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Atendiendo a los amigos del cornudo

Soy el cornudo oficial de mi propia casa en Chapinero. Hoy es sábado 17 de enero del 2026, y el calor bogotano nos tiene a todos sudando como cerdos. Invité a tres parceros del gym —Julián, el más callado; Pipe, el bocón; y Carlos, el que siempre anda con ganas de joder— para ver el partido y tomar unas cervezas. Nada raro, pensé. Pero María, mi puta culona hotwife, tenía otros planes desde que se levantó.

"Prepárate, cornudo hijueputa", me susurró al oído mientras se ponía la lencería blanca de encaje que apenas le tapa nada. "Hoy voy a salir a atender a tus amigos... pero no con ropa normal". Se metió el plug de cola blanca bien profundo, lubricándolo con su propia saliva delante mío, gimiendo bajito mientras lo empujaba hasta que solo la colita esponjosa quedó asomando entre sus nalgas gigantes. "Mira cómo me abre el culo este plug, parce. Pa' que sepan que soy una zorra dispuesta, pero solo mamadas hoy... a menos que alguno se atreva a más".

Yo ya tenía la verga chiquita tiesa solo de imaginarlo. "Sí, mi reina, haz lo que quieras. Soy tu cornudo patético". Ella me dio una cachetada suave en la cara y salió al salón caminando como perra en celo, culo rebotando con cada paso, la colita blanca moviéndose como un péndulo.

Los parceros ya estaban sentados en el sofá, cervezas en mano, cuando María entró. Silencio total. Pipe fue el primero en hablar, con los ojos clavados en ese culo ENORME empinado mientras ella se agachaba "a buscar más hielo" en la nevera, aunque todos sabíamos que era pa' exhibirse.

"¡Hijueputa, María! ¿Eso es una cola de conejita?", soltó Pipe, riéndose nervioso pero con la verga marcándose en el pantalón. Julián se quedó mudo, solo mirando. Carlos, el más atrevido, se levantó despacio.

"¿Qué pasa, muchachos? ¿No van a pedir nada?", dijo ella con voz melosa, girándose para que vieran el plug blanco asomando perfecto entre las nalgas redondas y firmes. La lencería blanca se perdía en tanta carne, el coño apenas cubierto por el encaje transparente, ya mojado y brillando.

Yo estaba en la esquina del salón, sentado en una silla como un perrito, pajeándome despacito por encima del short. "Es... es mi hotwife, parceros. Hoy solo ofrece mamadas. Disfruten".

María se arrodilló delante de Pipe primero, le bajó el cierre y sacó esa verga gruesa que yo nunca voy a tener. "Mira qué rica verga, cornudo. Esta sí me llena la boca". Empezó a mamarlo profundo, haciendo ruidos de zorra, saliva chorreando mientras movía el culo empinado hacia atrás, la colita blanca bailando con cada chupada.

Julián no aguantó y se sacó la suya también. Ella alternaba, mamando uno y luego el otro, gimiendo: "¡Qué rico saben, parceros! Mi cornudo solo mira y se toca esa cosita chiquita". Carlos, mientras tanto, se acercó por detrás, arrodillándose también. "Oye, María... esta cola blanca me está volviendo loco. ¿Puedo tocarla?".

Ella sacó la verga de la boca un segundo, mirándome fijo a los ojos: "Pregúntale al cornudo, papi. ¿Le dejo que me quite el plug o no?".

Tragué saliva, la humillación quemándome vivo. "Sí... sí, mi amor. Déjalo. Que te dé lo que yo no puedo".

Carlos no esperó más. Agarró la colita esponjosa con fuerza y **jaló de un tirón seco**. El plug salió con un "pop" audible, dejando el ano de María abierto, rojo y palpitando. Ella gritó de placer: "¡Ay, hijueputa! ¡Qué rico se siente el vacío!". El culo gigante temblaba, las nalgas separadas, el agujero invitando.

Carlos se bajó los pantalones, escupió en su verga dura y la metió de una sola embestida en ese culo preparado. "¡Toma, puta culona! Esto es lo que querías, ¿no?". Empezó a bombear fuerte, las nalgas rebotando contra su pelvis con sonidos de carne contra carne. María gemía alto, sin parar de mamar a los otros dos: "¡Sí, papi! ¡Rompe este culo! Más fuerte, que mi cornudo vea cómo me cogen de verdad. ¡Tu verga chiquita nunca entró tan profundo, marica!".

Pipe y Julián la agarraron de la cabeza, turnándose la boca mientras Carlos la sodomizaba sin piedad. "Mira, cornudo", me gritó Carlos entre embestidas, "tu mujer es una zorra anal de campeonato. Este culo traga verga como nada". María empujaba hacia atrás, empinando más: "¡Lléname de leche, parceros! Quiero sentirlos a los tres. Cornudo, ven y lame mis jugos del piso mientras me cogen".

Yo me arrastré hasta allá, arrodillado, lamiendo el charco de saliva y pre-semen que caía al suelo, mientras veía cómo Carlos aceleraba, gruñendo: "Me vengo, puta... ¡toma toda mi leche en el culo!". Se corrió dentro, profundo, y cuando salió, la leche blanca empezó a chorrear del ano abierto de María.

Ella se giró, todavía con las vergas en la boca de los otros, y me miró: "Limpia, cornudo hijueputa. Chupa la leche de mi culo mientras ellos me terminan de llenar la garganta".

Obedecí, metiendo la lengua en su ano usado y caliente, saboreando la mezcla de semen ajeno y su propio culo. Mientras tanto, Pipe y Julián se corrieron casi al mismo tiempo, pintándole la cara y las tetas.

Cuando terminaron, los parceros se subieron los pantalones riéndose. "Gracias por la invitación, Andrés. Tu mujer es una chimba". María se levantó, culo rojo y goteando, plug olvidado en el suelo, y me dio un beso con sabor a verga: "Buen chico, cornudo. La próxima vez invito a más... y quizás te deje meterla al final, si te portas bien".

Yo solo asentí, la verga chiquita aún tiesa, sabiendo que esto era mi vida: ver cómo mi culona es de todos menos mía. Y me encanta, hijueputa.
Atendiendo a los amigos del cornudos

2 comentarios - Atendiendo a los amigos del cornudo

Ginza94 +1
La paja que me hago leyendo esto