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Probé otra verga

No hacía falta decir su nombre.
Desde que empecé a cruzármelo en salidas con Lucas, ya sabía quién era. Me miraba distinto. No como Lucas, no con esa seguridad de “ya te conozco”, sino con curiosidad, como si yo fuera algo que le habían contado… pero que quería comprobar solo.
Después de cortar con mi novio, todo se volvió más simple.
No mejor. Más simple.
Empezaron los likes en historias. Algún fueguito. Algún “qué linda estás”.
Nada exagerado. Lo justo para que yo me diera cuenta de que sabía cosas de mí.
Y eso, lejos de incomodarme, me calentaba.
Esa noche salimos de joda.
Terminamos en la casa de una amiga mía. Gente yendo y viniendo, música, alcohol, risas. Lucas estuvo un rato, después se fue. Yo me quedé. Y él también.
En un momento estábamos sentados cerca, hablando de pavadas. Cada tanto, alguna frase con doble sentido. Algún silencio largo. Alguna mirada que se quedaba un segundo de más.
—Así que vos sos la famosa Andrea —me dijo en voz baja, casi riéndose.
—Depende quién pregunte —le contesté, sin mirarlo del todo.
Sentía su atención encima todo el tiempo.
No me tocaba. No hacía falta.
Cuando ya era tarde, se acercó y me preguntó si quería que me lleve.
Le dije que sí sin pensarlo demasiado.
En el auto no hablamos mucho.
Nos besamos.
No fue apurado. Fue decidido. Como si los dos supiéramos que eso iba a pasar desde antes. Sus manos firmes, las mías sin resistencia. Me gustó que no fuera torpe, que no se apurara, que pareciera disfrutar de tenerme ahí.
El telo fue casi una consecuencia.

Apenas cerramos la puerta, no hubo palabras.
Nos besamos.
No fue un beso tímido, fue de esos que se dan cuando ya está todo decidido. Me gustó cómo me agarró la cara, cómo me miraba como si no pudiera creer que yo estuviera ahí con él. Yo sentía el calor en el cuerpo, esa ansiedad rica que ya no me dejaba pensar demasiado.
Nos besamos un rato largo, apoyados contra la pared, hasta que fui yo la que tomó la iniciativa. Lo empujé suave hacia la cama y me arrodillé frente a él, mirándolo desde abajo. Me encantó su cara en ese momento, esa mezcla de sorpresa y deseo.
Le bajé el pantalón y empecé a acariciar su pene que ya estaba duro y era bastante grande, grueso. Primero le dí unos besitos y empecé a jugar con mi lengua en su punta, luego del tronco a la punta y ya después empecé a chuparlo como me gusta, sentía que se me mojaba mi conchita, me volvía muy puta y me lo comía hasta el fondo después se las chupe a sus bolas también un buen rato.
Mientras tanto, lo miraba a los ojos. No todo el tiempo, pero lo suficiente para que supiera que yo era consciente de lo que le estaba provocando. Sentía cómo reaccionaba, cómo se le escapaba algún gemido, cómo me decía cosas en voz baja.
—No sabés lo que hacés… —me dijo.
—Sí, lo sé —le contesté, sin parar.
Seguí un rato más, disfrutando del control, hasta que sola cambié de posición. No hizo falta que me dijera nada. Yo ya sabía cómo quería ponerme. Me acomodé y apoyé las manos, ofreciéndome sin vueltas.
Me puse en 4 solita, no daba más me sentía muy mojada.
Le pedí que sacara el celular.
—Sacame fotos —le dije—. Quiero ver cómo se ve.
Eso lo terminó de volver loco. Mientras sacaba fotos, me tocaba apenas, como provocando más que buscando alivio. Yo sentía todo, cada roce, cada pausa, y estaba cada vez más caliente.

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—¿Te gusta verte así? —me preguntó.
—Me encanta —le respondí—. Y quiero que vos también lo veas.
Me tocaba con un dedo y se me mojaba más todavía, hasta que apoyo la punta de su pene y empezó a cogerme, me encantaba probar otra verga distinta a las que ya probé.
Sentí la diferencia, el ritmo, la intensidad. Me gustó cómo me agarraba, cómo se animaba cada vez más cuando veía que yo no frenaba. Me daba duró me la sacaba por completo y me la metía hasta el fondo de nuevo, algo que me encanta que me hagan. En un momento cambié otra vez, me subí arriba y marqué el ritmo yo.
Me la puse sola adentro mío y empecé a moverme y le ponía mis tetas en su cara, por su cara le encantaba lo que hacía, a mí gustaba sentir su verga hasta el fondo hasta que terminé y llegué unos gemidos.
El me dijo: que buena trola que se perdió tu ex.
A lo que respondí: a sí? Con que eso soy? Igual a veces lo llamo a qué se divierta.
Me respondió: me encantas.
Me quedé así un rato, disfrutando de tener el control, de sentirlo reaccionar a cada movimiento mío. Él me tocaba, me decía cosas, me mordía, y yo ya estaba en ese punto donde todo se mezcla.
Volví a ponerme en la posición de antes. Ya no había dudas, ni suavidad. Solo ganas.
Entonces, me dió duro un buen rato, me encantaba hasta que me dijo que iba a terminar y yo le dije que me deje en las nalguitas.
Sentí el calor, la intensidad del momento, y me encantó. Me quedé ahí unos segundos más, respirando agitada, con esa sensación pesada y deliciosa que queda después.
Cuando todo terminó, me apoyé contra la cama y me reí bajito.
—Sos peligrosa —me dijo.
—Y vos no te quejás —le respondí.
Después vino el silencio cómodo. Nos vestimos despacio. Me sentía satisfecha, tranquila, y al mismo tiempo con esa chispa de “esto podría repetirse”.
Después me llevó.
Antes de bajar, me miró y me dijo que había sido una locura linda.
Le dije que capaz se repetía.
Cuando llegué a casa, revisé las fotos.
Me vi distinta. Más segura. Más mía.
Y entendí que no era Lucas.
No era mi ex.
No era nadie en particular.
Era yo.
Y recién estaba empezando.
Por último. Muchos me preguntan si tengo alguna red social o algo y quiero decir que me cree una para ustedes: andree.d03 siganme y hablamos, capaz entre más seguido que aquí.

4 comentarios - Probé otra verga

Royito49
tremendouna hermosura de mujer
Morherp
Que bueno q te encontre. Que pedazo de hembra q sos