto mi madre como ahora mi tía. Sabía que mi madre teníaexperiencia en estos asuntos que me ocultaba, y acababa de descubrir que mi tíatambién. Se volvía para adentro cuando me dio por tirarle de la lengua.
-¿Quién fue?. -Se volvió extrañada.
–Ese con el que te lo montaste.
-Y yo que pensaba que se te había pasado elsubidón. ¿Por qué te interesa?.
-No sé, curiosidad, y que me aburro como unostra. Igual si tengo algo jugoso en lo que pensar se me hace más ameno elrato.
-En parte era cierto, en parte quería saber queella también había derribado esa muralla de tabú.
-¿Jugoso?. Los líos de tu tía.
Asentí, ella miró al suelo sonrió.
-Pues un primo, la verdad, un hijo del tío quese fue a las Américas cuando la guerra.
Le hice un gesto para que siguiera contando.
-Era un chico guapo, con acento de allí y mellevó al huerto, fin de la historia. No tiene mucho jugo creo yo.
-¿Te puso Caliente que fuese familia?.
Torció el gesto, me había pasado de la raya.
-Sé por dónde vas, quítatelo de la cabeza.Estaba muy seria de repente.
-No te vayas a creer que por enseñarme la Pollavoy a hacer una locura con mi sobrino.
-No pretendía eso.
Mentí en parte.
-Ya bueno, el numerito de antes y ahora esto.
Realmente había pinchado en hueso con mi tía, unerror de juicio. -Una cosa es la broma y demás, pero lo otro...
-Perdona tía.
Dije apocado.
-De verdad que no intentaba, ha sido unmalentendido.
-Mira lo voy a dejar pasar y olvidamos estaconversación.
Yo miraba al suelo, notaba sus ojos severosclavados en mí.
-Vete a buscar a tus primos y tráelos para casa.
Acepté el encargo algo acojonado, menudametedura de pata. Fui un estúpido al imaginarme el protagonista de una peliporno que se tira a todas. El rapapolvos de mi tía me dejó claro que el temaentre mi madre y yo debía ser llevado con sumo cuidado. Me cortó tanto queempecé a dar vueltas a todo lo ocurrido, si alguien se enteraba se nos caía elpelo.
Daba algo de vértigo todo lo de estar haciendo algo tan tabú,pero cuando empezabas no había forma de parar, al menos en mi caso y en el demi madre, ella también tenía mucho vicio. Por suerte Luis apareció paralevantarme el ánimo, le pille a medio camino del lugar donde yo sabía que habíallevado a Alba. Era lo que llamábamos nuestra caseta de críos, algo alejado delpueblo, al borde de un camino entre unos árboles se hundía el suelo y allíteníamos unos sofás polvorientos que encontramos tirados hace años. Cuandoéramos adolescentes no habíamos colocado allí más de una vez, sí había algunachica en el pueblo y teníamos suerte allí nos la llevábamos.
-Ese primo.
Me dio un golpe en el pecho, venía feliz.
-¿Qué has hecho cabronazo?.
-Tú qué crees. -Sonreía de oreja a oreja. -No me lo creo, meestás vacilando. ¿Dónde está ella?.
-Para casa a ido, la he dejado muerta.
-Fardó.
-Mientes.
-Y un cojón. Además la culpa es tuya, que me has picado estamañana. Me pasó el brazo por el cuello.
-Bendito pique. Como ya he dicho mi primo teníaun talento innato para subirme el ánimo y lo hizo.
Me contó con pelos y señales, y algunaexageración, como había sido el tema con Alba. Escucharle me reavivó las ganas,que no se habían apagado, ni mucho menos, de seguir para adelante con mi madre.Luis no dejó de hablar de Alba ni cuando nos fuimos a dormir, era la últimanoche que pasábamos y me contó por enésima vez como tenía las tetas nuestraprima, describió con exactitud una marca en la piel y siguió contándome aunmás. Yo ya miraba al regreso, a las promesas de mi madre de más diversiónjuntos.
Olvidaba el mal rato con la tía Paula, solo recordaba susenormes tetas bamboleándose y las miradillas a mi Polla, además de lo que mecontó, mejor centrase en las cosas buenas. Todas estas distracciones junto conLuis hicieron que me durmiese tarde.
A la mañana siguiente tocó despedidas, besos aquí y allá,abrazos y apretones de manos. Mi padre dijo a mi madre que mejor si conducía yosu coche y ellos volvían en el de él. Ella se enfadó y dijo que yo podíaconducir pero que se venía conmigo. Llevamos a mi padre delante todo el caminohasta casa, mi madre con su mano izquierda en mi paquete gran parte del viaje,también quitó la calefacción y se le marcaron los pezones. Le avisé quetendríamos un accidente si seguía así. En cuanto aparcamos, mi padre metió elcoche al garaje, yo dejé el de mi madre en la entrada del mismo, esa nochedormía al raso. Ella me susurró al oído antes de salir:
-Ahora empieza lo bueno.
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