
Desde que me mudĂ© al edificio, notaba a mi vecina de al lado. Morena, menudita, con el cabello teñido de azul y siempre usando camisetas con estampados de anime. Casi no salĂa de su departamento, y cuando lo hacĂa, era rumbo a la tienda de cĂłmics o a algĂşn evento friki de la ciudad. Me saludaba tĂmida, apenas un “hola” con la cabeza, como si le costara interactuar con los demás.
Una noche, la encontrĂ© en el pasillo cargando bolsas de snacks y bebidas. Me ofrecĂ a ayudarla y fue la primera vez que hablamos de verdad. Terminamos en su sala, rodeados de figuras coleccionables, pĂłsters de chicas voluptuosas con orejas de gato y almohadas “dakimakura” con personajes hentai. El ambiente ya estaba cargado de una tensiĂłn rara: era como entrar en un mundo secreto, su guarida Ăntima.
—¿Te gusta el anime? —me preguntó, con una sonrisa nerviosa mientras acomodaba las bolsas.
—Un poco, pero parece que vos sos la experta.
—Yo soy… otaku —dijo con orgullo, y después bajó la voz—. Pero también… muy pervertida.
Aquella confesiĂłn me encendiĂł. No pasĂł mucho hasta que nos besamos, torpes al principio, hasta que ella me tomĂł del cuello y me subiĂł encima del sillĂłn. El contraste entre su timidez inicial y esa manera de devorarme la boca me descolocĂł. Su lengua buscaba la mĂa con desesperaciĂłn, y sus manos se metieron bajo mi remera.
—Quiero ser tu novia —susurrĂł contra mis labios—, pero tenĂ©s que aceptar todas mis fantasĂas.
La miré fijamente, excitado como nunca.
—Acepto.
Se levantĂł de golpe y me llevĂł a su cuarto. TenĂa luces LED violetas, pĂłsters hentai y una cama cubierta de peluches. CerrĂł la puerta con llave y, sin pudor, se desnudĂł delante de mĂ, la tela cayĂł y quedĂł con las medias largas y una tanga rosada con dibujitos de gatitos, que se deslizaba entre sus labios hĂşmedos.
—¿Ves? —me dijo, apartándola un poco con el dedo—. Soy asà de sucia.
Me lanzó sobre la cama y se sentó en mi abdomen, frotándose contra mà con una fricción que me arrancó un gemido. Luego bajó lentamente mi pantalón y liberó mi pija ya dura, que tembló en cuanto la envolvió con sus manos pequeñas. La acariciaba despacio, mirándome a los ojos con malicia.
—Mi primer novio… y ya quiero que me cojas como si fueras mi sensei —jadeĂł, sacando la lengua igual que una chica anime en pleno clĂmax.
Se inclinĂł y me chupĂł la pija con un entusiasmo insaciable. Sus labios se deslizaban hasta la base, sus mejillas se hundĂan, y la saliva le chorreaba por la barbilla. Me miraba desde abajo, con lágrimas en los ojos por lo profundo que lo hacĂa, como si quisiera probar que podĂa tragársela entera. Cada vez que la sacaba de su boca, la frotaba contra su cara y la lamĂa ruidosa, mezclando gemidos exagerados con susurros obscenos.
—Dame tu leche… como las chicas hentai… quiero sentirme una puta otaku.
Ya estaba al borde, pero la agarré del cabello y la tumbé boca arriba, arrancándole un grito excitado. Le baje la tanga y descubrà una conchita mojada, abierta, palpitante. Le frote la pija y la penetré de una embestida, arrancándole un gemido agudo que llenó el cuarto.

—¡SĂ, asĂ! ¡RĂłmpeme como si fueras el protagonista de un doujinshi! —gritaba, mientras me aferraba la espalda con las uñas.
Cada embestida la hacĂa gemir más fuerte, sacando frases mezcladas en japonĂ©s, como si estuviera poseĂda por sus fantasĂas. Se arqueaba, me pedĂa más, me pedĂa que no parara hasta dejarla temblando. Y yo, embriagado por esa mezcla de inocencia y perversiĂłn, solo podĂa obedecer, hundiĂ©ndome en ella sin descanso, bombeandola, hasta que los dos explotamos en un clĂmax salvaje, bañados en sudor y jadeos.
Cuando terminĂł, se abrazĂł a mĂ, aĂşn temblando, y con una sonrisa perversa me susurrĂł al oĂdo:
—Esto apenas es el inicio… tengo muchas fantasĂas guardadas.

Una semana después de aquella primera vez, me escribió un mensaje:
“Hoy quiero mostrarte algo. Ven a las 10. Y prepárate.”
Cuando lleguĂ©, la puerta estaba entreabierta. Al entrar, las luces LED estaban tenues y en el centro del cuarto me esperaba ella… disfrazada de Sailor Moon. La faldita azul plisada apenas le cubrĂa los muslos, las medias blancas le llegaban a medio muslo, el corpiño ajustado marcaba el contorno de sus tetas y la tiara dorada brillaba en su frente.
—En nombre de la luna… —dijo, con voz juguetona, mientras levantaba la varita de plástico— ¡te castigaré!
SonreĂ, excitado, y antes de poder responder se me acercĂł, me empujĂł contra la pared y me besĂł con fuerza. La faldita se levantĂł al rozarse contra mĂ, y debajo no llevaba nada: estaba completamente desnuda, hĂşmeda y lista.
—Soy tu guerrera mágica, pero también tu esclava caliente… —me susurró, guiando mi mano hasta su vagina mojada—. ¿Vas a castigarme, o me vas a usar como premio?
No me dejĂł contestar. Se arrodillĂł, acomodando la falda hacia atrás, y me bajĂł el pantalĂłn con ansia. La imagen era perfecta: Sailor Moon de rodillas, con su moño rojo, chupándome la pija con gemidos hĂşmedos y obscenos. Se la metĂa hasta la garganta, mientras con la otra mano se masturbaba desesperada.
—Mmmm… quiero sentirla adentro… ¡dame tu poder lunar! —gimió, llevándome a la cama.
La tumbĂ© boca arriba y le abrĂ las piernas y le meti la pija en su conchita. La faldita se levantaba cada vez que la embestĂa, y ella gritaba como una actriz de hentai, mezclando gemidos y frases en japonĂ©s. Se arqueaba, me pedĂa más fuerte, me suplicaba que no parara.
—¡Cogeme como si fueras Tuxedo Mask! ¡Hazme tuya, conviérteme en tu puta mágica!
El cuarto se llenó de nuestros jadeos y del sonido de mi cuerpo chocando contra el suyo. Ella se agarraba de las sábanas, gritando con cada embestida. La escena era puro delirio otaku: Sailor Moon siendo cogida sin piedad, rompiendo con cada movimiento esa imagen tierna de guerrera inocente.
No tardamos en venirnos juntos, un orgasmo salvaje que la dejĂł temblando bajo mĂ. Su disfraz estaba sudado, el maquillaje corrido, y aĂşn asĂ sonriĂł satisfecha.
—¿Viste? —susurrĂł, mordiĂ©ndose el labio—. Esta es solo una de mis fantasĂas… tengo más uniformes esperando.

Era sábado por la tarde cuando me escribió:
“Baja al estacionamiento. Estoy lista para un juego nuevo.”
Cuando lleguĂ©, la encontrĂ© apoyada contra un coche, con un abrigo largo que apenas la cubrĂa. Me sonriĂł con picardĂa, abriĂł el abrigo y me dejĂł sin aliento: debajo no llevaba nada, salvo un collar negro con una campanita, como una neko-girl salida de un hentai.
—¿Te gusta? —me preguntó, mordiendo el labio.
—Estás loca… y me encantas.
—Shhh… —me interrumpió—. Hoy quiero coger sabiendo que cualquiera puede vernos.
El estacionamiento estaba casi vacĂo, pero la idea de que alguien pudiera entrar en cualquier momento me puso duro al instante. Ella se dio vuelta, apoyĂł las manos contra el capĂł y arqueĂł la espalda, ofreciĂ©ndome su culo desnudo.
—Usame aquà mismo, como tu muñeca otaku.
Le levantĂ© el abrigo, dejándola completamente expuesta. Me baje el pantalĂłn y la penetrĂ© con fuerza, y su grito agudo rebotĂł en las paredes del estacionamiento. Se mordĂa la mano para no gritar demasiado, pero sus ojos brillaban de lujuria. Cada embestida hacĂa sonar la campanita de su collar, un detalle que la volvĂa aĂşn más perversa.
—¡Más fuerte! ¡Quiero que si alguien entra nos vea! —gimió, excitada al borde de la locura.
El sonido de mis testiculos golpeando su culo desnudo era un eco prohibido en aquel lugar. Yo sudaba, mirando hacia todos lados, con el corazĂłn acelerado, pero incapaz de detenerme. Ella se movĂa contra mĂ con desenfreno, buscando más, disfrutando del peligro.
De repente, escuchamos un coche entrar en el estacionamiento. El motor, las ruedas chirriando. Ella me mirĂł sobre el hombro, con una sonrisa lasciva.
—No pares… —susurró, jadeando—. Que me vean siendo tu puta.
El coche estacionó a unos metros, sin que el conductor pareciera reparar en nosotros. Yo seguà embistiéndola, el morbo multiplicándose. Ella llegó al orgasmo temblando, sus gemidos entrecortados, el cuerpo arqueado en plena exhibición clandestina. Yo terminé corriéndome dentro de ella, justo cuando el coche se alejaba hacia otra salida.
Nos quedamos jadeando, ella con las piernas temblorosas, apoyada en el capĂł. CerrĂł el abrigo de golpe y me besĂł con intensidad.
—Eso… eso fue increĂble —susurró—.

Después de tantas noches de juegos y cosplays, llegó un momento en que quise verla sin artificios. Se lo dije una noche en su cuarto, mientras me miraba con esos ojos brillantes de deseo:
—Hoy no quiero a Sailor Moon, ni a ninguna guerrera mágica. Hoy te quiero a vos… desnuda, real, completamente mĂa.
Se mordió el labio, asintió despacio y se desvistió sin decir palabra. Quedó frente a mà con la piel erizada, el cabello suelto y los pezones duros de excitación. Era frágil y ardiente al mismo tiempo.
—Si eso querés… hoy seré tuya, sumisa y puta, solo tuya —susurró.
Me puse frente a ella y acerqué su rostro a mi erección. Obedeció al instante, tomándome la pija con sus labios suaves. Mamaba con un ritmo lento y entregado, como si su única misión fuera complacerme. Yo la sujetaba del cabello y la guiaba más hondo, disfrutando de cómo se ahogaba con mi tamaño y aún asà no dejaba de mirarme desde abajo.
—Asà me gusta, tragámela toda —le ordené.
Cuando ya estaba empapada de saliva, la levantĂ© y la tumbĂ© en la cama. Me lancĂ© sobre ella, metiendole la pija en su concha, penetrándola de una estocada que le arrancĂł un grito. La cabalguĂ© con fuerza, sujetando sus muñecas contra el colchĂłn. Ella gemĂa, jadeaba, pedĂa más, y yo se lo daba sin tregua.
—Ahora encima de mà —le dije, tirándome de espaldas.

Ella se subiĂł agarro mĂ pija y la la acomodo en su concha y comenzĂł a cabalgarme, sus tetas rebotando, el sudor perlándole el cuello. Cerraba los ojos, gimiendo cada vez que se hundĂa hasta el fondo. Yo le lamĂa las tetas, la sujetaba de la cintura, marcándole el ritmo más rápido, más fuerte, hasta hacerla gritar de placer.
Después la giré, la puse en cuatro y la cogi con brutal intensidad. El sonido de mis bolas golpeando sus nalgas llenaba la habitación, mientras ella se arqueaba y gritaba. La agarré del cuello, la jalé hacia atrás y la cogi duro hasta hacerla temblar.
—¿QuerĂ©s más? —le preguntĂ© al oĂdo.
—¡SĂ! ¡Dámelo todo! —respondiĂł, jadeante.
EscupĂ entre sus nalgas y empecĂ© a presionar mĂ pija contra su culo. Ella temblĂł, apretĂł los dientes, pero no se apartĂł. Poco a poco la fui penetrando, hasta que lo meti entero entero. Sus gemidos eran una mezcla de dolor y placer que me volvĂa loco.
—¡Sos mĂa! —rugĂ, embistiĂ©ndola por el culo, con ella temblando de sumisiĂłn.
Sus uñas arañaban las sábanas, su cuerpo se sacudĂa con cada golpe, y yo la cogia sin piedad hasta que sentĂ el clĂmax subir. La saquĂ© en el Ăşltimo segundo y terminĂ© eyaculando sobre sus nalgas, manchándola mientras ella se derrumbaba jadeando, con el cuerpo agotado y la sonrisa de una mujer completamente satisfecha.
Se girĂł, me mirĂł con el pelo revuelto y los labios hĂşmedos, y susurrĂł:
—Nunca nadie me habĂa hecho sentir asĂ… ahora soy tuya, de verdad.

La noche en que decidimos ser oficialmente novios, no hubo disfraces ni personajes. Solo ella, desnuda en mi cama, con esa sonrisa de ternura y picardĂa que me volvĂa loco.
—Quiero que esta noche sea solo nuestra —me susurró, bajando lentamente por mi cuerpo.
Se arrodillĂł entre mis piernas y agarro mĂ pija y se la llevĂł a la boca, mamándomela con devociĂłn, chupando con ruido, mirándome desde abajo con los ojos brillantes de amor y lujuria. Su lengua la recorrĂa entera, y de vez en cuando la sacaba para lamerme los huevos, provocándome espasmos de placer.
—Quiero que seas mĂo para siempre —jadeĂł, volviendo a tragársela hasta el fondo.
Cuando ya no aguantaba más, se subiĂł encima de mĂ, guiĂł mĂ pija dentro de su conchita hĂşmeda y empezĂł a cabalgarme como poseĂda. Sus tetas rebotaban frente a mi cara, su melena se desordenaba con cada movimiento, y yo la sujetaba de la cintura, obligándola a hundirse hasta lo más profundo.

—Soy tuya… tu novia… —gemĂa, mientras se retorcĂa sobre mĂ.
De pronto, se inclinĂł hacia mi oĂdo y susurrĂł con un rubor excitado:
—Quiero que me cojas por el culo… quiero que me hagas tuya del todo.
La giré, la puse en cuatro y le separé las nalgas. Ella temblaba, pero asintió, mordiéndose los labios. La preparé con mis dedos y saliva, y poco a poco fui metiendole la pija en su culo. Un grito agudo escapó de su garganta, mitad dolor, mitad éxtasis.
—¡SĂ! ¡Hazlo! ¡Quiero sellar nuestro noviazgo asĂ!
La cogi con intensidad, cada embestida más profunda, hasta que su cuerpo entero temblaba bajo mĂ. Yo rugĂa, ella gemĂa como loca, y el sonido de nuestra uniĂłn llenaba la habitaciĂłn. Finalmente, no pude más: la saquĂ© y terminĂ© corriĂ©ndome en sus nalgas.

—Me vuelvo loca… —jadeĂł, mordiĂ©ndome el hombro—. PensĂ© que necesitaba mis fantasĂas para excitarte, pero ahora entiendo que basta con ser yo.
Se dejĂł caer en la cama, jadeante, con el cuerpo brillante de sudor y los labios curvados en una sonrisa satisfecha. Se girĂł, me abrazĂł y susurrĂł con ternura:
—Ahora sĂ… ya no soy solo tu vecina otaku. Soy tu novia, tu puta y tu amor. No necesito siempre cosplay para encenderte. Puedo ser yo misma… y otras veces, si queremos, volvemos a jugar con los personajes. Tenemos lo mejor de los dos mundos
La besĂ© con ternura, sabiendo que ese era el verdadero final de nuestra primera historia: ella ya no era solo mi novia otaku, era mi mujer real, mi cĂłmplice, mi amante ardiente, capaz de ser tanto la chica tĂmida de al lado como la pervertida que se disfrazaba para mis fantasĂas.
Y yo, feliz, sabĂa que esa mezcla nos mantendrĂa encendidos.

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