Hace muchos años compartí habitación con mi hermana María. No puedo explicarlo, pero toda su ropa me encantaba. Un día abrí su cajón de tangas y no podía creer la cantidad de bombachitas que tenía: todas chiquitas, de encaje, de tul, hilos, etc.
Ahí empecé a probarme tangas. Después, tanga y corpiño. Más adelante, ropa, zapatos… hasta que un día me pinté los labios.
Realmente sentía que la sangre me corría por las venas. Era una sensación hermosa, una mezcla de libertad, placer y algo que no sabía explicar. Sentía que estaba descubriendo una parte de mí que había estado escondida durante mucho tiempo.
Lo que realmente me voló la cabeza fueron sus bikinis de dos piezas y la posibilidad de tomar sol en la terraza. Ya no era solamente ponerme una prenda frente al espejo. Empezaba a disfrutar de verme de una manera completamente diferente.
Pero un día ya no me conformé solamente con vestirme cuando estaba en casa. Empecé a usar una tanga debajo de mi ropa de todos los días. Salía a la calle, hacía mandados y caminaba sabiendo que llevaba algo que nadie imaginaba.
Era una sensación increíble.
Más adelante estuve de novio con mi mejor amiga. Nos besábamos, pero la relación nunca llegó a ser sexual porque yo nunca tenía erecciones. Yo no entendía del todo qué me pasaba, pero dentro mío cada vez había más preguntas.
Hasta que un día ella me confesó algo que me cambió la cabeza: mi mejor amigo había estado con ella durante aproximadamente un año y decidió dejarme porque yo no era el hombre Macho que ella necesitaba y él sí.
Ese día algo hizo clic dentro mío.
Por primera vez dejé de intentar encajar en lo que se suponía que tenía que ser. Dejé de pelear contra lo que sentía y pensé:
No me guardo más. Voy a ser lo que mi cuerpo y mi alma desean ser.
Y fue entonces cuando lo dije, primero para mí:
TRAVESTI MARICA.
Ese fue el comienzo de Mara Marica.
Ahí empecé a probarme tangas. Después, tanga y corpiño. Más adelante, ropa, zapatos… hasta que un día me pinté los labios.
Realmente sentía que la sangre me corría por las venas. Era una sensación hermosa, una mezcla de libertad, placer y algo que no sabía explicar. Sentía que estaba descubriendo una parte de mí que había estado escondida durante mucho tiempo.
Lo que realmente me voló la cabeza fueron sus bikinis de dos piezas y la posibilidad de tomar sol en la terraza. Ya no era solamente ponerme una prenda frente al espejo. Empezaba a disfrutar de verme de una manera completamente diferente.
Pero un día ya no me conformé solamente con vestirme cuando estaba en casa. Empecé a usar una tanga debajo de mi ropa de todos los días. Salía a la calle, hacía mandados y caminaba sabiendo que llevaba algo que nadie imaginaba.
Era una sensación increíble.
Más adelante estuve de novio con mi mejor amiga. Nos besábamos, pero la relación nunca llegó a ser sexual porque yo nunca tenía erecciones. Yo no entendía del todo qué me pasaba, pero dentro mío cada vez había más preguntas.
Hasta que un día ella me confesó algo que me cambió la cabeza: mi mejor amigo había estado con ella durante aproximadamente un año y decidió dejarme porque yo no era el hombre Macho que ella necesitaba y él sí.
Ese día algo hizo clic dentro mío.
Por primera vez dejé de intentar encajar en lo que se suponía que tenía que ser. Dejé de pelear contra lo que sentía y pensé:
No me guardo más. Voy a ser lo que mi cuerpo y mi alma desean ser.
Y fue entonces cuando lo dije, primero para mí:
TRAVESTI MARICA.
Ese fue el comienzo de Mara Marica.
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