Mateo, mi mejor amigo desde la secundaria, me había invitado para acompañarlo al Galvez. Él anda en karting desde hace años y su amigo Matías había armado un auto para probarlo en las picadas de ¼ de milla. Mateo quería estar ahí con el equipo, pasar herramientas, gritar cuando ganara, y yo no tenía planes mejores. “Vení, boluda, va a estar bueno. Además, hay sol, birra fría y tipos con adrenalina a full”, me dijo por WhatsApp.
Me vestí para matar, calza negra ajustadísima que se pegaba a mis piernas y marcaba cada curva de mi cola y un top chiquito de McLaren naranja vibrante, tan corto que dejaba todo mi panza al aire, los costados de mis tetas asomando apenas, y los pezones sutilmente marcados por la tela fina cuando el viento pegaba.
Llegamos temprano, el autódromo era un caos de rugidos, humo de gomas y olor a nafta. Mateo me presentó a Matías y al equipo, y yo ayudé lo que pude... o sea, casi nada. No entiendo un carajo de motores ni de autos, para mí todo es ruido y piezas que no sé para qué sirven.
En el box de al lado había un tipo solo, sin equipo, trabajando en un Peugeot 207 gris. Alto, morocho, con músculos marcados bajo una remera sucia de grasa, ojos negros que parecían saberlo todo. Se llamaba Ezequiel.
La primera vez me acerqué porque Mateo me mandó a pedir una llave de 10 mm.
-Disculpa- Le dije inclinándome un poco sobre el capó de su auto, sintiendo cómo mi top se estiraba y dejaba ver más escote del que pretendía.
¿Tenés una llave de 10? Estamos ajustando algo al lado y se nos rompió la nuestra”. Él levantó la vista, sus ojos recorrieron despacio mi cuerpo: de mis ojos a mi abdomen marcado, bajando por la calza que se adhería a mis muslos y mi cola. Sonrió de lado.
-Claro, linda. Acá tenés- Nuestros dedos se rozaron cuando me la dio, y sentí un chispazo eléctrico.
-Gracias, Le dije con una sonrisa.
Volví unos minutos después. Mateo me mandó de nuevo, esta vez a pedir una herramienta para sacar una bujía. No tenía la menor idea de qué era, solo repetí lo que él me dijo. Me acerqué otra vez, esta vez apoyándome más en el capó, arqueando un poco la espalda para que la calza marcara todavía más mi culo.
-Perdón otra vez... ¿Primero, como te llamas? y despues tenés algo para sacar una bujía? No sé bien cómo se llama, pero es como una llave larga con cabeza rara-
Eze se rió bajo, limpiándose las manos con un trapo.
-Me llamo Ezequiel y sí, sé cuál es. Vení, te muestro- Se acercó, su cuerpo casi pegado al mío mientras buscaba en su caja de herramientas. Su brazo rozó mi cintura y sentí su calor, su olor a hombre mezclado con nafta.
-Acá tenés- Dijo entregándomela, sus dedos demorándose en los míos.
-Si necesitás que te explique cómo usarla... o cualquier otra cosa avisame. Yo mordí mi labio inferior.
-Gracias, Eze. Capaz que después vuelvo a pedirte ayuda-
En ese momento me llamo la atención que el estaba solo, todos los autos tenian entre 4 y 8 personas trabajando en ellos, pero el estaba solo. Por otro lado yo habia estado mucho tiempo sin acción por lo que estaba un poco alzada.
La primera picada de Eze fue brutal. Me paré al borde de la pista con Mateo y Matías. Cuando el 207 gris salió disparado y ganó por un pelo, aplaudí fuerte, sintiendo un calor subir por mi cuerpo. Cuando volvió por el box hacia la pista de nuevo, corrí hacia él.
-Impresionante, anda rápido tu auto - le dije acercándome más de lo necesario.
-Ese arranque fue una locura-. Él se secó la frente, su remera pegada al pecho definido.
-Gracias. Me diste suerte, con ese top que te queda... demasiado bien-. Sus ojos bajaron a mis tetas, al abdomen que brillaba con sudor, a la calza que moldeaba mis curvas. Yo me reí suave, rozando su brazo.
-Si necesitás una mano... o dos... para preparar la siguiente, acá estoy-
Entre carreras me quedé con él. Mientras ajustaba el auto, me explicaba cosas que yo no entendía para nada, pero fingía interés, inclinándome sobre el motor, dejando que mi cola se marcara en la calza, que mi top se levantara un poco más. Él se acercaba por detrás “para mostrarme algo”, su pecho rozando mi espalda, su aliento en mi nuca.
-Sentís el calor del motor?- me preguntaba.
-Sí... mucho calor- respondía yo, mi voz baja y haciendole ojitos
Mateo me mandó mensajes:
-¿Dónde estás?-
Acá viendo- le respondí. Pero no volví.
Al final del día, cuando todo terminaba, Mateo me llamó
-Nos vamos con Matías, ¿venís? o te quedas paveando?- Eze me miró, tendiéndome la mano.
-Quedate. Te llevo yo- Sentí el pulso entre mis piernas, el calor acumulado todo el día.
-Andá sin mí, Mateo. Me quedo un rato más-
Su voz sonó tensa- ok... cuidate-
Eze se quedo mas porque calsifico a las finales y tuvo que esperar que corran otras categorias de por medio, mientras tanto hablabamos, reiamos y nos acercabamos poco a poco sentados en el capó de su auto.
Cuando le toco correr de vuelta la primer picada le fue espectacular, sacandole medio segundo al otro, yo me quede en la largada sintiendo las miradas de los demas, cuando viene la proxima picada pierde porque le erró al poner segunda y metio cuarta, perdio la picada.El un poco enojado deja el auto en el box y me va a buscar a la largada.
-Hasta aca llego la noche, podria haber terminado mejor pero no se dio- me dijo con tono serio
-Bueno no pasa nada, capaz de otra forma puede terminar mejor la noche- le digo con una sonrisa
-jaja si, vamos que te llevo a tu casa asi me voy a dormir que es tarde-
Nos subimos al 207 y salimos del galvez, habia olor a nafta, goma quemada y mucho olor a hombre, toda esta situación me calento bastante y en el primer semáforo en rojo a penas salimos del galvez aproveche para besarle, apoyé una mano en su rodilla y la otra en su cuello, cuando el semáforo se pone en verde, Eze arranca tan rapido que mi mano de apoyo termina en su bulto, yo sin reaccionar dejo la mano unos segundos y me dice,
-asi querias mejorar mi noche?-
-mejor vayamos a tu casa- le dije
Yo le manoseo un poco el bulto mientras crece, me arrodillo sobre el asiento y me encargo de mejorarle la noche, le bajo el pantalón y sale disparada una pija de tamaño promedio y un poco fina, la pajeo un poco y directo me la meto en la boca. Primero juego un poco con su cabeza y mi lengua, lamiendo en círculos y metiendomela hasta la garganta, unas vueltas con la lengua en la cabeza y de vuelta hasta la garganta, un poco de lengua en los huevos y cuando me la vielvo a meter toda hasta la garganta siento como se contrae mas de lo normal y salen 5 chorros calientes de leche adentro de mi boca, yo por el bien del auto de picadas me la trague.
Una vez que llegamos a su departamento nos desnudamos rápido. Lo pajie despacio, sintiendo el calor en mi palma, la leche resbaladiza goteando por la punta. Yo estaba empapada, mi tanga húmeda, el olor a mi excitación mezclado con el suyo llenando el aire.
Sin perder tiempo, me giró y me puso en cuatro sobre el sofá. Mis rodillas se hundieron en los cojines, mi cola hacia arriba, Eze se arrodilló detrás de mí, sus manos apretando mis cachetes separándolos. Entró despacio, me embestía lento al principio, saliendo casi todo para volver a entrar.
Aceleró, sus caderas chocando contra mi cola con fuerza, el impacto haciendo que mis cachetes rebotaran, un calor subiendo por mi espina. Luego cambiamos, lo empujé para que se acostara en el sofá, y me subí encima, cabalgándolo. Su pija entró fácil roté las caderas despacio, despues aceleré, subiendo y bajando, el placer creciendo de nuevo, mi abdomen contrayéndose visiblemente, mis tetas rebotando con cada bajada.
Pero quería más. Mientras lo cabalgaba, sentí ese deseo profundo, el que viene de lo prohibido. Saqué su pija de mi concha y la guié hacia atrás, hacia mi ano. Era fina, perfecta para eso, resbaladiza con mis jugos y lubricante. Me la metí despacio, sintiendo el estiramiento inicial bajé centímetro a centímetro, mi culo apretándolo, el placer crudo irradiando desde ahí. Empecé a moverme, cabalgando su pija en mi culo, el roce interno masajeando nervios que me hacían ver estrellas.
Me di vuelta con mi espalda hacia él, mi cola rebotando en su pelvis. Ahora podía inclinarme hacia adelante, sintiendo cómo entraba más profundo, el ángulo golpeando ese punto interno que me volvía loca. Sus manos apretaban mis cachetes, separándolos, y yo rotaba las caderas, sintiendo el placer construir como una tormenta..
-Acabo Lola... en tu culo-, gruñó, y sentí su pija contraerse e hincharse, corriéndose con pulsos calientes dentro de mí.
Esa noche me saque las ganas después de meses sin que me sacudan, fue una gran experiencia para despedir el 2025.
Me vestí para matar, calza negra ajustadísima que se pegaba a mis piernas y marcaba cada curva de mi cola y un top chiquito de McLaren naranja vibrante, tan corto que dejaba todo mi panza al aire, los costados de mis tetas asomando apenas, y los pezones sutilmente marcados por la tela fina cuando el viento pegaba.
Llegamos temprano, el autódromo era un caos de rugidos, humo de gomas y olor a nafta. Mateo me presentó a Matías y al equipo, y yo ayudé lo que pude... o sea, casi nada. No entiendo un carajo de motores ni de autos, para mí todo es ruido y piezas que no sé para qué sirven.
En el box de al lado había un tipo solo, sin equipo, trabajando en un Peugeot 207 gris. Alto, morocho, con músculos marcados bajo una remera sucia de grasa, ojos negros que parecían saberlo todo. Se llamaba Ezequiel.
La primera vez me acerqué porque Mateo me mandó a pedir una llave de 10 mm.
-Disculpa- Le dije inclinándome un poco sobre el capó de su auto, sintiendo cómo mi top se estiraba y dejaba ver más escote del que pretendía.
¿Tenés una llave de 10? Estamos ajustando algo al lado y se nos rompió la nuestra”. Él levantó la vista, sus ojos recorrieron despacio mi cuerpo: de mis ojos a mi abdomen marcado, bajando por la calza que se adhería a mis muslos y mi cola. Sonrió de lado.
-Claro, linda. Acá tenés- Nuestros dedos se rozaron cuando me la dio, y sentí un chispazo eléctrico.
-Gracias, Le dije con una sonrisa.
Volví unos minutos después. Mateo me mandó de nuevo, esta vez a pedir una herramienta para sacar una bujía. No tenía la menor idea de qué era, solo repetí lo que él me dijo. Me acerqué otra vez, esta vez apoyándome más en el capó, arqueando un poco la espalda para que la calza marcara todavía más mi culo.
-Perdón otra vez... ¿Primero, como te llamas? y despues tenés algo para sacar una bujía? No sé bien cómo se llama, pero es como una llave larga con cabeza rara-
Eze se rió bajo, limpiándose las manos con un trapo.
-Me llamo Ezequiel y sí, sé cuál es. Vení, te muestro- Se acercó, su cuerpo casi pegado al mío mientras buscaba en su caja de herramientas. Su brazo rozó mi cintura y sentí su calor, su olor a hombre mezclado con nafta.
-Acá tenés- Dijo entregándomela, sus dedos demorándose en los míos.
-Si necesitás que te explique cómo usarla... o cualquier otra cosa avisame. Yo mordí mi labio inferior.
-Gracias, Eze. Capaz que después vuelvo a pedirte ayuda-
En ese momento me llamo la atención que el estaba solo, todos los autos tenian entre 4 y 8 personas trabajando en ellos, pero el estaba solo. Por otro lado yo habia estado mucho tiempo sin acción por lo que estaba un poco alzada.
La primera picada de Eze fue brutal. Me paré al borde de la pista con Mateo y Matías. Cuando el 207 gris salió disparado y ganó por un pelo, aplaudí fuerte, sintiendo un calor subir por mi cuerpo. Cuando volvió por el box hacia la pista de nuevo, corrí hacia él.
-Impresionante, anda rápido tu auto - le dije acercándome más de lo necesario.
-Ese arranque fue una locura-. Él se secó la frente, su remera pegada al pecho definido.
-Gracias. Me diste suerte, con ese top que te queda... demasiado bien-. Sus ojos bajaron a mis tetas, al abdomen que brillaba con sudor, a la calza que moldeaba mis curvas. Yo me reí suave, rozando su brazo.
-Si necesitás una mano... o dos... para preparar la siguiente, acá estoy-
Entre carreras me quedé con él. Mientras ajustaba el auto, me explicaba cosas que yo no entendía para nada, pero fingía interés, inclinándome sobre el motor, dejando que mi cola se marcara en la calza, que mi top se levantara un poco más. Él se acercaba por detrás “para mostrarme algo”, su pecho rozando mi espalda, su aliento en mi nuca.
-Sentís el calor del motor?- me preguntaba.
-Sí... mucho calor- respondía yo, mi voz baja y haciendole ojitos
Mateo me mandó mensajes:
-¿Dónde estás?-
Acá viendo- le respondí. Pero no volví.
Al final del día, cuando todo terminaba, Mateo me llamó
-Nos vamos con Matías, ¿venís? o te quedas paveando?- Eze me miró, tendiéndome la mano.
-Quedate. Te llevo yo- Sentí el pulso entre mis piernas, el calor acumulado todo el día.
-Andá sin mí, Mateo. Me quedo un rato más-
Su voz sonó tensa- ok... cuidate-
Eze se quedo mas porque calsifico a las finales y tuvo que esperar que corran otras categorias de por medio, mientras tanto hablabamos, reiamos y nos acercabamos poco a poco sentados en el capó de su auto.
Cuando le toco correr de vuelta la primer picada le fue espectacular, sacandole medio segundo al otro, yo me quede en la largada sintiendo las miradas de los demas, cuando viene la proxima picada pierde porque le erró al poner segunda y metio cuarta, perdio la picada.El un poco enojado deja el auto en el box y me va a buscar a la largada.
-Hasta aca llego la noche, podria haber terminado mejor pero no se dio- me dijo con tono serio
-Bueno no pasa nada, capaz de otra forma puede terminar mejor la noche- le digo con una sonrisa
-jaja si, vamos que te llevo a tu casa asi me voy a dormir que es tarde-
Nos subimos al 207 y salimos del galvez, habia olor a nafta, goma quemada y mucho olor a hombre, toda esta situación me calento bastante y en el primer semáforo en rojo a penas salimos del galvez aproveche para besarle, apoyé una mano en su rodilla y la otra en su cuello, cuando el semáforo se pone en verde, Eze arranca tan rapido que mi mano de apoyo termina en su bulto, yo sin reaccionar dejo la mano unos segundos y me dice,
-asi querias mejorar mi noche?-
-mejor vayamos a tu casa- le dije
Yo le manoseo un poco el bulto mientras crece, me arrodillo sobre el asiento y me encargo de mejorarle la noche, le bajo el pantalón y sale disparada una pija de tamaño promedio y un poco fina, la pajeo un poco y directo me la meto en la boca. Primero juego un poco con su cabeza y mi lengua, lamiendo en círculos y metiendomela hasta la garganta, unas vueltas con la lengua en la cabeza y de vuelta hasta la garganta, un poco de lengua en los huevos y cuando me la vielvo a meter toda hasta la garganta siento como se contrae mas de lo normal y salen 5 chorros calientes de leche adentro de mi boca, yo por el bien del auto de picadas me la trague.
Una vez que llegamos a su departamento nos desnudamos rápido. Lo pajie despacio, sintiendo el calor en mi palma, la leche resbaladiza goteando por la punta. Yo estaba empapada, mi tanga húmeda, el olor a mi excitación mezclado con el suyo llenando el aire.
Sin perder tiempo, me giró y me puso en cuatro sobre el sofá. Mis rodillas se hundieron en los cojines, mi cola hacia arriba, Eze se arrodilló detrás de mí, sus manos apretando mis cachetes separándolos. Entró despacio, me embestía lento al principio, saliendo casi todo para volver a entrar.
Aceleró, sus caderas chocando contra mi cola con fuerza, el impacto haciendo que mis cachetes rebotaran, un calor subiendo por mi espina. Luego cambiamos, lo empujé para que se acostara en el sofá, y me subí encima, cabalgándolo. Su pija entró fácil roté las caderas despacio, despues aceleré, subiendo y bajando, el placer creciendo de nuevo, mi abdomen contrayéndose visiblemente, mis tetas rebotando con cada bajada.
Pero quería más. Mientras lo cabalgaba, sentí ese deseo profundo, el que viene de lo prohibido. Saqué su pija de mi concha y la guié hacia atrás, hacia mi ano. Era fina, perfecta para eso, resbaladiza con mis jugos y lubricante. Me la metí despacio, sintiendo el estiramiento inicial bajé centímetro a centímetro, mi culo apretándolo, el placer crudo irradiando desde ahí. Empecé a moverme, cabalgando su pija en mi culo, el roce interno masajeando nervios que me hacían ver estrellas.
Me di vuelta con mi espalda hacia él, mi cola rebotando en su pelvis. Ahora podía inclinarme hacia adelante, sintiendo cómo entraba más profundo, el ángulo golpeando ese punto interno que me volvía loca. Sus manos apretaban mis cachetes, separándolos, y yo rotaba las caderas, sintiendo el placer construir como una tormenta..
-Acabo Lola... en tu culo-, gruñó, y sentí su pija contraerse e hincharse, corriéndose con pulsos calientes dentro de mí.
Esa noche me saque las ganas después de meses sin que me sacudan, fue una gran experiencia para despedir el 2025.
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