Acabo de entrar al motel y ahí estaba: un camionero recontra grande, barba de tres días, camisa a cuadros toda sudada y unas manos como palas de cargador frontal. Me miró de arriba abajo, se le fueron los ojos a mis tetas que casi se salían del sostén rojo de encaje y soltó un “la conchesumare, qué puta rica, po”.
Yo ya estaba chorreando solo de verlo. Me acerqué contoneando, .“Hola papito, soy la Kathy, ¿querí que te saque toda esa leche que traí acumulá en los huevos después de tanto camino?”
El weón no dijo ni pío. Me agarró del pelo, me estampó contra la pared y me metió la lengua hasta la garganta mientras me apretaba las tetas como si fueran pan amasado. “Quítate esa mierda de sostén al tiro, quiero ver esas ubres de cerca, po”. Le hice caso volando, el sostén cayó al suelo y mis tetas saltaron libres. Se mandó a chuparlas como loco: mordiendo, jalando los pezones, dejándome todo morado. Yo gemía como loca: “¡Sí po, papito, muérdeme las tetas! ¡Trátame como la zorra culia que soy!”
Me tiró a la cama boca arriba, se bajó los pantalones y sacó una pichula gruesa, venosa, con la cabeza toda babosa de precum. “Abrí esa boca de puta, conchesumare”. Me la metió hasta el fondo sin aviso, me agarró la cabeza y empezó a culiarme la garganta. Yo babeaba entera, me ahogaba con su pico, las lágrimas me corrían el delineador, pero me encanta cuando me usan así. “Trágatela completa, puta culia, pa’ eso te pago, po”.
Cuando ya no aguantaba más, me dio vuelta, me puso en cuatro como perra y me bajó la tanga roja de un jalón. “Mira cómo tení el choro, está chorreando jugo, puta inmunda”. Me escupió en el culo y me la clavó de una hasta el fondo. Grité como loca: “¡Ayyyyy papito, rómpeme! ¡Culiame fuerte, papi!”.
Me daba tan fuerte que la cama crujía, mis tetas rebotaban contra el colchón y el weón me golpeaba el culo hasta dejarlo morado. “¡Decime lo que erí, zorra culia!”. Yo gritaba entre embestidas: “¡Soy tu puta sucia, camionero! ¡Soy una concha barata que se moja con cualquiera que pague! ¡Clávamela más profundo, lléname de leche!”.
Me corría una y otra vez, la concha me palpitaba alrededor de su pico, chorreaba jugo por los muslos. El weón seguía dándome como máquina, sudando encima mío, gruñendo como animal. Al final me agarró del pelo, me puso de rodillas y me dijo: “Abrí esa boca, te voy a llenar de pichula entera”. Se pajeó dos veces y me descargó todo en la cara y en las tetas: chorros calientes y espesos que me chorreaban por la pera.
Me quedé ahí arrodillada, jadeando, con la cara y las tetas embarradas de semen, mirándolo con cara de zorra conforme. “¿Te gustó tu putita, papito? ¿Querí repetir antes de seguir tu ruta? Mi concha todavía está abierta y lista pa’ más pico”.
Otra noche bacán de trabajo. Me encanta cuando vienen camioneros… saben exactamente cómo tratar a una puta barata y sucia como yo
Yo ya estaba chorreando solo de verlo. Me acerqué contoneando, .“Hola papito, soy la Kathy, ¿querí que te saque toda esa leche que traí acumulá en los huevos después de tanto camino?”
El weón no dijo ni pío. Me agarró del pelo, me estampó contra la pared y me metió la lengua hasta la garganta mientras me apretaba las tetas como si fueran pan amasado. “Quítate esa mierda de sostén al tiro, quiero ver esas ubres de cerca, po”. Le hice caso volando, el sostén cayó al suelo y mis tetas saltaron libres. Se mandó a chuparlas como loco: mordiendo, jalando los pezones, dejándome todo morado. Yo gemía como loca: “¡Sí po, papito, muérdeme las tetas! ¡Trátame como la zorra culia que soy!”
Me tiró a la cama boca arriba, se bajó los pantalones y sacó una pichula gruesa, venosa, con la cabeza toda babosa de precum. “Abrí esa boca de puta, conchesumare”. Me la metió hasta el fondo sin aviso, me agarró la cabeza y empezó a culiarme la garganta. Yo babeaba entera, me ahogaba con su pico, las lágrimas me corrían el delineador, pero me encanta cuando me usan así. “Trágatela completa, puta culia, pa’ eso te pago, po”.
Cuando ya no aguantaba más, me dio vuelta, me puso en cuatro como perra y me bajó la tanga roja de un jalón. “Mira cómo tení el choro, está chorreando jugo, puta inmunda”. Me escupió en el culo y me la clavó de una hasta el fondo. Grité como loca: “¡Ayyyyy papito, rómpeme! ¡Culiame fuerte, papi!”.
Me daba tan fuerte que la cama crujía, mis tetas rebotaban contra el colchón y el weón me golpeaba el culo hasta dejarlo morado. “¡Decime lo que erí, zorra culia!”. Yo gritaba entre embestidas: “¡Soy tu puta sucia, camionero! ¡Soy una concha barata que se moja con cualquiera que pague! ¡Clávamela más profundo, lléname de leche!”.
Me corría una y otra vez, la concha me palpitaba alrededor de su pico, chorreaba jugo por los muslos. El weón seguía dándome como máquina, sudando encima mío, gruñendo como animal. Al final me agarró del pelo, me puso de rodillas y me dijo: “Abrí esa boca, te voy a llenar de pichula entera”. Se pajeó dos veces y me descargó todo en la cara y en las tetas: chorros calientes y espesos que me chorreaban por la pera.
Me quedé ahí arrodillada, jadeando, con la cara y las tetas embarradas de semen, mirándolo con cara de zorra conforme. “¿Te gustó tu putita, papito? ¿Querí repetir antes de seguir tu ruta? Mi concha todavía está abierta y lista pa’ más pico”.
Otra noche bacán de trabajo. Me encanta cuando vienen camioneros… saben exactamente cómo tratar a una puta barata y sucia como yo
0 comentarios - Confesiones de una Puta: Mi noche con el camionero