
La alcaldesa y la jueza
Siendo un personaje público es complicado llevar una vida sexual abierta. Y admito que con los años ha empezado a picarme el xixi
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La Alcaldesa.
Siendo un personaje público es complicado llevar una vida sexual abierta. Y admito que con los años ha empezado a picarme el xixi y que ya no quiero conformarme con el típico misionero. Todavía menos hacerlo con una sola persona, aunque sea mi marido.
Incluso cuando esa persona tengo que ser yo misma me gusta buscar algún incentivo. Gracias que puedo comprar juguetes y complementos por Internet de forma discreta.
Era consciente de que ganar esas elecciones me iba a joder la vida sexual. Pero todavía puedo aprovechar los viajes fuera de mi ciudad para desfogarme un poco y echar alguna canita al aire.
Ahora las cosas son diferentes. No es que me guste decorar su frente con una cornamenta, al contrario. Pero a estas alturas las de ciervos de quince puntas lucen menos que la suya.
Además me he abierto a probar cosas exóticas.
Lo de las chicas no me pilla de nuevas. Más de un morreo y un dedo compartido con algunas amigas cayeron en mis tiempos. Nos gustaba compartir buenos ratos de sexo desnudas.
Para que voy a guardarme cosas si pienso en contarlo todo aquí. En aquella época disfruté de las mejores comidas de coño que me han dado nunca. Y fueron esas amigas las que me las proporcionaron. Además de corresponder con todo el gusto del mundo.
Pero todo eso lo tenía un poco olvidado. Han sido el paso de los años y ver que se pasa el arroz lo que me ha hecho plantearme esos juegos de nuevo. Y plantearlo en serio.
Hay una jueza, Violeta, de buen ver y más o menos mi edad con fama de bollera. La veo bastante por asuntos de trabajo. Podría tirar la caña con ella a ver que pasa. No creo que me cueste mucho camelarla o dejar que sea ella la que me ligue a mí.
Empecé a ponerme la ropa más sexi que tenía en mi vestidor cada vez que tenía una reunión con ella. Admito que en alguna de ellas llegué a ser un poco descarada. Pero por suerte ella miraba.
Mis escotes hasta casi enseñar los pezones parecían atraer su vista. Mis piernas, los muslos desnudos, pensaba que podían llamar a esas manos tan bonitas. Violeta también había decidido lucir más de un cuerpo francamente bonito cada vez que quedábamos.
Efectivamente ella me hacía caso. Estaba más atenta a mí cuerpo que a los papeles que había sobre mi mesa. Así que había que subir las apuestas. Tenía programada una nueva reunión una tarde, solas en mi despacho. El ayuntamiento casi vacío. Mandé a mi secretaria a casa en cuanto la anunció. Parecía una buena ocasión para dejarnos llevar.
Un conjunto de lencería comprado ad hoc por Internet. No me atrevería a comprar algo así en mi ciudad. Y que la dependienta reconociera a la alcaldesa comprando ropa de putón. Gracias a más de una web había conseguido ropa mucho más sexi de lo que solía usar e incluso algunos juguetes eróticos.
A lo que iba, llevaba suje y tanga completamente trasparentes, liguero y medias a juego. Por encima una falda de tubo bien ajustada a la cadera y una blusa lo más trasparente posible me parecieron una buena elección. Pero a última hora, minutos antes de que mi secretaria la dejara pasar decidí quitarme la blusa y ponerme solo la fina americana. Miré el escote y resultaba algo estupendo.
Cuando se abrió la puerta sus ojos fueron directos al canalillo. Que era lo que yo pretendía. Me levanté de mi mesa a recibirla con mi mejor sonrisa y no precisamente la de político, sino la lasciva.
Violeta también estaba espectacular. Desde luego no llevaba toga precisamente. Su vestido entallado marcaba su figura voluptuosa como si lo llevara cosido encima. El escote suelto dejaba un balcón precioso sobre sus pechos talla cien y la falda era todavía más corta que la mía.
Como ya teníamos una relación, aunque hasta ese momento había sido bastante profesional, nos tuteabamos y éramos simpáticas.
- Hola guapa. ¿Tienes preparadas esas firmas?.
- Siempre directa al negocio. ¿No puedes relajarte?.
- Primero el deber y luego el placer, cielo.
- ¿Así que habrá placer también?.
- Eso espero y me parece que tú también.
Las cosas iban bien. Pasamos un rato revisando unos expedientes pero no podíamos evitar que los ojos se desviaran al cuerpo de la otra constantemente. La concentración esa tarde no estaba con nosotras. Además había subido la calefacción a tope en el despacho. Era posible que eso ayudara.
Cada vez que se inclinaba a mirar un folio estaba a punto de ver sus pezones. No llevaba sujetador bajo esa tela tan fina. Ella sí podía ver los míos a través de la gasa trasparente de mi sujetador. Adrede me había ido abriendo los botones de la americana hasta dejar uno solo.
Me acariciaba el escote en un gesto que quería que fuera provocativo. Incluso apartaba el sujetador para dejar ver más piel. Ella parecía que también pretendía mostrar más de su bonita piel. Aún no sé cómo su falda había subido por los torneados muslos. Eso negro que se veía entre ellos tenía que ser su tanga. Una mujer como ella iría bien depilada.
Sentada a su lado pude dejar la mano sobre su pierna. Como no llevaba medias estaba tocando piel. No me apartó los dedos. Incluso creí oír un gemido.
- Me gusta tu lencería.
- Y no lo has visto todo. Puede que te guste lo que falta por ver. La tuya parece muy pequeña.
Se giró hacia mí. O su mirada era lasciva o yo había perdido mucha práctica.
- Pues igual tú podrías verla. No me costaría nada enseñarla.
- Levántate la falda.
- Hazlo tú.
A esas alturas ya no me iba a echar atrás. Así que tiré de la tela hasta recogerla en su cintura. Pude descubrir el pubis y el culo al completo. Ese tanga tenía muy poca tela.
- ¿Te gusta lo que ves?.
- Más de lo que pensaba. ¿Puedo quitártelo?.
- Me decepcionaría si no lo hicieras.
No me costó mucho, en cuanto agarré la gomita de la cintura me quedé con la prenda en la mano. Su olor más íntimo inundó mis fosas nasales.
- ¡Vaya!. Se ha roto. Tendrás que volver a casa desnuda bajo la falda.
- O me puedes dejar el tuyo.
- ¡Quitámelo!.
El mío también era el más pequeño y con los hilos más finos que había podido encontrar por Internet. Algo así no podría comprarlo en el pueblo sin que se enterase todo el mundo. Como resultado al primer tirón se quedó con la prenda en la mano.
- Creo que las dos tendremos que volver a casa con el xixi al aire.
Lo dejó caer al suelo. Tendría que acordarme de recogerlo antes de que lo viera mi secretaria o la chica de la limpieza. ¡Bah! La joven que se encarga de limpiar los despachos es un bombón. A ver si encontrar esos tangas húmedos y rotos le daba algunas ideas. Sus dedos se dirigieron de inmediato a mí vulva. Estaba muy mojada y abierta. Y los míos a la suya. No me decepcionó y los mojó nada más tocar sus labios.
Como experta pajera tenía muy claro donde acariciar. Así que nos dedicamos a darnos dedo durante un rato sin separar labios y lenguas. Y menos mal, pues no quería que nuestros gemidos salieran de aquel despacho. Así que callábamos los jadeos con besos lascivos y muy babosos.
A esas a alturas ya me había corrido una vez y ella iba en busca de mi segundo orgasmo. Habilidosa que es ella también abrió mi americana para desnudar las tetas. Solo separó la boca de la mía para apoderarse de mis pezones. Ahora ya no había nada que me impidiera gritar mi placer más que las gruesas paredes del antiguo edificio del ayuntamiento.
- Me derrito, nena. Sabes tocar las teclas adecuadas.
- Creía que eso era lo que buscabas.
- Desde luego.
No me daba tregua. Me encantaban sus dedos, pero ella quería más. Así que empezó a bajar por mi vientre. Se saltó la tela recogida de la falda. Empezó a pasar la lengua por mi pubis. Hasta que llegó a clavarla en mi coño.
- Me gusta el detalle del liguero. Da un toque muy guarro.
Si ya me había corrido con sus dedos, con la sin hueso fue un puro delirio de placer. No sabía lo bien que podía pasarlo con una mujer como ella. Toda una experta. Hacía muchos años que no me corría así con una mujer.
Me empujó hasta sentarme en mi mesa. Con las piernas bien abiertas le daba el acceso perfecto a mi vulva. Así que siguió lamiendo mi clítoris mientras metía dos dedos dentro de mí. El siguiente orgasmo fue algo maravilloso. Puede que fuera el morbo, pero me derramé en su boca como un río.
- Yo también quiero probarte. Hace mucho que no como un coñito. Igual he perdido práctica.
- Solo lo sabremos si lo pruebas.
Se puso de pie ante mí. Abrió el vestido y lo dejó caer. Me había corrido ya un montón de veces y ni siquiera nos habíamos terminado de desnudar. Ahora por fin estaba ante mí y lo único que llevaba eran sus tacones. Estilizaban sus pantorrillas y levantaban su culo que ya de por si es un monumento.
Lo que hizo fue inclinarse sobre las mesa poniendo el pandero en pompa.
- Comerlo todo, reina.
- Alcaldesa, nena.
Aún riendo me senté en mi propio sillón que tenía la altura justa como para inclinándome solo un poco alcanzar toda su grupa con la sin hueso. Separé sus poderosas nalgas con las manos y empecé despacio a pasar la lengua por toda la raja.
Pocas veces había hecho un beso negro en condiciones. Pero con ella me estaba esmerado. Clavaba la húmeda tanto en el ano como en la vulva y allí donde no tenía la legua le metía los dedos. Era su turno de gemir y suspirar y hasta de lanzar algún jadeo.
- No has perdido tanta práctica como dices, "alcaldesa".
- Con algunas cosas merece la pena esforzarse. Señoría.
- Pues sigue que ya me he corrido dos veces y voy por la tercera.
Y continué hasta que pidió tregua. Yo seguía en mi sillón y no estaba cansada. Estaba disfrutando de darle placer a esa experimentada bollera. Además de tener una mano entre mis piernas acariciándome a mí misma.
- Basta. Me vas a matar.
Se giró y se sentó en mis muslos buscando mi boca y su su sabor en ella con la lengua. Aprovechó para acariciar mis tetas y pellizcar mis pezones mientras nos besábamos. Considerando que mi antecesor en el puesto pesaba más de ciento veinte kilos, el sillón aguantaba bien el peso de las dos.
Se había subido enfrentada a mí, no de lado. Lo que me permitía tanto disfrutar de su lengua hasta lo más profundo de mi boca como agachando la cabeza de vez en cuando lamer sus pechos maternales y un poquito caídos y chupar de sus pezones.
- Preciosa, estoy hay que repetirlo. Tienes que refrescar tus habilidades.
- ¿Es que no lo estaba haciendo bien?.
- ¡Muy bien!. No creo que pueda enseñarte mucho más. Pero hay que buscar una buena cama.
- De acuerdo y quizá podamos usar algún juguete.
Habíamos estado un buen rato disfrutándonos. Era hora de hacer unas retirada lo más digna posible. Sobre todo si la chica de la limpieza se había acercado a la puerta del despacho y había ido algo sospechoso.
Me decidí a recoger los tangas rotos del suelo y guardarlos... iba a hacerlo en el bolso. Pero al final los metí en un cajón de mi mesa a ver si daban juego para otro día. Prendas húmedas con los jugos de dos mujeres calientes.
Fue una delicia verla enfundarse el vestido. Que por cierto fue lo único que se puso. Siguiendo su ejemplo yo pasé del sujetador. Continué con el liguero y las medias que no me había quitado y me puse la blusa y la falda. La americana la dejé en el perchero de la oficina. En el coche hasta el garaje de casa no me iba a ver nadie.
Al final conseguimos despedirnos con un último y jugoso morreo antes de abrir la puerta. Aunque las dos nos quedamos con ganas de más.
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