El impacto de que la separación sea una chance ahora real y concreta pasó su factura. Pasé esa noche y los días siguientes bastante preocupado.
Por suerte para el caso, no teníamos hijos. Pero por un momento, lo sexual, la adrenalina, el morbo, la calentura y la humillación quedaron bastante en segundo plano. A la par que la vía a ella también preocupada.
Sin embargo, hubo un evento en particular que volvió a redirigir la atención; La propuesta de Carlita...
"¿Querés verlo cogerme en vivo por primera vez?"
La idea me tentó mucho, y disipó, por más insólito que pueda parecer, de mi mente y mi cuerpo la angustia.
Realmente, más allá de la situación, anhelaba ver eso.
"Tené en cuenta que tendrías que ir...preparado. O sea, es...otra cosa, totalmente diferente. El sexo con él es..."
"¿Mejor?"
"Y bueno, si. Ya lo sabes, igual. Si. Muchísimo mejor. Es otro mundo. No digo que el sexo con vos sea malo..."
"Dale, Carla...me gusta. Decímelo y fue..."
"Jajaja, ok, ok. Si, es malo el sexo con vos".
"¿No es ni siquiera zafable?; decime la posta sin amortiguar..."
"No. No es ni siquiera zafable. Es una cagada mal jaja. Y si...para que tengas material mental para pajas humillantes; si, varias de mis amigas lo saben, y si, se cagan de la risa. Literal".
Un día y medio pasó entre la propuesta y el día de la verdad. La cita fue en el depto de él, y, desde el vamos fue una combinación explosiva entre humillación muy contundente y cotidianeidad total.
Con solo llegar, ella le morfó la boca de un beso. Él me saludó con la tranquilidad y la buena onda de quién sabe que tiene todo resuelto. No había llegado "el marido", sino "el cornudo de la puta que me vengo comiendo".
Carla se le sentó a upa en la cocina, y a mí no me dió ni cinco de pelotas. Los tres compartimos unas cervezas, hasta que ellos empezaron a chapar y franelear cada vez más fuerte.
Si bien era obvio, me impactó la confianza que había entre ellos. Marcos le apretaba las gomas y el orto como si fueran objetos que le pertenecían. Ella emitía gemiditos y jadeos, cada vez más entregada y caliente.
Mi propia y bendita esposa lo agarró de la mano y se lo llevó a la habitación.
Yo los seguí, nadie me invitó a pasar.
Todo lo que vi a continuación me dejó pasmado.
No era "diferente", era algo impresionante.
Mi esposa era, de repente, ante mis ojos, OTRA MUJER.
Marcos la trataba como si fuera la prostituta más barata que encontró al costado más recóndito de la ruta más lejana.
Ni por asomo ella se hubiera dejado jamás hacerse todo eso de esas maneras por mí.
La nalgueó hasta dejarle el culo al rojo vivo; la atragantó con la poronga, haciéndole correr el maquillaje...
Ella...cada vez más feliz y entregada.
En un primer momento sentí un poco de bronca, pero decidí que lo mejor (o la única opción) era transformarla en humillación erótica, y disfrutar.
Los gemidos de mi propia esposa eran un completo descubrimiento nuevo para mí.
No eran gemidos, eran llantos. Llantos colmados de súplica hacia él.
Sus piernas temblaban enserio.
Los grititos de compromiso que lanzaba cuando cogía conmigo no podían salir de la boca de la misma mujer. No era posible.
Me llamó la atención lo felizmente sumisa que era con él.
Los choques entre los muslos delanteros de él y el culo de ella me va a quedar grabados para siempre, acompasados con los gritos devocionales de ella.
"Agachate, abrí la boca y sacá la lengua, puta, dale..."
Y ella obedeció en segundos, como si fuese una prioridad de urgencia nacional.
Así lo hizo, se arrodilló delante de él, abrió enorme la boca y sacó toda la superficie de su lengua afuera.
"¿Qué queres, puta?, decímelo..."
"¡Toda tu leche!"
"¿Te la vas a tragar toda?"
"¡Toda!", respondió ella, y mientras emitía un "aaaa" con la boca abierta, con la intención de sonarle más bimbo, más su muñeca inflable.
"Mostrale al cornudo como te tomas todo, puta de mierda, dale..."
"Contale, con la leche en la boca", agregó.
"Mirá, cornudo...", dijo con la boca llena, y acto seguido, se tragó los tres litros de semen que acababan de salir de los huevos de Marcos.
CONTINÚA EN LA PRÓXIMA PARTE CON EL DESENLACE DE LA SEPARACIÓN Y EL DESPUÉS.

Por suerte para el caso, no teníamos hijos. Pero por un momento, lo sexual, la adrenalina, el morbo, la calentura y la humillación quedaron bastante en segundo plano. A la par que la vía a ella también preocupada.
Sin embargo, hubo un evento en particular que volvió a redirigir la atención; La propuesta de Carlita...
"¿Querés verlo cogerme en vivo por primera vez?"
La idea me tentó mucho, y disipó, por más insólito que pueda parecer, de mi mente y mi cuerpo la angustia.
Realmente, más allá de la situación, anhelaba ver eso.
"Tené en cuenta que tendrías que ir...preparado. O sea, es...otra cosa, totalmente diferente. El sexo con él es..."
"¿Mejor?"
"Y bueno, si. Ya lo sabes, igual. Si. Muchísimo mejor. Es otro mundo. No digo que el sexo con vos sea malo..."
"Dale, Carla...me gusta. Decímelo y fue..."
"Jajaja, ok, ok. Si, es malo el sexo con vos".
"¿No es ni siquiera zafable?; decime la posta sin amortiguar..."
"No. No es ni siquiera zafable. Es una cagada mal jaja. Y si...para que tengas material mental para pajas humillantes; si, varias de mis amigas lo saben, y si, se cagan de la risa. Literal".
Un día y medio pasó entre la propuesta y el día de la verdad. La cita fue en el depto de él, y, desde el vamos fue una combinación explosiva entre humillación muy contundente y cotidianeidad total.
Con solo llegar, ella le morfó la boca de un beso. Él me saludó con la tranquilidad y la buena onda de quién sabe que tiene todo resuelto. No había llegado "el marido", sino "el cornudo de la puta que me vengo comiendo".
Carla se le sentó a upa en la cocina, y a mí no me dió ni cinco de pelotas. Los tres compartimos unas cervezas, hasta que ellos empezaron a chapar y franelear cada vez más fuerte.
Si bien era obvio, me impactó la confianza que había entre ellos. Marcos le apretaba las gomas y el orto como si fueran objetos que le pertenecían. Ella emitía gemiditos y jadeos, cada vez más entregada y caliente.
Mi propia y bendita esposa lo agarró de la mano y se lo llevó a la habitación.
Yo los seguí, nadie me invitó a pasar.
Todo lo que vi a continuación me dejó pasmado.
No era "diferente", era algo impresionante.
Mi esposa era, de repente, ante mis ojos, OTRA MUJER.
Marcos la trataba como si fuera la prostituta más barata que encontró al costado más recóndito de la ruta más lejana.
Ni por asomo ella se hubiera dejado jamás hacerse todo eso de esas maneras por mí.
La nalgueó hasta dejarle el culo al rojo vivo; la atragantó con la poronga, haciéndole correr el maquillaje...
Ella...cada vez más feliz y entregada.
En un primer momento sentí un poco de bronca, pero decidí que lo mejor (o la única opción) era transformarla en humillación erótica, y disfrutar.
Los gemidos de mi propia esposa eran un completo descubrimiento nuevo para mí.
No eran gemidos, eran llantos. Llantos colmados de súplica hacia él.
Sus piernas temblaban enserio.
Los grititos de compromiso que lanzaba cuando cogía conmigo no podían salir de la boca de la misma mujer. No era posible.
Me llamó la atención lo felizmente sumisa que era con él.
Los choques entre los muslos delanteros de él y el culo de ella me va a quedar grabados para siempre, acompasados con los gritos devocionales de ella.
"Agachate, abrí la boca y sacá la lengua, puta, dale..."
Y ella obedeció en segundos, como si fuese una prioridad de urgencia nacional.
Así lo hizo, se arrodilló delante de él, abrió enorme la boca y sacó toda la superficie de su lengua afuera.
"¿Qué queres, puta?, decímelo..."
"¡Toda tu leche!"
"¿Te la vas a tragar toda?"
"¡Toda!", respondió ella, y mientras emitía un "aaaa" con la boca abierta, con la intención de sonarle más bimbo, más su muñeca inflable.
"Mostrale al cornudo como te tomas todo, puta de mierda, dale..."
"Contale, con la leche en la boca", agregó.
"Mirá, cornudo...", dijo con la boca llena, y acto seguido, se tragó los tres litros de semen que acababan de salir de los huevos de Marcos.
CONTINÚA EN LA PRÓXIMA PARTE CON EL DESENLACE DE LA SEPARACIÓN Y EL DESPUÉS.

2 comentarios - Mi esposa me dejó por un Alfa / 3era. Parte