Yo era el "rarito" de la facultad. Siempre con mis libros, tratando de ser invisible para que Alejandro no me viera. Medía 1.75m, era flaco y pálido. Un desperdicio de espacio, según él. Pero ahora... me miro y no me reconozco. Mis caderas se ensancharon y me brotaron unas tetas grandes con pezones que me arden. Mi piel es de seda y mi voz es un gemido agudo. Mi mentalidad cambió: ya no soy el raro, soy una puta que necesita a su Amo.

El aula estaba en silencio. Mi voz temblaba más de lo que quería admitir.
— Ya estoy cansado... Alejandro... estoy cansado de tus burlas y que siempre me molestes —le dije, tratando de sonar seguro.
— ¿En serio, Camilo? ¿Y qué pensás hacer? ¿Llorar? —me respondió con esa maldita arrogancia.
— Quiero que hagamos un trato... Lo que sea para que me dejes en paz.
Él sonrió de una forma que me heló la sangre. Me citó en su departamento a las 22:00. Fui por desesperación. Cuando llegué, me entregó una bolsa de sexshop.
— Primero quiero que te pongas lo que hay adentro de la bolsa —me ordenó.
— ¿Estás loco? No me voy a poner esto —dije al ver el disfraz de colegiala.
— Mira Camilo tenés dos opciones... Te pones lo que hay adentro de la bolsa o te vas y te hago la vida imposible.
— Es... es una humillación... —susurré, pero acepté—. ¿Puedo ir a tu baño... Por favor?
Me encerré. Al ponerme el disfraz, sentí un calor extraño. Mi cuerpo empezó a crujir y a cambiar. Mis hombros se encogieron, mi piel se volvió seda y, de repente, sentí el peso de dos pechos grandes y firmes. Mi entrepierna dolió hasta que mi pene desapareció, dejando una cavidad sensible y húmeda. Salí del baño siendo *Camila*. Alejandro me miró con una sonrisa de depredador.
— ¿Qué pasó... Alejandro que me hiciste? —pregunté con una voz aguda que no era la mía.
— ¿Qué hice? Nada, lo único que hice fue sacar tu verdadera naturaleza. Mirate Camilo, o debería decir Camila.
— ¡No... no puede ser! Tengo tetas, mi culo creció y mi pene... mi pene se convirtió en una vagina —dije tocándome, sintiendo cómo mis ojos brillaban de una forma que me asustaba.
— A... ale... —balbuceé excitada.
— Decime amo —me ordenó acercándose.
— Amo... —susurré. Su mano apretó mi nueva cintura y solté un gemido que me avergonzó—. ¿Qué es la segunda cosa... que querías para dejarme en paz?
— Lo único que quiero es que seas tu verdadero ser... quiero que seas mi puta.
No pude evitarlo. Mi "puta interior" tomó el control. Lo tomé del cuello y lo besé con una desesperación que no sabía que tenía.
— Amooo... se siente tan rico... tan bien... tan natural —le dije entre gemidos.
Subí las escaleras moviendo mis nuevas caderas, sintiendo su mirada en mi culo. Sabía que no me había puesto la tanga. Estaba desnuda bajo esa minifalda para él.

Entramos a su habitación y mis piernas temblaban, no solo de miedo, sino de un deseo que no entendía.
— Vení acá, Camila. De rodillas, ahora —me ordenó Alejandro sentándose en la cama.
Obedecí al instante. Mis rodillas tocaron el suelo y me sentí tan pequeña. Mi blusa estaba a punto de explotar por mis nuevas tetas.
— ¿Sabés qué pasa ahora, no? —me agarró del pelo para obligarme a mirarlo—. Me la vas a chupar hasta que te olvides de que alguna vez fuiste hombre.
— Amo... por favor... es demasiado... no sé si puedo —balbuceé.
— ¿No sé si puedo? Escuchame bien, pedazo de puta, vos aceptaste el trato. Ahora abrí la boca y demostrame que esa lengua sirve para algo más que para pedir piedad.
Tragué saliva y desabroché su pantalón. Su verga saltó a mi cara. Era gigante.
— Es... es gigante, Amo... No creo que me entre... —dije hipnotizada.
— Va a entrar entera porque yo lo digo. Empezá.
Empecé tímida, pero de pronto un hambre voraz me poseyó. Agarré la base de su verga y succioné con todo lo que tenía. Alejandro puso su mano en mi nuca, empujando mi cabeza.
— MMMGH... ¡GLUP! —me atragantaba, pero me encantaba el sabor.
— Amo... su verga... es tan rica... —dije con un hilo de baba colgando, sintiéndome la puta más feliz del mundo.

Alejandro se puso de pie, mirándome con superioridad mientras yo seguía arrodillada.
— Sabés qué quiero ahora, Camila... Quiero romper a una puta de verdad. Mi verga ya está bien lubricada con tu baba, y creo que tu nueva vagina virgen está gritando por un hombre de verdad.
— ¡No, Amo! ¡Por favor! —intenté volver a chuparlo para distraerlo—. ¡Dejame seguir con la boca! No me la metas... me vas a partir en dos... ¡Mirá lo grande que es y yo soy nueva en esto!.
— ¡Basta de ruego! Parate puta.
Me puso en el borde de la cama, de espaldas.
— Dale, Camila. Vos misma te vas a sentar. Agarrá mi verga y guiala adentro de tu concha.
— ¡No puedo! Me da miedo... Amo, por favor...
— ¡Hacelo ahora o mañana sos el hazmerreír de toda la universidad! ¡Sentate en mi verga ahora mismo!.
Guié la punta hacia mi entrada rosada y bajé. El dolor fue como un rayo, pero vino seguido de un placer eléctrico.
— ¡AHHHH! ¡DUELE! ¡ESTÁ MUY ADENTRO! —gritaba apoyándome en la mesa de luz.
— ¡Qué apretada estás, puta! Mirate, vos misma te la estás metiendo. Sos una ninfómana, Camila. Te encanta que el tipo que te pegaba ahora te esté llenando el útero.
— ¡S-sí, Amo! ¡Me duele pero se siente increíble! —empecé a saltar sobre él—. ¡Rómpame! ¡Haga que me olvide de quién era! ¡Ya no soy Camilo, soy su puta!.

Alejandro me dio una embestida tan fuerte que perdí el equilibrio.
— ¡A-Amo! ¡Eso fue... demasiado... alto! —grité.
Él me agarró de la cintura y me empujó contra su escritorio de madera. Mi pecho chocó contra el mueble mientras él seguía adentro mío.
— ¡¡AHHH!! ¡Amo, despacio! ¡Me voy a golpear! —busqué donde sostenerme.
— ¿Despacio? Si te pusiste este disfraz es para que te use como la puta que sos, Camila. Las putas no piden suavidad, piden que las llenen.
— ¡¡No... por favor... es muy grande!! ¡Amo, para... ahhh... mmmgh! —mi cabeza se sacudía.
— ¿Te duele que te use en el mismo escritorio donde ayer hacías tus tareas de nerd?
— ¡Duele... duele mucho... pero no pare! —supliqué, entregada.
— ¡Gritá más fuerte, puta! ¿Quién diría que el rarito que leía libros en el rincón iba a terminar así?
— ¡Ahhh! ¡Amo, me encanta que me humille así! ¡No soy una zorra... ahhh... sí, lo soy! ¡Soy su zorrita!.
— Amo... gracias... gracias por hacerme su puta... ¡Ahhh! —grité mientras mis uñas rasguñaban el barniz del escritorio.

Me levantó en el aire y me sentó sobre la mesa, empujándome boca arriba. Mis piernas quedaron abiertas, exponiéndome por completo.
— ¡Amo... espere... déjeme descansar! —jadeaba con la cara roja.
— Las putas no descansan, obedecen. Mirá cómo palpita tu nueva vagina. Está pidiendo a gritos que la vuelva a llenar.
— ¡S-sí! ¡La necesito! ¡Amo, por favor, métala ya! —empecé a acariciar mis propias tetas nuevas, fuera de mí.
— Decí de quién sos la puta.
— ¡Soy... la puta de Alejandro! ¡Soy la colegiala de mi Bully! ¡Soy la colegiala de mi Amo! ¡Ahhh... más fuerte! ¡Deme más fuerte!.
La mesa crujía con cada estocada de Alejandro. Ya no me importaba nada, solo quería que no parara nunca de usarme.

Estaba exhausta, pero Alejandro no tenía piedad. Me agarró de la blusa y la rasgó, dejando mis tetas al aire.
— ¡Ahhh! ¡Amo, mi blusa! Por favor... Amo... déjeme descansar un poco... Mi vagina me duele mucho...
— Tu vagina está adolorida porque es virgen, pero todavía tenés otro agujero que está intacto.
— ¡No! ¡El culo no! ¡Se lo ruego, Amo! Sígame cogiendo la vagina si quiere, aguanto el dolor... pero por atrás no... me va a destruir.
— Te doy a elegir, puta: o seguimos con tu vagina hasta que no puedas caminar, o me entregás tu culo ahora mismo.
Miré su verga goteando mis propios jugos.
— Si... si elijo el culo... ¿me dejará descansar la vagina? —pregunté con voz quebrada.
— Solo si me lo entregás con ganas. Empezá por lubricarme mi verga.
Caí de rodillas y lo envolví con mi boca.
— Hasta el fondo —ordenó empujándome.
— ¡GLUP... MMMGH! —lloraba de placer y humillación mientras sentía mis tetas rebotar con cada movimiento de su cadera contra mi cara.

Sentí cómo Alejandro sacaba su miembro de mi boca con un sonido húmedo que me hizo estremecer. Me quedé allí, arrodillada a sus pies, sintiéndome patética y pequeña. Mis nuevas tetas subían y bajaban con fuerza por la agitación, y un hilo de saliva me colgaba del labio; ya no me reconocía.
— Creo que ya está lo suficientemente lubricada con tu saliva de perra. —Dijo él, mirándome desde arriba con ese desprecio que tanto me humillaba y me excitaba a la vez.
— Amo... por favor... tenga piedad... mi cuerpo se siente muy extraño. —Le supliqué con la voz quebrada. Todo en mí era nuevo, sensible, vulnerable.
— La piedad es para los débiles, y vos ahora sos solo un agujero para mi placer. Ponete en cuatro en la cama. Ahora. —Me ordenó con esa frialdad que me paralizaba.
Gateé por el colchón con dificultad. Me puse en cuatro, hundiendo mis manos en las sábanas, sintiendo el aire frío en mi nuevo culo rosado que se elevaba hacia él. Sentí la punta de su verga, empapada en mi propia baba, presionando contra mi entrada anal. El pánico me invadió.
— ¡No! ¡Amo, me arrepentí! ¡Vuélvame a coger por la vagina o use mi boca! ¡Se lo suplico! —Grité desesperada, tratando de retroceder.
Pero él me agarró de la minifalda y me tiró hacia atrás, clavando sus dedos en la tela.
— ¡Quedate quieta! —Me gritó, y su voz me hizo temblar.
— ¡Me va a romper! —Lloriqueé, pero ya era tarde.
Sentí cómo empezaba a empujar. Entró de una sola estocada, seca y profunda.
— ¡¡¡AHHHHHHHHHHH!!! ¡ME DUELE! ¡QUITELA, AMO! —Mi grito desgarró el silencio. Puse mi mano atrás para frenarlo, pero eso solo hizo que él empujara con más rabia, ganando cada centímetro de mi interior.
— ¡Qué apretada estás, pedazo de puta! —Se burló él, disfrutando de mi resistencia.
— ¡POR FAVOR! ¡SAQUELA! ¡SIENTO QUE ME PARTE AL MEDIO! —Gritaba yo, mientras mis uñas rasguñaban las sábanas.
— ¡Acostumbrate, porque de acá no salgo hasta que te deje este culo bien abierto! —Respondió, empezando a embestirme con una brutalidad que me dejó sin aire.
— ¡A-Ahhh... Amo... duele mucho... mmmgh! —Gemí entre sollozos. Mis nalgas temblaban bajo sus manos.
— ¿Te duele, Camilita? ¿O te gusta que tu Bully te esté quitando lo último que te quedaba de hombre? —Me preguntó con esa arrogancia destructiva.
— ¡D-duele... pero... ahhh... se siente tan bien...! —Confesé, rindiéndome. El dolor se estaba transformando en un placer sucio que inundaba mi mente.
— ¡Mirá cómo se te abren las nalgas para recibirme! Sos una puta ninfómana anal. —Me dio una nalgada que me hizo ver estrellas.
— ¡S-sí! ¡Soy su puta anal! ¡Rómpame el culo, Amo! —Grité finalmente, entregando lo poco que quedaba de mi dignidad de hombre.
— ¡Eso es! ¡Gritalo más fuerte para que sepa que ya no sos nada sin mi verga adentro! —Aumentó la velocidad y yo solo pude perderme en su ritmo, aceptando que ahora era su hembra, su propiedad.

La cama no paraba de chirriar. Alejandro me estaba abriendo camino por mi estrecho y ultra-sensible ano. Cada vez que su cadera chocaba contra mí, sentía mis nuevas tetas saltar de forma salvaje. Era una sensación de peso y movimiento que nunca hubiera imaginado.
— ¡Mirá cómo saltan esas tetas, Camila! ¡Parece que tienen vida propia! —Dijo él, dándome otra nalgada que me hizo arquear la espalda.
— ¡AHHH! ¡Amo... por favor... se mueven solas... se siente tan pesado! —Grité. El peso de mi pecho me recordaba en cada segundo que ya no era Camilo.
— Es el peso de tu nueva realidad, puta. ¿Te gusta sentir cómo rebotan mientras te rompo por atrás? —Me preguntó.
— ¡S-sí! ¡Me encanta... se siente tan excitante... me hace sentir tan perra! —Le confesé, mientras el placer me nublaba el juicio.
— Gritalo más fuerte. Que se escuche que el marginado ahora disfruta que su Bully le sacuda las tetas a golpes. —Ordenó, acelerando.
— ¡SOY UNA PERRA! ¡MIRÁ CÓMO REBOTAN MIS TETAS PARA MI AMO! —Grité, perdiendo el control absoluto de mis palabras.
— ¡Eso es! Sos una ninfómana. No podés parar de gemir cada vez que te hundo la verga, ¿verdad? —Sus manos me apretaban la cintura con una fuerza posesiva.
— ¡No puedo... es demasiado rico... siento que mi culo nació para ser destruido por usted! —Mis ojos se pusieron en blanco. Era verdad. Mi cuerpo de mujer estaba despertando.
— Naciste para esto, Camila. Camilo era solo una mascara aburrida. Esta puta que rebota en mi cama es la verdadera. —Me dijo con desprecio.
— ¡S-sí... Amo... rómpame más... que mis tetas no paren de saltar por usted! —Le supliqué, deseando que ese castigo no terminara nunca.
— ¡Entonces aguantá el ritmo, porque ahora voy a fondo! —Me dio una estocada tan profunda que colapsé contra el colchón, gritando su nombre.

Caí rendida boca abajo. No tenía fuerzas, pero mi culo seguía elevado, ofreciéndosele. Mis dedos se enterraban en las sábanas, tratando de asimilar la invasión constante de Alejandro.
— Ya no podés ni sostenerte, ¿no, Camila? —Se burló, sin dejar de moverse adentro mío.
— No... mis piernas... parecen de gelatina... Amo, es demasiado fuerte.... —Balbuceé. Mi mente estaba en blanco, solo existía su verga.
— Mirate cómo estás. Babeando la sábana, con el culo rojo y abierto, pidiendo más castigo. —Su voz era fría, dominante.
— Es que... se siente tan bien cuando me penetra así... siento que me lee el alma con la verga.... —Dije con una sonrisa estúpida en la cara. Me sentía completa siendo usada.
— Tu alma ahora es mía. Cada vez que te hundo la verga por el culo, borro un recuerdo de tu vida anterior. —Me acarició la espalda y sentí un escalofrío de placer.
— ¡S-sí! ¡Borre todo! ¡No quiero acordarme de Camilo... solo quiero ser su juguete! —Grité. Quería que el "rarito" desapareciera para siempre.
— Sos una puta barata, Camila. Mirá cómo me apretás el culo cada vez que te hablo sucio. —Se rió de mí.
— ¡Es que me pone tan puta que me humille! ¡Dígame más... dígame lo que soy! —Moví mi culo hacia atrás, buscándolo con desesperación.
— Sos el depósito de mi placer. Sos la colegiala que va a ir a clase con el culo roto por su Bully. —Me recordó, y la idea de caminar por la facultad así me hizo gemir más fuerte.
— ¡Sí... voy a ir a clase y todos van a ver mi cara de puta y van a saber que usted me usó! —Exclamé, excitada por mi propia degradación.
— ¡Exacto! Y ahora vas a disfrutar cómo te sello este agujerito para siempre. —Me dio una embestida final que me hizo vibrar desde el culo hasta la punta de mis nuevos pechos.

Sentí sus manos en mis axilas y me giró sin sacarme su miembro. Me sentó arriba de él, dándole la espalda. Mis piernas quedaron abiertas, exponiendo mi nueva vagina al aire mientras su verga seguía enterrada en mi ano.
— Mirá qué pose tan fina, Camila. Tus dos agujeros expuestos para mí. —Me sujetó de los muslos.
— ¡Ahhh! ¡Amo... así entra más profundo! ¡Siento que me toca el estómago! —Eché la cabeza hacia atrás, apoyándome en su pecho.
— Quiero que sientas cada centímetro. Mirá cómo tu vagina palpita de envidia porque me estoy cogiendo tu culo. —Me sentía tan observada, tan vulnerable.
— ¡Es verdad... mi vagina también quiere... pero el culo se siente tan prohibido! —Me dejé caer contra él, entregada.
— Es prohibido porque es mío. Yo decido por dónde te rompo. —Me abrió más las piernas y el estiramiento me hizo soltar un grito.
— ¡S-sí, Amo! ¡Usted es el dueño de mis agujeros! —Empecé a saltar sobre él, por puro instinto.
— ¡Eso es! Cabalgá mi verga como la puta que sos. Mostrame cómo se mueve una colegiala cuando la tienen bien ensartada. —Me sonrió con esa superioridad que me volvía loca.
— ¡Mire, Amo! ¡Mire cómo me lo meto todo! ¡Soy su puta favorita! —Gritaba, bajando con fuerza en cada movimiento.
— Sos una experta, Camila. Quién diría que el rarito de los libros tenía este talento para cabalgar vergas. —Se burló de mi pasado de nerd.
— ¡Camilo no sabía nada! ¡Camila nació para esto! ¡Ahhh... me duele... pero siga! —No me importaba el dolor, solo quería complacerlo.
— ¡Entonces no pares! ¡Demostrame que podés aguantar todo mi peso! —Me sujetó fuerte para que no pudiera escapar de la profundidad de su verga.

Me sacó de encima suyo y me llevó a los pies de la cama. Me puso en cuatro frente al espejo de cuerpo entero. Traté de cerrar los ojos para no ver en qué me había convertido.
— Mirate, Camila. No cierres los ojos. Mirá en qué te convertiste. —Me agarró del cuello con fuerza, obligándome a mirar mi reflejo.
— ¡No... no quiero verme... me da vergüenza! —Traté de cubrirme la cara, pero no me dejó.
— ¡Mirate dije! Mirá esa cara de puta, los labios hinchados, el maquillaje corrido y ese uniforme destrozado. —Gritó, obligándome a enfocar el cristal.
— ¡Ahhh... soy... soy una zorra...! —Me vi. Vi a esa chica de uniforme roto, con el culo rojo tragándose la verga de Alejandro. Me vi tan puta que mi propia vagina empezó a mojar las sábanas.
— Sos la zorra de la facultad. Mirá cómo te encanta ver cómo te rompo el culo. Mirá cómo cambian tus ojos cuando ves mi verga entrando y saliendo de vos. —Me dijo, y era verdad. No podía dejar de mirar.
— ¡S-sí... me veo tan puta... y me calienta tanto verme así! —Empecé a acariciar el espejo con mi mano, fascinada con mi degradación.
— Estás enferma, Camila. Disfrutás tu propia humillación. Mirá cómo tu Bully te tiene bajo control. —Me dio una nalgada que vi perfectamente en el reflejo.
— ¡Soy su juguete! ¡Miren todos cómo Alejandro me rompe el culo! —Grité, aceptando mi papel frente a mi propia imagen.
— ¡Eso es! Ya no tenés dignidad. Sos solo una imagen de placer para mí. —Aumentó la potencia y yo solo pude mirar cómo mi nuevo cuerpo de mujer se sacudía bajo su mando.

Alejandro me arrancó lo que quedaba de la minifalda. Estaba desnuda, temblando. Se acercó a mi oído y me susurró que si se corría adentro, Camilo moriría para siempre. No habría vuelta atrás.
— ¿Querés ser mi puta para siempre, Camila? ¿Querés que Camilo desaparezca hoy mismo? —Me preguntó. Su voz me hizo vibrar el vientre.
— ¡S-sí! ¡No quiero volver a ser ese chico triste! ¡Quiero ser su Camila para siempre! —Me abrí de piernas, suplicándole que terminara el trabajo.
— Entonces preparate, porque te voy a llenar tanto que no vas a poder ni cerrar las piernas. —Entró en mi vagina con una furia que me hizo gritar de placer puro.
— ¡SÍ! ¡LLÉNEME! ¡MÁRQUEME PARA SIEMPRE! —Nos movimos como animales sobre la cama.
— ¡SÍ! ¡SÍ! ¡AMO, ME CORRO! ¡LLÉNEME! —Grité, sintiendo que mi útero se abría para él.
— ¡Ahí va tu regalo, perra! —Gritó él, llegando al clímax.
Sentí chorros de semen caliente inundando mi interior. Era una sensación de plenitud y posesión total. Sentía cómo ese líquido sellaba mi nueva vida. Cuando salió, sentí un río blanco escurrirse entre mis nalgas.
— ¡Mierda, cuánto tenía acumulado! —Dijo él, abriéndome un poco para ver su obra.
— ¡Es... es mucho... se siente tan caliente...! —Estaba perdida. Camilo ya no existía. Solo quedaba esta mujer rota y satisfecha.
Sentí una última nalgada que me hizo gemir de sumisión.
— Bienvenida a tu nueva vida, Camila. Sos mi puta oficial. —Me dijo. Y supe que, por fin, estaba en mi lugar.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
MIS AMORES ESTE RELATO ES UNA COLABORACIÓN CON Ale_alfa3 Y ACÁ LES DEJO SU RELATO:
Alejandro Y Camila: De Marginado A Colegiala Puta Del Bully:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6250725/Alejandro-Y-Camila-De-Marginado-A-Colegiala-Puta-Del-Bully.html
VAYAN Y DENOS MUCHOS PUNTOS Y SIGANLO ASI SEGUIMOS HACIENDO MAS RELATOS QUE TANTOS LES GUSTA
SI ALCANZAN LA META ANTES DE LAS PRIMERAS 24 HORAS SUBIREMOS LA CONTINUACION LA SEMANA QUE VIENE AMORES
Cuando ambos relatos alcancen la meta de 230 PUNTOS, se subirá la segunda parte:
Alejandro Y Camila: La Nueva Rutina de la Colegiala
Vayan, síganlo y lean sus otros relatos
¡Me tienen re caliente y me hacen correr!
META: 280 PUNTOS POR POST Cuando cada uno de nuestros relatos llegue a la meta de 230 puntos, subiremos inmediatamente la segunda parte de
Alejandro Y Bruna: La Exhibición de La Nueva Mascota
. ¡Vayan a seguir a Ale_alfa3, lean sus historias que están que arden y ayúdennos a llegar a la meta!
Si quieren ver cómo soy humillada en público y cómo mi nuevo cuerpo es usado adelante de todos, lleguen a la meta.
¡No me hagan esperar Mis Pervertidos!
¿Qué les pareció la transformación de Bruna desde sus propios ojos?
Dejen su comentario y ayúdennos a llegar a la meta.
Espero que les haya gustado.
Los relatos primero los va a publicar el desde el punto de vista de el y unos dias despues su puta favorita yo.
El Proximo Relato que se va a publicar va hacer:
Alejandro Y Camila: De Marginado A Colegiala Puta Del Bully.
Ya se esta haciendo el relato.
Sigan a mi macho si quieren ver el relato antes, desde su punto de vista y luego vengan a ver el mio que va hacer igual de caliente y voy a describir como me domina, me coge y mas cositas...
https://www.poringa.net/Ale_Alfa3
Aca les dejo otros relatos Gender Bender para todas las putas y pervertidos que les gusta este tipo de genero como ami JAJAJA:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6240833/Alejandro-Y-Bruna-De-Entrenador-De-Perro-A-Perra-Domada.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6219616/Alejandro-Y-Martina-La-Ultima-Noche-Del-Ano.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6196030/Alejandro-Y-Sasha-La-Sirvienta-De-La-Apuesta.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6192295/Alejandro-Y-Gimena-Despedida-De-Soltera.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6084875/Alejandro-Y-Gimena-Hermana-Protectora.html
PARA TODAS LAS PUTAS COMO YO DE ARGENTINA LES RECOMIENDO LEER ESTE MANDAMIENTO DE COMO DEBEMOS SER LAS VERDADERAS PUTAS Y COMO DEBEN TRATARNOS
https://www.poringa.net/posts/gif/6242558/Alejandro-Mi-Mandamiento-1.html

El aula estaba en silencio. Mi voz temblaba más de lo que quería admitir.
— Ya estoy cansado... Alejandro... estoy cansado de tus burlas y que siempre me molestes —le dije, tratando de sonar seguro.
— ¿En serio, Camilo? ¿Y qué pensás hacer? ¿Llorar? —me respondió con esa maldita arrogancia.
— Quiero que hagamos un trato... Lo que sea para que me dejes en paz.
Él sonrió de una forma que me heló la sangre. Me citó en su departamento a las 22:00. Fui por desesperación. Cuando llegué, me entregó una bolsa de sexshop.
— Primero quiero que te pongas lo que hay adentro de la bolsa —me ordenó.
— ¿Estás loco? No me voy a poner esto —dije al ver el disfraz de colegiala.
— Mira Camilo tenés dos opciones... Te pones lo que hay adentro de la bolsa o te vas y te hago la vida imposible.
— Es... es una humillación... —susurré, pero acepté—. ¿Puedo ir a tu baño... Por favor?
Me encerré. Al ponerme el disfraz, sentí un calor extraño. Mi cuerpo empezó a crujir y a cambiar. Mis hombros se encogieron, mi piel se volvió seda y, de repente, sentí el peso de dos pechos grandes y firmes. Mi entrepierna dolió hasta que mi pene desapareció, dejando una cavidad sensible y húmeda. Salí del baño siendo *Camila*. Alejandro me miró con una sonrisa de depredador.
— ¿Qué pasó... Alejandro que me hiciste? —pregunté con una voz aguda que no era la mía.
— ¿Qué hice? Nada, lo único que hice fue sacar tu verdadera naturaleza. Mirate Camilo, o debería decir Camila.
— ¡No... no puede ser! Tengo tetas, mi culo creció y mi pene... mi pene se convirtió en una vagina —dije tocándome, sintiendo cómo mis ojos brillaban de una forma que me asustaba.
— A... ale... —balbuceé excitada.
— Decime amo —me ordenó acercándose.
— Amo... —susurré. Su mano apretó mi nueva cintura y solté un gemido que me avergonzó—. ¿Qué es la segunda cosa... que querías para dejarme en paz?
— Lo único que quiero es que seas tu verdadero ser... quiero que seas mi puta.
No pude evitarlo. Mi "puta interior" tomó el control. Lo tomé del cuello y lo besé con una desesperación que no sabía que tenía.
— Amooo... se siente tan rico... tan bien... tan natural —le dije entre gemidos.
Subí las escaleras moviendo mis nuevas caderas, sintiendo su mirada en mi culo. Sabía que no me había puesto la tanga. Estaba desnuda bajo esa minifalda para él.

Entramos a su habitación y mis piernas temblaban, no solo de miedo, sino de un deseo que no entendía.
— Vení acá, Camila. De rodillas, ahora —me ordenó Alejandro sentándose en la cama.
Obedecí al instante. Mis rodillas tocaron el suelo y me sentí tan pequeña. Mi blusa estaba a punto de explotar por mis nuevas tetas.
— ¿Sabés qué pasa ahora, no? —me agarró del pelo para obligarme a mirarlo—. Me la vas a chupar hasta que te olvides de que alguna vez fuiste hombre.
— Amo... por favor... es demasiado... no sé si puedo —balbuceé.
— ¿No sé si puedo? Escuchame bien, pedazo de puta, vos aceptaste el trato. Ahora abrí la boca y demostrame que esa lengua sirve para algo más que para pedir piedad.
Tragué saliva y desabroché su pantalón. Su verga saltó a mi cara. Era gigante.
— Es... es gigante, Amo... No creo que me entre... —dije hipnotizada.
— Va a entrar entera porque yo lo digo. Empezá.
Empecé tímida, pero de pronto un hambre voraz me poseyó. Agarré la base de su verga y succioné con todo lo que tenía. Alejandro puso su mano en mi nuca, empujando mi cabeza.
— MMMGH... ¡GLUP! —me atragantaba, pero me encantaba el sabor.
— Amo... su verga... es tan rica... —dije con un hilo de baba colgando, sintiéndome la puta más feliz del mundo.

Alejandro se puso de pie, mirándome con superioridad mientras yo seguía arrodillada.
— Sabés qué quiero ahora, Camila... Quiero romper a una puta de verdad. Mi verga ya está bien lubricada con tu baba, y creo que tu nueva vagina virgen está gritando por un hombre de verdad.
— ¡No, Amo! ¡Por favor! —intenté volver a chuparlo para distraerlo—. ¡Dejame seguir con la boca! No me la metas... me vas a partir en dos... ¡Mirá lo grande que es y yo soy nueva en esto!.
— ¡Basta de ruego! Parate puta.
Me puso en el borde de la cama, de espaldas.
— Dale, Camila. Vos misma te vas a sentar. Agarrá mi verga y guiala adentro de tu concha.
— ¡No puedo! Me da miedo... Amo, por favor...
— ¡Hacelo ahora o mañana sos el hazmerreír de toda la universidad! ¡Sentate en mi verga ahora mismo!.
Guié la punta hacia mi entrada rosada y bajé. El dolor fue como un rayo, pero vino seguido de un placer eléctrico.
— ¡AHHHH! ¡DUELE! ¡ESTÁ MUY ADENTRO! —gritaba apoyándome en la mesa de luz.
— ¡Qué apretada estás, puta! Mirate, vos misma te la estás metiendo. Sos una ninfómana, Camila. Te encanta que el tipo que te pegaba ahora te esté llenando el útero.
— ¡S-sí, Amo! ¡Me duele pero se siente increíble! —empecé a saltar sobre él—. ¡Rómpame! ¡Haga que me olvide de quién era! ¡Ya no soy Camilo, soy su puta!.

Alejandro me dio una embestida tan fuerte que perdí el equilibrio.
— ¡A-Amo! ¡Eso fue... demasiado... alto! —grité.
Él me agarró de la cintura y me empujó contra su escritorio de madera. Mi pecho chocó contra el mueble mientras él seguía adentro mío.
— ¡¡AHHH!! ¡Amo, despacio! ¡Me voy a golpear! —busqué donde sostenerme.
— ¿Despacio? Si te pusiste este disfraz es para que te use como la puta que sos, Camila. Las putas no piden suavidad, piden que las llenen.
— ¡¡No... por favor... es muy grande!! ¡Amo, para... ahhh... mmmgh! —mi cabeza se sacudía.
— ¿Te duele que te use en el mismo escritorio donde ayer hacías tus tareas de nerd?
— ¡Duele... duele mucho... pero no pare! —supliqué, entregada.
— ¡Gritá más fuerte, puta! ¿Quién diría que el rarito que leía libros en el rincón iba a terminar así?
— ¡Ahhh! ¡Amo, me encanta que me humille así! ¡No soy una zorra... ahhh... sí, lo soy! ¡Soy su zorrita!.
— Amo... gracias... gracias por hacerme su puta... ¡Ahhh! —grité mientras mis uñas rasguñaban el barniz del escritorio.

Me levantó en el aire y me sentó sobre la mesa, empujándome boca arriba. Mis piernas quedaron abiertas, exponiéndome por completo.
— ¡Amo... espere... déjeme descansar! —jadeaba con la cara roja.
— Las putas no descansan, obedecen. Mirá cómo palpita tu nueva vagina. Está pidiendo a gritos que la vuelva a llenar.
— ¡S-sí! ¡La necesito! ¡Amo, por favor, métala ya! —empecé a acariciar mis propias tetas nuevas, fuera de mí.
— Decí de quién sos la puta.
— ¡Soy... la puta de Alejandro! ¡Soy la colegiala de mi Bully! ¡Soy la colegiala de mi Amo! ¡Ahhh... más fuerte! ¡Deme más fuerte!.
La mesa crujía con cada estocada de Alejandro. Ya no me importaba nada, solo quería que no parara nunca de usarme.

Estaba exhausta, pero Alejandro no tenía piedad. Me agarró de la blusa y la rasgó, dejando mis tetas al aire.
— ¡Ahhh! ¡Amo, mi blusa! Por favor... Amo... déjeme descansar un poco... Mi vagina me duele mucho...
— Tu vagina está adolorida porque es virgen, pero todavía tenés otro agujero que está intacto.
— ¡No! ¡El culo no! ¡Se lo ruego, Amo! Sígame cogiendo la vagina si quiere, aguanto el dolor... pero por atrás no... me va a destruir.
— Te doy a elegir, puta: o seguimos con tu vagina hasta que no puedas caminar, o me entregás tu culo ahora mismo.
Miré su verga goteando mis propios jugos.
— Si... si elijo el culo... ¿me dejará descansar la vagina? —pregunté con voz quebrada.
— Solo si me lo entregás con ganas. Empezá por lubricarme mi verga.
Caí de rodillas y lo envolví con mi boca.
— Hasta el fondo —ordenó empujándome.
— ¡GLUP... MMMGH! —lloraba de placer y humillación mientras sentía mis tetas rebotar con cada movimiento de su cadera contra mi cara.

Sentí cómo Alejandro sacaba su miembro de mi boca con un sonido húmedo que me hizo estremecer. Me quedé allí, arrodillada a sus pies, sintiéndome patética y pequeña. Mis nuevas tetas subían y bajaban con fuerza por la agitación, y un hilo de saliva me colgaba del labio; ya no me reconocía.
— Creo que ya está lo suficientemente lubricada con tu saliva de perra. —Dijo él, mirándome desde arriba con ese desprecio que tanto me humillaba y me excitaba a la vez.
— Amo... por favor... tenga piedad... mi cuerpo se siente muy extraño. —Le supliqué con la voz quebrada. Todo en mí era nuevo, sensible, vulnerable.
— La piedad es para los débiles, y vos ahora sos solo un agujero para mi placer. Ponete en cuatro en la cama. Ahora. —Me ordenó con esa frialdad que me paralizaba.
Gateé por el colchón con dificultad. Me puse en cuatro, hundiendo mis manos en las sábanas, sintiendo el aire frío en mi nuevo culo rosado que se elevaba hacia él. Sentí la punta de su verga, empapada en mi propia baba, presionando contra mi entrada anal. El pánico me invadió.
— ¡No! ¡Amo, me arrepentí! ¡Vuélvame a coger por la vagina o use mi boca! ¡Se lo suplico! —Grité desesperada, tratando de retroceder.
Pero él me agarró de la minifalda y me tiró hacia atrás, clavando sus dedos en la tela.
— ¡Quedate quieta! —Me gritó, y su voz me hizo temblar.
— ¡Me va a romper! —Lloriqueé, pero ya era tarde.
Sentí cómo empezaba a empujar. Entró de una sola estocada, seca y profunda.
— ¡¡¡AHHHHHHHHHHH!!! ¡ME DUELE! ¡QUITELA, AMO! —Mi grito desgarró el silencio. Puse mi mano atrás para frenarlo, pero eso solo hizo que él empujara con más rabia, ganando cada centímetro de mi interior.
— ¡Qué apretada estás, pedazo de puta! —Se burló él, disfrutando de mi resistencia.
— ¡POR FAVOR! ¡SAQUELA! ¡SIENTO QUE ME PARTE AL MEDIO! —Gritaba yo, mientras mis uñas rasguñaban las sábanas.
— ¡Acostumbrate, porque de acá no salgo hasta que te deje este culo bien abierto! —Respondió, empezando a embestirme con una brutalidad que me dejó sin aire.
— ¡A-Ahhh... Amo... duele mucho... mmmgh! —Gemí entre sollozos. Mis nalgas temblaban bajo sus manos.
— ¿Te duele, Camilita? ¿O te gusta que tu Bully te esté quitando lo último que te quedaba de hombre? —Me preguntó con esa arrogancia destructiva.
— ¡D-duele... pero... ahhh... se siente tan bien...! —Confesé, rindiéndome. El dolor se estaba transformando en un placer sucio que inundaba mi mente.
— ¡Mirá cómo se te abren las nalgas para recibirme! Sos una puta ninfómana anal. —Me dio una nalgada que me hizo ver estrellas.
— ¡S-sí! ¡Soy su puta anal! ¡Rómpame el culo, Amo! —Grité finalmente, entregando lo poco que quedaba de mi dignidad de hombre.
— ¡Eso es! ¡Gritalo más fuerte para que sepa que ya no sos nada sin mi verga adentro! —Aumentó la velocidad y yo solo pude perderme en su ritmo, aceptando que ahora era su hembra, su propiedad.

La cama no paraba de chirriar. Alejandro me estaba abriendo camino por mi estrecho y ultra-sensible ano. Cada vez que su cadera chocaba contra mí, sentía mis nuevas tetas saltar de forma salvaje. Era una sensación de peso y movimiento que nunca hubiera imaginado.
— ¡Mirá cómo saltan esas tetas, Camila! ¡Parece que tienen vida propia! —Dijo él, dándome otra nalgada que me hizo arquear la espalda.
— ¡AHHH! ¡Amo... por favor... se mueven solas... se siente tan pesado! —Grité. El peso de mi pecho me recordaba en cada segundo que ya no era Camilo.
— Es el peso de tu nueva realidad, puta. ¿Te gusta sentir cómo rebotan mientras te rompo por atrás? —Me preguntó.
— ¡S-sí! ¡Me encanta... se siente tan excitante... me hace sentir tan perra! —Le confesé, mientras el placer me nublaba el juicio.
— Gritalo más fuerte. Que se escuche que el marginado ahora disfruta que su Bully le sacuda las tetas a golpes. —Ordenó, acelerando.
— ¡SOY UNA PERRA! ¡MIRÁ CÓMO REBOTAN MIS TETAS PARA MI AMO! —Grité, perdiendo el control absoluto de mis palabras.
— ¡Eso es! Sos una ninfómana. No podés parar de gemir cada vez que te hundo la verga, ¿verdad? —Sus manos me apretaban la cintura con una fuerza posesiva.
— ¡No puedo... es demasiado rico... siento que mi culo nació para ser destruido por usted! —Mis ojos se pusieron en blanco. Era verdad. Mi cuerpo de mujer estaba despertando.
— Naciste para esto, Camila. Camilo era solo una mascara aburrida. Esta puta que rebota en mi cama es la verdadera. —Me dijo con desprecio.
— ¡S-sí... Amo... rómpame más... que mis tetas no paren de saltar por usted! —Le supliqué, deseando que ese castigo no terminara nunca.
— ¡Entonces aguantá el ritmo, porque ahora voy a fondo! —Me dio una estocada tan profunda que colapsé contra el colchón, gritando su nombre.

Caí rendida boca abajo. No tenía fuerzas, pero mi culo seguía elevado, ofreciéndosele. Mis dedos se enterraban en las sábanas, tratando de asimilar la invasión constante de Alejandro.
— Ya no podés ni sostenerte, ¿no, Camila? —Se burló, sin dejar de moverse adentro mío.
— No... mis piernas... parecen de gelatina... Amo, es demasiado fuerte.... —Balbuceé. Mi mente estaba en blanco, solo existía su verga.
— Mirate cómo estás. Babeando la sábana, con el culo rojo y abierto, pidiendo más castigo. —Su voz era fría, dominante.
— Es que... se siente tan bien cuando me penetra así... siento que me lee el alma con la verga.... —Dije con una sonrisa estúpida en la cara. Me sentía completa siendo usada.
— Tu alma ahora es mía. Cada vez que te hundo la verga por el culo, borro un recuerdo de tu vida anterior. —Me acarició la espalda y sentí un escalofrío de placer.
— ¡S-sí! ¡Borre todo! ¡No quiero acordarme de Camilo... solo quiero ser su juguete! —Grité. Quería que el "rarito" desapareciera para siempre.
— Sos una puta barata, Camila. Mirá cómo me apretás el culo cada vez que te hablo sucio. —Se rió de mí.
— ¡Es que me pone tan puta que me humille! ¡Dígame más... dígame lo que soy! —Moví mi culo hacia atrás, buscándolo con desesperación.
— Sos el depósito de mi placer. Sos la colegiala que va a ir a clase con el culo roto por su Bully. —Me recordó, y la idea de caminar por la facultad así me hizo gemir más fuerte.
— ¡Sí... voy a ir a clase y todos van a ver mi cara de puta y van a saber que usted me usó! —Exclamé, excitada por mi propia degradación.
— ¡Exacto! Y ahora vas a disfrutar cómo te sello este agujerito para siempre. —Me dio una embestida final que me hizo vibrar desde el culo hasta la punta de mis nuevos pechos.

Sentí sus manos en mis axilas y me giró sin sacarme su miembro. Me sentó arriba de él, dándole la espalda. Mis piernas quedaron abiertas, exponiendo mi nueva vagina al aire mientras su verga seguía enterrada en mi ano.
— Mirá qué pose tan fina, Camila. Tus dos agujeros expuestos para mí. —Me sujetó de los muslos.
— ¡Ahhh! ¡Amo... así entra más profundo! ¡Siento que me toca el estómago! —Eché la cabeza hacia atrás, apoyándome en su pecho.
— Quiero que sientas cada centímetro. Mirá cómo tu vagina palpita de envidia porque me estoy cogiendo tu culo. —Me sentía tan observada, tan vulnerable.
— ¡Es verdad... mi vagina también quiere... pero el culo se siente tan prohibido! —Me dejé caer contra él, entregada.
— Es prohibido porque es mío. Yo decido por dónde te rompo. —Me abrió más las piernas y el estiramiento me hizo soltar un grito.
— ¡S-sí, Amo! ¡Usted es el dueño de mis agujeros! —Empecé a saltar sobre él, por puro instinto.
— ¡Eso es! Cabalgá mi verga como la puta que sos. Mostrame cómo se mueve una colegiala cuando la tienen bien ensartada. —Me sonrió con esa superioridad que me volvía loca.
— ¡Mire, Amo! ¡Mire cómo me lo meto todo! ¡Soy su puta favorita! —Gritaba, bajando con fuerza en cada movimiento.
— Sos una experta, Camila. Quién diría que el rarito de los libros tenía este talento para cabalgar vergas. —Se burló de mi pasado de nerd.
— ¡Camilo no sabía nada! ¡Camila nació para esto! ¡Ahhh... me duele... pero siga! —No me importaba el dolor, solo quería complacerlo.
— ¡Entonces no pares! ¡Demostrame que podés aguantar todo mi peso! —Me sujetó fuerte para que no pudiera escapar de la profundidad de su verga.

Me sacó de encima suyo y me llevó a los pies de la cama. Me puso en cuatro frente al espejo de cuerpo entero. Traté de cerrar los ojos para no ver en qué me había convertido.
— Mirate, Camila. No cierres los ojos. Mirá en qué te convertiste. —Me agarró del cuello con fuerza, obligándome a mirar mi reflejo.
— ¡No... no quiero verme... me da vergüenza! —Traté de cubrirme la cara, pero no me dejó.
— ¡Mirate dije! Mirá esa cara de puta, los labios hinchados, el maquillaje corrido y ese uniforme destrozado. —Gritó, obligándome a enfocar el cristal.
— ¡Ahhh... soy... soy una zorra...! —Me vi. Vi a esa chica de uniforme roto, con el culo rojo tragándose la verga de Alejandro. Me vi tan puta que mi propia vagina empezó a mojar las sábanas.
— Sos la zorra de la facultad. Mirá cómo te encanta ver cómo te rompo el culo. Mirá cómo cambian tus ojos cuando ves mi verga entrando y saliendo de vos. —Me dijo, y era verdad. No podía dejar de mirar.
— ¡S-sí... me veo tan puta... y me calienta tanto verme así! —Empecé a acariciar el espejo con mi mano, fascinada con mi degradación.
— Estás enferma, Camila. Disfrutás tu propia humillación. Mirá cómo tu Bully te tiene bajo control. —Me dio una nalgada que vi perfectamente en el reflejo.
— ¡Soy su juguete! ¡Miren todos cómo Alejandro me rompe el culo! —Grité, aceptando mi papel frente a mi propia imagen.
— ¡Eso es! Ya no tenés dignidad. Sos solo una imagen de placer para mí. —Aumentó la potencia y yo solo pude mirar cómo mi nuevo cuerpo de mujer se sacudía bajo su mando.

Alejandro me arrancó lo que quedaba de la minifalda. Estaba desnuda, temblando. Se acercó a mi oído y me susurró que si se corría adentro, Camilo moriría para siempre. No habría vuelta atrás.
— ¿Querés ser mi puta para siempre, Camila? ¿Querés que Camilo desaparezca hoy mismo? —Me preguntó. Su voz me hizo vibrar el vientre.
— ¡S-sí! ¡No quiero volver a ser ese chico triste! ¡Quiero ser su Camila para siempre! —Me abrí de piernas, suplicándole que terminara el trabajo.
— Entonces preparate, porque te voy a llenar tanto que no vas a poder ni cerrar las piernas. —Entró en mi vagina con una furia que me hizo gritar de placer puro.
— ¡SÍ! ¡LLÉNEME! ¡MÁRQUEME PARA SIEMPRE! —Nos movimos como animales sobre la cama.
— ¡SÍ! ¡SÍ! ¡AMO, ME CORRO! ¡LLÉNEME! —Grité, sintiendo que mi útero se abría para él.
— ¡Ahí va tu regalo, perra! —Gritó él, llegando al clímax.
Sentí chorros de semen caliente inundando mi interior. Era una sensación de plenitud y posesión total. Sentía cómo ese líquido sellaba mi nueva vida. Cuando salió, sentí un río blanco escurrirse entre mis nalgas.
— ¡Mierda, cuánto tenía acumulado! —Dijo él, abriéndome un poco para ver su obra.
— ¡Es... es mucho... se siente tan caliente...! —Estaba perdida. Camilo ya no existía. Solo quedaba esta mujer rota y satisfecha.
Sentí una última nalgada que me hizo gemir de sumisión.
— Bienvenida a tu nueva vida, Camila. Sos mi puta oficial. —Me dijo. Y supe que, por fin, estaba en mi lugar.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
MIS AMORES ESTE RELATO ES UNA COLABORACIÓN CON Ale_alfa3 Y ACÁ LES DEJO SU RELATO:
Alejandro Y Camila: De Marginado A Colegiala Puta Del Bully:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6250725/Alejandro-Y-Camila-De-Marginado-A-Colegiala-Puta-Del-Bully.html
VAYAN Y DENOS MUCHOS PUNTOS Y SIGANLO ASI SEGUIMOS HACIENDO MAS RELATOS QUE TANTOS LES GUSTA
SI ALCANZAN LA META ANTES DE LAS PRIMERAS 24 HORAS SUBIREMOS LA CONTINUACION LA SEMANA QUE VIENE AMORES
Cuando ambos relatos alcancen la meta de 230 PUNTOS, se subirá la segunda parte:
Alejandro Y Camila: La Nueva Rutina de la Colegiala
Vayan, síganlo y lean sus otros relatos
¡Me tienen re caliente y me hacen correr!
META: 280 PUNTOS POR POST Cuando cada uno de nuestros relatos llegue a la meta de 230 puntos, subiremos inmediatamente la segunda parte de
Alejandro Y Bruna: La Exhibición de La Nueva Mascota
. ¡Vayan a seguir a Ale_alfa3, lean sus historias que están que arden y ayúdennos a llegar a la meta!
Si quieren ver cómo soy humillada en público y cómo mi nuevo cuerpo es usado adelante de todos, lleguen a la meta.
¡No me hagan esperar Mis Pervertidos!
¿Qué les pareció la transformación de Bruna desde sus propios ojos?
Dejen su comentario y ayúdennos a llegar a la meta.
Espero que les haya gustado.
Los relatos primero los va a publicar el desde el punto de vista de el y unos dias despues su puta favorita yo.
El Proximo Relato que se va a publicar va hacer:
Alejandro Y Camila: De Marginado A Colegiala Puta Del Bully.
Ya se esta haciendo el relato.
Sigan a mi macho si quieren ver el relato antes, desde su punto de vista y luego vengan a ver el mio que va hacer igual de caliente y voy a describir como me domina, me coge y mas cositas...
https://www.poringa.net/Ale_Alfa3
Aca les dejo otros relatos Gender Bender para todas las putas y pervertidos que les gusta este tipo de genero como ami JAJAJA:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6240833/Alejandro-Y-Bruna-De-Entrenador-De-Perro-A-Perra-Domada.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6219616/Alejandro-Y-Martina-La-Ultima-Noche-Del-Ano.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6196030/Alejandro-Y-Sasha-La-Sirvienta-De-La-Apuesta.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6192295/Alejandro-Y-Gimena-Despedida-De-Soltera.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6084875/Alejandro-Y-Gimena-Hermana-Protectora.html
PARA TODAS LAS PUTAS COMO YO DE ARGENTINA LES RECOMIENDO LEER ESTE MANDAMIENTO DE COMO DEBEMOS SER LAS VERDADERAS PUTAS Y COMO DEBEN TRATARNOS
https://www.poringa.net/posts/gif/6242558/Alejandro-Mi-Mandamiento-1.html
0 comentarios - De Camilo A Camila: De Marginado A Colegiala Puta Del Bully