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Unas vacaciones familiares fuera de lo común 2

Día 1. Sábado.
El recorrido en coche hacia el apartamento fue agradable, incluso divertido. Lo cierto es que yo siempre había tenido mucho feeling con los chicos y me alegraba descubrir que no lo había perdido. Jesús mi esposo también ponía de su parte, pues desde que había conocido a mis primos se había llevado bien con ellos. Raúl y Alejandro parecían contentos por pasar las vacaciones con nosotros y, aunque José intentaba mostrarse más distante en ese sentido, estaba convencida de que en el fondo también le apetecía.

Tal y como se podía apreciar en las fotos de la web, el apartamento se trataba de una casa adosada de un único piso que, junto a las colindantes, formaban parte de todo un bloque de viviendas de alquiler. La entrada daba a un pasillo con dos puertas en la pared de la derecha. La primera era el cuarto de baño común y la otra una habitación doble con dos camas pequeñas que se agenciaron Raúl y Ale. Al final del corredor estaba la estancia más grande del apartamento, un amplio salón separado de la cocina por una barra americana, justo al otro lado del acceso a la habitación de matrimonio, que tenía lavabo propio, baño con regadera y todo lo usaríamos Jesús y yo. Jorge tendría que dormir en el sofá cama del salón.
Pero lo que nos había hecho elegir ese apartamento era la parte de atrás. Al fondo de la vivienda había una enorme puerta corredera de cristal que daba a un patio para uso particular en el que había una piscina de 8 metros de largo por 3 de ancho. El pequeño terreno tenía un camino de piedra que cruzaba el césped, desde el adosado hasta la piscina, pasando junto a un frondoso pino. Estaba delimitado por unas vallas de brezo lo suficientemente altas como para que los vecinos no pudieran ver lo que pasaba en las parcelas colindantes con lo que la intimidad estaba asegurada.Tras descargar el coche y acomodarnos cada uno en sus respectivas estancias, nos dispusimos a preparar algo para comer pues ya se nos había hecho tarde. Mientras comíamos en el salón viendo algo en la única televisión que había en el apartamento, conversamos sobre cómo nos organizaríamos durante las vacaciones.

Yo no pensaba ser la chacha de nadie. Jesús y yo solíamos compartir las tareas del hogar, pero después de estar toda la semana trabajando no iba a permitir que mi marido también tuviera que hacer más deberes durante los fines de semana así que exigí a los chicos que colaboraran. Mis primos aceptaron, pero con condiciones.

Jorge quería libertad para poder salir por las noches, mientras que Raúl pidió ir todos los días a la playa. Ale, sin embargo, aceptó mis imposiciones sin rechistar.

—Bueno, José, eso lo vamos viendo —le dije al mayor.

—A ver, Ann, es que si no me dejas salir, me iré igualmente —me desafió.

—Sabes perfectamente que por mí no hay ningún problema —aclaré—. Eres tú el que tiene que demostrar que podemos confiar en ti y que si te dejamos salir vas a ser responsable.
—Dilan, amigo—intervino Jesús—, es que tú te lo has buscado. Con nosotros sabes que vas a tener toda la libertad del mundo, pero…

—¡Que sí, ya entendí! —le cortó—. Prometo ser un niño bueno —rio abiertamente.

—Eso espero —le dediqué mi mejor sonrisa—. De todos modos, como te he dicho, lo vamos viendo.

Me giré hacia el más pequeño de mis primos y, sin perder el gesto alegre, procuré tranquilizarle sobre sus temores.

—Por supuesto que iremos a la playa. En cuanto te pongas con los deberes de la escuela iremos todos los días —bromeé, provocando la simpática mueca de protesta de Raúl y las risas de Ale.

—¿Y tú de qué te ríes? —le preguntó Jesús en forma de broma.
—De Raúl. Si se hubiera esforzado como yo durante el año ahora no tendría tareas de verano.

—¡Cállate, enano! —Jorge agarró a su hermano, restregándole los nudillos por la cabeza— ¡Tarado! —le exclamó.

En seguida Raúl se apuntó a la pelea y volvió la algarabía típica y habitual que normalmente rodeaba a mis primos. Jesús y yo nos miramos y nos entendimos sin hablar. Iban a ser unas vacaciones muy diferentes a las que habíamos imaginado.
Aprovechamos la tarde del sábado para ir a comprar todo lo necesario puesto que Jesús se llevaría el coche para ir a trabajar y durante la semana únicamente podríamos desplazarnos a pie. El apartamento estaba en segunda línea de mar y el pueblo era lo suficientemente pequeño como para que la zona más céntrica y la estación de taxi no quedaran demasiado lejos. Así que estar sin vehículo propio no debía suponer ningún problema.

Tras guardar la compra en el apartamento, dejándolo todo completamente organizado, nos dispusimos a preparar la cena. Ese día habíamos madrugado y estábamos cansados del viaje así que no tardamos demasiado en irnos a dormir.

—Siento mucho que estas no sean las vacaciones que habíamos soñado —me disculpé ante Jesús, una vez a solas en la habitación.
—No digas tonterías. Las que habíamos planificado tampoco eran las mejores que podíamos tener. Ya tendremos ocasión el año que viene… —me sonrió.

—Tienes razón.

—Tendrías que tomártelo de forma positiva. Aburrirte no te vas a aburrir —me hizo reír.

—Es cierto. Pero tampoco tendré la libertad para irme a la playa a buscarme un nuevo chico con el que entretenerme —le dije en forma de broma.

—Pues una de las compañeras del nuevo grupo dice que se alegra de que este año no tenga vacaciones —contraatacó, consiguiendo divertirme.

—Serás idiota… sabés que no lo haría (ya lo había hecho una vez y prometí que jamás eso lo pensé)
- jajaja pero tienes tus dedos y además trajiste tus vibradores para que no me extrañes.
- eso sí traje dos vibradores y con mis dedos intentaré no extrañarte mucho.

Me abalancé sobre mi marido, besándolo con pasión mientras el me acariciaba mi espalda y yo encima de el. Quién sabe si esa primera noche habríamos acabado haciendo el amor de haber estado los dos solos, habríamos cogido muy rico. Probablemente sí, pero no era el caso. La presencia de mis primos me cortó la excitación y no pasamos de unos cuantos besos y caricias.
Día 2. Domingo.
Tal vez se podría decir que el domingo empezaron las vacaciones de verdad. Por la mañana estrenamos la piscina. Mientras veía a mis primos haciendo un relajo en el agua junto a mi marido, pensaba en lo diferente que hubiera sido si hubiéramos estado Jesús y yo solos. Intenté empezar uno de los libros que me había traído mientras tomaba el sol en bikini tumbada en una de las hamacas, pero el escandaloso tumulto no me permitía concentrarme en la lectura. Acabé zambulléndome en la piscina junto a los hombres de la casa.
Unas vacaciones familiares fuera de lo común 2



Ese bikini llevaba.
Por desgracia, después de comer llegó el momento que había estado temiendo desde que organizamos las vacaciones. Jesús se tenía que ir y eso me ponía realmente triste. Principalmente por él, pero también en gran parte por mí. Sabía que lo iba a echar de menos y, por primera vez, me alegré realmente de la presencia de mis primos. Supuse que de haberme quedado sola aún lo habría llevado peor, bueno me la hubiera pasado masturbandome viendo porno, buscando fotos de penes grandes en Twitter y jugando con mis vibradores en cualquier parte de la casa pero mínimo así era más divertido jajaja.

Una vez que mi esposo se hubo marchado, decidí tener una conversación con los chicos. Sabedora de los diferentes gustos de cada uno pensé que debía dejar las cosas claras para no tener un desmadre cada día. Acepté que Jorge saliera por las noches, siempre que no llegara muy tarde y se comportara. El mayor de mis primos pareció aliviado por no tener que conseguir su propósito de malas maneras. Asumiendo que probablemente se levantaría tarde, aprovecharíamos las mañanas para estar en la piscina del apartamento una vez que Raúl terminara de hacer los deberes. El peque refunfuñó, pero aceptó de mala gana. Después de comer iríamos a la playa, evitando así las peores horas de calor y, cuando empezara a irse el sol, antes de cenar, pues improvisaríamos. Tampoco quería tenerlo todo demasiado atado. Mis primos estuvieron conformes con la espontánea planificación.
Esa misma noche fue la primera que Jorge salió después de cenar. Mientras, los otros dos hermanos y yo aprovechamos para ver una peli. Cuando Raúl y Ale se fueron a la cama yo me quedé despierta esperando a que el veinteañero regresara.

Estaba nerviosa y no dejaba de pensar si había hecho bien en dejarle salir, en darle tanta libertad. Tenerlo controlado no entraba dentro de mis ideales de educación, pero cómo debía tratar a un chico problemático como él era otra cosa. En el fondo, quería confiar en Jorge y mientras no me fallara a mí directamente no tenía por qué no hacerlo. Mi primo llegó un poco más tarde de la hora acordada, pero parecía sobrio y eso me tranquilizó.

—Has cumplido —le sonreí.

—No hace falta que hagas de niñera, quedándote a esperarme.

—Estaba preocupada. Y me gustaría no tener que estarlo. ¿Puedo confiar en ti?

—La verdad es que no.

—Vaya, me decepciona oírlo. En fin… buenas noches entonces —me despedí con cierto resquemor, dirigiéndome a mi habitación para dejarle el sofá cama libre.

—Buenas noches —soltó con frialdad.

Estaba acostumbrada a dormir acompañada así que me costó conciliar el sueño, tuve que recurrir a usar mis vibradores para masturbarme y después de un rico orgasmo finalmente lo conseguí, pude conciliar el sueño, lo hice envuelta en dos claros pensamientos. Por un lado estaba triste por Jesús, sin quitarme de la cabeza cómo llevaría lo de estar solo y sin poder disfrutar de vacaciones. Pero también estaba preocupada por Jorge y su carácter insolente que no le pegaba nada. Necesitaba volver a acercarme a él y no paraba de darle vueltas a cómo conseguirlo.

Día 3. Lunes.
Estaba soñando que nadaba en unas aguas cristalinas rodeada de delfines cuando unos gritos me despertaron. Me alcé y vestí rápidamente con lo primero que vi, me puse un shorts bastante corto y una blusa holgada sin nada debajo ya que me había dormido la noche anterior solo con mi tanguita después de ese rico orgasmo y sin nada arriba, totalmente desnuda sólo mi tanguita y yo. Salí al salón y Vi a los hermanos peleando
—¿Qué es lo que pasa? —pregunté.

—Este tonto, que no me deja dormir —vociferó Jorge, quejándose de Ale.

—Es que quiero ver la tele —replicó.

—Uf —resoplé—, creo que vamos a tener un problema con esto.

No había caído en que el veinteañero no podía acostarse en el sofá cama del salón si se levantaba más tarde que el resto.

—Jorge, anda, ¿por qué no te vas a dormir a mi cuarto? —le propuse mientras cruzaba el salón en dirección a la cocina.
—¡No me jodas! —refunfuñó, alzándose de la cama para dirigirse a la habitación de matrimonio.

Me sorprendió ver a mi primo vestido únicamente con unos bóxers negros ajustados. Sonreí al comprobar que le hacían un culo muy bonito y pues se le veía un bulto bastante grande. Aunque lógicamente no le di ninguna importancia en ese momento, lo cierto es que no me lo esperaba. Estaba acostumbrada a Jesús, que solía dormir con pijama tanto en invierno como en verano, lo que no le confería de un gran atractivo precisamente, lo que no había pensado es que había dejado mi vibrador en el tocador, ojalá no lo viera y pues afortunadamente mi cama ya se había secado del orgasmo que había tenido anoche pero no había guardado mi vibrador, se me había olvidado, ya ni modo mi primo ya estaba en mi habitación sólo quedaba esperar a que no lo viera.
—¿Qué son esos gritos? —apareció Raúl, frotándose los ojos, señal de que acababa de despertarse.

—Me parece que uno de los dos tendrá que cambiarle la cama a su hermano —convine sin pensar demasiado.

—¡Ni de broma! —contestaron ambos al unísono.
—Pues qué bien…

Dejando momentáneamente de lado el problema de las camas, después de desayunar y de que el peque avanzara con los quehaceres de la escuela, nos dirigimos a la piscina tal y como habíamos acordado el día anterior. Volví a intentar leer un poco mientras mis dos primos jugaban en la piscina, pero pronto me desconcentré, observándolos.

Raúl, el menor de los hermanos, tenía una cara de travieso acorde a su carácter. Era un muchacho inquieto y mal estudiante, de piel morena y muy delgado. Aunque tenía el pelo corto, le gustaba dejarse una incipiente cresta que tan de moda se había puesto últimamente entre los jóvenes. Desde bien pequeño había sido siempre muy ocurrente y no le costaba mucho sacarme una sonrisa.
Ale, más fornido físicamente, era tremendamente guapo, incluso a pesar de los pocos granos típicos del acné juvenil que tenía en el rostro. Sin duda tenía los moldes para ser todo un triunfador con las mujeres. Lo malo era su personalidad. Normalmente parecía un muchacho reservado, pero en muchas ocasiones evidenciaba su timidez, sobre todo cuando se ponía rojo al verse en un aprieto.

—Ann, ¿no te bañas? —me preguntó Raúl desde la piscina, sacándome de mis pensamientos.

—¡Voy!
Estábamos los tres en el agua cuando Jorge apareció, ya vestido con el bañador. Se metió con nosotros y los cuatro disfrutamos de una divertida mañana de sol y piscina.

Por la tarde tuvimos el primer contacto con la playa, pero fue un poco decepcionante por lo masificada que estaba. Apenas había espacio para que los chicos jugaran con las palas y yo no podía tomar el sol tranquila sin que alguien pasara demasiado cerca a cada poco, salpicándome agua o arena.

Por la noche, Raúl, Ale y yo aprovechamos para echar una partida al Dead of winter. Intenté convencer al mayor de los hermanos para que se quedara con nosotros, pero prefirió volver a salir.

El día había transcurrido con normalidad hasta que llegó la hora de regreso de Jorge. La noche anterior se había retrasado ligeramente, pero en esta ocasión ya había pasado una hora y aún no había dado señales. Estuve tentada de llamarle al celular, pero no quería que se sintiera atosigado y decidí esperar hasta que, pasadas dos horas, oí un ruido sospechoso procedente de la entrada del apartamento.
Al abrir la puerta me encontré a Jorge intentando insertar la llave en la cerradura con evidentes dificultades para conseguirlo, pues no paraba de tambalearse.

—¡Ya métete! —le increpé, agarrándole de la playera y arrastrándolo hacia el interior del apartamento.

—¡Eh! —se quejó—. Que puedo solo.

Estaba realmente enfadada. Había depositado la confianza en él y en tan solo dos días la había tirado por tierra.

—¿Qué has tomado? —le pregunté mientras lo llevaba al cuarto de baño.

—Nada. Será el agua que me ha sentado mal… —rio.

Abrí la llave del lavabo y coloqué la mano en forma de cuenco bajo el chorro.
—Pues a ver cómo te sienta esta —le solté justo en el momento en que acercaba la palma hacia mi primo, restregándole el agua fría por toda la cara.
—¡Mierda! —balbuceó.

—Calla, que vas a despertar a tus hermanos.

Jorge comenzó a reírse.

—¿Qué te hace tanta gracia? —me quejé.

—Mi hermano… —y siguió riendo, consiguiendo por un momento casi hacerme reír a mí también.
—¿Qué le pasa a tu hermano? —pregunté sin mucho interés, empujando a Jorge hacia el salón.

—¿No te has dado cuenta?

—No. ¿De qué?

—Está loquito por ti.

—¿Qué? —pregunté extrañada, mezcla de sorpresa e incredulidad.

—Ale. Lo tienes loquito.

—No digas tonterías. Estás borracho —me quejé—. ¿No habrás tomado algo más? —bromeé, quitándole seriedad al asunto.
—No, oye, ahora en serio, que estoy bien. Le gustas de verdad.

—Tú lo que necesitas es dormir. Por cierto, ya hablaremos más seriamente de esto…

—Lo que tú quieras, pero te juro que el pobre se desvive por ti.

—Ya, claro. Será que soy su prima mayor y me tiene cariño, nada más.

—No es esa clase de cariño…

—Bueno, ya vale —le quise parar, empezando a sentirme incómoda.

—Si no me crees, ponlo a prueba. Ya verás que lo te digo es cierto.
—Que sí, que sí —corté la conversación definitivamente—. ¡Ah!, tenemos que solucionar el tema del sofá cama.

—Te cambio la habitación —sonrió.

—Sí, claro… —ironicé.

—Entonces…

—Si quieres duerme conmigo esta noche. Ya mañana vemos cómo lo arreglamos. Aunque dudo que vuelvas a salir…

—Tonterisas!

—Pues que te frieguen tus hermanos en la mañana. Duermes aquí y mañana que vuelvan a despertarte tus hermanos.

—No. Tonterías lo de no volver a salir. A tu cama voy encantado jajaja —me sonrió con cierta picardía.
En su gesto volví a ver a aquel niño al que hace años consideré como un hermano, aplacándome ligeramente el enfado por haberse emborrachado.

—Vaya su que andas borracho… ¡anda para la cama! —le animé, más alegre de lo que me habría imaginado desde que había abierto la puerta del apartamento y lo había visto completamente ebrio.

Día 4. Martes.
Me desperté alegremente abrazada a mi marido. O eso pensaba hasta que me di cuenta de que el cuerpo al que estaba completamente pegada era el de mi primo pequeño. Inicialmente me dio mucha vergüenza pensar que Jorge se hubiera percatado de que le estaba restregando claramente las tetas por la espalda y de que mi pubis estaba en pleno contacto con su culo, aunque esa noche dormí con pijama lo estaba abrazando. Por suerte el veinteañero, que se había puesto un pantalón de deporte para acostarse, dormía como un tronco y no parecía haberse enterado de nada. Destrencé nuestras piernas y me separé con cuidado de no despertarlo. Misión cumplida.
—¿Dónde está Jorge? —me recibió Ale nada más aparecer en el salón.

—Hoy ha dormido conmigo.

—¡Jo! qué suerte —soltó, poniéndose rojo como un tomate al instante.

Normalmente no le habría dado mayor importancia y habría sonreído para mis adentros al ver cómo el adolescente se ruborizaba por soltar un comentario equivocado. Sin embargo, a mi mente vinieron las palabras de Jorge de la noche anterior. ¿Y si Ale realmente se sentía atraído por mí? Me parecía una auténtica locura, pero ¿y si lo ponía a prueba como me había sugerido su hermano? Al fin y al cabo los borrachos supuestamente siempre dicen la verdad.

—Buenos días —saludó Raúl, entrando al salón aún soñoliento.
—Como su hermano mayor se levanta más tarde, no puede dormir aquí —les expliqué—. Y como ustedes no le quieren dejar la cama, pues ha tenido que dormir conmigo.

—Y si se la dejo yo, ¿podré dormir contigo? —me sorprendió Raúl con una de sus típicas salidas que siempre me hacían reír.

Me fijé en el rostro de Ale, que parecía más que interesado en la respuesta.

—No veo por qué tú no puedes dormir en el sofá cama.

—Pues entonces no le cambio nada —se enfurruñó, volviendo a hacerme reír.

—Bueno, no sé, igual sí podrías dormir conmigo —forcé la situación, intentando provocar a Ale.

—¿Y yo? —saltó finalmente, incendiándosele la cara.

—Tú también, por supuesto —sonreí, alejándome hacia la cocina, sorprendida al descubrir unos posibles sentimientos inesperados de mi primo y, por qué no decirlo, ligeramente adulada.

Tras el desayuno y las tareas escolares del peque, los tres nos dirigimos a la piscina. Yo seguía dándole vueltas a lo de Ale y decidí averiguar un poco más con la intención de no equivocarme sacando conclusiones precipitadas.

—Anda, Ale, ¿por qué no me ayudas a ponerme crema? —le sugerí, ofreciéndole el ofreciéndole el tubo que contenía el protector solar, para ver cómo reaccionaba.

—Sí, claro… —titubeó, agarrando el frasco con manos temblorosas y volviendo a ponerse rojo.

—Ann, no seas vaga, que los otros días te la has puesto tú sola —soltó Raúl de forma graciosa, descolocándome por completo.

Pero antes de que pudiera reaccionar, fue su hermano el que contestó.

—No te preocupes, Ann, que a mí no me importa.

¡Vaya con el chico tímido! Sin duda parecía no querer perder la oportunidad de tocar un poco de carne.
—¡Calla ya, peque! Lo que te pasa es que tienes envidia —solté, haciéndoles reír.

Me tumbé boca abajo en una toalla sobre el césped. Esa mañana me había puesto un bikini blanco que realmente me encantaba cómo me quedaba, con mis tetas luce espectacular y de la parte de atrás es tipo tanga entonces me queda muy bien y bueno a juzgar cuando lo uso en las playas robo miradas
incesto

.Sentí el primer chorretón de la fría crema entrando en contacto con mi caliente cuerpo y, acto seguido, la insegura mano de mi primo esparciéndomela por la espalda.
El chico parecía temeroso, pero poco a poco se fue animando y lo que empezaron como inexpertas caricias acabaron convirtiéndose en evidentes masajes. Ale se entretenía pasando desde mi cuello hasta la parte baja de la espalda, recorriendo cada centímetro de piel, incluso subiendo la tira del bikini para manosearme también por debajo. Ya tenía claro que estaba disfrutando más de lo debido así que pensé en pararlo, pero me divertía descubrir hasta dónde estaba dispuesto a llegar.

—¿Te importa continuar con las piernas? —le pregunté, conteniendo la risa que la situación me provocaba.

Mi primo pequeño no contestó y directamente me sobó el muslo derecho, restregándome los escasos restos que le quedaban en la mano.

—Pero échame un poco de crema primero, chiquillo —le recriminé cariñosamente.
Completamente obediente extendió dos largos chorros a lo largo de ambas extremidades. Pensé que para que mi piel absorbiera tal cantidad de crema debería estar un buen rato esparciéndomela. Al parecer Ale era más pícaro de lo que me había imaginado y me lo confirmó definitivamente colocándose de rodillas entre mis piernas, obligándome a abrirlas para dejarle el hueco necesario, básicamente el estaba entre mis piernas separadas que sólo me cubría el bikini y eso porque al ser tipo tanga pues lo tenía entre mis pompis así que tenía vista de mi tesoro sólo que cubierto aunque sea por poca tela.

—¿Estás cómodo? —le pregunté con socarronería.

—Sí. ¿Y tú?
Me hizo reír. Vaya preguntas tenía mi primo. Desde su posición debía tener una magnífica visión de mi entrepierna, únicamente cubierta por la escueta tela del bikini, lo que hizo que me sintiera ligeramente caliente.

Al igual que en la parte de arriba, el chico no se dejó ni un mínimo resquicio de piernas sin tocar. Primero empezó con los muslos y luego fue bajando por los gemelos hasta los tobillos para volver a subir, sobándome a conciencia. Se estaba recreando, comenzando a adentrarse peligrosamente por la parte interna de mis piernas.
Iba a detener la situación definitivamente cuando empezó a rozarme la parte baja de las nalgas, entrando en contacto con el bikini y provocándome un ligero escalofrío de perplejidad. Escasos segundos después, acariciándome cautelosamente las ingles, introdujo con cierto disimulo un dedo debajo de la prenda, muy cerca de mi vagina.

—Vale, vale, tampoco te pases —le detuve, ya entre claras risas, alucinando con el descaro que empezaba a mostrar Ale y parándole completamente los pies—. Ya termino yo.

—¿Te has enfadado? —me preguntó con evidente preocupación.
—Claro que no —contesté mientras me daba la vuelta—. Lo que pasa es que me has puesto mucha crema y no ibas a acabar nunca —le sonreí—. Anda, vete a la piscina, que luego voy yo —le dije mientras me percataba de que Korge nos observaba desde el interior del apartamento.

—Hola —me saludó con una sonrisa burlesca.

—¿Ha dormido bien el borrachuzo? —le recriminé, bromeando, tras ir a su encuentro.

—Deliciosamente. —No supe muy bien cómo interpretar su tono, que me descolocó ligeramente—. Entonces, ¿qué, tenía yo razón o no? —me preguntó sonriendo, ahora con la suficiencia del que conoce la respuesta.
—¡Jo! Pues parece ser que sí. Menuda sobada me ha dado tu hermanito. Y porque lo he parado… —reí jocosamente, demostrando una complicidad perdida que antaño había existido entre nosotros—. ¿Y tú cómo sabías…? —Pero no me contestó, simplemente sonrió nuevamente y se marchó hacia la piscina.

Me sentí extraña y algo torpe. No era la primera vez ni sería la última que un hombre se fijaba en mí. Jesús siempre me decía que era normal debido a mi atractivo y, sobre todo, a mi buen cuerpo. Aunque es cierto que no me podía considerar precisamente fea, jamás me hubiera imaginado algo tan inesperado, que uno de mis primos se sintiera atraído por mí. Procuré no darle importancia y seguir comportándome como lo haría normalmente, convencida de que seguramente no era más que un capricho pasajero de Ale que no iría a mayores.

Aunque no las tenía todas conmigo, esa noche permití que Jorge volviera a salir. A pesar de lo ocurrido el día anterior, pensé que intentar retenerlo hubiera sido contraproducente. Primero porque temía que se revelara, incumpliendo mis órdenes. Y segundo porque probablemente lo que el muchacho necesitaba era que alguien confiara en él. Y yo, a fin de cuentas, era la persona adecuada para ello.

—Parece que hoy vas sereno —le increpé jocosamente cuando regresó al apartamento—, has podido abrir sin ayuda —le sonreí.

—Je je. Muy graciosa.

—¿Quieres irte a dormir o podemos charlar un poco? —intenté acercarme a él, algo que había sido muy fácil en el pasado y que ahora me parecía una quimera.

—¿Es que hoy no duermo contigo? —me sonrió.

—No, hoy le toca al peque. Tú duermes en la otra habitación con Ale.

—¿En serio? —forzó una mueca de decepción, haciéndome reír.

—Oye, ¿y se puedes saber a dónde vas por las noches? —procuré seguir intimando—. Si esto es un pueblucho de mala muerte…

—Vamos, Ann, será que tú no has salido nunca… Estando en la costa en pleno verano, la fiesta está asegurada.
—Uf —resoplé—. ¡Qué recuerdos! Pero ya no tengo edad para esas cosas…

—No digas tonterías. A mí no me importaría que me acompañaras.

—No lo dices en serio… —sonreí—. Además, no podría dejar a tus hermanos solos.

—Lástima. Si no hubieran venido…

—Ya…

El silencio se adueñó del momento. Los dos nos miramos, seguramente pensando en lo mucho que habíamos vivido juntos. Quise romper la incómoda situación, pero él se adelantó.

—Ha sido mi madre la que te dijo que me trajeras a pasar las vacaciones contigo, ¿verdad?

—Me lo dijo tu tía. Pero, vaya, me parece que te lo has ganado a pulso, ¿no crees?

—¿Quieres saber por qué me han mandado aquí, por qué no querían que me quedara en el barrio con mis amigos?

—Claro… —contesté, satisfecha, sabedora de estar consiguiendo justo lo que había pretendido.

Jorge me confesó algunas de las fechorías que había cometido. Sabía que su vida se estaba torciendo, pero no era consciente de hasta qué punto. Mi primo pequeño había robado, había propinado alguna que otra paliza tras intervenir en diferentes reyertas, se había metido todo tipo de psicotrópicos y había dejado embarazada a una menor de edad que había tenido que abortar. Su confesión me dejó helada. Pero, a pesar de eso, me alegró que se abriera conmigo, como antaño. No le juzgué y simplemente decidí ayudarlo.

Continúa..

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