You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

100đź“‘El Padre de mi Mejor Amiga

100đź“‘El Padre de mi Mejor Amiga


Era viernes, y la casa de Sofi siempre era el mejor plan para pasar la noche: pizza, pelĂ­culas y risas hasta tarde.
Yo, como siempre, fui invitada a quedarme a dormir.

Sofi dormĂ­a en su habitaciĂłn.
Y yo, en el cuarto de invitados.
O eso se suponĂ­a.

La casa estaba en silencio… excepto por el leve murmullo del aire acondicionado… y mis pensamientos.

Desde hacía tiempo, don Julián —el padre de Sofi— me miraba distinto.
TenĂ­a esa mezcla de hombre maduro, viril, silencioso pero firme, que me hacĂ­a mojarme solo con imaginarlo sin remera.
Y lo peor… él lo sabía.


Eran cerca de las dos de la madrugada cuando me levanté con sed y en la cocina estaba él: camiseta blanca ajustada, pantalón suelto, sin calzoncillo.

—¿No podés dormir? —me preguntó.
—Tenía sed —respondí, con la voz seca… pero no por falta de agua.

Me acercĂł el vaso.
Y al tomarlo, le toqué la mano.
Lo miré. Él no apartó la vista.

—¿Siempre mirás así a las amigas de tu hija? —pregunté, con picardía.
—Solo a la que camina por mi casa sin corpiño debajo de esa remerita —respondió, directo.

Mi respiraciĂłn se agitĂł. El ambiente cambiĂł.
Lo provoqué. A propósito.
Me acerqué más.

—¿Y si te dijera que… no tengo bombacha tampoco?

No me dio tiempo.
Me tomĂł de la cintura, me pegĂł contra la heladera y me besĂł.
Fuerte. Ardiente. El tipo sabĂ­a lo que hacĂ­a.

MetiĂł una mano bajo mi remera.
Me apretĂł las tetas con hambre.
Yo gemĂ­a suave. Me entregaba. Me derretĂ­a.

—Estás mojada —susurró.
—Estoy caliente desde que entré a esta casa.
puta



Me subiĂł sobre la mesada.
Me abrió las piernas. Se bajó el pantalón. 
Y me la metió, su pija entera, de una.

—¡Ahhh… sí! —gemí con la boca mordida.

Me cogĂ­a como si fuera suya desde siempre.
—¿Esto querías, putita? ¿Que te lo meta mientras mi hija duerme?
—¡Sí! ¡Más! ¡Dámelo todo!

Me tiró el pelo, me lamió las tetas, me cogió fuerte la concha y sin frenos, con las manos marcándome la cintura.
Yo me aferraba a su cuello, sudando, gimiendo sin miedo.

Después me puso en cuatro sobre la mesa.
Me la metió por atrás, sin aviso.
Y yo me rendĂ­ del todo.

—¡Sí, ahí! ¡Rompeme!
—Callate… o tu amiga va a saber lo puta que sos.

TerminĂł sobre mi espalda, jadeando como un animal.
Me limpió con un paño de cocina, me dio un beso en la boca… y dijo:

—Mañana hacete la dormida. Que no sospeche nada.

Volví al cuarto de invitados… con las piernas temblando y el deseo tatuado en la piel.
Y supe que eso no era un error.
Era el comienzo.

pendeja





La tarde estaba cálida y pesada. Llevaba en la mochila algunos cuadernos que Sofi me había pedido.
Ella estaba enferma, y como buena amiga, decidí acercárselos.
Lo que no esperaba… era que ella no estuviera en casa.

Toqué el timbre.
Y el que abrió la puerta fue Julián, su padre.

Camiseta gris, el cuello apenas hĂşmedo por el calor.
Barba de dos dĂ­as. Y esa mirada que ya conocĂ­a: la que me desvestĂ­a en silencio.

—¿Sofi está? —pregunté, con voz suave.

—Salió con la madre al médico —respondió, sin apartar los ojos de mí.

Me quedé en el marco de la puerta, dudando.

—No sé si… si puedo pasar…

Él dio un paso adelante.
SonriĂł. Esa sonrisa que me desarmaba.

—Sí sabés.

Mi corazĂłn se acelerĂł.

El ambiente se volvió más denso, eléctrico.
Sin decir más, me tomó de la mano y me hizo pasar.
CerrĂł la puerta tras de mĂ­.
No fue a la sala, ni me pidiĂł que dejara los cuadernos.
Me llevĂł directo arriba. A su habitaciĂłn.

Caminábamos en silencio.
El aire acondicionado zumbaba débil.
Y mis piernas temblaban de anticipaciĂłn.

Cuando cerrĂł la puerta del dormitorio, me apoyĂł suavemente contra ella.
Nos miramos… un segundo eterno.

—¿Desde cuándo sabés que esto iba a pasar? —susurré.

—Desde la noche en la cocina —me respondió, mientras sus manos bajaban por mi cintura.

Me besĂł. Fuerte. Con hambre.
Me abrazĂł por la espalda y me pegĂł a su cuerpo.
Yo me derretĂ­a, respirando hondo, entregada.

Sus dedos se colaron bajo mi ropa.
SubiĂł mi remera.
Me lamiĂł las tetas , una a una, sin apuro.

—Venís sin sostén —dijo, bajando por mi vientre.
—Y sin bombacha —le respondí, jadeando.

Me sentó sobre la cama. Se arrodilló frente a mí. Y me besó la concha con una lengua firme, cálida, adictiva.
Yo me retorcía de placer, con la cabeza hacia atrás, gimiendo bajito.

—¡Ahh… Julián.

Se desnudĂł sin palabras. SubiĂł sobre mĂ­.

Y me metió su dura pija, despacio al principio, profundo después.
Entraba y salĂ­a con ritmo perfecto, sin pausa, sin piedad.

Mis piernas lo rodeaban.
Mis uñas marcaban su espalda.
Me montaba, me dominaba, me volvĂ­a loca.

Después, me giró en la cama.
Me dio duro desde atrás, sujetándome por la cintura.
Mis gemidos llenaban la habitaciĂłn.

—Sos mía —murmuró—. ¿Lo sabés?
—Sí… sí… ¡más!

El final llegĂł en una oleada de jadeos, sudor, temblores.
Acabamos juntos, exhaustos, enredados.

Se tumbó a mi lado, mirándome de reojo.
Yo me giré sobre su pecho.

—¿Qué le digo a Sofi si me llama?
—Decile que pasaste a dejar los cuadernos.
—¿Y si me pregunta qué más hice?
—Mentí. Como una buena amiga.

Y sonreĂ­mos.
Porque sabíamos que esto recién empezaba.


putita





Volver a esa casa era como volver al crimen.
Solo que el crimen me hacĂ­a temblar de ganas.

Sofi ya estaba mejor, así que pasé la tarde con ella: series, risas, snacks.
Intenté ser normal. Pero no podía ignorar que, al otro lado del pasillo… estaba su padre.

Julián me cruzaba con miradas.
Esas que duran más de lo que deberían. Que me recorren la piel.
Que me prometen que, en cuanto estemos solos, me va a hacer suya otra vez.

Y eso… me mojaba solo de pensarlo.

—¿Te pasa algo? —me preguntó Sofi, al verme distraída.
—¿Eh? No… nada.

Pero algo en su tono me hizo dudar.
ÂżHabĂ­a notado algo? ÂżMe miraba distinto?

Más tarde, mientras Sofi hablaba por teléfono en el patio, yo fui al baño… pero Julián me siguió.

Me tomĂł de la cintura, me pegĂł contra la pared del pasillo.

—No puedo tenerte cerca sin tocarte —susurró, con los labios rozándome el cuello.

—Tu hija está a metros —dije, pero no me moví.
Lo deseaba tanto que me ardĂ­an las piernas.

—Y eso lo hace aún más delicioso.

Me besĂł. Fuerte. Breve.
Sus manos me recorrieron bajo la ropa, rozándome entre las piernas, haciéndome gemir bajito.

—Esta noche, después de que se duerma —dijo—. No me hagas esperar.

Y se fue. Dejándome temblando.

Relatos eroticos




Esa noche, me quedé a dormir en la casa. Sofi insistió.
Dormimos juntas, como siempre.

Pero pasadas las 2 a.m., ella se movĂ­a inquieta.
SusurrĂł algo. Se levantĂł.
Y saliĂł al pasillo.

Yo la seguĂ­, con cuidado.
Y la vi… parada frente a la puerta del cuarto de su papá.
Escuchando.

Yo sentĂ­ que el alma se me congelaba.
Ella fruncía el ceño. Se quedó unos segundos. Y volvió a la habitación sin decir nada.

Yo volví antes que ella, haciéndome la dormida.

Pero no pude pegar un ojo. Ni por culpa. Ni por miedo.

Sino porque estaba más mojada que nunca.

ÂżY si sabĂ­a? ÂżY si nos descubrĂ­a la prĂłxima vez?
¿Y por qué… me excitaba tanto esa posibilidad?


La casa dormĂ­a.
Sofi respiraba hondo a mi lado, profundamente dormida.
El reloj marcaba las 2:43 a.m.

Yo no podĂ­a dormir.
Sentía el pulso latiéndome entre las piernas desde el momento en que escuché a su padre cerrando su puerta… y sabía que no iba a resistir mucho más.

Y entonces lo sentĂ­.
Un mensaje. Un paso suave. Una señal.

La puerta se entreabrió con un leve crujido. Era él. Julián. Descalzo. Sin remera. Con la mirada cargada de hambre.

Me hizo una seña con los dedos.
No dijo nada.
Y yo lo seguí, con el corazón en la garganta y el deseo bajándome por las piernas.

No fuimos a su cuarto.
Me llevó por un pasillo lateral, hasta un pequeño lavadero cerrado, con llave.
Una luz tenue. Un aire a encierro… y pecado.

CerrĂł la puerta. Me apoyĂł contra la pared.

—No podía dormir sabiendo que estabas en mi casa… mojada por mí —susurró, pegando sus labios a mi cuello.

—Me tenías despierta desde que me miraste en la cena —respondí, jadeando.

Se arrodillĂł frente a mĂ­. Me bajĂł el short con una sola mano.
Y me besĂł ahĂ­, en mĂ­ concha con lengua, saliva y furia contenida.

Yo me mordĂ­a los labios para no gemir.
El placer subía en silencio, como una corriente eléctrica.

Después me giró, me apoyó sobre el lavarropas, y me lo sacó todo.
Sacó lo suyo. Duro. Firme. Ardiente. 

—Arrodillate, mi putita favorita.

Me puse de rodillas frente a él, con los ojos brillando.
Me metí su pija en la boca con gusto, saboreándolo, jugando con mi lengua, dejándolo gemir muy bajo.

Él me sujetaba del pelo, marcando el ritmo.
—Así… tragalo todo. Sos mi vicio. Sos mi secreto. Sos mía.

Cuando quiso más, me alzó, me sentó sobre él, me metió la pija en la concha y me hizo cabalgarlo.
Yo rebotaba en su cuerpo, mojada, rendida, con las tetas al aire, sujetándolo fuerte.

—¿Quién te hace acabar así, eh?
—¡Vos… vos, Julián!
—Decílo. Decí que sos mi putita silenciosa.

—¡Soy tuya… tuya!

Me puso en cuatro sobre la mesada de madera.
Me tomó fuerte desde atrás, hundiéndo si pija entera en mí concha.
Mis uñas arañaban la superficie, los gemidos me explotaban en la boca… pero me los tragaba.
No podĂ­a hacer ruido.

Y eso lo hacía mil veces más intenso.

—Así se coge una putita obediente —susurró, nalgueándome suave—. Después te vas a dormir como si nada.

Cuando terminĂł, me corriĂł el pelo y me dio un beso en la nuca.
Me limpió con una toalla, me acarició los muslos… y me dijo:

—Volvé antes que se despierte tu amiga. Pero dejá esa carita sucia para mí.

SonreĂ­, temblando.
Volví a la habitación con las piernas flojas… y la sonrisa más sucia que tuve en la vida.

Sofi seguĂ­a dormida.
Y yo… más despierta que nunca.


muy caliente






Volví a esa casa sabiendo que sería la última vez. No llevaba nada más que mis cuadernos y una decisión firme. Nada en mi ropa sugería lo que habíamos compartido ahí dentro, pero sé que él lo notó igual. Siempre me leía más allá de la ropa.

Me abrió la puerta como si no hubiera pasado nada. Como si yo solo fuera una más. Pero su mirada… su mirada no mentía.

—¿Pasás? —me preguntó con esa voz que solía hacerme temblar.

Negué despacio, con una media sonrisa triste.

—No. Solo vine a decirte algo.

Lo vi tensarse, apoyarse en el marco de la puerta. Esperaba lo peor, o quizás lo mejor. Ya no sabía distinguirlo.

—¿Qué pasó?

—Me puse de novia —dije. Así, sin adornos—. Uno de la facu. Es bueno...

Silencio. Lo vi tragar saliva y bajar la mirada. Por un momento pareció… dolido. Humano.

—Entonces ya no vas a volver —murmuró, casi con resignación.

—No. Fue lindo mientras duró. Pero ya está. Quedate con tu esposa. Con tu vida.

Lo vi pestañear lento. Y luego, sin mirarme siquiera, susurró:

—¿Una última vez?

Me congelé.

Podía decirle que no, que eso solo complicaría más las cosas. Que ya había sido suficiente.

Pero no lo hice. Cerré la puerta detrás de mí.


Entré a la habitación donde todo había empezado. Ni siquiera hablábamos. Me saqué la blusa, despacio, dejando que me mirara. Me sentía poderosa, deseada… peligrosa.

Lo desvestí como si fuera la última vez que tocaría su piel. Me subí sobre su pija, sintiéndolo crecer en mí concha mientras lo miraba con fuego en los ojos. No lo besé. No aún.

—Me vas a recordar cada vez que toques a tu mujer —le dije, y empecé a moverme sobre él, marcando mi ritmo.

Sus manos en mis caderas, sus jadeos contenidos. Me decĂ­a cosas al oĂ­do, cosas sucias, posesivas, como si aĂşn pudiera retenerme.

—Sos mi maldita adicción…

—Y vos… mi secreto favorito —le contesté, mordiéndome el labio.

Lo hice acabar con fuerza, temblando debajo de mĂ­, gimiendo bajo, como si le doliera tener que dejarme ir.

Me quedé sobre él unos segundos más, escuchando su respiración acelerada.

Después me levanté. Me vestí en silencio. Me acerqué a su cama, le di un beso suave en la frente… y me fui.


No volví a mirar atrás. Pero lo conozco. Sé que se quedó ahí, desnudo, mirando el techo, pensando en mí.

Y sé —porque lo intuí en sus ojos antes de irme— que mientras cerraba los ojos, pensaba:

"Ojalá nos visite otra amiga así…"

relatos porno


amiga puta

3 comentarios - 100đź“‘El Padre de mi Mejor Amiga

Juancitofulanito +1
tremendas historias todas.....🔥🔥🔥🔥🔥
Crossbb
Que linda putita