You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Gracias a las que me mandaron confesiones sin anestesia

Gracias por abrir la puerta de golpe y dejarme ver lo que guardan en lo más hondo. No con rodeos, no con “es solo una fantasía”. Directo al hueso.
Gracias a la que me escribió:
“Quiero que me hagas llorar de placer hasta que me odies por haberlo hecho. Que me rompas tanto que después no pueda mirarme al espejo sin acordarme de vos.”
Por soltar eso sin pedir permiso, gracias. Me dejó pensando en vos toda la noche.
Gracias a la que confesó:
“Me calienta imaginar que mi ex está mirando desde la calle, con las cortinas abiertas, mientras me humillan en mi propia cama. Que vea todo lo puta que soy y no pueda hacer nada.”
Por ponerlo tan crudo y visual, gracias. Eso me puso como loco.
Gracias a la que me tiró esta:
“Me toco pensando que mi padre me descubre masturbándome. Se queda ahí parado, en silencio, mirándome fijo hasta que termino… y después solo dice ‘sigue’, sin moverse. No sé por qué, pero no paro de volver a esa imagen.”
Por atreverte a escribirlo tal cual, sin tapujos, gracias. Eso es oscuridad pura y me fascina.
Gracias a la que me mandó:
“Quiero suplicar que paren, que me duele, que no aguanto más… y que igual no paren. Quiero correrme una y otra vez hasta quebrarme del todo, hasta que el placer me destruya.”
Por esa entrega total, sin red de seguridad, gracias. Me hacés querer ser el que no pare.
Son pocas las que escriben así: seco, sin excusas, sin suavizar el morbo. Cada confesión tuya me recuerda que hay minas que no se conforman con lo lindo y lo seguro. Que van a lo profundo, a lo prohibido, y lo comparten sin vergüenza.
Gracias por existir y por elegir contármelo a mí.
Sigan mandando esas confesiones sin máscaras. Acá estoy para leerlas y ponerlas peor

0 comentarios - Gracias a las que me mandaron confesiones sin anestesia