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Perdido Con Mama 1 Edicion 2026

Perdido Con Mama 1 Edicion 2026


Mi madre buscaba las llaves del coche por toda la casa,apurada, nerviosa, al borde de la total exasperación. La cara que puso al vermeesperando en la entrada con la llave, colgando por el llavero, fue una perfectamezcla de alivio y odio. Me tocó coger las dos bolsas de viaje, eran pequeñas,si bien la suya pesaba bastante más que la mía.


El cielo estaba claro, con algunas nubes, el viento eragélido. Mi madre ya estaba sentada al volante, acerqué las manos a lacalefacción nada más entrar. Nos dirigíamos al pueblo de mis abuelos, mi padreya estaba allí, a celebra el cien cumpleaños de mi abuela paterna.


-Lo tenemos todo, el regalo y las bolsas, ¿tú padre dijo quellevásemos algo más?...


Negué con la cabeza.


–Ufff Dale, un fin de semana en la casa con toda la familiade tu padre, suspiró


-Que bien nos lo vamos a pasar. Dijo sarcástica. -Mamá ¿noprefieres que conduzca yo?...


Me miró con cara de pocos amigos.


-Dale como quieras, dicen que está nevando por allí y no tesabes el camino, por cierto.


-Mario, hijo. La pausa fue terrorífica.


-Que no soy una inútil.


-Sí señora, pero mejor que te quites las botas esas, con esetacón no tienen que ser nada cómodas para conducir.


Debo confesar, que como mi padre, me encanta hacer rabiar ami madre cuando agarra el coche.


-Me paso el día andando con estas botas.


Fui a meter baza.

-Último aviso.

Puntualizó y me callé. Arrancó y emprendimoscamino. Mi madre se llama Sara, tiene cuarenta y tres años, es ingenieraindustrial, trabaja para una importante marca de automóviles, es una mujer muyinteligente, pero de poca paciencia.
A primera vista da la impresión de ser modelo, y no es uncomentario vacio, es una mujer delgada, de poco pecho pero marcadasproporciones, muy guapa de cara, la piel tersa y bien cuidada, clara, melenapor los hombros, castaña a juego con sus ojos marrones, además es alta, metrosetenta y dos, casi como yo. Siempre va elegante, como dice mi abuela muy mona.
Aquel día acababa de salir del trabajo, pasó por casa pararecogerme y salir, no le dio tiempo a cambiarse, llevaba una blusa blanca, algoescotada, una falda por encima de las rodillas, negra, y botas de tacón tambiénnegras, así como pantis y chaqueta a juego con la falda, al entrar al coche lahabía arrojado atrás, como digo hacía frío pero el climatizador cumplía sufunción.

Las críticas a su conducción iban más allá deuna broma, mi madre no era muy buena al volante ciertamente. Por eso yo, que amis diecinueve, ya tenía carnet y relativa experiencia, me ofrecí a conducir.En cuanto salimos de la urbanización configuró el GPS para que nos guiase alpueblo de mi abuela, la orientación no era su fuerte tampoco.
Eran las siete menos cuarto cuando emprendimos el viaje, almenos nos quedaban dos horas, llegaríamos de noche. Empecé a juguetear con laradio y ella me apartó la mano de un liguero golpe, sin querer apagué la calefacción.Pasó un rato hasta que empezamos a sentir el frío, mi madre lo sintió primero,o más bien una parte de su anatomía lo sintió primero. No pude evitar quedarmemirando sus duros y erectos pezones, a través de la blusa, hubiera jurado quese transparentaban.

Como íbamos por la autovía, sin demasiadotráfico, ella, en un segundo que apartó la vista de la carretera, se percató demi detallada observación.

-Mario, que se te cae la baba. Le miré la cara.

-De verdad hijo, que soy tu madre.

-Lo siento. Tartamudeé, la verdad es que teníaun conato de erección en los pantalones.

-Cómo te quedes mirando a las chicas así, vasbien dado.

Ella volvió a conectar la calefacción.

-Normalmente las chicas se dan cuenta cuandollevan las largas. Le comenté con una sonrisa.

-¿Y eso justifica que las mires con cara debobo?...

Me rebatió ella.

-Yo a las chicas guapas que me gustan no lasmiro con cara de bobo.

Continué, hinché el pecho orgulloso como unpavo.

-Así que ¿o yo no te gusto, o no soy guapa?...Me miró en otro flashazo.

-No es eso, tu eres muy guapa, ya lo sabes y lootro...

No sabía cómo salir de aquel jardín.

-¿Qué soy muy vieja?...

Me seguía tirando de la lengua.

-Que no, si aparentas muchos menos años de losque tienes.

-Pero ni con esas te gusto.

Me tenía acorralado, se le escapaban risas alhablar.

-Joder mamá, que sí, que me gustas y eres guapa,y si no fueses mi madre...


-Para ahí.


Saltó.


-No se te ocurra seguir, pon la radio tontín y no vuelvas aapagar la calefacción.

Sintonicé una emisora de música, no puse elvolumen muy alto, mi madre quería estar atenta a las indicaciones del GPScuando llegásemos a las carreteras secundarias. Con todo la música nos acompañocasi una hora más, llevábamos ya algo de retraso, de medía hora o así, hastaque mi madre me pidió que apagase del todo la radio, necesitaba concentraciónmáxima. Contra el parabrisas empezaban a chochar, lentamente, pequeños copos denieve. Ahora sí que no había ni un coche por la carretera, casi habíaanochecido del todo, era invierno, mi madre había reducido la velocidadsustancialmente.
A aquel ritmo íbamos a tardar aun más en llegar, empezaba aadormilarme. Pasamos un pueblo que era atravesado al medio por la carretera,empezaba a haber bastante nieve en los arcenes. El pueblo que cruzamos no mesonaba de los viajes con mi padre al pueblo, el GPS sin embargo seguía dandoórdenes.
Una de ellas llevó a mi madre a tomar una vía sin asfaltar,allí había bastante nieve, nuestro todoterreno se las apañaba aún. Yo avisé a mimadre que aquel no era el camino, pero prefirió hacer caso al cacharro porsatélite. Más de media hora tardó en aceptar que el GPS se había equivocado,paró el coche y manipuló el aparato. "Recalculando" exclamó el chismey de repente dijo que teníamos que desandar todo el camino hasta volver a laautovía.
-Menuda mierda.

Mi madre lo arrojó al asiento de atrás, sacó elmóvil.

-Sin cobertura, mira tú.

Me pidió.

-Nada, tampoco.

-Qué mal de verdad. Pues no sé qué hacer, noparece que se pueda dar la vuelta aquí.
En efecto el camino se había ido estrechandohasta quedar solo la anchura de un coche.

-Da marcha atrás. Le sugerí.

-Es mucho trecho, y no se ve nada.

Me miró vergonzosa.

-¿Te importa hacerlo tú?...

-Dale, cámbiame el sitio anda.

Abrí mi puerta y entró un viento frióarrastrando algo de nieve.

-¡Cierra! Que nos helamos. Deja que paso poraquí.

Se soltó el cinturón de seguridad y cruzó laisleta central, terminó sentada en mi regazo.

-Hijo, rió tonta -¿eso es el móvil o es qué tealegras de verme?...

-Joder mamá, que ganas de hacer el tonto tienes.

Hice el camino inverso y ocupé su asiento.
-Encima de perdernos, haces bromas.

-Ha sido el Gps, no es culpa mía. Además que elque antes casi se queda bizco eres tú.

Volvió a reírse y me contagió.

-Dime la verdad, ¿tú tampoco tienes ganas de iral pueblo?...

-Un fin de semana aislado, con los pesados demis primos. Sonreí falso.

-Luis dijo que igual no iba, y él es el únicocon el que me llevo bien.

Luis era mi primo, hijo de la hermana de mipadre, misma edad que yo, éramos inseparables de pequeños. El resto eranmayores y no me caían bien.

-Pero ira Alba y a ella seguro que quieresverla. Alba era otra prima, de las mayores, del hermano de mi padre.

-O más bien a ellas, mi madre hizo un gesto enreferencia al enorme par de tetas de Alba.

-A esa chica le van a tener que hacer losCorpiños con carpas de circo.

Tenía razón y desde la adolescencia ella mellamaba la atención, ahora que tenía veinticinco era un mujerón.

-No me gustan las chicas así, a parte que es miprima, somos familia y eso.

Mentía, me la hubiese follado sin pensármelo.Encendí el coche y empecé a ir marcha atrás.

-Importará mucho eso de que sea familia, lo quepasa es que a ti te gustan más los pezones de tu madre.

Me descolocó con aquella afirmación y di unacelerón sin querer.

-¡Mario!, ten cuidado. Casi vamos a la zanja.

-Mamá deja el tema ya, por favor.

La conversación me había excitado un poco. Ellaal fin guardó silencio y yo pude echar para atrás tranquilo. El camino aun nose había ensanchado lo suficiente cuando ella volvió a la carga.

-¿Te Has Calentado antes, al verme con lospezones duros?...

Paré el coche, ella me miraba esperando unarespuesta.

-Mamá, no me preguntes eso, que es muy incomodo.

Tenía que evitar la pregunta como fuese, penséen salir a la gélida noche.

-Que no es nada malo, es decir que un chicojoven y guapo como tú... Que me lo tomaría como un piropo.

Resoplé exasperado.
-Dale ya lo dejo, pero si supieras el tiempo quehace que no excito a un hombre.

-Joder, sí, se me ha puesto dura.

Le solté entre cansado y avergonzado.

-Que bestia, con haber dicho que sí bastaba nohacía falta ponerse tan gráfico.

Le miré descolocado, por lo bien que se tomabatodo.

-Pero si eres tú la que ha empezado, a tirarmede la lengua.

Ataqué.


-Y tú le dices a tu madre que te la pone dura.
Me contragolpeó.

-Pues no seas una zorra, que vas sin Corpiño, yencima me sueltas que no excitas a los hombres, como si fueses buscando...

Estallé, me cruzó la cara de un bofetón.

-Como me vista es cosa mía, y lo que busque odeje de buscar también. Ahora tira.

Hice caso omiso a su orden, no moví el coche.Agarraba el volante con fuerza, desconcertado y cabreado, supongo, que como mimadre, yo también tenía poca paciencia.

-¿Qué cojones buscas?...

Pregunté despacio.

-No me digas que vas por ahí en plan putónmaduro.

-Serás imbécil.

La miré serio.

-No lo hago.

De repente se la torció el gesto duro tornándosecierta triste.

-Pero hace tiempo que no me hacen mucho caso, ¿Sabes?...

Había metido la pata bien, mi madre miraba porla ventanilla, tenía una especie de sollozo atrapado en los labios.
-Tú padre me ignora, creo que tiene algo porahí.

Me estaba enterando de cosas que no quería niimaginar.

-A mí no me toca desde hace meses. Y el otro díapara rematar la faena viene un mensajero al trabajo y me llama señora y ni memira, se que te parecerá una tontería pero fue como si me echasen veinte añosencima de golpe, es decir que ya soy una vieja que no le gusta a los hombres.Seguro que tu padre se folla a la secretaria, esa veinteañera que contrató...

Se quedó al borde del llanto.

-Arranca vámonos.

No podía dejar a mi madre así, así que seguí sindar gas al coche. Me aclaré la garganta, lo que iba a decir me iba a matar devergüenza por enésima vez ese día.

-No has soltado más que Idioteces.

Me miró entre cabreada y aun triste.

-Para empezar el mensajero ese era miope, ciegoo subnormal, porque tú estás buenísima, y te tenían que haber hecho un charcode babas al verte.

Ella sonrió un poco, los ojos se le notabanhúmedos a la luz de la cabina del coche.

-Y en cuanto a lo de papá, simplemente no losabes.

-Mario, la chica no sabe ni hacer fotocopias ytiene más tetas que cabeza, ¿por qué crees que la ha cogido tu padre?...

Eso era cierto, la chica no tenía muchas lucespero era una mujer explosiva.

-Aunque eso me da igual, al menos ya sé que hayun hombre en casa al que le gusto.

Me acarició en la misma mejilla que hace unmomento había golpeado. Me dispuse a reemprender la marcha cuando me di cuentaque tanto el parabrisas, como las lunetas traseras se habían cubierto porcompleto de nieve. La ventisca había arreciado y nos había cubierto. Encendílos limpias y las tiras calefactoras de atrás. Tuve que sacar la mano por laventanilla para limpiar el espejo retrovisor, me fijé en que la capa de nieveempezaba a acumularse en el camino de forma importante.

Ya en movimiento, apenas habíamos retrocedidounas decenas de metros, aun sin poder dar la vuelta, cuando las ruedasempezaron a patinar. Aceleré, no salíamos del atolladero, mi madre me miraba,yo pisaba más el gas.


-Dale nos hemos atascado.

Sentencié, ella se rió y negó con la cabeza.

-Que día.

Comentó sarcástica.

-Voy a salir un momento, a ver.

El frío se me metió en los huesos en cuanto piséel suelo, la capa de nieve era de más de un palmo, el camino embarrado debajo,las ruedas bien clavadas. -No veo forma de sacarlo hacia atrás le doy para dedelante a ver. Tampoco hubo suerte.

-Mierda, estamos atascados.

-Y mi móvil ha muerto, ¿el tuyo?...

Rápidamente busqué en mi bolsillo.

-Menudas baterías. ¿Tienes cargador para elcoche?...

-No, eso está en el de tu padre.

Solté todo el aire de los pulmones en un suspirode desesperación. Intenté todo lo que pude, pero no había forma de movernos. Mimadre me dijo que parase, no fuese a gastar toda la gasolina.

-Mira esperamos hasta mañana y ya está. Elpueblo que pasamos estará a veinte kilómetros a lo sumo, mañana de una carrerate acercas y les pides que nos remolquen.

-¿Qué ahora corro medios maratones?...

Le dije divertido por su idea.

-Además mañana lo mismo hay medio metro denieve.

-No exageres, si quieres puedes ir ahora, denoche y con la que está cayendo. Eseescenario era peor.

-O te puedes quedar aquí, al calor, conmigo.

-Me muero de hambre.

Solté pasando por alto el comentario de ella.

-¿Hay algo por ahí para comer?...

-Pues no, no hay nada, a no ser que me quierasdar un bocado a mí.

Ella no dejaba de mirarme, me costó saber siestaba de broma o hablaba en serio. Se apoyó en mi hombro, y su contacto mepuso más nervioso que nunca. Solo lo hizo para mirar los relojes e indicadoresdel salpicadero. Ella notó mi tensión y extendió el contacto más de lonecesario, estaba muy cerca, respiraba su aliento. Me estaba construyendo todaclase de perversas fantasías por las conversaciones previas, me preguntaba siestaba tan necesitada de hombre como decía, y si cabía la posibilidad de... Alfin se apartó, a tiempo, mis labios inconscientes habían empezado a buscar lossuyos, casi los rocé. Estaba duro, como un adolescente en su primera vez,nervioso y Caliente a partes iguales. Mis dedos tamborilearon sobre el volante,mi madre parecía disfrutar de mi situación.


-¿Qué te pasa?...

Me peguntó con tono juguetón.

-Nada, nada en absoluto.

Negaría la mayor hasta el final.

-Muy bien, voy a coger la manta y me voy atapar, así bajas la calefacción.

Debajo del asiento trasero mi madre llevaba unamanta, vete tú a saber porqué. Recuerdo que de pequeño, en el coche viejotambién llevábamos la misma y yo me envolvía en ella en los viajes largos. Mimadre se volvió para atrás, su culo quedó encuadrado entre los asientos.
Ya dudaba seriamente de que fuese solo mi imaginación, ella estabaponiendo de su parte, mi propia madre. Se sentó de nuevo en su asiento, no memolesté en ocultar que le había mirado el culo todo el rato. Ella se envolvióen la manta, bajó la calefacción, al rato yo tuve algo de frío, mi madre lonotó. -Sería mejor que nos tapásemos los dos. Dijo.


-Atrás, estaremos más cómodos. Asentí a su razonamiento.

-Dejas el contacto puesto, con las luces dadaspor si viniese alguien.

-De nuevo le di la razón con un gesto. Nospasmos a los asientos traseros, como ella había dicho.

Extendió la manta y se pegó a mí. La tela noscubría a ambos, ella se había hecho un ovillo en el asiento, los pies subidos,apenas le asomaban los tacones, a mí solo me tapaba hasta las rodillas. Mimadre empezó a apretar su cuerpo contra el mío más de lo necesario, suspequeñas tetas se aplastan contra mi brazo izquierdo, pude comprobar entoncescon toda seguridad que no llevaba Corpiño.
Yo estaba definitivamente Caliente y mal de la cabeza, peroella me iba a la zaga o más bien me había adelantado hacía rato. Yo miraba alfrente, al ahora lento caer de la nieve, grandes copos blancos iluminados porlos faros del coche. Ella miraba hacia mí, notaba sus ojos fijos en mí. No meatrevía a girarme porque quedaría irremediablemente atrapado por ella, aunqueno tardó en quedarme claro que no había escapatoria, y que en realidad noquería buscarla. Su mano acarició mi pecho, la respiración se me aceleró.
Giré mi cabeza y vi la sonrisa que ella me devolvía. En supostura y acercamiento, sus rodillas habían terminado quedando sobre mi regazo,y en aquel momento ya tenía una considerable erección. Su mano trazaba lentoscírculos, y descendía, sus piernas se estiraron, y ella llegó a la posar sutoque sobre mi paquete.

-Esto es por mí. Afirmó sin duda alguna, hablódespacio.

Iba a excusarme cuando su izquierda me selló loslabios.

-No pasa nada, está bien, ya te he dicho que mesiento alagada.

Dejó su mano derecha sobre mi bulto, inmóvil.

-Mamá esto, no podemos hacerlo. Mi boca hablabapero mi cuerpo iba por libre, se dejaba hacer.

-Hay cosas que no podemos hacer, pero otras noson para tanto. Apretó ligeramente mi rabo.

-Seguramente tengamos que dormir aquí, no va aser cómodo que duermas así.

-No para nada.

Cedí a su juego, me moría de ganas de llegarhasta el final, aunque estuviese mal y demás, le seguí el rollo.

-La verdad es que líbrame de esto es imperativo,para poder dormirme.

-Pues deberías...

No la dejé terminar, empecé a moverme. Me soltéel pantalón, mi polla salió como un muelle, ya tenía el capullo descubierto ytodo, hasta se me escapaban unas gotas de líquido pre-seminal. Mi madre a todoesto había echado la manta a un lado, contemplaba mi polla en la escasa luz delhabitáculo, el frío se nos olvido a los dos. En esas nos quedamos uno segundos,ella mirando y yo mirando como miraba.
Huelga decir que hacía años que no me veía el tema, y yohabía crecido desde entonces, bastante, que tampoco es nada del otro mundo,pero pequeña no la tengo y en ese momento tenía la mayor erección de mi vida.Ella rompió el silencio y la inacción.

-Ya que estás así por mi culpa, lo justo es queyo te ayude, ¿no crees?...

-Sí por Dios. Exclamé.

-Ya no aguanto más calentones. Le cogí por lamuñeca y llevé su mano a mi polla.

-Dale, pero vamos a dejar claras las cosa, unapaja bien, algo más ya veremos.

Yo asentí desesperado. Mi madre empezó a moversu mano arriba y abajo de mi polla, al llegar a la punta realizaba una cariciamás cuidadosa y volvía a empezar. Prefería aquello a cualquier paja que me hubiesehecho en la vida. Yo me moví a por sus tetitas, era lo que me quedaba más amano. Como he dicho las tenía pequeñas, redonditas, sus pezones volvían a estarduros, a la tenue luz se me antojaron algo oscuros.

-No te he dicho que pudieras tocar.

Me miró a los ojos, sin soltar mi polla, medetuve en mi inspección de su blusa, ya había desabrochado tres botones y leveía todo.

-No pares tonto manoséame toda te lo ganaste.

Nos sonreímos. Empecé a jugar con sus tetas,fuera de la blusa, echada esta ligeramente hacia atrás en sus hombros, lepellizqué los pezones hasta ponérselos bien duros, como me gustaban. Llegó a unpunto que no aguanté más y me doblé sobre ella para comérselas. Mi madre seguíameneándomela, estaba cada vez más duro, pero con la mano libre me acarició elpelo y me apretó contra ella.

-¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! Cariño, me estoyponiendo mala yo también ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh!.
Me susurró al oído. Me dejó la polla y con ambasmanos se levantó al falda todo lo que pudo. Bajó después los pantis, me quedémirando su tanguita, de encaje, casi transparentes.

-Ayúdame tú a mí.

Me pidió cogiéndome de la barbilla para que lemirase a la cara. Me chupé dos dedos y para allí que fueron. Entré entre suspiernas y estaba completamente empapada. Mis dedos se deslizaron con facilidad,los movía frenético, haciendo suspirar a mi madre. Su concha empezó a sonar ahumedad.

-¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! No pares hijo, nopares por favor ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh!.

Buscó mi boca y me besó, si no lo hubiese hechoella lo habría hecho yo. Yo seguí moviendo mis dedos afuera y adentro, añadí elpulgar al juego, busqué su clítoris, algo duro. La excitación de mi madre ibaen aumento, tanto se dejó llevar por la calentura, que sin yo decirle nada, seechó en mi regazo y se llevó mi polla a la boca.
-¡Mierda mamá! Exclamé al sentir el tacto de sulengua.

-Tranquilo, esto también está dentro de loslímites Te la voy a comer entera.

Esos límites, que no habíamos fijado, daban lasensación de extenderse por momentos. Mi madre me estaba haciendo una mamada deescándalo, su lengua se movía veloz y magníficamente precisa, describiendolametones de placer. Además devoraba con voracidad, casi se tragaba en cadasentada toda mi polla. Me faltaba poco para Acabar, con toda la situaciónestaba excitadísimo, pero mi madre dejó mi rabo desatendido un segundo, gimió.

-¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh!¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Siiii Asiiiii Siiiii! ¡No Doy Más! ¡No doy Más!

Me apretó la pierna con fuerza y temblóligueramente.


-Me Hiciste correr.

Me dijo mirándome desde mi regazo, con mi pollaal lado de la cara dura como una piedra.


-Cuanta falta me hacía cariño.

-Pues no te olvides de mí mamá, que me faltapoco.

-Tranquilo que mami se va a ocupar de ti.

Dicho esto volvió a la mamada, con aun más ganasque antes. Yo me dejé llevar del todo y acompañé le movimiento de su cabeza conmis manos, haciendo fuerza cuando bajaba. No aguanté más y la avisé:


-Acabo, Acabo.

-Dame leche sin miedo mi niño dámela toda en miboquita.

Terminó de machacármela fuera de la boca. Leacerté con un par de perdigonazos en el pecho desnudo, otros fueron a la blusa.El resto de mi Corrida, de campeonato, se me escurría por el rabo y manchabatoda su mano. Mi madre, que no podía mejor la situación, fue capaz de darme unúltimo gustazo. -Voy a limpiarte bien cariño. Dijo al tiempo que se llevaba lamano, llena de semen a la boca. Con rápidas chupadas y un par de sorbetones,innecesarios pero muy excitantes, me dejó la polla bien limpia.

-Joder mamá, ha estado muy bien.

Solté sin pensar demasiado.

-A mí también me ha gustado, pero esto quedaentre nosotros. Asentí.

-Por cierto, ¿qué más cosas podemos hacer?...

Le sonreí, ella me devolvió el gesto con máslujuria imposible. El golpe en la ventanilla nos sobresaltó, a todo correr mecoloqué los pantalones, mi madre se tapó con la manta y cerró la blusa. Elsegundo llamado desprendió la nieve que había hecho capa, apareció una linternay un tipo de verde.
El Guardia Civil nos preguntó si estábamos bien, al ver quesí, no le dejamos ver mucho, se ofrecieron a ayudarnos a movernos. Mi madre yyo ocupamos los asientos de delante en lo que ellos enganchaban el coche con uncabrestante, recuperamos la compostura, con el corazón aun a mil. Siguiendo lasindicaciones salimos del atolladero, nos acompañaron de vuelta a la carretera yaprovechamos para preguntarles el camino. Conociendo el camino, terminamosllegando al casón del pueblo, pasadas las once de la noche. Mi padre estabapreocupado, estaba con mis tíos en el salón, al teléfono él y mi tía, la abuelaya dormía.
Regañó a mi madre al enterarse de la historia, bueno de laparte que podíamos contarle, yo salí en su defensa y cargué con el muerto. Mimadre me lo agradeció con un beso, uno normal delante de todos, aunquesignificaba bastante más para nosotros. Mi primo Luis no se había librado de iral cumpleaños, compartimos habitación. Nos pusimos al día de nuestras vidas, yen la oscuridad no se le ocurrió nada mejor que decir:-No veas Alba, quetetamen, y además con el frío marcando pezones que se ha pasado la tarde. Mereí. -No me hables de marcar pezones. Le comenté riéndome.

-Que risas te echas cabrón, alguna te guardas,ya me la contarás. -No creía que eso llegase a pasar. -Por cierto, tu madreestaba hoy...

Esperé el comentario Caliente, mi primo y yo noteníamos filtro.

-Radiante.

-¿Radiante?... Pregunté extrañado, esperabaalguna burrada.

-Sí joder, como más guapa que de costumbre yfeliz, con un brillo especial. Así como cuando un tío acaba de pillar cacho,así como tú ahora.

-Sin darse cuenta dio en el clavo, pero su razónse lo negó.

-Mejor me callo.

Me descojoné un buen rato, Luis eraprobablemente quien mejor me conocía de aquella casa, sin contar a mi madreclaro, si bien no era clarividente y aunque llegase a imaginar lo ocurridonunca pasaría de ser una idea onírica. La verdad el episodio del coche habíasido lo mejor que me había pasado, en el plano sexual, en la vida.
Y viendo que a mi madre la sentaba tan bien, el tema este deexplorar los límites me llamaba cada vez más. 

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