Este es un relato inspirado en una experiencia personal propia. Se han modificado nombres y datos para proteger la privacidad de las personas involucradas.
En la época justo después de la pandemia, estaba en una situación económica bastante complicada. Vivía en la capital y contaba con muy bajos ingresos, por lo que, buscando una forma de ganar plata rápido, sin necesidad de invertir, me decidí por autogestionarme un trabajo de paseaperros. No era lo que más me hubiera gustado en la vida pero, hoy viendolo en retrospectiva fue una buena decisión. Comencé a repartir volantes por mi barrio y a hablar con la gente y rápidamente me hice con algunos clientes, lo que me permitió sumar unos mangos en aquél entonces.
Yo tengo un radar para las minas, en chiste suelo decir que es un ojo de lince, o un radar de culos. A veces puede fallar pero en general soy hábil detector de mujeres bellas, especialmente en la calle. Un día de sol, en pleno verano, a dos cuadras de mi casa vi una imagen que todavía no me olvido: una flaca, de unos 26-27 años, 1,50 mts, piel blanca bronceada, con pelo castaño de largo mediano, y muuuchos tatuajes (cosa que logra llamar mi atención), pero lo que activo mi radar fue otra cosa: una cintura ínfima, y un culito redondo que era imposible de ignorar. Y lo más lindo de todo, ¡estaba paseando a su perro! Ibamos en la misma dirección por lo que seguí caminando media cuadra, y justo entra a su edificio. Sabía que la volvería a ver.
Pasaron un par de días hasta que caminando me la vuelvo a encontrar, esta vez haciendo la fila de un cajero automático que quedaba muy cerca. Sigilosamente, me acerqué: era mi oportunidad.
—Hola! ¿Cómo estás? Te dejo un volante, soy paseador de perros.
—Hola, —dice con una sonrisa— qué copado. Justo estoy buscando uno.
—Me llamo Andrés. Vos sos...?
—Laura, un gusto.
—Igualmente, y tu perrito como se llama? *procedo a acariciarlo*
—Jairo, es adoptado
—Es re lindo. Vivís por acá?
—Sí acá a unas cuadras, vos?
—También soy del barrio.
Le conté muy resumidamente cómo me manejaba con los paseos y quedamos en que ella me escribía. Nos saludamos y me fui sintiendome victorioso. No pasan 10 minutos que me manda un mensaje para preguntarme por los paseos, cuánto costaba y demás. Después de charlar un rato quedamos en que al día siguiente pasaría a buscar a su perro y comenzaba a sumarlo al grupo.
Ese día me escribe anticipadamente, para decirme que llegaba justo a las 16, que la espere. Fui caminando tranquilo, llego, miro el reloj que dice 16:10, por lo que toco timbre. Para mi sorpresa me atiende una voz masculina, a lo que me presento. "Ahi bajo", me dice. Dos minutos más tarde, baja un pibe de unos 25 años, con el perro, me saluda re buena onda y me entrega al perro, y justo en ese momento llega Laura a la puerta del edificio. "Hola, perdón se me hizo tarde." Se saludan con un beso en la boca con el chico, me dejan con el perro y se van. Era obvio que eran pareja, pero me llamó la atencion algo: ¿si su novio estaba en el departamento, por qué no me lo entregaba él desde el comienzo? ¿acaso podría ser que prefería no blanquear que tenía novio, y por eso queria entregarme al perro ella, aunque no tenía necesidad? Me quedé pensando en esas cosas, mientras seguía con mi día.
La verdad es que la piba me tenía re caliente, y pensar en la posibilidad que yo le gustara, me despertaba los ratones tremendamente. Apenas me fui con el perro, le mando un whatsapp, contándole como venía todo, mandándole fotos, y muy astuto, aproveché para compartirle mi instagram laboral, donde publicaba cosas del día a día, con la esperanza de conseguir clientes. Al toque me empezó a seguir, y para mi grata sorpresa, también aceptó rápido mi solicitud (tenía la cuenta privada). Ahí nomás pude ver unas cuántas fotos en bikini y con ropa ajustada. La piba tenía un ojete tremendo, una cinturita mínima, y unos tatuajes trash de piba cruda que me volvían loco.
Pasaron algunos días, donde todo siguió normal, ella me dejaba a su perrito, me saludaba con la mejor onda y yo seguía mi jornada, no sin antes quedarme viéndola volver al ascensor, fichandole el orto sin mucha carpa. La verdad, estaba con tantas cosas en mi cabeza, que no le di muchas más vueltas al asunto. Lo que sí tenía una certeza: el novio tenía una cara de buenudo tremendo; se notaba que era buen pibe, pero le percibía un aire de cornudo importante.
Un día que pase a buscar a su perro, después de tocar timbre, veo que baja con un vestidito floreado muy suelto, con un escote algo abierto. Ella baja con el perro suelto, y antes de abrir la puerta, se arrima hacia adelante dejando toda su intimidad expuesta: no traía corpiño, y tuve una visual maravillosa de sus hermosas tetas. No eran muy grandes, sino más bien pequeñas, pero bien formadas. No desperdicié angulo sin recorrer con la vista, y para mi deleite, tardó mucho más de lo normal en engancharle la correa al perro, cosa que podría haber sido un instante. No sabía si era mi percepción del tiempo por la calentura o si lo estaba haciendo a propósito.
Unas horas después vuelvo para dejar a su perrito que era el último que me quedaba. Laura een lugar de recibirlo desde la entrada del edificio, sale a la calle y se me acerca. Se me pone de frente, a una corta distancia, mira hacia arriba haciendo contacto visual —yo mido 1.80 y ella es mucho más bajita, creo que eso también generaba una tensión— y dice: "Te vi la otra noche paseando unos perritos, hacés paseos nocturnos también?", y no puedo explicar la sensación que me dio su tono de voz. Me lo estaba diciendo de una forma sugerente.
Acá es donde se me cruzaron los cables. Yo tenía en ese momento 2 perros míos, que sacaba a pasear a la noche, cuando volvía de trabajar. ¿En qué momento me vió sin que me diera cuenta? Me parecía raro que me pida paseos de noche, cuando ya me habia dicho un par de veces si podía bajarle un poco el precio, que le costaba llegar con el servicio (a lo que accedí por lo caliente que me tenía).
Entonces veo la distancia a la que me hablaba —se acercó tanto que tenía su cara a pocos centímetros—, escuché lo que me dijo, que parecía tener un mensaje entre líneas, y su mirada fija en mí, casi desafiante, y sin pensarlo le dije:
—No, son mis perros los que viste! Pero lo que si puedo hacer de noche es sacarte a pasear a vos.
Laura se me quedó mirando fijo, y yo empecé a sentir calor. Hasta que abre la boca:
—Ah, si? Cómo sería eso? —dijo en tono desafiante
—Bueno, tendría que ser a donde tu novio no te encuentre.
—Qué atrevido que sos. Y decime, como pensas hacer eso?
—Bueno, primero te voy a tener que poner un collar y llevarte de la correa.—dije mientras apoyaba un en su pecho y lentamente subia hasta su cuello. Ella empieza a morderse el labio y se acerca unos centímetros más. A todo esto estábamos en la puerta de su edificio, así que bastante expuestos y jugada la escena.
—Como una perrita?
—Si, igual que una perrita si te portas mal te voy a tener que castigar y enseñarte quién manda — dije mientras pasaba mi mano por su pelo
—podes subir ahora? Mi novio vuelve más tarde del trabajo
—Vamos.
Entramos al edifico y nos metemos en el ascensor. Apenas se cierra la puerta nos tiramos uno encima del otro. Eramos todo manos, todo suspiro, calor y vapores. La tomé de la cintura con una mano, y con la otra de la nuca, tomando con fuerza su cabellera en mi mano, mientras me lanzaba hacia su boca, que me esperaba abierta, con su lengua lista para enredarse con la mía. Pude sentir sus manos por debajo de mi remera acariciando mi abdomen, descendiendo para apretar mi verga por encima del pantalón, que ya estaba dura, caliente y a punto de explotar. Mientras llegabamos al 7mo piso, la calentura no me entraba en el cuerpo. Su vestido se sentía como una fina, casi inexistente barrera, que me permitía sentir toda su desnudez con mis manos.
Suena el timbre del ascensor. Llegamos. Sale ella primero, despedida a abrir la puerta. Atrás entro yo, cerrando la puerta con velocidad. El perro quedó con la correa puesta, a ninguno le importó.
-------------------------------
Hasta acá la primer parte. Toma tiempo escribirlo así que si les gusta comenten y pronto subo la 2.
En la época justo después de la pandemia, estaba en una situación económica bastante complicada. Vivía en la capital y contaba con muy bajos ingresos, por lo que, buscando una forma de ganar plata rápido, sin necesidad de invertir, me decidí por autogestionarme un trabajo de paseaperros. No era lo que más me hubiera gustado en la vida pero, hoy viendolo en retrospectiva fue una buena decisión. Comencé a repartir volantes por mi barrio y a hablar con la gente y rápidamente me hice con algunos clientes, lo que me permitió sumar unos mangos en aquél entonces.
Yo tengo un radar para las minas, en chiste suelo decir que es un ojo de lince, o un radar de culos. A veces puede fallar pero en general soy hábil detector de mujeres bellas, especialmente en la calle. Un día de sol, en pleno verano, a dos cuadras de mi casa vi una imagen que todavía no me olvido: una flaca, de unos 26-27 años, 1,50 mts, piel blanca bronceada, con pelo castaño de largo mediano, y muuuchos tatuajes (cosa que logra llamar mi atención), pero lo que activo mi radar fue otra cosa: una cintura ínfima, y un culito redondo que era imposible de ignorar. Y lo más lindo de todo, ¡estaba paseando a su perro! Ibamos en la misma dirección por lo que seguí caminando media cuadra, y justo entra a su edificio. Sabía que la volvería a ver.
Pasaron un par de días hasta que caminando me la vuelvo a encontrar, esta vez haciendo la fila de un cajero automático que quedaba muy cerca. Sigilosamente, me acerqué: era mi oportunidad.
—Hola! ¿Cómo estás? Te dejo un volante, soy paseador de perros.
—Hola, —dice con una sonrisa— qué copado. Justo estoy buscando uno.
—Me llamo Andrés. Vos sos...?
—Laura, un gusto.
—Igualmente, y tu perrito como se llama? *procedo a acariciarlo*
—Jairo, es adoptado
—Es re lindo. Vivís por acá?
—Sí acá a unas cuadras, vos?
—También soy del barrio.
Le conté muy resumidamente cómo me manejaba con los paseos y quedamos en que ella me escribía. Nos saludamos y me fui sintiendome victorioso. No pasan 10 minutos que me manda un mensaje para preguntarme por los paseos, cuánto costaba y demás. Después de charlar un rato quedamos en que al día siguiente pasaría a buscar a su perro y comenzaba a sumarlo al grupo.
Ese día me escribe anticipadamente, para decirme que llegaba justo a las 16, que la espere. Fui caminando tranquilo, llego, miro el reloj que dice 16:10, por lo que toco timbre. Para mi sorpresa me atiende una voz masculina, a lo que me presento. "Ahi bajo", me dice. Dos minutos más tarde, baja un pibe de unos 25 años, con el perro, me saluda re buena onda y me entrega al perro, y justo en ese momento llega Laura a la puerta del edificio. "Hola, perdón se me hizo tarde." Se saludan con un beso en la boca con el chico, me dejan con el perro y se van. Era obvio que eran pareja, pero me llamó la atencion algo: ¿si su novio estaba en el departamento, por qué no me lo entregaba él desde el comienzo? ¿acaso podría ser que prefería no blanquear que tenía novio, y por eso queria entregarme al perro ella, aunque no tenía necesidad? Me quedé pensando en esas cosas, mientras seguía con mi día.
La verdad es que la piba me tenía re caliente, y pensar en la posibilidad que yo le gustara, me despertaba los ratones tremendamente. Apenas me fui con el perro, le mando un whatsapp, contándole como venía todo, mandándole fotos, y muy astuto, aproveché para compartirle mi instagram laboral, donde publicaba cosas del día a día, con la esperanza de conseguir clientes. Al toque me empezó a seguir, y para mi grata sorpresa, también aceptó rápido mi solicitud (tenía la cuenta privada). Ahí nomás pude ver unas cuántas fotos en bikini y con ropa ajustada. La piba tenía un ojete tremendo, una cinturita mínima, y unos tatuajes trash de piba cruda que me volvían loco.
Pasaron algunos días, donde todo siguió normal, ella me dejaba a su perrito, me saludaba con la mejor onda y yo seguía mi jornada, no sin antes quedarme viéndola volver al ascensor, fichandole el orto sin mucha carpa. La verdad, estaba con tantas cosas en mi cabeza, que no le di muchas más vueltas al asunto. Lo que sí tenía una certeza: el novio tenía una cara de buenudo tremendo; se notaba que era buen pibe, pero le percibía un aire de cornudo importante.
Un día que pase a buscar a su perro, después de tocar timbre, veo que baja con un vestidito floreado muy suelto, con un escote algo abierto. Ella baja con el perro suelto, y antes de abrir la puerta, se arrima hacia adelante dejando toda su intimidad expuesta: no traía corpiño, y tuve una visual maravillosa de sus hermosas tetas. No eran muy grandes, sino más bien pequeñas, pero bien formadas. No desperdicié angulo sin recorrer con la vista, y para mi deleite, tardó mucho más de lo normal en engancharle la correa al perro, cosa que podría haber sido un instante. No sabía si era mi percepción del tiempo por la calentura o si lo estaba haciendo a propósito.
Unas horas después vuelvo para dejar a su perrito que era el último que me quedaba. Laura een lugar de recibirlo desde la entrada del edificio, sale a la calle y se me acerca. Se me pone de frente, a una corta distancia, mira hacia arriba haciendo contacto visual —yo mido 1.80 y ella es mucho más bajita, creo que eso también generaba una tensión— y dice: "Te vi la otra noche paseando unos perritos, hacés paseos nocturnos también?", y no puedo explicar la sensación que me dio su tono de voz. Me lo estaba diciendo de una forma sugerente.
Acá es donde se me cruzaron los cables. Yo tenía en ese momento 2 perros míos, que sacaba a pasear a la noche, cuando volvía de trabajar. ¿En qué momento me vió sin que me diera cuenta? Me parecía raro que me pida paseos de noche, cuando ya me habia dicho un par de veces si podía bajarle un poco el precio, que le costaba llegar con el servicio (a lo que accedí por lo caliente que me tenía).
Entonces veo la distancia a la que me hablaba —se acercó tanto que tenía su cara a pocos centímetros—, escuché lo que me dijo, que parecía tener un mensaje entre líneas, y su mirada fija en mí, casi desafiante, y sin pensarlo le dije:
—No, son mis perros los que viste! Pero lo que si puedo hacer de noche es sacarte a pasear a vos.
Laura se me quedó mirando fijo, y yo empecé a sentir calor. Hasta que abre la boca:
—Ah, si? Cómo sería eso? —dijo en tono desafiante
—Bueno, tendría que ser a donde tu novio no te encuentre.
—Qué atrevido que sos. Y decime, como pensas hacer eso?
—Bueno, primero te voy a tener que poner un collar y llevarte de la correa.—dije mientras apoyaba un en su pecho y lentamente subia hasta su cuello. Ella empieza a morderse el labio y se acerca unos centímetros más. A todo esto estábamos en la puerta de su edificio, así que bastante expuestos y jugada la escena.
—Como una perrita?
—Si, igual que una perrita si te portas mal te voy a tener que castigar y enseñarte quién manda — dije mientras pasaba mi mano por su pelo
—podes subir ahora? Mi novio vuelve más tarde del trabajo
—Vamos.
Entramos al edifico y nos metemos en el ascensor. Apenas se cierra la puerta nos tiramos uno encima del otro. Eramos todo manos, todo suspiro, calor y vapores. La tomé de la cintura con una mano, y con la otra de la nuca, tomando con fuerza su cabellera en mi mano, mientras me lanzaba hacia su boca, que me esperaba abierta, con su lengua lista para enredarse con la mía. Pude sentir sus manos por debajo de mi remera acariciando mi abdomen, descendiendo para apretar mi verga por encima del pantalón, que ya estaba dura, caliente y a punto de explotar. Mientras llegabamos al 7mo piso, la calentura no me entraba en el cuerpo. Su vestido se sentía como una fina, casi inexistente barrera, que me permitía sentir toda su desnudez con mis manos.
Suena el timbre del ascensor. Llegamos. Sale ella primero, despedida a abrir la puerta. Atrás entro yo, cerrando la puerta con velocidad. El perro quedó con la correa puesta, a ninguno le importó.
-------------------------------
Hasta acá la primer parte. Toma tiempo escribirlo así que si les gusta comenten y pronto subo la 2.
3 comentarios - El paseador de perros: la clienta pt.1