
Lorena acababa de cumplir 18 años. Era una chica de belleza natural y magnética, con una figura curvilínea que volvía locos a quienes la veían en fotos o en sus escasas salidas. Tenía el cabello castaño ondulado que le caía hasta los hombros, ojos grandes y expresivos de un verde intenso que parecían brillar cuando se emocionaba jugando, labios carnosos siempre pintados de un rojo suave, y una piel blanca y suave que contrastaba con el rubor natural de sus mejillas. Su cuerpo era voluptuoso: pechos grandes y firmes que se marcaban bajo cualquier camiseta ajustada, cintura estrecha y caderas anchas que le daban esa silueta de reloj de arena. Medía apenas 1.65, pero su presencia era imponente cuando quería.
De carácter, Lorena era rebelde, caprichosa y adicta al placer inmediato. Odiaba la escuela con toda el alma; para ella, era una cárcel de reglas absurdas y profesores aburridos. Desde niña había sido así: prefería encerrarse en su cuarto, rodeada de consolas, monitores y luces LED moradas que iluminaban su pequeño reino. Allí pasaba horas jugando videojuegos, gritando victorias en partidas online o perdiéndose en mundos virtuales donde nadie le decía qué hacer. Era inteligente, pero perezosa para todo lo que no le apasionaba. Soñaba con ser podcaster: hablar de juegos, de anime, de sus opiniones sin filtro, con esa voz ronca y sensual que tenía, que hacía que sus amigos en Discord se quedaran callados solo para escucharla.
Pero su madre se lo tenía terminantemente prohibido. “Eso no es una carrera de verdad, Lorena. Primero estudia, luego vemos”, le repetía siempre. Los pleitos eran constantes: gritos, portazos, lágrimas. Lorena no quería universidad, no quería “perder el tiempo en clases inútiles”. Al final, después de meses de guerra familiar, sus padres cedieron: un año sabático. Un año para “encontrarse a sí misma”, decían ellos. Para ella, era libertad absoluta.
Ahora, con 18 recién cumplidos, Lorena pasaba los días encerrada en su cuarto, en ropa cómoda: shorts cortitos que dejaban ver la curva de sus nalgas, tops escotados que apenas contenían sus pechos generosos, o a veces solo una camiseta oversized sin nada debajo. La puerta cerrada con llave, las cortinas corridas, el aire acondicionado al máximo para que su piel se erizara deliciosamente.
Una noche de ese año sabático, después de una maratón de juegos que la dejó acalorada y frustrada por una derrota, Lorena se recostó en su cama gamer, con las luces LED bañando su cuerpo en tonos violetas. Estaba sudada, el cabello pegado a la nuca, el top adherido a sus pechos que subían y bajaban con la respiración agitada. Se mordió el labio inferior, sintiendo esa calentura familiar que le subía desde el vientre después de horas de adrenalina.
“Nadie me entiende… pero yo sé lo que quiero”, murmuró para sí misma, mientras su mano derecha bajaba lentamente por su abdomen plano hasta meterse bajo la cintura de sus shorts. Cerró los ojos, imaginando que hablaba en su podcast prohibido, pero no de juegos… sino de sus fantasías más oscuras. Su voz, esa voz grave y seductora, narrando cómo se tocaba pensando en alguien que la escuchara en secreto, que se excitara con sus gemidos susurrados.
Sus dedos encontraron su ropa interior ya húmeda. Un suspiro escapó de sus labios. Se arqueó un poco, presionando sus pechos contra la tela del top, los pezones endurecidos marcándose claramente. Empezó despacio, círculos suaves sobre su clítoris hinchado, imaginando que era la mano de un seguidor anónimo que había descubierto su canal oculto, uno que ella grababa en secreto por las noches, solo para sí misma… o eso creía.
Lorena aceleró el ritmo, mordiéndose el labio para no gemir demasiado alto y alertar a sus padres al otro lado de la casa. Sus caderas se movían solas, buscando más presión. “Sí… así… escúchenme…”, susurraba como si estuviera en vivo, imaginando miles de personas conectadas, excitadas por su voz, por sus confesiones. Su mano libre subió hasta uno de sus pechos, apretándolo con fuerza, pellizcando el pezón hasta que un jadeo ronco llenó el cuarto.
El orgasmo la golpeó como una ola intensa, haciendo que su cuerpo se tensara, las piernas temblando, la espalda arqueada. Gritó bajito, ahogando el sonido en la almohada, mientras ondas de placer la recorrían desde el centro hasta la punta de los dedos. Quedó allí, jadeante, con una sonrisa satisfecha en los labios carnosos.
En ese año sabático, Lorena sabía que encontraría su camino. No en libros ni aulas, sino en su cuarto, con su voz, su cuerpo y sus deseos sin censura. Y pronto, quizás, ese podcast prohibido vería la luz… y con él, todos sus secretos más calientes.
Durante los primeros meses de su año sabático, Lorena pasaba casi todo el día conectada. Discord, Twitch, foros de juegos… su cuarto era su fortaleza y el internet su único escape real. Allí nadie la juzgaba por no querer estudiar, nadie le repetía que “perdía el tiempo”. Allí era admirada, deseada, escuchada.
Una noche, después de una partida intensa, recibió un mensaje privado de un usuario que llevaba semanas siguiéndola en silencio: @ShadowLover87. El avatar era oscuro, solo una silueta negra con ojos rojos. Al principio lo ignoró, pero él empezó a comentar sus jugadas con precisión, a regalarle subs en sus streams pequeños, a mandarle memes perfectos. Poco a poco, hablaron más. Él nunca preguntaba por su vida real, solo por sus gustos, sus fantasías en los juegos, sus opiniones sin filtro. Lorena se sentía cómoda. Libre.
Una madrugada, después de horas charlando por voz (ella con su micrófono caro, él con una voz distorsionada que sonaba grave y dominante), él le hizo la propuesta.
ShadowLover87 (voz distorsionada): “Lorena… sabes que me encanta cómo eres. Tu voz, tu forma de hablar, cómo te emocionas… Todo. Te sigo desde hace tiempo y quiero ayudarte. Sé que quieres hacer podcast, que tus padres no te dejan, que necesitas dinero para equipo, para independizarte algún día. Yo puedo dártelo.”
Lorena se quedó callada, el corazón latiéndole fuerte. Estaba en su cama, solo con una camiseta holgada y bragas, las luces LED violetas iluminando su piel.
Lorena: “¿Ayudarme cómo? ¿Qué quieres a cambio?”
ShadowLover87: “Retos. Pequeños al principio. Cosas que solo tú y yo sabremos. Te mando dinero por cada uno que cumplas. Sin cámaras, sin grabar si no quieres. Solo pruebas de que lo hiciste: una foto, un audio corto… lo que te haga sentir segura. Empezamos suave y, si te gusta, subimos la intensidad. Nadie más lo sabrá jamás.”
Ella se mordió el labio. El dinero sonaba perfecto: un micrófono nuevo, luces mejores, quizás hasta mudarse algún día. Y él… él la entendía como nadie. Habían hablado de cosas que ni a sus amigas les contaba. Se había abierto con él de una forma que la excitaba y la avergonzaba al mismo tiempo.
Lorena (voz bajita, casi ronca): “¿Cuánto exactamente?”
Lorena se quedó mirando la pantalla un rato largo, el cursor parpadeando en el chat privado. La cifra que él le había prometido era ridículamente alta para algo tan simple: solo subir la camiseta, mostrar sus pechos grandes y firmes, sin cara, sin nada que la identificara. “Es solo una foto”, se dijo, aunque sabía que no era tan inocente. El calor que sentía entre las piernas no mentía.
Se levantó de la silla gamer y se miró en el espejo de cuerpo entero que tenía detrás de la puerta. Llevaba una camiseta gris vieja, holgada, sin sujetador debajo porque en casa nunca se molestaba. Se mordió el labio inferior, nerviosa, excitada. Las luces LED violetas bañaban su piel, haciendo que sus curvas se vieran aún más suaves y tentadoras.
Encendió la cámara del celular, ajustó el ángulo para que solo se viera desde el cuello hacia abajo. Su corazón latía fuerte. Subió lentamente la camiseta, dejando que la tela se arrugara justo debajo de sus pechos. Los dejó al descubierto: grandes, redondos, con los pezones ya endurecidos por la mezcla de frío del aire acondicionado y la adrenalina. Eran perfectos, pesados pero firmes, con esa piel blanca que contrastaba con las aureolas rosadas. Se apretó un poco los pechos con las manos, solo para que se vieran más voluptuosos, más provocativos. Tomó varias fotos hasta que encontró la ideal: una en la que se veía cómo los sostenía desde abajo, levantándolos ligeramente, con los pezones apuntando directo a la cámara.
Antes de enviarla, dudó un segundo. Pero el dinero… y esa sensación prohibida de saber que alguien al otro lado se iba a volver loco mirándola. Pulsó “enviar”.
El mensaje apareció en el chat: una imagen adjunta. Nada más.
Del otro lado, su padre —sentado en su estudio oscuro, con la puerta cerrada con llave— abrió la foto y se quedó sin aliento. La pantalla iluminaba su rostro con la luz violeta reflejada. Esos pechos… los había visto de reojo miles de veces en casa, cuando ella pasaba en bikini o con escotes profundos, pero nunca así. Tan cerca, tan expuestos, tan suyos. Eran más hermosos de lo que había fantaseado en sus noches más oscuras: llenos, suaves, con esa curva perfecta que pedía ser tocada, mordida, apretada.
Su mano tembló ligeramente sobre el mouse. Respiró hondo, sintiendo cómo la excitación lo invadía por completo. Era ella. Su hija. Su Lorena. Y acababa de entregarle esa parte de su cuerpo sin saberlo.
ShadowLover87: “Dios… eres perfecta. Más de lo que imaginé. Nunca había visto algo tan hermoso. Gracias por confiar en mí.”
Lorena, todavía con la camiseta subida y los pechos al aire, sonrió al leerlo. Se sintió poderosa, deseada. Se acarició un pezón distraídamente mientras esperaba.
ShadowLover87: “El pago ya está hecho. Revisa tu cuenta.”
Ella abrió la app del banco en el celular. La transferencia apareció al instante: exactamente la cifra prometida, sin deducciones, sin preguntas. Mucho más de lo que ganaba cualquier streamer principiante en un mes.
Se dejó caer en la cama, riendo bajito, con el corazón acelerado. Se sentía traviesa, libre, rica por primera vez por algo que ella misma había decidido hacer con su cuerpo.
Lorena: “Gracias… me gustó hacerlo. ¿Cuándo es el siguiente reto?”
Del otro lado, su padre cerró los ojos un momento, guardando la foto en una carpeta encriptada. Sonrió en la oscuridad.
El juego acababa de empezar de verdad.
Pasaron unas semanas desde esa primera foto, y los retos habían escalado de forma adictiva. Lorena ya no dudaba tanto; cada pago llegaba puntual, y la excitación de complacer a su "amigo" virtual la mantenía enganchada. Se habían vuelto inseparables en el chat: horas hablando de fantasías, de juegos, de cómo él la imaginaba gimiendo su alias mientras se tocaba. Ella se sentía viva, deseada como nunca.
Una noche, después de un reto simple (un audio de ella describiendo cómo se masturbaba pensando en él), ShadowLover87 escribió:
ShadowLover87: “Lorena, has sido increíble hasta ahora. Quiero verte toda. Una foto de cuerpo completo, desnuda. Sin cara, pero todo lo demás: de pie, desde los hombros hasta los pies. Muéstrame esa figura perfecta que me has descrito. Te pago el doble de lo último.”
Lorena sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Estaba en su cuarto, con las luces LED violetas encendidas, vestida solo con shorts y un top escotado. Se imaginó posando así, expuesta por completo para él. Sus pechos grandes, su cintura estrecha, sus caderas anchas, sus piernas suaves… y entre ellas, su intimidad depilada y húmeda. La idea la ponía nerviosa, pero también la excitaba tanto que notó cómo sus bragas se humedecían al instante.
Se levantó, apagó todas las luces excepto las LED para que la foto tuviera ese brillo misterioso y sensual. Se quitó la ropa despacio, mirándose en el espejo: su cabello castaño ondulado cayendo sobre los hombros, sus ojos verdes brillando con picardía, sus labios carnosos entreabiertos. Desnuda, su cuerpo era una obra de arte voluptuosa: pechos firmes que se movían con cada respiración, abdomen plano con un piercing discreto en el ombligo, y abajo, su coño rosado y jugoso, ya hinchado por la anticipación.
Ajustó el celular en un trípode improvisado, se paró de perfil primero para probar, pero luego decidió frontal: piernas ligeramente separadas, una mano en la cadera para acentuar sus curvas. Tomó la foto, asegurándose de que no se viera la cara. Su piel blanca contrastaba con las luces moradas, haciendo que sus curvas se vieran aún más provocativas. Envió la imagen con un mensaje simple: “Aquí tienes… ¿te gusta?”
Del otro lado de la casa, en su estudio, el padre abrió la foto con manos temblorosas. La pantalla se llenó con el cuerpo desnudo de su hija: esos pechos enormes que había espiado en secreto durante años, esa cintura que pedía ser agarrada, esas caderas anchas que imaginaba moviéndose sobre él, y entre las piernas, esa intimidad rosada que lo volvía loco. Era perfecta, prohibida, suya. Se recostó en la silla, bajándose el pantalón con urgencia. Su verga ya estaba dura como una roca, gruesa y venosa, palpitando al ritmo de su corazón acelerado.
Empezó a masturbarse ferozmente, la mano subiendo y bajando con fuerza, imaginando que era él quien tocaba ese cuerpo. Fantaseaba con entrar en su cuarto por la noche, besarle esos pechos, lamerle el coño hasta que gritara, follarla sin piedad mientras ella gemía “papá” sin saberlo. La foto lo obsesionaba: zoom en sus pezones endurecidos, en la curva de sus nalgas, en el brillo húmedo entre sus muslos. Gruñó bajo, acelerando el ritmo, sintiendo el placer acumularse. “Mi princesa… mi puta perfecta…”, murmuró en la oscuridad, hasta que explotó en un orgasmo intenso, eyaculando chorros calientes sobre su mano y el escritorio, el cuerpo convulsionando de placer prohibido.
Respiró hondo, limpiándose rápido. Abrió la app bancaria y hizo la transferencia al instante: el doble, como prometido, sin demora.
ShadowLover87: “Eres una diosa. No puedo dejar de mirarte. Pago enviado. Prepárate para el siguiente… va a ser especial.”
Lorena revisó su cuenta y sonrió, tocándose distraídamente entre las piernas mientras releía el mensaje. El dinero era genial, pero la adrenalina… eso era adictivo. Pasaron un par de días de charlas intensas, coqueteos virtuales que la dejaban acalorada. Ella esperaba el siguiente reto con ansias, mordiéndose las uñas en su cuarto, imaginando qué le pediría ahora.
Finalmente, una madrugada, él lo soltó:
ShadowLover87: “Lorena, confío en ti para esto. Quiero verte mamando verga. Un video de 5 minutos, mamando verga con esa boca sensual tuya. Muéstrame cómo lo chupas, cómo lo disfrutas. Te pago el triple si lo haces bien.”
Ella se quedó helada, el corazón latiéndole fuerte. Estaba sentada en su cama, con las luces bajas, y sintió una mezcla de shock y excitación. Mamando verga… ¿de verdad? Se imaginó haciéndolo, pero ¿con quién? No tenía novio, no salía de casa, y no iba a buscar a un extraño.
Lorena: “Espera… ¿mamando verga? Suena caliente, pero… ¿de dónde saco una verga? No tengo a nadie para eso, y no quiero involucrar a extraños. ¿Un juguete o algo?”
ShadowLover87: “Piensa, Lorena. No necesitas salir de casa. Hay una verga perfecta ahí mismo, en tu propia casa. La única que habita contigo: la de tu padre. Él es ideal para esto.”
Lorena casi deja caer el celular. ¿Su padre? El estómago se le revolvió, pero curiosamente, no de asco total…
Lorena: “¿Qué? ¿Estás loco? ¡Es mi padre! ¿Cómo se supone que haga eso? Y mi madre… ¿qué pasa con ella? No puedo solo…”
ShadowLover87: “Tranquila, lo he pensado bien. Sé cómo es tu casa por lo que me has contado. Tu padre acostumbra quedarse dormido en la sala cuando ve fútbol, ¿verdad? Esas noches en que se toma unas cervezas y ronca como un oso en el sofá, con la TV encendida. Ahí es cuando lo haces: una noche de partido importante. Tu madre siempre se va a la cama temprano, molesta porque él ocupa la sala. Ella duerme en el cuarto principal, puerta cerrada, y nunca se despierta por nada. Tú esperas hasta que él esté bien ‘dormido’… más que dormido, digamos. Le das algo en la cerveza si quieres asegurarte —nada fuerte, solo para que ronque profundo—. Te acercas sigilosa, le bajas el pantalón despacio, y grabas el video. Cinco minutos: lamiendo, chupando, metiéndotela en la boca como la experta que sé que eres. Él ni se enterará, pensará que fue un sueño húmedo si despierta con los pantalones bajos. Y tú… tú tendrás el reto cumplido, el dinero, y una experiencia que te hará volar. Confía en mí, como siempre. ¿Estás lista para esto?”
Lorena se mordió el labio, el calor subiéndole por el cuerpo. Era loco, perverso… pero la idea de hacerlo, de grabarlo para él, la ponía más húmeda de lo que admitiría. Miró hacia la puerta de su cuarto, imaginando la sala al final del pasillo. El próximo partido era en unos días…
Durante los siguientes días, Lorena se sintió atrapada en un torbellino de emociones que la consumía por dentro. Al principio, la propuesta de ShadowLover87 le parecía una locura absoluta, un límite que no podía cruzar. "Es mi padre", se repetía una y otra vez, mirando al techo de su cuarto mientras las luces LED violetas parpadeaban como un recordatorio constante de sus secretos. Se imaginaba las consecuencias: ¿y si él se despertaba? ¿Y si su madre los pillaba? ¿Y si ella misma no podía mirarlo a la cara después? La moral que le habían inculcado desde niña —el respeto familiar, el "eso no se hace"— la golpeaba como un martillo. Pasaba horas en la cama, enrollada en las sábanas, sintiendo náuseas al pensar en tocarlo de esa forma. "Soy una enferma por siquiera considerarlo", murmuraba, cerrando los ojos con fuerza. Pero entonces, el otro lado de su mente empezaba a susurrar: el dinero, la independencia, la excitación prohibida que ya la había enganchado con las fotos anteriores. Recordaba cómo se sentía poderosa enviando esas imágenes, cómo su cuerpo respondía con calor y humedad solo de imaginar a Shadow excitado. "¿Y si no se entera? Es solo un reto, como los otros... y él ronca como un muerto después de las cervezas". La lucha era agotadora: por las mañanas, juraba que no lo haría, bloqueaba el chat por unas horas; por las noches, abría la conversación y releía las palabras de Shadow, tocándose distraídamente mientras fantaseaba con la adrenalina de lo prohibido. Poco a poco, la curiosidad y el deseo ganaron terreno. "Solo esta vez", se convenció finalmente, dos días antes del partido. "Por el dinero... y por mí". Cedió porque, en el fondo, esa rebeldía caprichosa que siempre la definía la empujaba a romper reglas, a buscar placer inmediato sin importar el costo. Era su año sabático, su libertad, y esto era el acto definitivo de desafío contra todo lo que la ataba.
El día del partido llegó como una tormenta inevitable. Lorena se levantó tarde, como siempre, pero esa vez con un nudo en el estómago que no la dejaba comer. Se puso unos shorts ajustados que marcaban sus caderas anchas y una camiseta escotada que dejaba ver el valle entre sus pechos generosos, sin sujetador, porque sabía que su padre siempre echaba miradas discretas cuando ella andaba así por la casa. Bajó a la cocina nerviosa, las manos temblando ligeramente mientras preparaba un sándwich que no se comería. Su padre ya estaba en la sala, acomodado en el sofá grande con la TV encendida en el canal de deportes, una cerveza fría en la mano. "¡Hola, princesa!", la saludó con esa voz ronca que ahora le provocaba un escalofrío extraño. Lorena forzó una sonrisa, sintiendo sus mejillas ruborizarse. "Hola, papá... ¿Quieres otra cerveza? Voy a la nevera". Él asintió, sus ojos recorriéndola de arriba abajo con disimulo, deteniéndose en sus pechos que se movían libremente bajo la tela fina, en la curva de sus nalgas asomando por los shorts cortos. "Claro, trae una para mí, mi reina". Mientras ella caminaba hacia la cocina, él la devoraba con la mirada, su mente ya en modo ShadowLover87. "Pronto esa boquita comerá de mi verga", pensó, sintiendo cómo su miembro se endurecía en los pantalones deportivos. La idea lo excitaba tanto que tuvo que ajustar su postura en el sofá, imaginando esos labios carnosos rodeando su grosor, esa lengua inexperta lamiendo por primera vez. Lorena regresó con la cerveza helada, inclinándose un poco para dársela, y notó cómo los ojos de él se clavaban en su escote. "Gracias, hija... Eres la mejor". Ella murmuró un "de nada" y subió corriendo a su cuarto, el corazón latiéndole fuerte, preguntándose si él sospechaba algo o si era solo su paranoia.
La noche avanzó con lentitud agonizante. Lorena se encerró en su habitación, fingiendo jugar online mientras vigilaba el reloj. Su madre, como siempre, se retiró temprano a la alcoba principal, molesta por el ruido del partido. "Buenas noches, no me despiertes con tus ronquidos", le espetó a su marido antes de cerrar la puerta con llave. Lorena esperó, oyendo los gritos del estadio por la TV, las risas de su padre celebrando goles, el pop de latas abriéndose una tras otra. Finalmente, el silencio se instaló alrededor de la medianoche. Se asomó al pasillo: la TV seguía encendida con un programa post-partido a bajo volumen, y su padre roncaba en el sofá, la cabeza echada hacia atrás, una mano sobre el vientre, las piernas abiertas. Su madre, en la alcoba, ya roncaba como un oso, un sonido profundo y constante que indicaba sueño pesado. Lorena respiró hondo, el celular en la mano con la app de grabación lista. Bajó las escaleras sigilosamente, descalza para no hacer ruido, vestida solo con una camiseta holgada que le llegaba a medio muslo, sin nada debajo porque así se sentía más "en el reto". El aire fresco de la sala le erizó la piel, haciendo que sus pezones se endurecieran contra la tela. Se acercó al sofá despacio, el corazón martilleándole en los oídos. Su padre parecía dormido profundamente, la boca entreabierta, el pecho subiendo y bajando con ronquidos irregulares. Se arrodilló junto a él, oliendo el leve aroma a cerveza y sudor masculino. Con manos temblorosas, alcanzó la cintura de sus pantalones deportivos. "Dios, ¿qué estoy haciendo?", pensó, pero el calor entre sus piernas la traicionaba. Bajó el elástico despacio, revelando los boxers grises, y luego estos, liberando su verga semi-erecta. Era la primera vez que veía una de cerca: gruesa, venosa, con una cabeza rosada que ya se hinchaba ligeramente, rodeada de vello oscuro. Olía a hombre, a algo prohibido y real. Lorena tragó saliva, nerviosa pero fascinada. "Es grande... ¿cómo se hace esto?", se preguntó, recordando videos porno que había visto en secreto.
Nunca antes había mamado una verga, así que empezó instintivamente, como en sus fantasías. Acercó la boca despacio, la lengua saliendo para lamer la punta tímidamente. Sabía salado, un poco amargo por el sudor, pero no desagradable; era cálido y suave. Pensó en Shadow, en cómo le describiría esto después, y eso la animó. Abrió los labios carnosos y se la metió en la boca, succionando suave al principio, la lengua girando alrededor de la cabeza mientras su mano sujetaba la base para estabilizarla. Sintió cómo se endurecía rápidamente en su boca, creciendo hasta llenarla, haciendo que sus mejillas se abultaran. "Mmm... es... raro, pero caliente", pensó, el calor subiéndole por el cuerpo, su coño humedeciéndose tanto que notaba el goteo en sus muslos. Aceleró, subiendo y bajando la cabeza, chupando con más fuerza, la saliva lubricando todo. Gemía bajito involuntariamente, vibrando contra la verga, imaginando que era un reto para su admirador. Pasaron varios minutos así, ella perdida en el ritmo, sintiendo un placer extraño en el control que tenía, en lo prohibido de todo. De repente, se dio cuenta: ¡no había puesto a grabar! Nerviosa como estaba, había olvidado presionar el botón. "Mierda...", murmuró, sacándosela de la boca con un pop húmedo. Limpió la saliva de sus labios, respirando agitada, y reinició: posicionó el celular en una mesita cercana, enfocando desde un ángulo bajo para capturar la acción sin mostrar caras. Volvió a empezar, lamiendo desde la base hasta la punta, metiéndosela profunda hasta que casi se atragantaba, tosiendo bajito pero continuando. Su padre, fingiendo sueño, quería bufar de placer, gruñir fuerte, pero se contenía, retorciéndose ligeramente en el sofá como si soñara. Entreabrió los ojos un milímetro, lo justo para ver: su hija arrodillada, esa boquita roja envolviendo su verga gruesa, los pechos grandes balanceándose bajo la camiseta con cada movimiento, el cabello castaño cayendo como una cascada. Sentía todo: el calor húmedo de su boca, la lengua inexperta pero entusiasta lamiendo las venas, los labios succionando con fuerza. Era el paraíso prohibido; su verga palpitaba, el placer acumulándose como una tormenta. "Mi princesa... chúpala, así... eres mía", pensó, conteniendo gemidos, el cuerpo tenso.
Alrededor del minuto cuatro, no pudo más. El orgasmo lo golpeó de sorpresa, derramando toda la leche caliente y espesa en la boca de Lorena. Chorros potentes, salados y viscosos, llenándola de golpe. Ella abrió los ojos grandes, sorprendida, casi ahogándose con el volumen inesperado. Tragó instintivamente para no toser fuerte y alertar a alguien, sintiendo el sabor fuerte bajando por su garganta, un poco amargo pero no tan malo como imaginaba. Sacó la verga jadeante, tosiendo bajito, limpiándose la boca con el dorso de la mano, el celular aún grabando. Se sentía sucia, excitada, victoriosa. Subió los pantalones de su padre con cuidado, apagó la grabación y corrió a su cuarto, el corazón a mil.
Ya en su cama, revisó el video: cuatro minutos y algo, no cinco. "Maldición...", pensó. Subió el archivo a Shadow de todos modos, con un mensaje: "Aquí está... fue intenso. ¿Te gusta?".
ShadowLover87 respondió casi al instante: "Eres increíble, Lorena. Pero fui específico: cinco minutos exactos. Tendrás que repetir el reto si quieres el pago completo. Mañana hay otro partido... ¿lista para intentarlo de nuevo? Esta vez, hazlo durar más. Te espero."
Lorena se mordió el labio, el calor regresando entre sus piernas. Sabía que lo haría. El juego seguía.
A la mañana siguiente, Lorena se despertó con un nudo en el estómago, el recuerdo de la noche anterior latiéndole en la mente como un secreto sucio y excitante. Bajó a la cocina con el cabello revuelto y una camiseta holgada que apenas cubría sus curvas, sintiendo un calor residual entre las piernas al pensar en lo que había hecho. Su padre ya estaba allí, preparando café como cualquier otro día, con una sonrisa casual en el rostro. "Buenos días, princesa. ¿Dormiste bien?", le dijo, sirviéndole una taza sin mirarla directamente, actuando con absoluta normalidad, como si nada hubiera pasado. Lorena lo miró fijamente, buscando algún signo de que recordara algo —un rubor, una mirada evasiva—, pero él solo le guiñó un ojo y comentó sobre el partido de anoche, riendo de cómo su equipo había ganado por poco. Ella murmuró un "sí, bien" y se sentó, las mejillas ardiéndole, preguntándose si todo había sido un sueño para él o si el alcohol lo había borrado. El resto del día transcurrió en una tensión sutil: Lorena evitó la sala, encerrándose en su cuarto para "jugar" pero en realidad revisando el chat con Shadow, excitada por la promesa de repetir el reto. Su padre salió a hacer compras, regresó con helado para ella —"Tu favorito, mi reina"—, y durante la cena familiar, conversaron de trivialidades, aunque Lorena notaba cómo sus ojos se desviaban a su escote cuando su madre no miraba. La noche cayó temprano, y el ritual se repitió: el partido en la TV, las cervezas fluyendo, su madre retirándose molesta a la alcoba con sus ronquidos de oso resonando por el pasillo. Lorena esperó en su habitación, el corazón acelerado, vestida con la misma camiseta holgada sin nada debajo, el celular cargado y listo.
Cuando el silencio se instaló, bajó sigilosa, encontrando a su padre "dormido" en el sofá, roncando suavemente, las piernas abiertas invitadoramente. Esta vez, con más experiencia, Lorena se arrodilló con confianza, bajando los pantalones y boxers para liberar esa verga gruesa que ya conocía. La lamió desde la base, saboreando el sabor salado con menos titubeo, metiéndosela en la boca profunda, succionando con ritmo experto, la lengua girando alrededor de la cabeza venosa mientras su mano bombeaba la base. "Esta vez lo hago perfecto", pensó, el coño humedeciéndose al recordar el sabor de su semen anterior. Su padre, fingiendo estar soñando, empezó a moverse ligeramente, murmurando incoherencias como "sí... así... mi amor...", y en "medio del sueño", extendió una mano hábilmente debajo de su blusa holgada, encontrando sus tetas desnudas, grandes y firmes. Las amasó con fuerza, los dedos pellizcando los pezones endurecidos, apretando la carne suave como si fuera arcilla erótica, haciendo que Lorena soltara un gemido ronco e involuntario, "ahh...", que vibró contra su verga. Él estaba fascinado con la sensación: esas tetas perfectas de su hija, pesadas y elásticas, tan suaves bajo sus palmas callosas, contrastando con la boca caliente y húmeda que lo devoraba. "Dios, son mejores que en las fotos... tan llenas, tan mías", pensó, el placer duplicándose al sentir cómo sus pezones se ponían como piedras bajo sus toques, mientras su verga palpitaba en esa boquita inexperta pero ansiosa.
Lorena se cercioró que tuviera los ojos y pensando que soñaba, siguió mamando, chupando con más intensidad, la saliva goteando por su barbilla, mirando de reojo el celular: tres minutos. "Ya casi... solo un poco más", pensó, concentrándose en darle una super mamada espectacular, metiéndosela hasta la garganta, gimiendo bajito alrededor de la carne dura, las caderas de ella moviéndose involuntariamente por la excitación. Su padre, con los ojos bien abiertos ahora, la observaba en secreto, fascinado por la vista: su hija arrodillada, los labios carnosos estirados alrededor de su grosor, el cabello ondulado cayendo, las tetas rebotando con cada movimiento mientras él las amasaba. Vio el celular marcando cuatro minutos y treinta segundos. "No me voy a quedar a medias... no con esta puta tan perfecta", pensó, llevado por el libido descontrolado, fingiendo un estado de sueño agitado. Hábilmente, la tomó por la cintura con fuerza, echándosela encima del sofá en un movimiento fluido, como si soñara con una amante. Lorena, desconcertada y nerviosa, soltó un "¡eh!" ahogado, el corazón latiéndole loco, no entendiendo qué pasaba, el celular cayendo al suelo aún grabando.
Su padre mantuvo los ojos cerrados, fingiendo inconsciencia, y la posó encima de él, sus cuerpos alineados. La besó con pasión salvaje, la boca devorando esos labios carnosos, la lengua invadiendo profunda, saboreando el residuo de su propia verga en ella. Lorena, inmóvil por el shock, se dejó hacer al principio, el beso la derritió en confusión y calor, su coño frotándose involuntariamente contra la verga dura debajo. Sin saber qué hacer, murmuró un "papá... ¿qué...?", pero él no respondió, solo intensificó. Con astucia, experiencia y habilidad acumulada de años, comenzó a desnudarla: las manos subiendo por debajo de la camiseta, amasando tetas con más fuerza, pellizcando pezones hasta que ella gimió "ohh... duele... pero... ahh...", luego bajando para quitarle la prenda de un tirón, dejando su cuerpo voluptuoso expuesto. Le metió un tremendo faje: besos en el cuello, mordidas en los hombros, manos por todo lado —apretando caderas anchas, frotando el abdomen plano, dedos rozando el coño húmedo y depilado, metiendo uno dentro para sentir lo apretado y jugoso. "Estás tan mojada, mi princesa...", susurró fingiendo sueño, lamiendo un pezón mientras la otra mano masajeaba el clítoris hinchado, haciendo que Lorena se arquee con gemidos de placer mezclado con confusión, "papá... no... ahh, sí... espera...".
Rápido, la desnudó por completo, girándola con maestría para tumbarla debajo de él en el sofá, su cuerpo pesado cubriéndola, la verga dura presionando contra su entrada virgen. Lorena, aún inmóvil por el torbellino, solo pudo pronunciar un "¡Espera papá... no soy mamá...!", creyendo en su inocencia juvenil que él soñaba con su madre, que todo era un error onírico. Pero su padre, ojos entreabiertos ahora en la oscuridad, sonrió pronunciando internamente: "No, mi princesa... eres mejor que ella". La desvirgó con un empujón firme pero controlado, la cabeza gruesa abriéndose paso en ese coño apretadísimo, rompiendo la barrera con un pop húmedo. Lorena gritó de dolor inicial, "¡Ahh! Duele... papá, para... oh dios...", las lágrimas asomando, el cuerpo tenso, sintiendo como si la partieran en dos, pero mezclado con un placer perverso que la hacía jadear. Él sintió que moría de placer: jamás había desvirgado ni follado algo tan apretado y rico como ella, las paredes virginales envolviéndolo como un guante caliente y resbaladizo, cada centímetro una agonía deliciosa de fricción. "Joder... tan estrecha, tan perfecta... mi hija... mi coño virgen", pensó, el libido perverso rugiendo, embistiendo más profundo con gemidos guturales, "sí... toma... eres mía...".
Lorena gemía de placer y dolor, "ahh... duele... pero... más... papá, no pares... ohh, sí...", susurrando reacciones confusas, las uñas clavándose en su espalda, las caderas subiendo instintivamente para encontrarse con las embestidas, el coño adaptándose, lubricando más, el placer ganando terreno sobre el ardor. Él follaba con lujuria salvaje, perversión pura: mordiendo tetas, chupando pezones hasta dejar marcas, manos agarrando nalgas para penetrar más hondo, sintiendo cómo su verga tocaba fondo en ese paraíso prohibido. "Nunca nada tan rico... aprietas como una virgen puta... mi semen te va a llenar", gruñía bajito, acelerando, el sofá crujiendo. Lorena jadeaba, "papá... me estás... ahh... follando... no... sí... más fuerte...", el orgasmo construyéndose en ondas, hasta que explotó en ella con un grito ahogado, "¡Me vengo... oh dios!", el coño contrayéndose alrededor de él. Eso lo llevó al límite: con un rugido final, la inundó de semen, chorros calientes y espesos llenándola por completo, desbordando por los bordes, marcándola como suya en lo más profundo. Se derrumbó sobre ella, jadeante, fingiendo aún sueño, mientras Lorena yacía allí, temblando, el cuerpo convulsionando, el semen goteando de su coño recién desvirgado, preguntándose qué demonios acababa de pasar.
Lorena yacía debajo de su padre en el sofá, el cuerpo temblando del orgasmo, sintiendo el pene flácido de él todavía dentro de su coño recién desvirgado, caliente y resbaladizo por el semen que la inundaba. No podía separarse; sus piernas entrelazadas, el peso de él sobre sus pechos generosos, la mantenían clavada allí, jadeante y confusa. "Papá... ¿sigues dormido?", susurró bajito, pero él no respondió, solo roncó suavemente, fingiendo sueño profundo. Pasaron unos cuantos minutos eternos, el silencio roto solo por sus respiraciones agitadas y los ronquidos lejanos de su madre en la alcoba. Lorena sentía el semen goteando lentamente por sus muslos, una sensación pegajosa y perversa que la excitaba a pesar del dolor residual. De pronto, notó cómo esa verga dentro de ella empezaba a tomar rigidez de nuevo, hinchándose centímetro a centímetro, estirando sus paredes apretadas otra vez. "Oh... no... otra vez...", murmuró ella, el calor subiendo por su vientre.
Su padre, llevado por el libido insaciable, empezó a moverse "en sueños", embistiendo con más intensidad esta vez, profundo y salvaje, como si quisiera marcarla para siempre. Lorena respondió con gemidos roncos, "ahh... papá... duele... más... HMMMM", pero él apagaba cada sonido con besos apasionados, la lengua invadiendo su boca, devorando sus labios carnosos mientras follaba con fuerza, el sofá crujiendo bajo ellos. Giraron en un movimiento fluido, él de espaldas y poniéndola a ella encima, cabalgándolo. Lorena, instintivamente, empezó a moverse a ritmo salvaje, subiendo y bajando sobre esa verga gruesa, sus caderas anchas rotando en círculos que lo volvían loco. Él le devoraba las tetas con la boca, chupando y mordiendo los pezones endurecidos hasta dejarlos rojos e hinchados, mientras sus manos amasaban esas nalgas redondas y firmes, marcando el ritmo con palmadas que resonaban bajito, "plap... plap...", guiándola para que lo montara más rápido. "Eres tan rica... mi puta perfecta...", pensó él, fascinado por la vista de sus pechos rebotando, el coño apretado tragándose su longitud una y otra vez.
Lorena gemía sin control, "papá... oh dios... fóllame... sí, así... más profundo...", susurrando entre jadeos, "te sientes tan grande... me estás rompiendo... ahh, vengo otra vez...". Él explotó de nuevo dentro de ella, inundándola con chorros calientes que la llenaron hasta desbordar, gruñendo bajito mientras ella convulsionaba encima, su orgasmo uniéndose al de él en una explosión de placer perverso. Cuando terminaron, Lorena se apartó temblando, el semen chorreando por sus piernas, aún creyendo que él soñaba con su madre. "Debe ser un sueño... con mamá...", murmuró, sintiéndose culpable pero excitada. Se levantó aturdida, subiendo a su habitación con las piernas flojas, olvidando por completo el celular en el suelo de la sala.
Su padre abrió los ojos en la oscuridad, sonriendo perversamente. Tomó el celular, revisó el video —que había capturado los gemidos iniciales de la mamada y parte del faje, pero no la desvirgada completa—, se lo mandó a sí mismo, borró todo rastro del dispositivo, incluyendo el video original, y lo dejó en el suelo como si nada.
A la mañana siguiente, antes de que todos despertaran, Lorena corrió escaleras abajo, el pánico subiéndole por la garganta. Buscó el celular en el sofá, lo encontró, pero al abrir la galería y la app de grabación, no había nada. "¿Qué sucedió? ¿Lo borré sin darme cuenta? ¿O...?", se preguntó, confundida y nerviosa, el estómago revuelto al recordar la noche. Su padre, en su estudio esa mañana, vio el video, excitándose a límites insanos: aunque no filmó la desvirgada completa, capturó los gemidos super sexys y calientes de Lorena siendo desvirgada por él, esos "ahh... papá... duele... sí..." que lo hicieron masturbarse ferozmente, eyaculando con un gruñido al imaginar repetirla.
Lorena, aún aturdida, volvió al chat con ShadowLover87: "Necesito un día más... pasó algo raro anoche". Él respondió: "Está bien, mi princesa. Un día más para que lo hagas perfecto. Confío en ti".
Esa noche, de manera más breve, Lorena volvió a la sala una vez que su madre roncaba y su padre "dormía" en el sofá tras el partido. Esta vez, filmó los cinco minutos exactos mamando verga con maestría: lamiendo, chupando profundo, gimiendo bajito alrededor de la carne dura hasta que él "despertó en sueños" y la folló otra vez, salvaje y posesivo, embistiendo en el sofá hasta inundarla de nuevo con semen caliente.
Shadow pagó al instante, el triple prometido. "3 x 1 obtuve", pensó su padre, riendo en la oscuridad, satisfecho por las tres folladas a cambio de un pago.
Lorena estaba confundida, pasando las siguientes cuatro semanas pensativa y luchando contra la moral: "¿Qué estoy haciendo? Es mi padre... pero se siente tan bien... ¿por qué no puedo parar?". Los recuerdos la atormentaban en las noches, tocándose al revivir las sensaciones, pero el remordimiento la golpeaba por las mañanas. Ni se acordaba de su regla hasta que, una tarde, el calendario en su teléfono la hizo contar: retraso de dos semanas. Nerviosa, rebuscó en el kit médico de su madre, encontrando una prueba de embarazo. En el baño, con las manos temblando, orinó en el palito y esperó los minutos eternos, el corazón latiéndole fuerte. El resultado apareció: positivo. Dos líneas claras. "Oh dios... estoy embarazada... de papá...", murmuró, el mundo girando a su alrededor, el pánico y una extraña excitación prohibida mezclándose en su interior.
Lorena pasó los días siguientes en un estado de shock silencioso. El positivo en la prueba de embarazo era como una bomba de tiempo en su cabeza: cada vez que miraba su abdomen plano, sentía náuseas mezcladas con un calor extraño y culpable. No podía contárselo a nadie… excepto a ShadowLover87. Él era el único que conocía sus secretos, el que la había empujado a todo esto, el que pagaba por sus retos y la hacía sentir deseada. Una madrugada, después de horas dando vueltas en la cama, abrió el chat privado con dedos temblorosos y empezó a escribir.
Lorena: “Tengo que contarte algo importante… algo que cambió todo.” ShadowLover87: “Dime, princesa. Sabes que puedes confiar en mí.”
Lorena respiró hondo y soltó todo de golpe: las noches en la sala, cómo había bajado para cumplir el reto de los cinco minutos mamando verga, cómo su padre “dormido” la había tocado, besado, desvirgado… cómo la había follado dos veces esa primera noche y muchas más en las semanas siguientes. Describió los gemidos que no podía contener, el semen caliente inundándola una y otra vez, cómo al principio creía que él soñaba con su madre, pero que ya no estaba tan segura. Y finalmente, con la voz quebrada en audio, confesó lo peor:
Lorena (voz temblorosa, casi susurrando): “Hice la prueba hoy… estoy embarazada. Es de él. De mi papá. No sé qué hacer, Shadow… tengo miedo, pero… también me excita recordarlo. Soy un desastre.”
Del otro lado de la casa, en el estudio oscuro con la puerta cerrada con llave, su padre leyó el mensaje y escuchó el audio con el corazón latiéndole tan fuerte que pensó que se le saldría del pecho. La pantalla iluminaba su rostro: los ojos abiertos como platos, la respiración acelerada, una sonrisa lenta y perversa dibujándose en sus labios. Su mano bajó instintivamente al pantalón, apretando la erección que ya palpitaba dura y gruesa solo de imaginarlo: su hija, su Lorena, embarazada de él. Llevando su semilla dentro de ese cuerpo voluptuoso que había follado en secreto tantas noches.
“Joder… lo logré”, pensó, la excitación golpeándolo como una ola ardiente. Se recostó en la silla, bajándose el cierre con urgencia, empezando a masturbarse despacio mientras releía la confesión y volvía a escuchar la voz ronca de ella diciendo “es de mi papá”. Cada palabra era gasolina: el miedo de Lorena, su culpa, su excitación confesada… todo lo volvía loco de deseo posesivo. Imaginó su vientre creciendo poco a poco, sus tetas hinchándose más, su coño apretado todavía más sensible por las hormonas. Quería follársela ya, ahora, sabiendo que llevaba su hijo dentro. Quería que ella supiera que él era Shadow, que todo había sido él desde el principio, que la había convertido en suya de todas las formas posibles.
ShadowLover87 (escribiendo, la mano aún moviéndose rítmicamente): “Lorena… eso es lo más caliente que me has contado nunca. Estás embarazada de tu propio padre… y él ni siquiera lo sabe todavía. Eres perfecta. Mi diosa prohibida.”
Lorena, en su cuarto con las luces LED violetas iluminando sus lágrimas y su rubor, sintió un escalofrío al leerlo. Esperaba consuelo, quizás consejos… pero esa respuesta la dejó helada y, al mismo tiempo, húmeda otra vez.
ShadowLover87: “Quiero que sigas contándome todo. Quiero saber cómo te sientes con su semen dentro, creciendo. Y pronto… pronto te daré el siguiente reto. El más importante de todos.”
Lorena se mordió el labio, el corazón latiéndole desbocado. No respondió aún. Del otro lado, su padre eyaculó con un gruñido ahogado, salpicando la pantalla con chorros calientes, la mente girando en planes oscuros y deliciosos.
¿Qué haría ahora que lo sabía todo? ¿Se lo revelaría? ¿La confrontaría? ¿La obligaría a aceptar lo que ya eran en secreto?
El juego había llegado a su punto más alto… y nadie sabía aún cómo terminaría...
1 comentarios - El reto incestuoso