Habían pasado dos semanas desde aquel fin de semana salvaje. Alex no podía sacarse a Carla de la cabeza: sus tetas masivas rebotando, su coño apretado tragándose su verga, y esa forma de gemir como una diosa experimentada. Follar con Sofía era genial –ella era fogosa, lo montaba con energía juvenil en el baño de la uni, chupándosela hasta vaciarle las bolas–, pero Carla era adictiva. Le mandaba fotos desnuda a escondidas: "Ven pronto, mi coño te extraña. Sofía sale el viernes ".
Sofía, ajena a todo, planeó otra escapada: "¡Otra vez con las chicas a la playa! Quédate en casa, amor". Alex sonrió maliciosamente. "No te preocupes, estaré bien". Esa noche, Carla le envió su dirección exacta y un video corto masturbándose: dedos hundidos en su coño depilado, tetas aceitadas brillando, gimiendo "¡Alex, fóllame!".
Llegó el viernes a las 8pm. Carla lo esperaba en lencería roja de encaje transparente, tacones altos, maquillaje y perfume que lo puso duro al instante. "Esta vez jugamos sucio", susurró, jalándolo al dormitorio principal. Lo desnudó lento, lamiéndole el pecho, bajando hasta su polla erecta. "Más grande que la última vez... ¿Sofía te pone así de cachondo?". Lo empujó a la cama y se sentó en su cara: coño chorreante, clítoris hinchado. Alex la devoró como un lobo, lengua profunda en su agujero mientras ella se mecía, ahogándolo con jugos. "¡Bebe mi leche, hijo de puta!", gritó corriéndose en chorros.
Luego siguio un 69 brutal: ella haciéndole una garganta profunda en su verga, bolas en la boca, mientras él le comía culo y coño alternando. Alex no aguantó y le llenó la garganta de semen espeso –ella tragó todo, lamiendo los restos como una experta.
Pasaron la noche follando sin parar. En misionero, él embistiéndola lento al principio, luego salvaje: "¡Dime que soy mejor que tu ex!", gruñó apretándole las tetas. "¡Eres un semental, Alex! ¡Relléname como nadie lo ha hecho jamas!". Se corrió dentro tres veces, su coño rebosando leche.
Sábado amaneció con anal: lubricante en su culo virgen para él, lo montó despacio al principio, luego embistiendola como loco. "¡Fóllame el culo como a una puta! ¡Nunca se lo di a nadie!". Alex la apaleó, alternando coño y culo, pellizcándole el clítoris hasta que eyaculó profundo en su recto, semen goteando.
Cocinaron desnudos –ella inclinada en la encimera, él metiéndosela por detrás mientras removía la salsa–. Follaron en el jardín trasero al atardecer (por suerte, la valla era alta ), ella de rodillas chupando al aire libre, luego cabalgándolo en una silla de jardín. "Imagina si Sofía nos ve... se uniría", bromeó Carla, corriéndose en su polla.
Domingo fue maratón: bondage ligero con corbatas de Sofía –atada a la cama, él azotándole el culo rojo antes de follársela en todas posiciones. Usaron juguetes: un dildo enorme que ella se metió mientras él la penetraba el culo doble. "¡Soy tu zorra personal!", gemía. Terminaron con sexo lento en la bañera, besos profundos, él corriéndose en sus tetas flotantes.
Al despedirse, Carla lo abrazó: "La próxima vez, traigo un amigo... o mejor, invito a Sofía sin que sepa. ¿Te animas al trío?". Alex salió con esa ilusión, polla dura pensando en esa fantasia: madre e hija compartiéndolo y rogando por su semen.
Fin (por ahora).
Sofía, ajena a todo, planeó otra escapada: "¡Otra vez con las chicas a la playa! Quédate en casa, amor". Alex sonrió maliciosamente. "No te preocupes, estaré bien". Esa noche, Carla le envió su dirección exacta y un video corto masturbándose: dedos hundidos en su coño depilado, tetas aceitadas brillando, gimiendo "¡Alex, fóllame!".
Llegó el viernes a las 8pm. Carla lo esperaba en lencería roja de encaje transparente, tacones altos, maquillaje y perfume que lo puso duro al instante. "Esta vez jugamos sucio", susurró, jalándolo al dormitorio principal. Lo desnudó lento, lamiéndole el pecho, bajando hasta su polla erecta. "Más grande que la última vez... ¿Sofía te pone así de cachondo?". Lo empujó a la cama y se sentó en su cara: coño chorreante, clítoris hinchado. Alex la devoró como un lobo, lengua profunda en su agujero mientras ella se mecía, ahogándolo con jugos. "¡Bebe mi leche, hijo de puta!", gritó corriéndose en chorros.
Luego siguio un 69 brutal: ella haciéndole una garganta profunda en su verga, bolas en la boca, mientras él le comía culo y coño alternando. Alex no aguantó y le llenó la garganta de semen espeso –ella tragó todo, lamiendo los restos como una experta.
Pasaron la noche follando sin parar. En misionero, él embistiéndola lento al principio, luego salvaje: "¡Dime que soy mejor que tu ex!", gruñó apretándole las tetas. "¡Eres un semental, Alex! ¡Relléname como nadie lo ha hecho jamas!". Se corrió dentro tres veces, su coño rebosando leche.
Sábado amaneció con anal: lubricante en su culo virgen para él, lo montó despacio al principio, luego embistiendola como loco. "¡Fóllame el culo como a una puta! ¡Nunca se lo di a nadie!". Alex la apaleó, alternando coño y culo, pellizcándole el clítoris hasta que eyaculó profundo en su recto, semen goteando.
Cocinaron desnudos –ella inclinada en la encimera, él metiéndosela por detrás mientras removía la salsa–. Follaron en el jardín trasero al atardecer (por suerte, la valla era alta ), ella de rodillas chupando al aire libre, luego cabalgándolo en una silla de jardín. "Imagina si Sofía nos ve... se uniría", bromeó Carla, corriéndose en su polla.
Domingo fue maratón: bondage ligero con corbatas de Sofía –atada a la cama, él azotándole el culo rojo antes de follársela en todas posiciones. Usaron juguetes: un dildo enorme que ella se metió mientras él la penetraba el culo doble. "¡Soy tu zorra personal!", gemía. Terminaron con sexo lento en la bañera, besos profundos, él corriéndose en sus tetas flotantes.
Al despedirse, Carla lo abrazó: "La próxima vez, traigo un amigo... o mejor, invito a Sofía sin que sepa. ¿Te animas al trío?". Alex salió con esa ilusión, polla dura pensando en esa fantasia: madre e hija compartiéndolo y rogando por su semen.
Fin (por ahora).
0 comentarios - Fin de Semana Prohibido 2: El Regreso