Hola, cómo les va? Dejo la cuarta parte de esta historia. Se va poniendo interesante. Agradezco a todos los que leyeron, puntuaron, comentaron, etc. Y a los que lo están por hacer, también. Como siempre, espero que la disfruten.
Capítulo IV — Luz Verde
El Miércoles me levanté temprano, le hice el desayuno a mi familia, y los preparé para sus actividades. Quería que me dejen sola, rápido, para poder estudiar tranquila el guion. Me preparé un café bien cargado, y me senté en el sofá del living a ver de qué se trataba el dichoso argumento de la obra.
Durante una hora estuve inmersa en la historia, disociada del resto del mundo. Hasta se me enfrió lo que quedaba del café. Me encantó toda la trama. Siempre me gustaron las historias de suspenso, en las que pasa algo inesperado. Y con los protagonistas descifrando poco a poco algún complot. Y el final era bárbaro. Un giro argumental de primera.
No almorcé. Salí a dar una vuelta, con la idea de recorrer los videoclubes, a ver si la veía. No la iba a alquilar directamente para no quedar como una atorranta. Hasta no hacía mucho le alquilaba dibujitos animados a los chicos. Entré en los dos o tres que conocía, y en todos pasó lo mismo. No estaba en la sección central, pero posiblemente estaría en el fondo, donde tienen las condicionadas. Si tenía que entrar a buscar en esa sección, no había forma de que acepte la propuesta. Tampoco quería preguntar, para no deschavarme.
No hubo suerte. Hice unas compras, para que no sospechen, y volví a casa. Ya tenía preparada la mentira que les iba a decir en caso de hacer la obra. Simplemente les iba a decir que seguía yendo al curso, a pesar de que en realidad había terminado. Después de seis meses aprendiendo con quien después me convencí era el mejor, no había forma de que duden de mi honestidad.
A la hora del mate volví a leer el guion. Entendí cosas que no había entendido la primera vez. Me enfoqué bastante en las partes previas a las eróticas. Estaba bastante detallado el diálogo, hasta que empezaba la acción. El guion describía lo que pasaba en términos generales. No era una crónica paso a paso, donde se detallaba el acto sexual en todos sus aspectos. Como en una novela de la tarde, donde el espectador entiende lo que están haciendo, por ejemplo, el patrón con la mucama, pero sin visualizar nada escandaloso. Me pareció lógico que así sea, después de todo era una obra en la que la trama era mucho más importante que el erotismo.

La llamé a Lili, a ver qué le había parecido. Me invitó a comer unas pizzas, para poder conversar del tema sin intrusos. Estaba más entusiasmada que yo, por escándalo. No paramos de desmenuzar las escenas y los personajes. Llegó a la misma conclusión que yo con respecto al contenido erótico, pero me confesó que esperaba algo más fuerte.
—A la mierda… ¿Más fuerte todavía? ¿Dijiste que sí pensando que era más fuerte? —Pregunté en chiste.
—Y bueno, Pato, vos me conocés. Siempre fui medio ligerita. ¿Te acordás cuando íbamos al boliche?
—Como si fuera ayer me acuerdo. Pero vos acordate que si te agarra el que te jedi te va a pegar una patada en el culo que no vas a aterrizar hasta Concordia, más o menos.
—Ay, Patito querida, ¿Cómo te explico?… —Respondió Lili, sarcástica. —No dudo del alcance ni la dirección de la patada. Lo que dudo mucho es que me preste suficiente atención como para agarrarme. Y en todo caso, si hay divorcio, salgo ganando.
—Jeje. No das puntada sin hilo, ¿eh?
—Jamás. Pero ahora que decís Concordia, me acordé de algo. Agarré un trabajito en Victoria. Voy a la mañana y vuelvo bastante tarde. No llego a tiempo para compartir el auto.
—¿Y qué problema hay? Olvidate. —Le aseguré a Lili. Y yo también me olvidé.
Llegado el Jueves, ninguno había conseguido la película. Se lo hicimos saber al Profe al finalizar la clase. Y él lamentó no haberla conseguido tampoco. Nos explicó la trama desde el principio. Un yuppie ambicioso entrega a su mujer para lograr un ascenso, que finalmente no recibe. Al verse humillado por eso, y ante la posibilidad de ser despedido, se pega un balazo, dejando a la mujer viuda y con una deuda atrás de otra. Ella, en la desesperación, decide vengarse de los que llevaron a su marido al suicidio, y se infiltra en la familia del responsable. Seduce al hijo, envenena (y seduce simultáneamente) a la mujer, y para no ser menos, al padre también lo seduce. En definitiva, los pone en contra a todos, para que se terminen matando entre ellos. Un thriller psicológico, en pocas palabras.
—Bueno, no les quiero arruinar el final, aunque lo deben haber entendido al leer. Y no los quiero presionar, pero tengo hasta mañana para encargarle a la secretaria la sala de ensayos. ¿Qué me dicen? —Preguntó Ricardo.
—Digo lo mismo que ayer. Estoy para lo que sea. —Afirmó Lili, exaltada.
—Y bueno… —Dijo Jorge, sonriente. —… ¿Qué es lo peor que puede pasar? No perdemos nada. Anóteme nomás, Profe.
—A mí también. No voy a arrugar. —Confirmó Daniel.
—¿Patito? No me falles… —Me pidió, haciendo como que suplicaba. Me miró con ojitos de cachorro y fingió hacer pucherito. Me conmovió que me llame Patito. —Mirá la oportunidad que tenés ahora…
—Tiene razón. Acepto. Para esto me anoté. No voy a claudicar, con todo lo que aprendí hasta ahora.
—¡Esos son mis pollos! —Celebró Ricardo, con el puño cerrado, como quien mete un gol. —Sabía que no me iban a fallar. Mi instinto me sigue dando estas satisfacciones. Bueno, yo arreglo todo acá para que nos dejen el mini-escenario de afuera. Con eso vamos a programar los horarios, les aviso la semana que viene. Por ahora las clases normales se suspenden. Solamente van a venir a ensayar, y si es necesario, alguna cosita más. ¿Les parece bien?
—Si señor Profesor. —Respondimos al unísono, como si estuviéramos en la secundaria.
—Antes de irse, quiero que entiendan algo. Para esto tengo que abandonar mi rol de profesor y adoptar el de director. No quiere decir que no les enseñe. Pero son dos cosas distintas. Me tomo muy en serio mi faceta de director, y soy bastante exigente. Voy a dejar de tratarlos como alumnos, sin convertirme en un tirano, ni un sargento, ni nada parecido, pero con una relación más… Vertical. Quiero que les quede claro de entrada, para que no haya malos entendidos más adelante.
—Como debe ser. —Aceptó Jorge. —Terminamos las inferiores y es hora de jugar en primera.
Los cuatro ratificamos nuestro compromiso con Ricardo, ya no profesor, sino director. Nos agradeció, se despidió, y nos fuimos. Seguía pensando que, dadas las circunstancias, si al adaptarla al teatro le atenuaban las partes más calientes, era una buena historia, digna de actuar. Había que verla para sacarse la duda. Y si no, teníamos que confiar en el criterio de Ricardo. De cualquier manera, estaba decidido. Íbamos a participar del innovador proyecto, cueste lo que cueste.
Los días siguientes tuve sensaciones encontradas. Por un lado, me parecía sospechoso que la primera oferta que me dieron, con pocos meses de estudios, incluyera tener que desnudarme. Por otro lado, esos pocos meses de estudios fueron demasiado reales como para tratarse de un engaño. Ricardo estuvo transmitiendo su sabiduría clase tras clase, y todos nosotros habíamos aprendido algo. Incluso ya empezaba a ver las películas y novelas con ojo crítico. Charlando con Lili llegábamos a las mismas conclusiones sobre determinados actores y escenas. Las dos estábamos en la misma sintonía.
Luego estaba el problema de que ya no tenía el físico de los veinte años. No tenía confianza en mi cuerpo como para mostrarlo de esa manera. Una cosa era sacar pecho para atolondrar a un cliente y que compre un departamento, otra cosa era salir casi en bolas ante la audiencia. Más razón para pensar que no era un fraude: Si hubieran querido aprovecharse, las víctimas hubieran sido chicas jóvenes.
Por otro lado, estaba el dilema de la familia. No podía decirles que iba a ser una obra erótica, y mucho menos ofrecerles entradas para la misma. Y aún peor, ¿qué pasaba si se enteraban por otro lado? Por más pequeña que fuera la obra, posiblemente sería vista por algún periodista, y luego saldría en algún diario. Pero una parte de mí quería liberarse, demostrarme a mí misma que podía hacerlo, y en todo caso, si alguien se enteraba, no había hecho nada malo. Un desnudo artístico, sin engañar a mi marido. En definitiva, quería hacerlo para reafirmarme.
Con el correr de los días, fui leyendo más el guion y entendiendo la obra. Era prácticamente como lo había descrito Ricardo. Una mujer ultrajada por los que provocaron el suicido de su marido, decide acabar con ellos, uno por uno. Era un buen desafío porque los personajes tenían que expresar emociones extremas y cambiantes. La protagonista pasaba de víctima a victimaria, y cambiaba su máscara (en sentido figurado) de manera camaleónica. La familia a la que acechaba también tenía que pasar de la tranquilidad al horror. Al menos eso interpreté, usando los métodos que había aprendido.
Hasta el Jueves siguiente estuve estudiando detenidamente el guion. Cada vez que lo leía me iba convenciendo de que no era tan osado como sospeché desde un principio. Tranquilamente se podía hacer esa obra y que no quede como una asquerosidad. Apelando a mi memoria, estimé que podía ser algo de igual o menor nivel de impudicia que las películas de Olmedo y Porcel, donde no se veía casi nada. Quizás tenía que abandonar mis prejuicios y pensar en positivo.
Hubiera sido fantástico poder ver la película, pero no la pudimos conseguir. Lili no se preocupó demasiado. De cualquier manera, una de las máximas de Ricardo era que como actores no podíamos representar a otros actores representando una escena. Aparte le íbamos a dar otra impronta, ponerle nuestro toque personal. Hacer modificaciones, no muy significativas, si era necesario.
Estaba lista para dejar de boludear y hacer, de una vez por todas, lo que había imaginado cuando me anoté en el curso, seis meses atrás, esa dichosa tarde de Marzo.
Capítulo IV — Luz Verde
El Miércoles me levanté temprano, le hice el desayuno a mi familia, y los preparé para sus actividades. Quería que me dejen sola, rápido, para poder estudiar tranquila el guion. Me preparé un café bien cargado, y me senté en el sofá del living a ver de qué se trataba el dichoso argumento de la obra.
Durante una hora estuve inmersa en la historia, disociada del resto del mundo. Hasta se me enfrió lo que quedaba del café. Me encantó toda la trama. Siempre me gustaron las historias de suspenso, en las que pasa algo inesperado. Y con los protagonistas descifrando poco a poco algún complot. Y el final era bárbaro. Un giro argumental de primera.
No almorcé. Salí a dar una vuelta, con la idea de recorrer los videoclubes, a ver si la veía. No la iba a alquilar directamente para no quedar como una atorranta. Hasta no hacía mucho le alquilaba dibujitos animados a los chicos. Entré en los dos o tres que conocía, y en todos pasó lo mismo. No estaba en la sección central, pero posiblemente estaría en el fondo, donde tienen las condicionadas. Si tenía que entrar a buscar en esa sección, no había forma de que acepte la propuesta. Tampoco quería preguntar, para no deschavarme.
No hubo suerte. Hice unas compras, para que no sospechen, y volví a casa. Ya tenía preparada la mentira que les iba a decir en caso de hacer la obra. Simplemente les iba a decir que seguía yendo al curso, a pesar de que en realidad había terminado. Después de seis meses aprendiendo con quien después me convencí era el mejor, no había forma de que duden de mi honestidad.
A la hora del mate volví a leer el guion. Entendí cosas que no había entendido la primera vez. Me enfoqué bastante en las partes previas a las eróticas. Estaba bastante detallado el diálogo, hasta que empezaba la acción. El guion describía lo que pasaba en términos generales. No era una crónica paso a paso, donde se detallaba el acto sexual en todos sus aspectos. Como en una novela de la tarde, donde el espectador entiende lo que están haciendo, por ejemplo, el patrón con la mucama, pero sin visualizar nada escandaloso. Me pareció lógico que así sea, después de todo era una obra en la que la trama era mucho más importante que el erotismo.

La llamé a Lili, a ver qué le había parecido. Me invitó a comer unas pizzas, para poder conversar del tema sin intrusos. Estaba más entusiasmada que yo, por escándalo. No paramos de desmenuzar las escenas y los personajes. Llegó a la misma conclusión que yo con respecto al contenido erótico, pero me confesó que esperaba algo más fuerte.
—A la mierda… ¿Más fuerte todavía? ¿Dijiste que sí pensando que era más fuerte? —Pregunté en chiste.
—Y bueno, Pato, vos me conocés. Siempre fui medio ligerita. ¿Te acordás cuando íbamos al boliche?
—Como si fuera ayer me acuerdo. Pero vos acordate que si te agarra el que te jedi te va a pegar una patada en el culo que no vas a aterrizar hasta Concordia, más o menos.
—Ay, Patito querida, ¿Cómo te explico?… —Respondió Lili, sarcástica. —No dudo del alcance ni la dirección de la patada. Lo que dudo mucho es que me preste suficiente atención como para agarrarme. Y en todo caso, si hay divorcio, salgo ganando.
—Jeje. No das puntada sin hilo, ¿eh?
—Jamás. Pero ahora que decís Concordia, me acordé de algo. Agarré un trabajito en Victoria. Voy a la mañana y vuelvo bastante tarde. No llego a tiempo para compartir el auto.
—¿Y qué problema hay? Olvidate. —Le aseguré a Lili. Y yo también me olvidé.
Llegado el Jueves, ninguno había conseguido la película. Se lo hicimos saber al Profe al finalizar la clase. Y él lamentó no haberla conseguido tampoco. Nos explicó la trama desde el principio. Un yuppie ambicioso entrega a su mujer para lograr un ascenso, que finalmente no recibe. Al verse humillado por eso, y ante la posibilidad de ser despedido, se pega un balazo, dejando a la mujer viuda y con una deuda atrás de otra. Ella, en la desesperación, decide vengarse de los que llevaron a su marido al suicidio, y se infiltra en la familia del responsable. Seduce al hijo, envenena (y seduce simultáneamente) a la mujer, y para no ser menos, al padre también lo seduce. En definitiva, los pone en contra a todos, para que se terminen matando entre ellos. Un thriller psicológico, en pocas palabras.
—Bueno, no les quiero arruinar el final, aunque lo deben haber entendido al leer. Y no los quiero presionar, pero tengo hasta mañana para encargarle a la secretaria la sala de ensayos. ¿Qué me dicen? —Preguntó Ricardo.
—Digo lo mismo que ayer. Estoy para lo que sea. —Afirmó Lili, exaltada.
—Y bueno… —Dijo Jorge, sonriente. —… ¿Qué es lo peor que puede pasar? No perdemos nada. Anóteme nomás, Profe.
—A mí también. No voy a arrugar. —Confirmó Daniel.
—¿Patito? No me falles… —Me pidió, haciendo como que suplicaba. Me miró con ojitos de cachorro y fingió hacer pucherito. Me conmovió que me llame Patito. —Mirá la oportunidad que tenés ahora…
—Tiene razón. Acepto. Para esto me anoté. No voy a claudicar, con todo lo que aprendí hasta ahora.
—¡Esos son mis pollos! —Celebró Ricardo, con el puño cerrado, como quien mete un gol. —Sabía que no me iban a fallar. Mi instinto me sigue dando estas satisfacciones. Bueno, yo arreglo todo acá para que nos dejen el mini-escenario de afuera. Con eso vamos a programar los horarios, les aviso la semana que viene. Por ahora las clases normales se suspenden. Solamente van a venir a ensayar, y si es necesario, alguna cosita más. ¿Les parece bien?
—Si señor Profesor. —Respondimos al unísono, como si estuviéramos en la secundaria.
—Antes de irse, quiero que entiendan algo. Para esto tengo que abandonar mi rol de profesor y adoptar el de director. No quiere decir que no les enseñe. Pero son dos cosas distintas. Me tomo muy en serio mi faceta de director, y soy bastante exigente. Voy a dejar de tratarlos como alumnos, sin convertirme en un tirano, ni un sargento, ni nada parecido, pero con una relación más… Vertical. Quiero que les quede claro de entrada, para que no haya malos entendidos más adelante.
—Como debe ser. —Aceptó Jorge. —Terminamos las inferiores y es hora de jugar en primera.
Los cuatro ratificamos nuestro compromiso con Ricardo, ya no profesor, sino director. Nos agradeció, se despidió, y nos fuimos. Seguía pensando que, dadas las circunstancias, si al adaptarla al teatro le atenuaban las partes más calientes, era una buena historia, digna de actuar. Había que verla para sacarse la duda. Y si no, teníamos que confiar en el criterio de Ricardo. De cualquier manera, estaba decidido. Íbamos a participar del innovador proyecto, cueste lo que cueste.
Los días siguientes tuve sensaciones encontradas. Por un lado, me parecía sospechoso que la primera oferta que me dieron, con pocos meses de estudios, incluyera tener que desnudarme. Por otro lado, esos pocos meses de estudios fueron demasiado reales como para tratarse de un engaño. Ricardo estuvo transmitiendo su sabiduría clase tras clase, y todos nosotros habíamos aprendido algo. Incluso ya empezaba a ver las películas y novelas con ojo crítico. Charlando con Lili llegábamos a las mismas conclusiones sobre determinados actores y escenas. Las dos estábamos en la misma sintonía.
Luego estaba el problema de que ya no tenía el físico de los veinte años. No tenía confianza en mi cuerpo como para mostrarlo de esa manera. Una cosa era sacar pecho para atolondrar a un cliente y que compre un departamento, otra cosa era salir casi en bolas ante la audiencia. Más razón para pensar que no era un fraude: Si hubieran querido aprovecharse, las víctimas hubieran sido chicas jóvenes.
Por otro lado, estaba el dilema de la familia. No podía decirles que iba a ser una obra erótica, y mucho menos ofrecerles entradas para la misma. Y aún peor, ¿qué pasaba si se enteraban por otro lado? Por más pequeña que fuera la obra, posiblemente sería vista por algún periodista, y luego saldría en algún diario. Pero una parte de mí quería liberarse, demostrarme a mí misma que podía hacerlo, y en todo caso, si alguien se enteraba, no había hecho nada malo. Un desnudo artístico, sin engañar a mi marido. En definitiva, quería hacerlo para reafirmarme.
Con el correr de los días, fui leyendo más el guion y entendiendo la obra. Era prácticamente como lo había descrito Ricardo. Una mujer ultrajada por los que provocaron el suicido de su marido, decide acabar con ellos, uno por uno. Era un buen desafío porque los personajes tenían que expresar emociones extremas y cambiantes. La protagonista pasaba de víctima a victimaria, y cambiaba su máscara (en sentido figurado) de manera camaleónica. La familia a la que acechaba también tenía que pasar de la tranquilidad al horror. Al menos eso interpreté, usando los métodos que había aprendido.
Hasta el Jueves siguiente estuve estudiando detenidamente el guion. Cada vez que lo leía me iba convenciendo de que no era tan osado como sospeché desde un principio. Tranquilamente se podía hacer esa obra y que no quede como una asquerosidad. Apelando a mi memoria, estimé que podía ser algo de igual o menor nivel de impudicia que las películas de Olmedo y Porcel, donde no se veía casi nada. Quizás tenía que abandonar mis prejuicios y pensar en positivo.
Hubiera sido fantástico poder ver la película, pero no la pudimos conseguir. Lili no se preocupó demasiado. De cualquier manera, una de las máximas de Ricardo era que como actores no podíamos representar a otros actores representando una escena. Aparte le íbamos a dar otra impronta, ponerle nuestro toque personal. Hacer modificaciones, no muy significativas, si era necesario.
Estaba lista para dejar de boludear y hacer, de una vez por todas, lo que había imaginado cuando me anoté en el curso, seis meses atrás, esa dichosa tarde de Marzo.
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